- Un águila real desfiló con la comparsa El Vaivén en el Carnaval de Badajoz, generando expectación y una revisión de la Guardia Civil.
- Los agentes comprobaron la documentación del ave al final del recorrido y confirmaron que todo estaba en regla, sin sanciones ni interrupciones.
- El águila, llamada Amaruná, está criada en cautividad, habituada a eventos y forma parte de espectáculos de cetrería y producciones audiovisuales.
- La normativa de bienestar animal excluye a la cetrería, siempre que se cumplan requisitos de manejo y bienestar, cuestión supervisada por el Seprona y la Guardia Civil.

Un águila real convertida en protagonista inesperada del Gran Desfile del Carnaval de Badajoz ha centrado buena parte de los comentarios de estos días entre comparseros, público y entidades animalistas. La presencia de la rapaz, que precedía a la comparsa El Vaivén, dio pie a una actuación de la Guardia Civil para comprobar que se cumplía la normativa de bienestar animal.
La escena, en la que el ave avanzaba sobre el brazo de su cetrero entre música y disfraces de inspiración mongola, se saldó sin sanciones ni retirada del animal. Los agentes revisaron la documentación al término del recorrido y confirmaron que todo estaba en orden, en una intervención que ha abierto también el debate sobre el uso de animales en espectáculos festivos.
La aparición del águila real en el Gran Desfile de Badajoz
Durante el Gran Desfile de comparsas del Carnaval de Badajoz, celebrado el pasado domingo, la comparsa El Vaivén apostó por una potente puesta en escena basada en el imperio mongol y el concepto de ‘Tengri, el eterno cielo azul’. Dentro de este montaje, un águila real de gran tamaño desfilaba al frente del grupo, junto al estandarte de la formación.
El ave, bautizada como Amaruná, iba en todo momento posada sobre el brazo de su cuidador, un cetrero profesional equipado con el guante y el material específico. A lo largo del recorrido, el águila llegó a desplegar sus alas en alguna ocasión, pero siempre permaneció sujeta, sin llegar a alzar el vuelo ni a separarse de su responsable.
Quienes presenciaron el pasacalles relatan que el animal se mostró tranquilo pese al ruido, la música y la multitud que se concentró en las calles del centro de la ciudad. Lejos de dar muestras de estrés evidente, mantuvo el pico cerrado y una actitud que su propietario describe como sosegada, algo que también subrayan especialistas en aves rapaces consultados por la prensa.
La imagen del águila encabezando la propuesta mongola de El Vaivén se convirtió en una de las estampas más llamativas de una jornada larga, fría y sin apenas lluvia, en la que participaron 59 comparsas y que, según la organización, se desarrolló con muy pocos incidentes reseñables más allá de alguna atención sanitaria menor.

Intervención de la Guardia Civil y papel del Seprona
La presencia de la rapaz no pasó desapercibida para el público, pero tampoco para una persona que, preocupada por la posible vulneración de la Ley de Bienestar Animal, decidió llamar a la Guardia Civil. A partir de ese aviso se activó una actuación de los agentes destinada a comprobar la situación del ave y la documentación de su propietario.
En un primer momento se habló de una intervención directa del Seprona, la unidad de la Guardia Civil especializada en la protección de la naturaleza, la flora, la fauna y los recursos naturales. Distintas versiones recabadas tras el desfile aclaran, sin embargo, que los agentes que acudieron no eran específicamente del Seprona, aunque su cometido sí se enmarcaba en la vigilancia del bienestar animal.
Tanto la propia Guardia Civil como la comparsa insisten en que el desfile no se interrumpió en ningún momento. El águila completó el recorrido previsto por las calles del centro pacense y fue al finalizar, en la plaza de Minayo, cuando los agentes se acercaron al cetrero para pedirle la documentación y realizar una inspección más detallada.
Fuentes de la Guardia Civil señalan que, por protección de datos, no pueden detallar públicamente el resultado formal de la inspección, aunque sí confirman que el ave no fue incautada y se marchó con su dueño tras las comprobaciones. Desde la comparsa recalcan que no hubo sanción ni práctica irregular y que la parada al final del pasacalles no alteró en nada el desarrollo del espectáculo.
El hecho de que se produjera esta actuación ilustra, en todo caso, el papel de los cuerpos de seguridad en la aplicación de la normativa ambiental y de bienestar animal, que obliga a revisar documentación, condiciones de tenencia y manejo de los animales siempre que exista una denuncia o sospecha de posible infracción.

Quién es El Vaivén y cómo era su propuesta mongola
La comparsa El Vaivén, con sede en el barrio de San Roque y fundada a finales de los años ochenta, es un grupo habitualmente destacado en el desfile de comparsas por la envergadura de sus montajes y por su historial de premios. Este año volvió a apostar por una propuesta de gran formato, con 410 componentes y una compleja temática histórica.
El proyecto artístico giraba en torno a ‘Tengri, el eterno cielo azul’, una recreación inspirada en Genghis Khan y el imperio mongol que pretendía lanzar un mensaje sobre la unión de los pueblos. Para dar mayor rigor a la propuesta, el grupo afirma haberse asesorado con personas procedentes de Mongolia, cuidando detalles de vestuario, estandartes y coreografías.
Dentro de este concepto, la elección de un águila real encajaba con la simbología de poder, dominio del cielo y vínculo con las tradiciones de cetrería presentes en distintas culturas euroasiáticas. El animal, que desfilaba delante de los bailarines, se integraba en el conjunto junto al estandarte en forma de águila plateada de gran tamaño que encabezaba la formación.
Desde la dirección de la comparsa subrayan que su objetivo era también reivindicar la cetrería como arte tradicional, una práctica que consideran en retroceso pero con arraigo en diversas zonas de España y de Europa. En ese contexto, la presencia de Amaruná se planteó como un elemento más de la escenografía, siempre —insisten— bajo control profesional.
En lo que respecta al reglamento del desfile, El Vaivén sostiene que las bases no incluyen una prohibición expresa de portar animales vivos, siempre que no supongan un riesgo para el público. Señalan que, durante el recorrido, el águila permaneció sujeta, sin vuelos previstos y sin que se produjera ninguna situación de peligro para los asistentes.

Amaruná, un águila real criada en cautividad y habituada a eventos
El dueño del ave, el cetrero Rafael Hernández, ha explicado que Amaruná es un ejemplar de águila real criado en cautividad, no capturado en el medio natural. Según detalla, se trata de un animal habituado desde hace años a estar en contacto con personas, cámaras y ruido, al formar parte de espectáculos de cetrería, rodajes de películas y programas de televisión.
Entre sus apariciones, Hernández menciona la participación del águila en un largometraje nominado a los Premios Goya, titulado ‘Iberia, naturaleza infinita’, así como grabaciones con el divulgador y aventurero Jesús Calleja, además de anuncios publicitarios y otros eventos. Todo ello, asegura, hace que el ave esté acostumbrada a los tumultos y a los ambientes festivos.
El cetrero incide en que las águilas reales se sitúan en la cúspide de la pirámide ecológica y, por tanto, carecen de depredadores naturales, lo que se traduce, según su experiencia, en un carácter poco temeroso ante ruidos intensos o vehículos cercanos. «No se asusta de un tractor ni de un camión», ha llegado a explicar en declaraciones a la prensa, insistiendo en que la clave está en interpretar su comportamiento y señales corporales.
Durante el desfile, describe que el ave «iba muy tranquila», con los ojos muy abiertos, atentos al entorno, y el pico cerrado, algo que para él son indicadores de calma y ausencia de estrés. Estas apreciaciones han sido respaldadas por especialistas en rapaces consultados, como biólogos expertos en aves, que apuntan que el comportamiento descrito no se corresponde con un cuadro de agitación intensa.
Rafael Hernández insiste también en que el animal está sometido a un sistema de manejo profesional, con revisiones veterinarias y la documentación exigida por la legislación vigente para aves de cetrería. Asegura que no se trató de un uso improvisado de un animal salvaje, sino de una intervención planificada con un ejemplar entrenado y con experiencia en exhibiciones públicas.
Posición de la comparsa y tranquilidad tras la inspección
El presidente de El Vaivén, José Manuel García, ha querido matizar varios extremos tras conocerse la actuación de la Guardia Civil. En sus declaraciones, recalca que «no hubo detención del desfile» y que los agentes esperaron al final del recorrido para realizar las comprobaciones, algo que la comparsa entiende como una actuación dentro de la normalidad.
García indica que fue la llamada de una mujer la que dio la voz de alarma sobre la presencia del águila en pleno Carnaval. A partir de ahí, los agentes solicitaron la documentación del animal y del cetrero, verificaron los permisos y, al constatar que todo estaba en regla, permitieron que el ave abandonara el lugar con su propietario.
Desde la comparsa se insiste en que no se impuso sanción alguna y que la sesión de control se limitó a revisar papeles y estado del animal, sin apercibimientos formales relacionados con el bienestar de la rapaz. La formación asegura estar tranquila porque, según recalcan, «no hubo ninguna práctica irregular» durante el desfile.
El presidente subraya que el objetivo principal era «ensalzar el arte de la cetrería» dentro de una propuesta escénica y que, por parte del grupo, se adoptaron las medidas necesarias para que ni el público ni el animal estuvieran en riesgo. Entre ellas, mencionan que no se programó ningún vuelo de Amaruná sobre los asistentes, limitando su participación a desfilar posada en el brazo del cetrero.
Esta versión coincide con la que trasladan otros miembros de la comparsa, que aseguran que la parada tras el pasacalles no supuso ningún sobresalto organizativo. El episodio se vivió más como una anécdota dentro de una jornada marcada por el frío que como un incidente grave, si bien ha generado posteriores debates sobre los límites del uso de animales en contextos festivos.
Normativa de bienestar animal y excepción para la cetrería
El caso del águila real en el Carnaval de Badajoz ha puesto el foco en la aplicación práctica de la Ley de Bienestar Animal y en las excepciones que contempla. La normativa estatal, aprobada en 2023, marca en líneas generales la prohibición de utilizar animales en determinados espectáculos, lo que ha supuesto, por ejemplo, la desaparición de muchos números circenses con fauna.
No obstante, la propia ley recoge una serie de exclusiones para actividades que siguen estando permitidas bajo su propia regulación específica. Entre esas excepciones se encuentran los espectáculos taurinos, la producción ganadera, la experimentación científica, ciertos deportes con animales, las exhibiciones de aves de cetrería, los perros de rescate, de pastoreo, de caza o de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, entre otros.
En el caso concreto de la cetrería, el uso de rapaces está autorizado siempre que se cumplan requisitos estrictos de identificación, documentación, alojamiento y manejo de las aves. La tenencia de águilas reales y otras especies protegidas suele estar sometida a licencias, controles veterinarios y registros oficiales, cuya verificación recae en parte en unidades como el Seprona y en las autoridades autonómicas competentes.
El episodio vivido en Badajoz encaja precisamente en ese marco de control: ante una denuncia ciudadana, la Guardia Civil se persona, solicita los permisos y revisa el estado del animal para comprobar que el uso de la rapaz se ajusta a la normativa de cetrería y no vulnera el bienestar del ejemplar. En este caso, las comprobaciones se resolvieron sin la retirada del ave ni medidas cautelares adicionales.
El hecho de que la cetrería se mantenga como excepción genera posiciones encontradas entre defensores de los animales y quienes reivindican estas prácticas como parte del patrimonio cultural. Asociaciones como PACMA consideran que el empleo de aves rapaces en espectáculos o tareas de control de fauna urbana puede suponer una forma de explotación si no se respetan plenamente sus necesidades biológicas y comportamentales, mientras que los cetreros alegan que el entrenamiento responsable y la cría en cautividad permiten garantizar un alto nivel de bienestar.
Reacciones sociales y debate sobre animales en carnavales
Más allá de la carpeta administrativa, la presencia de Amaruná ha abierto una conversación en Badajoz y en otros puntos de España sobre el papel de los animales en grandes fiestas urbanas. Para algunos asistentes, la estampa del águila real en plena avenida supuso un atractivo añadido al desfile, una imagen potente y poco habitual que encajaba con la temática elegida por la comparsa.
Otros sectores, incluidos colectivos animalistas, han manifestado su preocupación por el hecho de exponer a una rapaz a un entorno de ruido, flashes y multitudes, por muy habituada que esté a este tipo de actividades. Consideran que un carnaval multitudinario no es el escenario más adecuado para un animal salvaje, aunque se trate de un ejemplar nacido en cautividad y entrenado.
La propia intervención de la Guardia Civil y las menciones a la Ley de Bienestar Animal han alimentado el debate sobre si debería establecerse una prohibición expresa de animales vivos en los desfiles de comparsas, similar a la que afecta a otros espectáculos. A día de hoy, las bases del concurso pacense no incluyen un veto general, sino que se limitan a exigir que no haya riesgo para el público.
En este contexto, el caso del águila real se ha convertido en un ejemplo práctico de cómo se cruzan tradición festiva, normativa ambiental y sensibilidad social cambiante. Mientras las autoridades se centran en comprobar que se cumplen los requisitos legales, buena parte de la discusión pública se mueve en el terreno ético y en la percepción ciudadana del uso de animales en celebraciones.
Lo ocurrido en Badajoz se suma, además, a un escenario europeo en el que muchos países revisan periódicamente sus leyes de bienestar animal y las excepciones permitidas, tratando de equilibrar la protección de la fauna con las actividades culturales y deportivas históricamente arraigadas.
La anécdota del águila real en el desfile de comparsas de Badajoz ha pasado de ser un simple momento llamativo del Carnaval a convertirse en un caso de estudio sobre cómo se gestionan, supervisan y discuten hoy en día los espectáculos con animales. Con un ave criada en cautividad y habituada a eventos, una comparsa ambiciosa en lo artístico, una normativa que deja espacio a la cetrería y una Guardia Civil que actúa ante las llamadas ciudadanas, el episodio ilustra las tensiones entre tradición, espectáculo y bienestar animal que marcan buena parte del debate actual en España y en Europa.