Cómo evitar garrapatas en caza y proteger tu salud en el monte

Última actualización: 9 mayo 2026
  • La combinación de ropa adecuada, polainas ajustadas y repelentes específicos reduce drásticamente el riesgo de picadura de garrapata durante la caza.
  • Revisar a fondo ropa, cuerpo y perros al regresar del campo es clave para detectar y eliminar garrapatas antes de que transmitan enfermedades.
  • Una extracción correcta con pinzas y desinfección posterior, junto a la vigilancia de síntomas en días siguientes, minimiza complicaciones sanitarias.

consejos para evitar garrapatas en caza

Salir al monte en temporada de calor es uno de esos placeres que los aficionados a la caza y al campo conocen bien. Jornadas largas entre jaras, siembras y monte bajo son sinónimo de lances, recechos y horas de disfrute… pero también de un riesgo silencioso que cada vez preocupa más: las garrapatas.

Estos pequeños parásitos pasan desapercibidos hasta que, al llegar a casa, notas un bultito en la piel o ves cómo se mueve algo por el pantalón. En los últimos años su presencia se ha disparado en muchas zonas de España, y con ella aumentan las probabilidades de sufrir picaduras y enfermedades asociadas. Por suerte, existen medidas muy eficaces para reducir ese riesgo al mínimo si sabes cómo protegerte, cómo equiparte y qué hacer si una garrapata llega a engancharse.

Qué son las garrapatas y por qué preocupan tanto al cazador

Lo primero es tener claro contra qué estamos peleando. La garrapata no es un insecto, sino un arácnido, emparentado con las arañas y los ácaros. Es un ectoparásito que se alimenta de la sangre de animales silvestres, domésticos y humanos, y que necesita engancharse a la piel para alimentarse durante horas o incluso días.

Las garrapatas no vuelan ni saltan, así que su estrategia consiste en trepar por la vegetación, situarse en hierbas altas, matorrales o arbustos y esperar pacientemente a que pase un huésped. En cuanto notan el roce de una pierna, un pantalón o el lomo de un perro, se agarran y empiezan a buscar una zona de piel donde poder clavarse.

En España, el periodo de mayor actividad se concentra, de forma general, entre abril y octubre, coincidiendo con las temperaturas más suaves o altas. El cambio climático, con inviernos menos fríos y primaveras más largas, está favoreciendo que se alargue su temporada e incluso que aparezcan en meses en los que antes apenas se veían.

Su tamaño varía mucho: desde ejemplares diminutos del tamaño de una cabeza de alfiler hasta otros tan grandes como una alubia cuando están hinchados de sangre. Precisamente los más pequeños son los más difíciles de detectar, lo que complica su control durante las jornadas de caza, recechos o esperas nocturnas.

Riesgos y enfermedades transmitidas por garrapatas

Más allá de la molestia de la picadura, el verdadero problema es que las garrapatas pueden actuar como vectores de numerosas enfermedades infecciosas. No todas están infectadas, ni todas las picaduras van a provocar una patología, pero el riesgo existe y conviene tomárselo muy en serio.

En nuestro entorno, las enfermedades más habituales transmitidas por garrapatas incluyen varias rickettsiosis y la enfermedad de Lyme. También se han descrito, aunque con menor frecuencia, casos de anaplasmosis, babesiosis, tularemia e incluso fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en determinadas áreas de la Península.

Estos cuadros pueden manifestarse con síntomas muy variados: fiebre, dolor muscular y articular, cansancio intenso, erupciones cutáneas, malestar general o alteraciones neurológicas en los casos más graves. A veces, la lesión inicial de la picadura pasa desapercibida y es la fiebre o la mancha en la piel días después lo que hace saltar las alarmas.

Además, algunas personas desarrollan reacciones alérgicas a la saliva de la garrapata. En estos casos puede aparecer picor intenso, enrojecimiento muy marcado, inflamación local e incluso dificultad para respirar en situaciones extremas, que requieren atención médica urgente.

No hay que olvidar también el riesgo de infecciones secundarias en la zona de la mordedura si la garrapata permanece mucho tiempo adherida o se retira de forma incorrecta, dejando restos en la piel. Esto puede desembocar en hinchazón, dolor y hasta formación de abscesos.

Por qué la caza implica más exposición a garrapatas

El cazador se mueve, casi siempre, en el hábitat perfecto para las garrapatas. Monterías, recechos, aguardos y batidas se desarrollan entre hierba alta, matorral cerrado, manchas de monte bajo y zonas húmedas, justo donde estos parásitos esperan su oportunidad.

La expansión de ungulados como ciervos, corzos o jabalíes también ha favorecido la proliferación de garrapatas, ya que actúan como hospedadores ideales. Menor presión sobre ciertos depredadores y cambios en el manejo del territorio completan un cóctel perfecto para que su número aumente.

Quien caza a rececho en primavera, espera a los jabalíes en verano o participa en monterías otoñales sabe que pasa muchas horas en zonas de vegetación densa, cruzando arroyos, entrando a jarales o revisando encames. Cada roce con la vegetación es una oportunidad para que una garrapata se suba al pantalón, a la bota o al perro de caza.

A todo esto se suma la manipulación de las piezas abatidas. Desollar, eviscerar o transportar animales sin guantes ni protección adecuada aumenta la probabilidad de que alguna garrapata que porte el animal termine pasando al cazador.

Por eso, en el mundo cinegético se ha ido consolidando una idea clara: la prevención frente a las garrapatas es tan importante como revisar el arma o el equipo antes de salir al campo. Ignorar este aspecto puede convertir una buena jornada en un problema de salud días o semanas después.

Cómo vestirse para reducir al mínimo las picaduras

Una de las medidas más eficaces, sencillas y baratas para evitar garrapatas es cuidar muy bien la ropa que usamos en el monte. Aunque haga calor, lo más recomendable es utilizar prendas que cubran al máximo la piel: manga larga, pantalón largo y calcetines altos.

Siempre que sea posible, es mejor optar por colores claros, sobre todo en calcetines y pantalones. De esta forma resulta mucho más fácil ver si alguna garrapata está trepando por la tela y retirarla antes de que llegue a la piel. En caza solemos tender a colores oscuros y miméticos, pero conviene valorar este aspecto, sobre todo en salidas con alta densidad de garrapatas.

El calzado también marca diferencias. Las botas o zapatos cerrados, con los pantalones por dentro de los calcetines, bloquean la entrada de garrapatas por la parte baja de la pierna. Las sandalias, zapatillas muy abiertas o pantalones por fuera de la bota dejan demasiados huecos por los que colarse.

Hoy en día existen incluso prendas tratadas con productos acaricidas o repelentes específicos para garrapatas, pensadas para quienes pasan muchas horas en zonas de riesgo. Pueden ser una buena inversión para cazadores que salen con frecuencia durante la temporada caliente.

No hay ninguna prenda mágica que garantice un 100% de protección, pero sumar barreras físicas y productos químicos repelentes reduce la probabilidad de picadura de forma drástica, sobre todo si después se completa con una buena revisión corporal al terminar la jornada.

Polainas antigorrapatas: una barrera física muy eficaz

Dentro del equipamiento que más se ha popularizado entre cazadores y usuarios del monte están las polainas específicas para proteger la parte baja de la pierna. Muchos aficionados llevan años utilizándolas como truco sencillo para frenar a las garrapatas desde el primer momento.

Un ejemplo claro son las polainas de la marca TRIXES, muy económicas y fáciles de conseguir en Amazon. Están confeccionadas con un tejido transpirable, resistente al agua y al viento, pensadas para soportar ramas, barro, zarzas y el trote habitual de una jornada de caza.

Su diseño incluye una banda elástica y una tira regulable que ajustan la polaina a la pierna, además de un sistema de cierre con cremallera trasera y velcro que evita desplazamientos. Esta combinación consigue que queden bien ceñidas, sin dejar huecos por los que puedan colarse las garrapatas.

Lo que las hace especialmente interesantes es que actúan como auténtica muralla frente a los parásitos que intentan trepar por el pantalón. Al quedar la parte inferior de la pierna sellada por la banda elástica, la garrapata tiene muy complicado acceder al interior de la ropa y, por tanto, a la piel.

Muchos cazadores las utilizan de forma habitual en zonas de matorral, monte bajo o hierba alta, donde la presencia de garrapatas es prácticamente segura. Además de limitar el acceso de los parásitos, aportan un plus de aislamiento frente a humedad, barro y zarzas, algo que se agradece cuando la jornada se alarga.

Repelentes y productos químicos: cómo usarlos bien

La protección mecánica de la ropa se puede reforzar con una «muralla química». El uso adecuado de repelentes es clave para multiplicar la eficacia de la ropa y las polainas, especialmente en los puntos donde las garrapatas suelen iniciar su ascenso.

En la ropa es muy útil recurrir a productos a base de permetrina al 0,5%. Se aplican sobre pantalones, calcetines o polainas, dejando que se sequen bien antes de ponérselos. La permetrina actúa como insecticida y acaricida de contacto, por lo que muchas garrapatas ni siquiera llegan a avanzar unos centímetros.

En la piel expuesta (cara, cuello, muñecas o manos) lo más extendido es utilizar repelentes con DEET en concentraciones superiores al 40%, siempre siguiendo las indicaciones exactas del fabricante. Es importante reaplicar el producto cuando lo indique el envase, sobre todo en jornadas largas o con mucho sudor.

En el entorno cinegético se ha popularizado el uso de Diptrón como repelente específico para garrapatas. Muchos cazadores lo usan de forma rutinaria, rociando especialmente las polainas y la parte baja del pantalón antes de entrar al monte. El producto genera una barrera olfativa que desorienta a las garrapatas y reduce la probabilidad de que se acerquen.

La combinación de polainas ajustadas y Diptrón aplicado sobre ellas ha demostrado ser muy efectiva: por un lado, el olor del repelente mantiene a raya a las garrapatas; por otro, si alguna consigue acercarse, la barrera física de la polaina les impide alcanzar la piel. Es una solución muy práctica y asequible para cualquiera que pase horas en el campo.

Conviene no dejarse llevar por rumores o mitos: hay mucho «ruido» en torno a los olores que asustan o atraen a la caza. Productos como gasoil, aceites usados o incluso repelentes de mosquitos no espantan a los jabalíes; de hecho, muchos animales se revuelcan en todo tipo de fluidos y sustancias fuertes sin problema. Lo prioritario es tu salud: usa acaricidas y repelentes de forma responsable, sin miedo a «espantar la caza» cuando la evidencia del campo dice justo lo contrario.

Consejos prácticos durante la jornada de caza

Más allá de la ropa y los productos, hay una serie de gestos sencillos que marcan la diferencia a la hora de minimizar el contacto con garrapatas mientras estás en el monte.

Siempre que el terreno lo permita, intenta evitar las zonas de hierba muy alta y vegetación excesivamente densa. Procura ir por pistas, sendas o claros cuando sea posible, y no te metas en manchas cerradas salvo que sea estrictamente necesario para el lance.

Si tienes que apostarte durante un buen rato, puede ser útil tratar previamente la zona de espera con un acaricida adecuado, siempre respetando la normativa y el entorno. De este modo reduces la densidad de garrapatas en el lugar donde vas a permanecer inmóvil, que es cuando más fácil lo tienen para trepar por tus botas y pantalones.

Durante la jornada, acostúmbrate a echar un vistazo rápido a tus perneras, polainas y botas cada cierto tiempo, sobre todo si has atravesado manchas de matorral o praderas altas. Quitar una garrapata que está caminando por la ropa es infinitamente más sencillo que retirarla una vez clavada en la piel.

En actividades de caza mayor, cuando hay que despiezar, eviscerar o arrastrar las reses, utiliza guantes y ropa de manga larga. Procura no manipular directamente el lomo o las zonas donde suelen acumularse garrapatas sin protección, porque es frecuente que, al enfriarse el animal, los parásitos busquen un nuevo huésped… y ese puedes ser tú.

Y por último, no olvides que ningún método es infalible al 100%. Por muy bien que te equipes, siempre puede colarse alguna garrapata. Precisamente por eso la revisión posterior al llegar a casa es una parte esencial de la estrategia de prevención.

Qué hacer al llegar a casa tras una jornada en el campo

Al terminar la cacería o la caminata, el trabajo no ha acabado. Los minutos que dedicas a revisar la ropa y el cuerpo pueden ahorrarte muchos problemas en los días siguientes.

Lo primero es quitarse la ropa con calma, evitando sacudirla bruscamente en el interior de la vivienda. Lo ideal es dejarla en un lugar concreto (por ejemplo, un lavadero o un patio) y revisarla a conciencia antes de ponerla a lavar, comprobando costuras, bajos de pantalón y zonas donde se pliega la tela.

Después toca examinar todo el cuerpo con atención. Presta especial cuidado a las zonas cálidas y húmedas: ingles, axilas, detrás de las rodillas, zona lumbar, detrás de las orejas y cuero cabelludo. Una pequeña linterna o la ayuda de otra persona pueden venir muy bien para no dejarse nada.

Si encuentras alguna garrapata suelta caminando sobre la piel o la ropa, retírala con un pañuelo o papel y deshazte de ella de forma segura, por ejemplo, metiéndola en alcohol o pegándola con cinta adhesiva antes de tirarla. Evita aplastarla con los dedos directamente.

En el caso de detectar una garrapata ya adherida a la piel, es importante actuar cuanto antes y retirarla correctamente. Cuanto menos tiempo permanezca enganchada, menor será el riesgo de transmisión de patógenos.

Tras la revisión, conviene ducharse con agua y jabón. Además de ayudar a eliminar posibles parásitos que aún no se hayan fijado, te permite hacer una segunda comprobación visual de la piel con más facilidad.

Cómo quitar una garrapata de forma segura

Retirar una garrapata no es complicado, pero es fundamental hacerlo bien para no aumentar el riesgo de infección. Los remedios caseros de toda la vida, como quemarla con una cerilla, echarle aceite, alcohol o vaselina antes de extraerla, no solo no ayudan, sino que pueden empeorar la situación.

Antes de empezar, prepara el material: pinzas de punta fina, guantes desechables y un desinfectante (alcohol, clorhexidina o una crema antiséptica). Lávate las manos y, si es posible, limpia suavemente la zona alrededor de la picadura con agua y jabón.

Ponte los guantes para evitar el contacto directo con la sangre o la saliva de la garrapata. Con las pinzas, agarra la garrapata lo más cerca posible de la piel, es decir, en la zona de la cabeza o la boca, nunca por el abdomen hinchado.

Una vez bien sujeta, tira de forma suave, firme y constante hacia arriba, sin giros bruscos ni «retorcer» el parásito. La idea es que salga entera, incluida la cabeza. Si se aprieta demasiado el cuerpo, puede liberar más saliva y gérmenes en la herida, así que hay que evitar pellizcarla o aplastarla.

Cuando la hayas sacado, desinfecta de nuevo la zona de la picadura y observa si ha quedado algún resto visible en la piel. Si sospechas que la cabeza se ha quedado dentro y no consigues retirarla con facilidad, lo más prudente es acudir a un centro de salud para que lo valore un profesional.

La garrapata extraída debe eliminarse de forma segura: puedes introducirla en un recipiente con alcohol para matarla o pegarla en un trozo de cinta adhesiva bien sellada antes de tirarla a la basura. No la aplastes con los dedos ni la tires viva por el desagüe.

Durante los días siguientes, vigila la zona de la picadura y tu estado general. Si aparece fiebre, malestar, dolores musculares, manchas en la piel, incremento del enrojecimiento o cualquier síntoma extraño, acude al médico e informa siempre de que has sufrido una picadura de garrapata y cuándo ocurrió.

El perro de caza: un vector clave a tener en cuenta

Para muchos aficionados, el principal «imán» de garrapatas es su propio perro. Los perros de caza se meten en zarzales, pasos cerrados y zonas donde el cazador nunca entra, y eso les convierte en un vehículo perfecto para que los parásitos lleguen después a la casa o al coche.

Por eso es imprescindible mantener al día los tratamientos antiparasitarios externos de los perros. Collares específicos, pipetas, comprimidos orales o sprays recomendados por el veterinario ayudan a reducir la carga de garrapatas que pueden agarrarse al animal durante la jornada.

Al terminar la caza, tómate unos minutos para revisar a fondo el pelaje del perro, sobre todo en orejas, cuello, axilas, ingles y entre los dedos de las patas. Quitarle las garrapatas cuanto antes no solo protege su salud, sino que disminuye la probabilidad de que alguna termine en tu propia piel o en la de tu familia.

Si detectas una zona muy infestada o tu perro acumula muchas garrapatas de forma habitual, coméntalo con tu veterinario para adaptar el protocolo antiparasitario. A veces es necesario combinar varios productos o ajustar la frecuencia según la intensidad de uso cinegético del animal.

Igual que te revisas tú al llegar a casa, revisar al perro debe convertirse en un gesto automático tras cada salida. Es una parte más de la rutina del cazador responsable que quiere disfrutar del monte con seguridad, tanto para él como para sus compañeros de cuatro patas.

Con todo lo visto, queda claro que las garrapatas forman parte del ecosistema cinegético y no van a desaparecer, pero también que disponemos de muchas herramientas para reducir su impacto: ropa adecuada, polainas bien ajustadas, repelentes como Diptrón, revisión minuciosa del cuerpo y del perro, y una correcta técnica de extracción cuando alguna consigue engancharse. Con un poco de sentido común y constancia, el riesgo de que una jornada de caza acabe en un problema de salud serio se puede mantener realmente bajo.

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