Vida del busardo ratonero: guía completa en España

Última actualización: 14 mayo 2026
  • El busardo ratonero es una rapaz de tamaño medio, muy variable en plumaje, presente todo el año en casi toda España.
  • Su hábitat ideal combina bosques para nidificar y campos abiertos para cazar, con alimentación basada en micromamíferos y gran diversidad de presas.
  • La reproducción se concentra entre marzo y julio, con puestas de 2‑4 huevos y jóvenes que permanecen semanas dependientes de los adultos.
  • Aunque la especie goza de buena salud poblacional, sufre amenazas como venenos, atropellos y electrocuciones, siendo clave para el control natural de roedores.

busardo ratonero en su hábitat

El busardo ratonero, también conocido como ratonero común o simplemente ratonero, es una de esas aves rapaces que casi todo el mundo ha visto alguna vez sin saber muy bien qué estaba mirando. Esa silueta compacta, con alas anchas, cola corta en forma de abanico y un maullido inconfundible es parte habitual del paisaje de campos, carreteras y bosques de buena parte de España.

Pese a ser una de las rapaces más abundantes de Europa, todavía se le presta poca atención. Su vida está llena de matices: enorme variabilidad de plumajes, estrategias de caza muy versátiles, un ciclo reproductor bien estudiado y una importancia clave como depredador de roedores. Vamos a meternos a fondo en la vida del busardo ratonero, con especial foco en cómo se comporta y en qué meses se le puede ver en España, pero sin dejar fuera ningún aspecto relevante de su biología.

Aspecto general e identificación del busardo ratonero

El busardo ratonero (Buteo buteo) es una rapaz de tamaño medio, de aspecto robusto y algo rechoncho cuando está posado. Mide alrededor de 46‑58 cm de longitud, con una envergadura que ronda entre 110 y 132 cm, lo que le da una apariencia bastante poderosa para su tamaño.

En reposo se aprecia bien su constitución: cabeza ancha y relativamente corta, cuello poco marcado, pecho voluminoso y patas fuertes de color amarillo u ocre. La cola es más bien corta y ancha, ligeramente redondeada en el extremo, con finas bandas alternas claras y oscuras y, en los adultos, una franja terminal oscura bien visible.

Uno de los rasgos que más complica su identificación para principiantes es la enorme variabilidad del plumaje. Hay ratoneros casi negros, otros muy claros tirando a blanquecinos y toda una gama intermedia con tonos pardos, rojizos y cremas. Aun así, mantienen algunos patrones constantes: las puntas de las primarias son siempre oscuras y en las partes inferiores suele verse una “medalla” o banda más clara cruzando el pecho.

Por debajo, lo habitual es encontrar un fondo blanquecino o crema con un salpicado de manchas y rayas pardas, más concentradas en el vientre. Las alas, vistas desde abajo, presentan un contraste típico: base clara, muñecas (borde flexor) oscuras y las plumas primarias casi negras. Esa combinación, junto con la cola corta y abierta como abanico, hace que el ratonero sea fácil de reconocer en vuelo una vez se le coge el truco.

En cuanto al peso, hay cierto dimorfismo: los machos rondan de media los 650‑800 g y las hembras se acercan con facilidad al kilo, siendo algo mayores, aunque a simple vista no es sencillo distinguir sexos solo por tamaño.

Plumaje, edades y variabilidad

Uno de los grandes “quebraderos de cabeza” para los observadores de aves es la variedad de tonos del ratonero. En una misma población podemos ver individuos muy oscuros, casi uniformes, y otros muy pálidos con grandes zonas blancas, sobre todo en las partes inferiores. Esta diversidad es tan marcada que en francés recibe el nombre de buse variable.

Los adultos típicos muestran dorso pardo oscuro, con cobertoras alares algo más claras, y partes inferiores crema con una banda clara cruzando el pecho de ala a ala. Esa banda suele estar más “barrada de lado a lado” en los ejemplares viejos, mientras que en jóvenes el rayado es más bien vertical de arriba abajo.

Los inmaduros se reconocen porque presentan cabeza más rayada de blanco o amarillento, un conjunto algo más pálido por debajo y una cola sin la ancha banda subterminal tan marcada. Las plumas de alas y espalda pueden mostrar bordes rojizos muy visibles y los “pantalones” (plumas que cubren las patas) tienden a ser muy claros, casi blancos.

El color del iris también ayuda: en jóvenes es más claro, grisáceo, y se va oscureciendo con la edad hasta volverse marrón grisáceo o algo amarillento. Además, la forma de las plumas de la cola cambia: en jóvenes, puntas más afiladas; en adultos, terminaciones más redondeadas.

El cambio del plumaje juvenil al adulto se produce de forma gradual, a través de mudas parciales y completas. La primera gran muda llega hacia el primer año, pero no renueva todas las primarias ni la cola, lo que permite estimar la edad hasta el tercer año. Después de la reproducción, los adultos renuevan el plumaje, aunque el patrón de muda varía entre regiones como la península ibérica y Europa central.

Voz y comportamiento en vuelo

Si hay algo que delata a un ratonero aunque no lo veamos es su voz. Su reclamo típico es un “pii‑iou” o “uiiuu” lastimero, muy agudo y de largo alcance, parecido a un maullido de gato. Es muy frecuente escuchar este grito cuando está planeando alto o cuando un intruso se cuela en su territorio.

Las poblaciones residentes vocalizan prácticamente todo el año, aunque la intensidad aumenta a comienzos de la primavera y durante el celo. En esas fechas es habitual escuchar duetos entre macho y hembra mientras realizan vuelos de exhibición; los migradores puros, en cambio, son bastante más silenciosos durante sus desplazamientos.

En vuelo ofrece una silueta inconfundible cuando se conoce: alas anchas y relativamente cortas, ligeramente levantadas en “V” suave, primarias abiertas como dedos y cola corta ampliamente desplegada. Alterna largos planeos circulares, aprovechando las corrientes térmicas, con aleteos lentos y profundos. En zonas ventosas del norte de España se cierne a menudo frente a las laderas, a veces con las patas colgando, recordando vagamente a un cernícalo grande.

Comparado con otras rapaces puede confundirse de lejos con el abejero europeo (Pernis apivorus) o con la culebrera europea (Circaetus gallicus), pero el ratonero presenta cola más corta, alas más anchas y cabeza relativamente más compacta. Las fases muy oscuras pueden parecerse a la fase oscura de la aguililla calzada (Hieraaetus pennatus), pero esta última tiene contrastes blancos mucho más marcados en las alas.

Distribución del busardo ratonero en el mundo y en España

El busardo ratonero es una especie típicamente paleártica. Cría de forma natural en casi toda Europa continental, desde las Azores hasta cerca de Japón, siguiendo los grandes bosques templados y boreales. Falta solo en el extremo norte de Escandinavia, parte de Rusia más septentrional, Islandia y gran parte de Irlanda.

Hacia el este se extiende por el Cáucaso y zonas del norte de Turquía e Irán, y determinadas subespecies alcanzan estepas de Asia central y regiones montañosas asiáticas. También está presente en varios archipiélagos atlánticos: Canarias, Madeira, Azores y, como especie separada, en Cabo Verde. En muchas de estas islas se han descrito subespecies insulares algo más pequeñas y con plumajes diferenciados.

En lo que respecta a España, el ratonero está extendido por prácticamente toda la península y en Canarias. Es más abundante hacia el norte y el oeste, donde el mosaico de prados, setos, bosques y cultivos le resulta ideal. En Galicia y la cornisa cantábrica es quizá la rapaz más común, visible en cualquier época del año. En cambio, es mucho más escaso como nidificante en amplias zonas llanas de la meseta sur, el valle del Guadalquivir y áreas áridas del sureste.

En las islas Baleares la especie no nidifica, pero se observa regularmente en paso migratorio y en invernada. En Canarias cría en todas las islas principales salvo en Lanzarote, Alegranza y La Graciosa, donde se considera extinguida o de presencia meramente ocasional.

Subespecies y variación geográfica

La clasificación de subespecies de Buteo buteo es un auténtico rompecabezas. La enorme amplitud de distribución y la gran variabilidad del plumaje han dado lugar a múltiples formas geográficas, algunas hoy elevadas a especie propia.

La forma nominal, Buteo buteo buteo, ocupa la mayor parte de Europa y parte de Turquía. En regiones más orientales y estépicas aparece Buteo buteo vulpinus, el llamado busardo de la estepa, algo más pequeño, más rojizo y con vientre y cola de tono acanelado, menos rayados. Esta subespecie es marcadamente migradora.

En el entorno mediterráneo e insular se han descrito otras formas: B. b. insularum en Canarias (más pequeña y con dorso más pardo y vientre fuertemente listado), B. b. rothschildi en Azores, y otras en Córcega, Cerdeña y Madeira, aunque no todos los autores reconocen las mismas. Para la península ibérica e Italia se propuso B. b. hispaniae, algo más rojiza, pero su validez taxonómica es discutida y hoy muchos trabajos engloban estas poblaciones dentro de la forma nominal.

Algunas subespecies que antes se incluían en Buteo buteo han sido segregadas como especies plenas: el busardo de Cabo Verde (Buteo bannermani), el busardo del Himalaya (Buteo refectus o B. burmanicus), el busardo de Socotra (Buteo socotraensis) y el busardo oriental (Buteo japonicus), entre otros. También el busardo forestal (Buteo trizonatus), del sur de África, se trata actualmente como especie distinta.

Hábitat y tipo de paisajes que ocupa

El busardo ratonero es una rapaz muy ligada al bosque, pero nunca a masas forestales cerradas sin claros. Su hábitat ideal es un mosaico de hábitats en el que se combinen pequeños bosques, lindes arboladas, setos y sotos con prados, cultivos y pastizales abiertos. En el bosque suele buscar árboles altos y maduros para colocar el nido, mientras que los espacios abiertos son su zona de caza.

En la península ibérica aparece en robledales, pinares, encinares, dehesas, sotos fluviales, laderas de montaña y campiñas agrícolas con algo de arbolado disperso. No es particularmente exigente, lo que explica su notable expansión en muchas regiones. En Canarias puede anidar incluso en barrancos y laderas rocosas con vegetación escasa, adaptándose a lo que hay.

Una imagen muy típica es la del ratonero posado en postes de teléfono o de líneas eléctricas junto a carreteras. Desde ahí otea cunetas y taludes en busca de pequeños mamíferos, reptiles o carroña de animales atropellados. Estos posaderos artificiales le resultan comodísimos, pero al mismo tiempo son una fuente de problemas por el riesgo de electrocución.

En invierno amplía su tolerancia al medio y puede ocupar terrenos casi desprovistos de árboles, siempre que haya algún posadero elevado y suficientes presas. En zonas de humedales, utiliza las islas arboladas o las arboledas cercanas para descansar y criar, cazando luego sobre las praderas húmedas adyacentes.

Comportamiento social y territorial

El ratonero es una especie fundamentalmente sedentaria y muy territorial en buena parte de su área de distribución europea. Las parejas establecidas suelen mantenerse toda la vida en el mismo territorio, que puede ser relativamente pequeño si el alimento abunda. En la campiña cantábrica, por ejemplo, hay casos de parejas ocupando apenas un kilómetro cuadrado.

Dentro de ese espacio cuentan con varios posaderos habituales: ramas altas de árboles secos, repisas rocosas, postes aislados o bordes de bosquete. Desde ahí vigilan el terreno y controlan a posibles intrusos. El comportamiento territorial se intensifica desde mediados de enero, con persecuciones aéreas y gritos cuando otro ratonero penetra en la zona.

Durante el periodo reproductor, las disputas entre parejas vecinas se reducen algo, pero siguen dándose escaramuzas con individuos solitarios o jóvenes que intentan asentarse. Fuera de la época de cría, sobre todo en invierno, no es raro ver grupos más o menos dispersos alimentándose en zonas ricas en presas o carroña, en cuyo caso se establecen jerarquías a la hora de acceder a los mejores trozos.

En esos grupos invernales puede verse cómo individuos dominantes desplazan a otros, especialmente en torno a carroñas o concentraciones de presas fáciles. Aun así, no forma grandes bandadas estructuradas salvo durante migraciones de algunas subespecies, donde sí se observan grandes concentraciones en vuelo aprovechando térmicas.

Reproducción y ciclo vital

La madurez sexual del ratonero llega en torno a los dos o tres años de edad. Los estudios con aves anilladas indican que una gran proporción de jóvenes no llega a reproducirse, debido a la elevada mortalidad en los primeros años de vida. Sin embargo, aquellos que superan esa etapa pueden vivir bastantes años: se han registrado individuos de más de veinte años en libertad.

La temporada de cortejo comienza muy pronto, desde finales de invierno. En febrero ya se pueden ver parejas realizando vuelos circulares a gran altura, con llamadas constantes y vistosos descensos en espiral. A menudo el macho vuela algo más alto y la hembra lo sigue; en otras ocasiones uno persigue al otro en vuelos horizontales a poca distancia, copiando sus movimientos.

La construcción del nido se concentra sobre todo en marzo. La pareja elige normalmente un árbol robusto, caducifolio o conífera, y sitúa el nido entre 6 y 30 metros de altura, a menudo en la horquilla principal del tronco o cerca del tronco sobre una gran rama lateral. En zonas montañosas puede optar por repisas en cortados rocosos, algo bastante frecuente en ciertas poblaciones canarias.

El nido es una estructura voluminosa, de 60‑90 cm de diámetro y 30‑50 cm de grosor, hecha con palos secos, ramas y raíces. El interior se tapiza con hojas verdes frescas de árboles cercanos, que la pareja renueva con cierta frecuencia, especialmente al principio. No es raro que en un mismo territorio haya varios nidos viejos y se alternen su uso entre años.

En España la puesta suele ir de marzo a mayo dependiendo de la latitud y la altitud. Lo habitual son 2‑4 huevos, aunque pueden llegar a 6 en casos excepcionales. Los huevos son de fondo blanco azulado o gris mate, con motas y manchas marrones más concentradas en el extremo ancho. La hembra deposita un huevo cada dos o tres días y comienza la incubación con el primero o el segundo.

La incubación dura alrededor de 33‑38 días. Durante ese periodo, la hembra permanece la mayor parte del tiempo sobre los huevos y el macho se encarga de cazar y de cebarla en el nido. En ocasiones el macho releva a la hembra brevemente si ella sale a alimentarse por su cuenta, pero no es lo más habitual.

Al nacer, los pollos están cubiertos por un plumón gris pardo en la parte superior y blanco en las partes inferiores, con una pequeña máscara oscura alrededor de los ojos. En los primeros días puede haber diferencias de tamaño importantes entre hermanos debido al escalonado en la puesta y eclosión, aunque en general los padres aportan tanta comida que terminan igualándose bastante.

No es raro, sin embargo, encontrar en casi todas las nidadas un pollo de menor tamaño que, en condiciones duras, puede morir aplastado o desplazado por los hermanos. A las dos semanas empiezan a asomar las primeras plumas y hacia el mes de vida ya son capaces de desgarrar presas por sí mismos dentro del nido.

Los jóvenes abandonan el nido entre los 42 y 49 días de edad, pero siguen dependientes de los adultos entre 6 y 10 semanas más. Se mueven por las ramas cercanas y árboles adyacentes, emitiendo constantemente reclamos estridentes para pedir comida. Poco a poco comienzan a volar con sus padres por el territorio, aprendiendo zonas de caza y posaderos.

La dispersión postjuvenil en poblaciones ibéricas no suele implicar viajes muy largos. Muchos jóvenes se quedan a pocos kilómetros del lugar de nacimiento, ocupando huecos dejados por adultos muertos o buscando territorios disponibles. No obstante, se han registrado movimientos de más de 200 km en algunos ejemplares radiomarcados.

Alimentación: qué come y cómo caza

La dieta del ratonero ratonero es muy amplia y flexible. Su base trófica la constituyen los micromamíferos —ratones de campo, tuzas, topillos, musarañas—, pero también consume conejos, aves, reptiles, anfibios, insectos e incluso lombrices. Esa falta de especialización estricta explica en buena parte su éxito como especie.

En buena parte de Europa central se ha visto que los topillos campesinos (Microtus arvalis) y el topo europeo (Talpa europaea) suponen la mayor parte de las presas. En España y Portugal, en cambio, el conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) y el lagarto ocelado (Timon lepidus) tienen un peso muy destacado, sobre todo durante la época de cría.

Estudios en nidos ibéricos han registrado restos de lirón careto, ratas de agua, ratones de campo, comadrejas, erizos, grajillas, cornejas, perdices y mirlos, además de una larga lista de reptiles: lagartos ocelados, culebras lisas, culebras de collar, luciones y lagartos verdosos. También aparecen anfibios como ranas verdes, sapos comunes, sapos corredores y sapos de espuelas.

En ciertas zonas de meseta castellana los insectos, especialmente grillos y otros ortópteros, pueden representar un porcentaje importante de la dieta, sobre todo en primavera y verano. Se han encontrado centenares de grillos cebolleros en estómagos analizados, junto con escarabajos y arácnidos. En áreas con siega temprana de prados, reptiles como el lución y ranas de prado quedan muy expuestos a su depredación.

El ratonero también se comporta como carroñero oportunista. Aprovecha animales atropellados en carreteras, peces muertos o moribundos en orillas y restos de presas de otras rapaces. Se han descrito casos de cleptoparasitismo sobre halcones, robándoles presas en vuelo o en el suelo. Este hábito carroñero, aunque útil para él, incrementa el riesgo de atropellos y de envenenamiento si hay cebos tóxicos.

La estrategia de caza más común consiste en permanecer posado en un punto elevado (poste, rama, roca) desde donde inspecciona el entorno con una vista prodigiosa. Cuando detecta movimiento o una presa potencial, se lanza en un planeo silencioso y cae sobre ella con bastante precisión. Otras veces patrulla en vuelo bajo, describiendo amplios círculos y descendiendo en picado cuando localiza algo interesante.

La agudeza visual del busardo es extraordinaria: en la fovea de su retina se han descrito densidades de hasta un millón de conos por milímetro cuadrado, lo que le permite detectar pequeños roedores o reptiles desde alturas muy considerables. También utiliza el oído; posado en un poste puede oír el ligero ruido de un topo justo bajo la hierba y abalanzarse en el momento justo.

Movimientos, migración e invernada

El comportamiento migratorio del busardo ratonero varía mucho según la población. En Europa occidental y central muchas poblaciones son básicamente sedentarias o realizan movimientos de corto alcance, mientras que en Escandinavia, Rusia y regiones más frías la especie se comporta como migradora de larga distancia.

En España, las poblaciones reproductoras peninsulares y canarias son mayoritariamente residentes. Sin embargo, cada otoño recibimos un número apreciable de ratoneros procedentes del norte de Europa, sobre todo de Escandinavia y Alemania, que encuentran en la península un clima más benigno y abundante alimento durante el invierno.

Una parte de estos visitantes invernales se queda en España, mientras que otra continúa hacia África cruzando el estrecho de Gibraltar entre mediados de septiembre y finales de octubre. Recuentos de migración en el Estrecho han contabilizado miles de ratoneros en paso otoñal, pertenecientes casi en su totalidad a poblaciones transpirenaicas.

La subespecie B. b. vulpinus (busardo de la estepa) es la gran migradora del grupo. Cría desde el este de Europa hasta Siberia y pasa el invierno en una enorme franja que incluye India, Oriente Medio y buena parte de África oriental y austral. Algunos individuos alcanzan países como Kenia, Zambia, Namibia o Sudáfrica, donde utilizan pastizales y sabanas abiertas como hábitat invernal.

Estos ratoneros estépicos recorren miles de kilómetros, aprovechando las corrientes térmicas y evitando, en la medida de lo posible, cruzar grandes masas de agua. Por eso se concentran en puntos de paso estratégicos como Israel y la península del Sinaí, el estrecho del Bósforo o Bab el‑Mandeb. En algunos de estos lugares se han contado centenares de miles de ejemplares en migración.

Meses en los que se puede ver el busardo ratonero en España

En España la pregunta “¿en qué meses se puede ver el busardo ratonero?” tiene una respuesta muy sencilla: se le puede observar los doce meses del año. La población ibérica es esencialmente sedentaria y está presente en todas las estaciones, desde los fríos días de enero hasta los calores de agosto.

Ahora bien, hay matices interesantes si afinamos por comportamiento y procedencia. Entre enero y marzo predominan los individuos residentes en pleno celo, con vuelos de exhibición y abundantes reclamos. Es un momento excelente para detectarlos sobre valles y laderas, especialmente en la mitad norte peninsular.

De abril a julio la atención se centra en la reproducción: incubación, nacimiento de los pollos y fase de ceba intensa. Los adultos realizan numerosos vuelos de caza alrededor del territorio y es frecuente oír a los jóvenes reclamar comida desde las copas de los árboles a finales de primavera y en verano.

En los meses estivales, sobre todo agosto, los jóvenes se hacen más visibles, acompañando a los adultos en vuelos de aprendizaje sobre campos y bosques. A finales de verano comienza de forma discreta la dispersión juvenil, con aves recién emancipadas que se alejan unos kilómetros del área natal.

El otoño (septiembre‑noviembre) es el periodo en el que se solapan la población residente y los contingentes de invernantes del norte de Europa. Es relativamente fácil notar un incremento local del número de ratoneros posados en postes y árboles en muchas comarcas agrícolas. En el Estrecho se concentra, además, el flujo migratorio hacia África.

Durante el invierno (diciembre‑febrero) la especie sigue siendo muy visible. Campos recién labrados, praderas encharcadas y cunetas de carreteras atraen a numerosos individuos en busca de micromamíferos, anfibios e invertebrados. Por tanto, si vives en la península ibérica, cualquier época del año es buena para salir a verle, cambiando simplemente la estrategia de observación según la estación.

Población, conservación y amenazas

La población europea de busardo ratonero se estima en torno a algo más de un millón de parejas reproductoras, representando aproximadamente tres cuartas partes del total mundial. Países como Polonia, Rusia, Alemania y Francia concentran grandes efectivos. La especie está catalogada globalmente como de “Preocupación Menor” por la UICN, lo que indica que, en conjunto, no está amenazada.

En España se calcula una cifra de entre 13 000 y 18 000 parejas reproductoras en la península y unas 430‑445 en Canarias. Las mayores densidades se encuentran en Galicia y Castilla y León, mientras que en zonas muy áridas del sureste o en algunos tramos de la meseta sur las densidades son mucho más bajas. En Baleares su presencia se limita a migración e invernada.

La tendencia en las últimas décadas ha sido, en general, positiva en Europa occidental, gracias a la prohibición de su caza, la recuperación de bosques y la abundancia cíclica de ciertos micromamíferos. Países como Irlanda o Inglaterra, donde llegó casi a desaparecer por persecución directa y uso de pesticidas, han visto repuntar sus poblaciones tras medidas de protección.

Sin embargo, el ratonero sigue enfrentándose a varias amenazas importantes. Los plaguicidas y venenos, la persecución ilegal, los atropellos en carreteras y las electrocuciones en tendidos eléctricos son causas frecuentes de mortalidad. En zonas de paso migratorio y áreas de invernada, la caza ilegal todavía causa estragos.

En España, la especie figura en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como de “interés especial”, lo que implica protección legal frente a la captura y la muerte intencionada. El búho real (Bubo bubo) se cuenta entre sus depredadores naturales más significativos. En Canarias, la subpoblación está catalogada como casi amenazada, principalmente por pérdida de hábitat, molestias humanas y caza ilegal. El búho real (Bubo bubo) se cuenta entre sus depredadores naturales más significativos.

Otro factor de riesgo creciente son los aerogeneradores mal emplazados. Los parques eólicos ubicados en zonas de fuerte uso por rapaces pueden ocasionar colisiones con las aspas, por lo que es vital una buena planificación y medidas de mitigación. El expolio de nidos y la captura de pollos para cetrería, aunque minoritaria y muy restringida, añade presión en algunos enclaves.

Pese a estos problemas, el ratonero ha demostrado una notable capacidad de adaptación a paisajes humanizados. Su presencia habitual en explotaciones agrícolas, dehesas y bordes de carreteras ayuda a controlar poblaciones de roedores sin necesidad de biocidas, aportando un servicio ecosistémico de enorme valor para la agricultura.

Con todo lo anterior, el busardo ratonero se revela como una rapaz extraordinariamente versátil, omnipresente en nuestros paisajes, capaz de explotar desde lombrices hasta gazapos, de nidificar en bosques maduros o en roquedos y de convivir estrechamente con el ser humano. Conocer su ciclo anual, su variado menú y su compleja biología no solo nos ayuda a identificarlo mejor, sino también a valorar el papel esencial que desempeña en el equilibrio de campos, bosques y praderas a lo largo de todo el año en España.

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