Alarma en Yucatán por el exterminio masivo de abejas: plaguicidas y agricultura intensiva bajo la lupa

Última actualización: 20 junio 2025
  • Millones de abejas murieron en Nohalal, Yucatán, debido a la intoxicación causada por plaguicidas como el Fipronil.
  • Investigaciones apuntan al uso de agroquímicos y prácticas agrícolas agresivas, incluyendo la fumigación aérea con drones en cultivos industriales.
  • El Gobierno federal y organismos ambientales trabajan en reformas legales y regulación para proteger a las abejas y polinizadores.
  • El exterminio de abejas amenaza la apicultura maya, la biodiversidad y la economía local.

Exterminio masivo de abejas: imagen ilustrativa

En el sur de Yucatán, el fallecimiento de millones de abejas ha generado una profunda preocupación en toda la región. Tanto los apicultores como grupos ecologistas han advertido sobre la gravedad que supone esta pérdida para el entorno natural y para la economía local, que depende en gran medida de la actividad apícola.

Las autoridades mexicanas han reconocido por primera vez que el uso extensivo de plaguicidas y agroquímicos en la agricultura industrial está detrás de esta catástrofe. Zonas dedicadas a cultivos como la soya y el maíz, donde se han utilizado sustancias tóxicas como el Fipronil, han visto un descenso drástico en las poblaciones de estos polinizadores y se teme por el futuro de la apicultura tradicional en la península.

La señal de alarma se encendió a raíz de un siniestro en el ejido de Nohalal, municipio de Tekax, donde en cuestión de horas desaparecieron más de tres millones de abejas. Las investigaciones de campo, realizadas por expertos de instituciones científicas, apuntan a una intoxicación causada por la aplicación aérea de venenos en plantaciones cercanas, algunos de ellos esparcidos por drones. El análisis del viento reveló que la nube tóxica alcanzó apiarios en un amplio radio, provocando la mortalidad de al menos 300 colmenas y dejando a decenas de familias productoras sin cosecha ni ingresos para la campaña 2025.

El Fipronil, un insecticida muy empleado en la agricultura, ha sido señalado como principal responsable. Apicultores han relatado cómo, tras la fumigación de campos, los apiarios amanecieron cubiertos de abejas muertas, en una escena que muchos han calificado como un auténtico desastre ecológico y económico.

Además de la devastación ambiental, la tragedia afecta a la cultura maya, donde la producción de miel no solo constituye un sustento fundamental, sino también una seña de identidad comunitaria. La desaparición de las abejas supone un golpe a tradiciones ancestrales y a la transmisión de saberes en torno a la apicultura y el cuidado de la naturaleza.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), encabezada por Alicia Bárcena, ha tomado cartas en el asunto. La funcionaria ha denunciado públicamente el uso de plaguicidas prohibidos y ha señalado a ciertas comunidades agrícolas, como los menonitas, por expandir modelos de cultivo intensivo y monocultivo ligados a la deforestación y la introducción de especies transgénicas.

Investigaciones y reformas para proteger a los polinizadores

Colapso de colmenas por plaguicidas en Yucatán

El Gobierno federal y Semarnat han iniciado colaboraciones con el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático para investigar qué compuestos químicos están detrás del aumento en la mortalidad de abejas y cuáles pueden ser sus consecuencias a largo plazo, tanto para la salud humana como para los ecosistemas.

Adicionalmente, se estudian los patrones de cultivo en áreas de presencia de especies autóctonas, con el objetivo de crear espacios protegidos donde se prohíba el uso de sustancias peligrosas para los polinizadores. La crisis ha sido reconocida como un síntoma de problemas estructurales en el modelo agrícola actual, que prioriza los beneficios económicos a corto plazo sobre la sostenibilidad y la biodiversidad.

Las lagunas legales que dificultan la protección de las abejas también han sido señaladas como un factor que agrava la situación. Actualmente, estos insectos aparecen en la legislación mexicana como “ganado”, por lo que Semarnat ha solicitado modificar la Ley General del Equilibrio Ecológico para incluir un apartado específico sobre los polinizadores, reconociendo su papel insustituible en la producción de alimentos y el mantenimiento de la biodiversidad.

Impacto ambiental y social en la región

El ecocidio ocurrido en Yucatán tiene implicaciones mucho más amplias que la pérdida inmediata de colmenas. Estudios previos en zonas de Campeche ya advertían sobre la presencia de glifosato en áreas agrícolas, acompañada de una preocupante deforestación impulsada por la expansión de transgénicos y monocultivos.

La deforestación y el uso excesivo de químicos ponen en peligro los recursos naturales, afectando no solo a los polinizadores, sino también a la biodiversidad de la península y a los modos de vida tradicionales de los pueblos indígenas y campesinos.

Por ello, las autoridades han realizado un llamamiento a los productores y ejidatarios para que eviten vender tierras a los promotores de la agricultura intensiva, ya que estas prácticas tienen consecuencias irreversibles para el entorno y la economía local.

Mientras los responsables ambientales prometen fortalecer regulaciones y promover ciencia independiente, los apicultores continúan enfrentándose a la pérdida de sus colmenas y a la amenaza que representa para la producción de miel, uno de los productos más emblemáticos de la región.

La muerte masiva de abejas en Yucatán evidencia la urgencia de cambiar el modelo agrícola actual, impulsar leyes más protectoras y valorar la función de los polinizadores, cuya desaparición tendría efectos fatales para la naturaleza, las actividades económicas y culturales relacionadas con la miel y la apicultura tradicional.

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