Avispa africana

como es la avispa africana

La avispa africana es una combinación de avispas de Brasil con las de Tanzania. Debido a un accidente, estas dos especie se mezclaron y dieron lugar a una nueva especie, mucho más agresiva y peligrosa que sus «padres».

Si quieres conocer las características de la avispa africana, cuál es su hábitat principal, la alimentación y reproducción, hemos preparado un artículo para que descubras todos los detalles sobre este insecto.

Características de la avispa africana

La avispa africana, conocida por su nombre científico Apis mellifera scutellata, o por abeja africana o abeja melífera de las tierras bajas de África Oriental, es un insecto híbridos de dos especies. Su tamaño es algo menor que las avispas europeas, llegando las abejas obreras a unos 19 milímetros. Además, son muy parecidas en características a estas, por lo que es difícil distinguirlas a simple vista.

Tiene un cuerpo cubierto de una pelusa, mientras que el abdomen es rayado negro con el color característico amarillo de fondo. De forma ovalada, tiene una parte superior (donde se encuentra la cabeza y el torso) y otra inferior, más ancha que las anteriores, y acabando en punta. Cuenta con seis patas y dos pares de ojos, uno compuestos (que son los que tiene a cada lado de la cabeza) y después unos ojos sencillos, encima de la misma.

El comportamiento de la avispa africana

El comportamiento de la avispa africana

Uno de los aspectos que más caracteriza a la avispa africana es el hecho de que es muy agresiva. Ahora bien, no quiere decir que busque pelea todo el tiempo, sino que protege su colmena y a los suyos de manera muy celosa.

Cuando un ejemplar se ve en peligro, segrega una sustancia que perciben otras avispas africanas que acuden a su rescate, pudiendo alejarse de la colmena hasta un kilómetro cuando persiguen a su víctima. De ahí que sean tan constantes.

Dónde vive

La avispa africana vive, al contrario de lo que su nombre refleja, en América. Se encuentran sobre todo en Sudamérica y Centroamérica, así como en algunos lugares de Estados Unidos. Se han reportado algunas en zonas europeas, por ahora estos grupos son mínimos.

Lo que no muchos conocen es que esta avispa no es oriunda de esos países, sino que fue introducida. Todo ocurrió en 1956, cuando en Brasil querían aumentar la producción de miel y necesitaban unos insectos que fueran más «productivos». Así, decidieron llevar allí a 47 abejas reinas de la especie Apis mellifera (una especie oriunda de Tanzania).

Con ellas, llevaron a cabo un proyecto de «mejora genética», ya que lo que querían conseguir es que los nuevos ejemplares fueran dóciles a la par que hicieran mucha miel.

El problema fue que algunas de esas avispas nuevas se escaparon, y empezaron a reproducirse con las avispas de ese país, creando un híbrido que incluso ha acabado con la «especie habitual», y expandiéndose por todo el continente.

Qué come

En cuanto a su alimentación, lo cierto es que la avispa africana es muy parecida en sus gustos alimenticios a las abejas. Esto quiere decir que come como si fuera una abeja, principalmente néctar, agua y polen de las flores.

Ahora bien, también es capaz de ingerir resina debido a los nutrientes que tiene esta sustancia para ellos (las ayuda a crecer y a sobrevivir mucho más fuertes que con otros alimentos). Y no solo eso, sino que lo utilizan para la propia colmena, en casos en los que hay agujeros o para impedir que esta se rompa.

La forma que tiene de hacerse con su alimento es muy sencilla, porque simplemente tiene que acercarse a las flores para recolectar el polen y el néctar, y a algún lugar donde haya agua. En este caso, han de tener mucho cuidado con sus alas, ya que si estas se mojan, puede ser la perdición para ellas. Lo mismo ocurriría en caso de que cayera al agua, ya que muchas son incapaces de salir de ella, más si las alas se “pegan” al agua.

La reproducción de la avispa africana

La reproducción de la avispa africana

La reproducción de la avispa africana es prácticamente igual que la de las avispas y abejas. Es decir, es llevada a cabo por la avispa reina que es la que se encarga de poner huevos en la colmena. Pasados unos días, las larvas nacen, y es cuando ese insecto pasa por varias fases:

  • Fase 0: puesta de la larva. Este trabajo es llevado a cabo por la avispa reina, la única en la colmena que se reproduce (todas las avispas provienen de ella). Esta puesta tiene lugar en una celdilla de cera de la colmena y se deja abierta.
  • Fase 1: larva. Pasado un tiempo, el huevo rompe y de él sale una larva. Sin embargo, en ese recinto no tiene comida y es una avispa africana obrera la que se encargará de alimentarla para que engorde.
  • Fase 2: larva completa. La larva irá creciendo y engordando rápidamente hasta ocupar todo el espacio de la celdilla. De hecho, cuando la larva alcanza el máximo (que suele ser el tamaño de esa celdilla, casi sobresaliendo, la avispa obrera procederá a sellarla para que se produzca su transformación.
  • Fase 3: pupa. La fase 3 es cuando la larva se transforma en pupa. Es muy parecida ya a un ejemplar adulto, pero en este caso joven. Una vez tiene lugar, el ejemplar acabará abandonando la celdilla para dedicarse a sus labores.

Cómo es la picadura de la avispa africana

Cómo es la picadura de la avispa africana

Hay que tener en cuenta que una avispa africana es bastante peligrosa. No solo por la picadura en sí, sino porque a la hora de atacar, lo hace en grupo, por lo que su veneno, además de ser más tóxico que el de una avispa normal, inyecta mucho más por atacar más de un ejemplar.

La avispa africana es propensa a picar en las zonas oscuras del cuerpo, y suele ir también a por los ojos y la cara. De hecho, es tan persistente en su ataque que es probable que, aunque te sumerjas en el agua, el insecto aguarde hasta que emerjas para seguir con su ataque.

En cuanto a la picadura, esta es bastante dolorosa. Segrega un veneno muy potente, pero este será letal según la sensibilidad de cada persona. Es decir, si es una persona que es sensible a ese veneno, tendrá mayores dificultades (porque puede morir por un choque anafiláctico), que si no tiene sensibilidad (y solo queda en una picadura, dolorosa, pero no mortal).


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