- Una ecorregión es una gran unidad de tierra o agua con flora, fauna y procesos ecológicos distintivos, diferente del concepto más general de bioma.
- WWF agrupa las ecorregiones del planeta en tipos terrestres, de agua dulce y marinos, distribuidos en grandes reinos biogeográficos y ecozonas.
- Argentina cuenta con 18 ecorregiones que van desde Altos Andes y Yungas hasta Pampa, Estepa Patagónica y Mar Argentino, todas con biodiversidad única.
- El enfoque ecorregional y el biorregionalismo orientan la conservación, las áreas protegidas y las decisiones cotidianas hacia el respeto de los límites ecológicos reales.

La palabra ecorregión suena cada vez más cuando hablamos de medio ambiente, conservación y cambio climático, pero no siempre está claro qué significa exactamente ni en qué se diferencia de otros conceptos como bioma. En el día a día usamos fronteras políticas -países, provincias, municipios- para organizarnos, pero la naturaleza funciona con otros límites: los que marcan el clima, los suelos, la vegetación y los animales.
Entender qué es una ecorregión y cómo se organiza la biodiversidad en el planeta ayuda a planificar mejor la conservación, a diseñar políticas públicas más sensatas y, también, a comprender mejor el lugar donde vivimos. Desde las grandes selvas tropicales hasta la tundra helada, pasando por ríos, lagos y mares, el mundo se puede dividir en grandes unidades ecológicas que comparten rasgos comunes y que, además, son la base del enfoque biorregional y de muchas estrategias modernas de protección de la naturaleza.
¿Qué es una ecorregión?
En ecología se define una ecorregión como un área extensa de tierra o de agua que presenta una combinación propia de clima, suelos, relieve, hidrología, flora y fauna, de manera que en su interior se mantiene un conjunto de comunidades naturales y procesos ecológicos característicos. No se trata de un pequeño ecosistema aislado, sino de una unidad grande donde las especies y los procesos naturales interactúan a escala regional.
Organizaciones como WWF explican que una ecorregión es una gran unidad biogeográfica con un conjunto de especies, comunidades y condiciones ambientales claramente distintivo. Dentro de sus límites se comparten la mayoría de especies clave, unas dinámicas ecológicas similares (por ejemplo, regímenes de incendios, ciclos de inundación o sequía, tipos de suelos) y una historia evolutiva que explica por qué esa biodiversidad es como es.
Los límites de las ecorregiones no son líneas rígidas ni definitivas; suelen ser fronteras difusas donde se mezclan rasgos de una y otra región. Aun así, resultan muy útiles porque marcan áreas donde la naturaleza funciona de forma relativamente homogénea, lo que permite planificar la conservación, la investigación y la gestión del territorio con una escala espacial adecuada.
Una ecorregión también se denomina a veces región ecológica o región biogeográfica. Su singularidad se apoya en varios factores: la riqueza de especies, el grado de endemismo (especies que solo viven allí), la presencia de fenómenos ecológicos o evolutivos raros, y la coherencia taxonómica de sus comunidades biológicas.
En la práctica, esto quiere decir que una ecorregión es un territorio con un “sello ecológico” propio, donde se repiten determinadas condiciones ambientales y tipos de hábitat, y donde la biodiversidad ha evolucionado de forma relativamente independiente respecto a regiones vecinas.

Diferencia entre ecorregión y bioma
Es muy común confundir ecorregión y bioma porque ambos conceptos hablan de grandes unidades ecológicas. Sin embargo, no son equivalentes. Un bioma es una categoría más general: agrupa grandes conjuntos de ecosistemas que comparten una fisonomía de vegetación parecida (bosques, praderas, desiertos, tundra, etc.) y que responden a combinaciones similares de clima y suelo, se encuentren donde se encuentren en el planeta.
En otras palabras, un bioma se define sobre todo por el tipo de vegetación dominante y por las condiciones climáticas y edáficas (del suelo) que la hacen posible. Así, hay bosques templados de frondosas en Europa, Norteamérica o Asia que pertenecen al mismo bioma aunque estén separados por miles de kilómetros y alberguen especies diferentes.
La ecorregión, en cambio, se sitúa en un nivel más fino. Es una unidad biogeográfica concreta dentro de uno o varios biomas, que reúne una flora, fauna y dinámica ecológica particulares. Dos ecorregiones pueden pertenecer al mismo bioma (por ejemplo, dos tipos de bosque tropical húmedo) pero diferir mucho en su composición específica de especies, en su historia evolutiva o en los procesos que las mantienen.
Algunas clasificaciones globales, como las desarrolladas por WWF, utilizan los biomas como categorías madre bajo las cuales se agrupan las ecorregiones. De este modo, se combina una visión global de los grandes tipos de hábitat (biomas) con otra más detallada y ligada a la biogeografía (ecorregiones) para priorizar acciones de conservación.
En la práctica, esto significa que mientras un bioma describe “cómo se ve” un paisaje a gran escala (bosque, sabana, tundra…), la ecorregión cuenta “quién vive allí, cómo interactúa y qué procesos ecológicos la hacen única”. Ambas categorías se complementan, pero a efectos de conservación y planificación territorial, la ecorregión suele ser la unidad de referencia más operativa.
Criterios para delimitar una ecorregión
A la hora de trazar los límites de una ecorregión, los especialistas en biogeografía y conservación se basan en una serie de criterios científicos bien establecidos. No se trata de líneas arbitrarias, sino del resultado de analizar múltiples variables ambientales y biológicas a escala regional.
Uno de los criterios principales es la riqueza de especies que alberga un área. Las regiones con un número especialmente alto de especies, o con combinaciones muy particulares de fauna y flora, se consideran candidatas claras a ser reconocidas como ecorregiones diferenciadas, sobre todo si esta diversidad se asocia a condiciones ambientales singulares.
Otro elemento clave es el grado de endemismo. Se habla de endemismo cuando una especie está restringida a un ámbito geográfico pequeño y no se encuentra de forma natural en ningún otro lugar del mundo. Las zonas con muchas especies endémicas suelen ser el resultado de historias evolutivas prolongadas y relativamente aisladas, lo que justifica su reconocimiento como ecorregiones únicas.
También se estudia la coherencia taxonómica de las comunidades que habitan en el territorio: es decir, qué grupos de plantas, animales y otros organismos dominan la región y cómo se relacionan entre ellos. Esta composición biológica, junto con la estructura de los hábitats, ayuda a diferenciar unas ecorregiones de otras aunque se encuentren en climas parecidos.
Por último, resultan determinantes los fenómenos ecológicos o evolutivos excepcionales que no aparecen en otras zonas. Pueden ser grandes migraciones, interacciones específicas entre especies, adaptaciones muy particulares a condiciones extremas o procesos geológicos e hidrológicos singulares. Cuando todos estos parámetros confluyen, el área adquiere una identidad ecológica propia y se reconoce como una ecorregión distinta, aunque pueda compartir algunos elementos con regiones vecinas.
Las grandes categorías de ecorregiones del mundo
Para ordenar la diversidad de hábitats del planeta, WWF y otros organismos han propuesto clasificaciones que agrupan las ecorregiones en tres grandes tipos: terrestres, de agua dulce y marinas. Entre todas ellas se describen 26 tipos principales de ecorregiones, que representan ejemplos sobresalientes de los distintos hábitats del planeta.
Estos 26 tipos se definen como configuraciones de hábitat con condiciones ambientales similares (clima, relieve, suelos, régimen hídrico), estructuras de la vegetación parecidas y patrones de diversidad biológica equivalentes. Además, en cada tipo se espera encontrar adaptaciones semejantes en las especies que componen sus comunidades biológicas.
Para reflejar la singularidad de los continentes y océanos, cada tipo principal de hábitat se subdivide en siete grandes reinos biogeográficos: Afrotropical, Australasia, Indo-Malaya, Neártico, Neotropical, Oceanía y Paleártico. Dentro de cada reino se identifican las ecorregiones que mejor representan la biodiversidad de cada tipo de hábitat.
Estas ecorregiones no solo son clave desde el punto de vista científico, sino que además dan lugar a algunos de los paisajes naturales más espectaculares del planeta: desde selvas exuberantes hasta desiertos extremos, cadenas de montañas nevadas, humedales inmensos o arrecifes de coral de una riqueza increíble.
En este contexto global, WWF ha segmentado la superficie terrestre en ocho grandes ecozonas, subdivididas en 867 ecorregiones terrestres. De ellas, 238 han sido consideradas especialmente representativas de los distintos biomas y se han incluido en la iniciativa conocida como Global 200, un proyecto que busca priorizar áreas clave para la conservación de la biodiversidad mundial.
Tipos de ecorregiones terrestres
Las ecorregiones terrestres se organizan en gran variedad de biomas, cada uno con sus características particulares. Dentro de esta clasificación se reconocen 14 grandes tipos de hábitats terrestres que reúnen a las distintas ecorregiones de tierra firme.
Entre estos tipos se encuentran, por ejemplo, los desiertos y matorrales xerófilos, caracterizados por su aridez extrema, vegetación adaptada a la escasez de agua y grandes variaciones de temperatura. También figuran los bosques templados de hoja ancha y mixtos, con estaciones bien marcadas y una mezcla de especies caducifolias y perennifolias.
Otros biomas terrestres importantes son los bosques de coníferas templados, los bosques boreales o taiga, las selvas tropicales y subtropicales húmedas, los bosques secos tropicales, los pastizales templados y tropicales, las sabanas y matorrales, las praderas y sabanas inundadas, los pastizales montanos, los bosques tropicales y subtropicales de coníferas, la tundra, los bosques mediterráneos y matorrales, y los manglares.
Cada uno de estos tipos de hábitat engloba numerosas ecorregiones específicas repartidas por distintos continentes. Aunque comparten rasgos generales, difieren en composición de especies, historia evolutiva y en los procesos ecológicos concretos que las sostienen, lo que justifica su tratamiento por separado en las estrategias de conservación.
En el caso de las ecorregiones de agua dulce y marinas, la clasificación es algo distinta, pero sigue la misma lógica de identificar conjuntos de sistemas con características ambientales y biológicas coherentes, abarcando ríos, lagos, deltas, costas, mares abiertos y zonas polares.
Ecorregiones de agua dulce
Las ecorregiones de agua dulce se agrupan en 12 tipos de biomas acuáticos interiores, definidos por la dinámica del agua, el clima, el relieve y la flora y fauna asociada. En ellos se incluyen los grandes lagos y pequeños lagos, los grandes ríos y sus deltas, ríos de montaña, costas influenciadas por agua dulce y una variedad de humedales y cuencas cerradas.
Dentro de esta clasificación se distinguen, por ejemplo, los grandes ecosistemas fluviales, que abarcan cursos de agua de enorme longitud, con amplias planicies de inundación y una biodiversidad asociada muy rica. También los grandes ecosistemas de delta, donde los ríos vierten sus aguas al mar y se forman complejas redes de canales y humedales.
Se reconocen además pequeños sistemas fluviales y de cabecera, que tienen un papel fundamental en el mantenimiento de la calidad del agua y en el aporte de nutrientes a las zonas inferiores de las cuencas. Del mismo modo, se identifican grandes y pequeños ecosistemas lacustres, junto con ecorregiones asociadas a cuencas endorreicas y regiones xéricas donde el agua es un recurso altamente limitado.
En el listado clásico de biomas de agua dulce también aparecen las aguas polares, las llanuras aluviales templadas y tropicales, las mesetas templadas y tropicales, las costas templadas y tropicales con fuerte influencia fluvial, así como las cuencas endorreicas y xerófilas y determinadas islas oceánicas con sistemas de agua dulce particulares.
Estas ecorregiones de agua dulce son cruciales porque soportan una enorme proporción de la biodiversidad mundial pese a ocupar una fracción muy pequeña de la superficie del planeta. A la vez, son especialmente vulnerables a la contaminación, la sobreexplotación del agua, la construcción de presas y el cambio climático.
Ecorregiones marinas
Las ecorregiones marinas se clasifican en cinco grandes biomas oceánicos, que reflejan tanto las condiciones físicas del agua (temperatura, corrientes, nutrientes) como los tipos de comunidades que albergan. Estos biomas incluyen mares polares, mares y plataformas continentales templadas, zonas de surgencia templada, regiones de corrientes tropicales y sistemas de arrecifes de coral.
Los mares polares están dominados por aguas frías, presencia estacional o permanente de hielo marino y comunidades adaptadas a condiciones extremas de luz y temperatura. Son claves para el funcionamiento del clima global y para las cadenas tróficas marinas, aunque se encuentran especialmente amenazados por el calentamiento global.
Las plataformas continentales templadas y los mares asociados concentran alta productividad biológica gracias a la mezcla de aguas, lo que los hace muy importantes para la pesca y para numerosas especies de vertebrados marinos, desde peces y aves hasta mamíferos como delfines y ballenas.
En las zonas de surgencia templada, las corrientes frías ricas en nutrientes ascienden desde las profundidades a la superficie, favoreciendo floraciones de fitoplancton y cadenas tróficas muy intensas. Por su parte, las regiones dominadas por corrientes tropicales y los sistemas de arrecifes de coral constituyen algunos de los ecosistemas más diversos y frágiles del planeta.
Al igual que en tierra, las ecorregiones marinas se definen por combinaciones específicas de especies y procesos, que pueden verse profundamente alteradas por la sobrepesca, la contaminación, la acidificación de los océanos o la introducción de especies invasoras.
Ecorregiones de Argentina: un mosaico de 18 grandes unidades
Argentina es un ejemplo claro de país donde el concepto de ecorregión cobra todo el sentido. Con un territorio muy extenso de norte a sur y de este a oeste, y un fuerte contraste entre la Cordillera de los Andes y la costa atlántica, pasando por llanuras, sierras, mesetas y humedales, se configura un mosaico de ambientes muy diversos.
Este relieve tan variado, sumado a una gran amplitud de climas, convierte al país en uno de los más diversos biológica y geográficamente del planeta. En total se reconocen 18 ecorregiones principales, cada una de las cuales alberga una combinación única de especies y paisajes, difícilmente reproducible en otras partes del territorio.
A finales de la década de 1990, la Administración de Parques Nacionales y la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable elaboraron el primer mapa oficial de ecorregiones argentinas. El objetivo era mejorar el conocimiento del medio físico, evaluar los recursos naturales y analizar el impacto de las actividades humanas sobre cada unidad ecológica.
Hoy en día, estas ecorregiones sirven como base para planificar áreas protegidas, políticas de conservación y estudios ambientales. Sin embargo, muchas de ellas se encuentran seriamente amenazadas por la expansión agrícola y ganadera, la minería, las actividades petroleras, el turismo descontrolado, la introducción de especies exóticas y la falta de políticas públicas que prioricen su cuidado.
Entre las 18 ecorregiones argentinas encontramos territorios de alta montaña, selvas, bosques templados, estepas frías, humedales inmensos, pastizales agroproductivos, regiones áridas y el Mar Argentino, uno de los mares más ricos en biodiversidad del mundo.
Principales ecorregiones argentinas y sus rasgos
Los Altos Andes se extienden desde la frontera con Bolivia hasta aproximadamente el norte de Neuquén. Es una región de clima extremadamente árido y frío, donde los vientos son muy intensos y la vegetación es baja y dispersa. Entre sus especies características se encuentran el chinchillón, el zorro colorado y el cóndor andino, adaptados a la vida en altura.
La ecorregión de la Puna ocupa zonas elevadas desde Jujuy hasta el norte de San Juan. Se caracteriza por una enorme amplitud térmica diaria y estacional: las temperaturas pueden variar mucho entre el día y la noche, y también entre verano e invierno. Es un ambiente duro, con salares, pastizales altos y vegetación rala.
La Selva de las Yungas se localiza en las laderas orientales de los Andes del noroeste argentino. Es una región cálida y muy húmeda que cumple un papel clave en la regulación del agua de la zona, captando humedad y liberándola gradualmente hacia los valles. Alberga una biodiversidad muy elevada, con gran cantidad de aves, mamíferos y plantas endémicas.
La ecorregión del Gran Chaco tiene dos versiones bien distintas: el Chaco Seco y el Chaco Húmedo. El primero es una de las zonas más calurosas del continente, con períodos prolongados de sequía y vegetación de bosques abiertos, matorrales y pastizales. El Chaco Húmedo, en cambio, presenta bosques densos, sabanas, cañadas, esteros y lagunas, con un régimen de lluvias que puede superar los 1.200 mm anuales.
El Delta y las Islas del Paraná forman una extensa red de cursos de agua e islas vinculadas principalmente a los ríos Paraná y Paraguay. Sus humedales funcionan como un corredor biológico de gran importancia, pero se encuentran seriamente amenazados por la falta de una legislación específica y por impactos como los incendios recurrentes que han cobrado gran protagonismo en los últimos años.
Los Esteros del Iberá constituyen uno de los mayores reservorios de agua dulce del planeta. Es una ecorregión de lagunas, esteros, bañados y pastizales inundables, hogar de yacarés, ciervos de los pantanos, numerosas aves acuáticas y una gran diversidad de plantas adaptadas al medio acuático.
La ecorregión de Campos y Malezales se ubica principalmente en el sur de Misiones y el este de Corrientes. Sus más de dos millones de hectáreas de pastizales y pajonales enlazan la Selva Paranaense con los bosques del Espinal. El clima es subtropical húmedo y el paisaje está dominado por pastos altos y zonas de humedales.
La Selva Paranaense es una de las ecorregiones más biodiversas de Argentina. Conocida por sus suelos rojos, su clima cálido y muy húmedo, y su densa vegetación, alberga una enorme variedad de plantas, aves, mamíferos y otros organismos. Su complejidad ecológica es altísima, pero ha sufrido una deforestación intensa en las últimas décadas.
Los Montes de Sierras y Bolsones se extienden de forma paralela a la Cordillera de los Andes, desde Jujuy hasta el norte de Mendoza. Es una región exclusiva de Argentina, marcada por sierras, valles cerrados y salares. Allí habitan especies como guanacos, pumas, vizcachas, tortugas terrestres, el pichiciego menor, la boa de las vizcacheras y el águila coronada.
La ecorregión de Montes de Llanuras y Mesetas es una de las más áridas del país. Predominan los llanos y mesetas escalonadas, con vegetación de arbustos xerófitos y escasa disponibilidad de agua. Entre la fauna típica se encuentran maras, cuises, pumas, guanacos y zorros grises, todos adaptados a la falta de humedad.
La Pampa es la gran región de pastizales fértiles donde se desarrollan intensamente la agricultura y la ganadería. Sus suelos profundos y ricos han impulsado un fuerte cambio del paisaje original de pastizales y praderas hacia campos de cultivo. Hacia el sur se levantan sierras conocidas como Tandilia y Ventania, que aportan cierto relieve en medio de la llanura.
El Espinal es una ecorregión de transición que antaño estuvo dominada por bosques, sabanas y pastizales, pero que en la actualidad se encuentra muy transformada por la expansión de la frontera agropecuaria. Sus bosques originales de especies como el algarrobo han sido en gran parte sustituidos por campos cultivados y pasturas.
Los Bosques Patagónicos o Bosques Subantárticos forman una franja boscosa que se extiende desde el norte de Neuquén hasta Tierra del Fuego y la Isla de los Estados. Es una región fría, con montañas nevadas, valles glaciares, ríos y lagos de origen glacial. Sus bosques están dominados por lengas, coihues y otras especies adaptadas a las bajas temperaturas y a los suelos pobres.
La Estepa Patagónica es la ecorregión continental más extensa de Argentina. Se caracteriza por mesetas, colinas, montañas bajas, dunas y acantilados, con suelos pobres, escasas precipitaciones, temperaturas bajas y vientos que pueden superar con facilidad los 100 km/h. La vegetación está formada por arbustos bajos y pastos duros, y la fauna incluye guanacos, zorros, choiques y otras especies adaptadas al frío y a la aridez.
Las Islas del Atlántico Sur -incluidas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur- conforman otra ecorregión, con clima oceánico frío y húmedo. Su fauna comparte muchas especies con los bosques y costas patagónicas, incluyendo pingüinos, lobos marinos y aves marinas que utilizan las islas como zonas de reproducción.
El Mar Argentino es una ecorregión marina de altísima productividad y biodiversidad. Sus aguas, influenciadas por corrientes como la de Malvinas y la del Brasil, albergan grandes cardúmenes de peces, poblaciones de cetáceos, aves marinas y una rica fauna bentónica. Al mismo tiempo, está muy presionado por la sobrepesca, la contaminación y proyectos de explotación de hidrocarburos.
Finalmente, la ecorregión de la Antártida incluye las zonas continentales y marítimas asociadas al sector antártico reclamado por Argentina. Se trata de un ambiente dominado por el hielo y los glaciares, donde la fauna terrestre se limita a unos pocos invertebrados, pero donde el medio marino es extraordinariamente rico en krill, peces, focas, pingüinos y ballenas.
Ecorregiones, parques nacionales y planificación biorregional
El uso del término ecorregión responde a un interés creciente por comprender los ecosistemas a escalas espaciales amplias. En lugar de analizar fragmentos aislados de paisaje, cada vez se presta más atención a cómo se conectan los distintos ecosistemas, cómo fluyen el agua, la energía y los nutrientes, y cómo se mueven las especies a través de grandes áreas.
En muchos casos, los ecosistemas interconectados forman sistemas “mayores que la suma de sus partes”, lo que exige enfoques de gestión integrados. Por ello, desde la investigación agraria hasta la conservación estricta, se utilizan las ecorregiones como unidades básicas de análisis a la hora de planear paisajes multifuncionales, donde coexistan producción, conservación y bienestar humano.
WWF y otras organizaciones han promovido la identificación de ecorregiones prioritarias y, a partir de ellas, la creación o ampliación de áreas protegidas como parques nacionales, reservas naturales estrictas, reservas educativas o áreas marinas protegidas. En el caso de Argentina, buena parte de sus parques nacionales se ha ido declarando justamente para representar de forma adecuada cada ecorregión.
Existen leyes y decretos específicos para la creación y ampliación de estos parques, que a menudo mencionan explícitamente la ecorregión que se pretende proteger: Altos Andes, Bosques Patagónicos, Estepa Patagónica, Chaco Seco y Húmedo, Selva Paranaense, Yungas, Puna, Pampa, Monte de Sierras y Bolsones, Monte de Llanuras y Mesetas, Campos y Malezales, Delta e Islas del Paraná, Esteros del Iberá, Mar Argentino y otras.
Esta relación estrecha entre ecorregiones y áreas protegidas permite evaluar qué ambientes están bien representados en el sistema de parques y cuáles, por el contrario, carecen de protección suficiente. De este modo, se pueden priorizar nuevas figuras de conservación allí donde los ecosistemas se encuentran más amenazados o peor custodiados.
Enfoque ecorregional y biorregionalismo
Más allá del plano estrictamente científico, el concepto de ecorregión ha impulsado el desarrollo de una perspectiva social y política conocida como biorregionalismo. Surgida en la década de 1970, esta corriente propone que el cuidado del medio ambiente debe basarse en las características ecológicas locales y en el reconocimiento de la región natural en la que vivimos.
El biorregionalismo anima a que las personas conozcan la ecología, la economía y la cultura de su biorregión, y a que tomen decisiones cotidianas que favorezcan el equilibrio de ese entorno: consumir productos locales, cultivar especies nativas, gestionar el agua de forma responsable y fortalecer las comunidades que dependen directamente de su paisaje.
Según esta perspectiva, las divisiones políticas -municipios, provincias, estados y países- no siempre reflejan los límites donde realmente operan los procesos ecológicos. Por ejemplo, una cuenca hidrográfica puede atravesar varias jurisdicciones, lo que complica su gestión si cada administración actúa de manera independiente sin tener en cuenta la unidad ecológica.
El enfoque biorregional, impulsado por figuras como el ecólogo y biogeógrafo Raymond Dasmann y el activista ambiental Peter Berg, plantea que las políticas públicas deberían integrar escalas espaciales acordes a las ecorregiones. Esto implica diseñar estrategias de conservación, ordenamiento territorial y desarrollo económico que respeten los límites naturales y los ritmos propios de cada región ecológica.
En la práctica, adoptar una mirada ecorregional y biorregional supone aceptar que muchas especies necesitan grandes áreas continuas para mantener poblaciones viables -como grandes depredadores o grandes rapaces, con áreas de campeo de decenas de kilómetros cuadrados- y que los procesos ecológicos (ciclos del agua, de nutrientes, migraciones de especies) a menudo superan con creces las fronteras administrativas.
Qué podemos hacer a nivel individual
Aunque las ecorregiones parezcan algo muy “macro”, cada persona puede contribuir a su cuidado con acciones cotidianas sencillas. Consumir de forma responsable, por ejemplo, es una pieza clave: todos los bienes que usamos -alimentos, ropa, muebles, tecnología- dependen de recursos que se extraen de alguna ecorregión concreta, a menudo situada muy lejos.
Conocer y visitar las reservas naturales y parques nacionales cercanos ayuda a valorar la biodiversidad de nuestra región ecológica y a apoyar iniciativas de conservación. El turismo bien gestionado, que respeta los límites de carga de los ecosistemas y se ajusta a normativas ambientales, puede convertirse en un aliado de la protección de las ecorregiones.
También es importante respaldar la creación de nuevas áreas protegidas dentro de cada ecorregión, especialmente en aquellas más degradadas o menos representadas en los sistemas actuales de parques y reservas. Esto se puede hacer participando en procesos de consulta pública, apoyando organizaciones ambientales o difundiendo información fiable.
Por último, implicarse en organizaciones, movimientos o causas que defiendan la naturaleza y los derechos de las comunidades locales refuerza el tejido social necesario para que las políticas ecorregionales se mantengan en el tiempo. Cada gesto, desde reducir nuestro consumo hasta apoyar campañas de conservación, suma para que las ecorregiones sigan proporcionando bienes y servicios esenciales: agua limpia, suelos fértiles, aire de calidad, refugio para la biodiversidad y paisajes que enriquecen nuestra vida.
Comprender cómo se organiza el planeta en ecorregiones, conocer las grandes unidades terrestres, de agua dulce y marinas, y acercarnos a ejemplos concretos como las 18 ecorregiones argentinas, permite mirar los mapas con otros ojos: más allá de las fronteras políticas aparecen límites marcados por la vida, por la historia evolutiva y por procesos naturales que sostienen nuestro bienestar. Integrar esa mirada en la gestión del territorio y en nuestras decisiones diarias es una pieza clave para un futuro más sostenible y en sintonía con los lugares que habitamos.