Por qué los monos de Gibraltar comen tierra para combatir la comida basura

Última actualización: 23 abril 2026
  • Los macacos de Gibraltar ingieren tierra de forma intencionada para aliviar los efectos digestivos de la comida basura que reciben de los turistas.
  • La geofagia está vinculada al contacto con visitantes y a la temporada alta, no al embarazo ni a la falta de alimentos naturales.
  • El suelo aporta minerales y bacterias beneficiosas y actúa como barrera protectora frente a dulces, helados y aperitivos salados.
  • El comportamiento se transmite socialmente y se considera una nueva tradición cultural impulsada por la presión turística en Europa.

Monos de Gibraltar comiendo tierra para contrarrestar la comida basura

Los monos de Gibraltar están protagonizando un fenómeno tan llamativo como preocupante: han empezado a comer tierra de manera habitual. No se trata de una excentricidad pasajera ni de falta de alimento, sino de una respuesta directa a la enorme cantidad de dulces, helados y snacks salados que obtienen cada día de los turistas.

Esta población de macacos de Berbería, la única colonia de primates que vive en semilibertad en Europa, se ha convertido sin quererlo en un experimento sobre los efectos de la comida ultraprocesada en la fauna silvestre. Según varios equipos científicos europeos, los animales se ven obligados a recurrir a la geofagia —comer tierra de forma intencionada— para paliar los trastornos digestivos que les provoca la comida humana.

Un estudio europeo destapa por qué los macacos comen tierra

Macacos de Gibraltar practicando geofagia

La conducta ha sido descrita en detalle en un trabajo publicado en la revista Scientific Reports, coordinado por la Universidad de Cambridge con la colaboración de la Universidad de Gibraltar y del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES). Es la primera vez que se documenta de forma sistemática la geofagia en los macacos del Peñón.

Durante varios meses de observación repartidos en diferentes estaciones del año, los investigadores siguieron a los ocho grupos estables de macacos que habitan distintas zonas de la roca. Registraron decenas de episodios en los que los animales se detenían, recogían pequeños fragmentos de suelo —sobre todo arcilla roja, la llamada terra rossa— y los ingerían con rapidez.

Los datos muestran una correlación muy clara entre la ingesta de tierra y la exposición a turistas. Los grupos que viven en las áreas más concurridas, como la cima del Peñón o las zonas panorámicas, presentaron tasas de geofagia muy superiores a las de aquellos que apenas tienen contacto con visitantes.

De hecho, un grupo que habita en una zona restringida, sin acceso a personas ni a restos de comida humana, no registró ni un solo caso de geofagia durante todo el periodo de estudio, lo que refuerza la idea de que el comportamiento está directamente ligado a la presencia de turistas y a lo que estos les dan de comer.

La comida basura altera el estómago de los monos

Monos de Gibraltar consumiendo aperitivos humanos

En teoría, estos macacos deberían alimentarse principalmente de hierbas, hojas, semillas, brotes y algún insecto ocasional. Las autoridades de Gibraltar les suministran a diario fruta, verdura y agua para mantener una dieta relativamente cercana a la natural y reducir conflictos con los visitantes.

En la práctica, la escena es muy distinta: chocolate, patatas fritas, galletas, bollería, cacahuetes salados, pan, refrescos y, sobre todo, helados forman ya parte habitual del menú de muchos individuos. A pesar de que está prohibido alimentar a los animales, numerosos turistas continúan haciéndolo y los monos, que han aprendido a aprovechar cualquier despiste, también roban comida con bastante habilidad.

Los científicos calculan que cerca de una quinta parte de la dieta de algunos grupos procede de alimentos humanos. Esta proporción es mucho mayor en los macacos que viven en las zonas con más afluencia turística, donde incluso se han observado escenas de animales registrando mochilas, bolsos y papeleras en busca de snacks.

El problema es que los primates no humanos pierden la capacidad de digerir la lactosa tras el destete, de modo que los lácteos presentes en tantos helados y postres les causan molestias digestivas. A eso se suma una gran cantidad de azúcar, sal y grasa, con muy poca fibra, una combinación que desajusta el microbioma intestinal y dispara los problemas de estómago.

En varios episodios recogidos en el estudio, los investigadores observaron que minutos después de comer pan, galletas o helado, los macacos se dirigían de forma casi inmediata a zonas de tierra adecuada y comenzaban a ingerirla, como si buscaran un alivio rápido para el malestar que acababan de provocar en su aparato digestivo.

Geofagia: un remedio natural para un problema moderno

Macacos de Gibraltar comiendo tierra roja

El comportamiento que se ha descrito en Gibraltar se enmarca en la geofagia, la ingestión deliberada de tierra o arcilla, una práctica conocida desde hace tiempo tanto en el reino animal como en algunas culturas humanas. En muchos casos se ha relacionado con la necesidad de obtener minerales o de neutralizar toxinas vegetales presentes en la dieta.

Sin embargo, en estos macacos europeos los investigadores descartan que la clave esté en la suplementación nutricional durante el embarazo o la lactancia. El equipo no detectó aumentos significativos de geofagia en hembras gestantes o con crías, lo que apunta a que la principal explicación no es la carencia de nutrientes ligada a etapas concretas de la vida.

La hipótesis que gana fuerza es que la tierra actúa como barrera física y química en el tracto digestivo. Las arcillas pueden absorber compuestos potencialmente dañinos y reducir la irritación de la mucosa intestinal, lo que ayudaría a calmar síntomas como náuseas, diarrea o dolor abdominal derivados del abuso de productos ultraprocesados.

Además, el suelo aporta minerales y bacterias beneficiosas que no están presentes en la comida basura. Estos microorganismos podrían contribuir a recomponer, al menos en parte, el microbioma intestinal alterado por el azúcar, la sal y las grasas características de los dulces, patatas fritas y aperitivos salados que reciben los primates.

Los datos recogidos en el Peñón encajan con otros casos descritos en fauna de distintas partes del mundo. Se ha visto geofagia en chimpancés y lémures de África Oriental, en macacos semisalvajes del Parque Nacional Kam Shan en Hong Kong —donde también tienen acceso masivo a comida humana— y en diversas especies de mamíferos y aves. Lo excepcional en Gibraltar es la frecuencia y el claro vínculo con el turismo.

Una tradición cultural impulsada por el turismo

Más allá de la parte fisiológica, el equipo internacional de investigadores destaca una dimensión especialmente interesante: la geofagia de los macacos de Gibraltar se comporta como una tradición cultural que se transmite de unos individuos a otros dentro de cada grupo.

Las observaciones de campo muestran que la mayor parte de los episodios de ingesta de tierra se producen en presencia de otros macacos, que miran de cerca cómo lo hace el animal que inicia la conducta. Crías y jóvenes siguen de manera atenta los movimientos de las hembras adultas, lo que sugiere un proceso de aprendizaje social muy parecido al que se ha descrito en el uso de herramientas en otros primates.

Cada grupo estable del Peñón parece desarrollar sus preferencias particulares por ciertos tipos de suelo. La mayoría de los animales se inclina por la terra rossa, una arcilla rojiza muy típica de la zona calcárea de Gibraltar, rica en minerales. Pero hay al menos una tropa que ha mostrado una predilección sorprendente por tierras mezcladas con alquitrán procedente de baches en la carretera.

Esta variación entre grupos, difícil de explicar solo por la disponibilidad del recurso, refuerza la idea de que no estamos ante una simple respuesta instintiva, sino ante costumbres que se consolidan con el tiempo y se mantienen dentro de cada comunidad de macacos. Las hembras, que suelen permanecer en el grupo donde nacen, jugarían un papel clave a la hora de transmitir estas prácticas de generación en generación.

Expertos en primatología consultados por plataformas científicas europeas coinciden en que el caso de Gibraltar ilustra hasta qué punto la presencia humana puede moldear la cultura animal, generando comportamientos nuevos que no se observan, o se dan de manera mucho más esporádica, en las poblaciones silvestres del norte de África.

Una colonia única en Europa, entre el reclamo turístico y la presión humana

La población de macacos de Gibraltar ronda actualmente los 230 ejemplares, distribuidos en ocho grupos que ocupan distintas zonas del Peñón. Son un símbolo del territorio y uno de sus mayores atractivos turísticos, presentes en carteles, postales y todo tipo de recuerdos.

Su origen se remonta a introducciones históricas desde el norte de África, y su pervivencia moderna llegó a preocupar tanto que, durante la Segunda Guerra Mundial, el propio Winston Churchill impulsó la llegada de nuevos animales para evitar que desapareciera la colonia. Hoy en día, su futuro está más ligado que nunca a la gestión del turismo y al tipo de relación que se fomente entre visitantes y fauna.

Las normas locales prohíben expresamente dar de comer a los monos y prevén sanciones económicas, pero la aplicación real de estas reglas es irregular. Muchos turistas siguen viendo casi como una tradición ofrecerles algo de comida a cambio de una foto, sin ser plenamente conscientes de las consecuencias que esto tiene a medio y largo plazo para la salud de los animales.

Los investigadores señalan que, más allá de los problemas digestivos inmediatos, una dieta tan alejada de la natural podría favorecer obesidad, alteraciones metabólicas y cambios profundos en la microbiota intestinal. A ello se suman posibles efectos en el comportamiento, desde un aumento de la agresividad hasta una mayor dependencia de los humanos para conseguir alimento.

Con todo, el caso de Gibraltar se considera ya un ejemplo de referencia en Europa para entender el impacto de los ultraprocesados en fauna silvestre habituada al contacto con personas. Los autores del estudio abogan por reforzar las campañas de sensibilización dirigidas a turistas y por integrar estos hallazgos en las políticas de conservación y gestión del espacio.

Lo que está ocurriendo en el Peñón muestra con bastante crudeza cómo una práctica aparentemente inocente, como compartir un helado o unas patatas con un mono, puede desencadenar una cadena de efectos difícil de revertir. Los macacos han encontrado en la tierra un remedio parcial para sobrellevar la avalancha de comida basura, pero ese recurso no deja de ser un parche frente a un problema creado por la presión humana y la falta de respeto a unas normas pensadas, precisamente, para proteger a los animales.

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