La sorprendente historia de la caza de ballenas en Sudamérica

Última actualización: 10 enero 2026
  • Comunidades indígenas de la bahía de Babitonga cazaban grandes ballenas hace 5.000 años, adelantando en un milenio las primeras evidencias conocidas.
  • El análisis de restos óseos y herramientas de hueso de cetáceo demuestra una caza organizada, con arpones de gran tamaño y procesamiento sistemático de los animales.
  • Los hallazgos amplían la distribución histórica de especies como la ballena jorobada y ayudan a entender sus actuales procesos de recolonización.
  • El estudio otorga a los pueblos sambaqui un papel central en el desarrollo temprano de culturas marítimas complejas en el Atlántico sur.

caza antigua de ballenas en Sudamérica

La imagen tradicional sobre el origen de la caza de grandes ballenas acaba de sufrir un giro importante. Un conjunto de investigaciones lideradas desde la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y su Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales sitúa las primeras capturas organizadas de estos gigantes marinos en el sur de Brasil, y no en las sociedades del hemisferio norte, como se había defendido durante décadas.

Según estos trabajos, las comunidades indígenas que habitaron hace unos 5.000 años la bahía de Babitonga, en el actual estado brasileño de Santa Catarina, no solo recolectaban marisco y pescaban, sino que desarrollaron estrategias complejas y herramientas específicas para abatir ballenas de gran tamaño. Este adelanto de aproximadamente un milenio respecto a las evidencias documentadas en el Ártico y el Pacífico Norte obliga a replantear la historia de las culturas marítimas a escala global.

Un hallazgo que reescribe el origen de la caza de ballenas

Los nuevos datos apuntan a que la caza organizada de grandes cetáceos en Sudamérica comenzó en torno al Holoceno tardío, mucho antes de lo que sugerían los modelos arqueológicos clásicos. Hasta hace poco, se consideraba que las primeras sociedades balleneras habían surgido en contextos posglaciales del hemisferio norte hace entre 3.500 y 2.500 años; sin embargo, la evidencia procedente de Brasil desplaza este origen tanto en el tiempo como en el espacio.

La investigación, publicada en revistas científicas como Nature Communications, se centra en comunidades que levantaron los conocidos sambaquis, grandes montículos de conchas y sedimentos acumulados durante generaciones a lo largo de la costa atlántica. Estos depósitos arqueológicos, que funcionaron como hábitats, cementerios y espacios rituales, se han revelado como un archivo privilegiado para reconstruir la relación temprana entre los pueblos costeros sudamericanos y las ballenas.

En la bahía de Babitonga, muchos de estos yacimientos han desaparecido por la presión urbanística y los cambios en el litoral. Por eso, las colecciones conservadas en el Museo Arqueológico de Sambaquis de Joinville se han vuelto esenciales: sin ellas, buena parte de esta historia indígena habría quedado irrecuperable para la ciencia actual.

Liderado por la zooarqueóloga Krista McGrath y el prehistoriador André Colonese, el equipo internacional vinculado a la UAB ha combinado fuentes clásicas de la arqueología con técnicas moleculares de última generación, como la espectrometría de masas aplicada a restos óseos (ZooMS). Esta aproximación mixta ha permitido identificar con gran precisión tanto las especies cazadas como el uso que se dio a sus huesos.

Restos óseos y arpones de hueso: la prueba de una caza activa

El análisis detallado de centenares de fragmentos recuperados en los sambaquis ha permitido reconocer una sorprendente diversidad de cetáceos. Entre los restos se han documentado ballenas francas australes, ballenas jorobadas, rorcuales azules y sei, además de cachalotes y diferentes especies de delfines, lo que evidencia un conocimiento profundo de los recursos marinos locales.

Buena parte de estos huesos presenta marcas de corte, señales de despiece y huellas de procesado que desmienten la idea de un simple aprovechamiento oportunista de animales varados en la costa. Las huellas apuntan a una cadena de actividades muy estructurada: desde la captura y remolque de los cuerpos hasta su troceado y distribución dentro de la comunidad.

Uno de los hallazgos más llamativos es la presencia de grandes arpones confeccionados con hueso de ballena, considerados entre los de mayor tamaño documentados en Sudamérica. Estas piezas, cuidadosamente talladas y pulidas, dan pistas sobre la sofisticación tecnológica de los pueblos sambaqui y sobre la logística necesaria para enfrentarse a animales de varias decenas de toneladas.

La ubicación de muchos de estos huesos y herramientas en contextos funerarios y depósitos rituales sugiere que la caza de ballenas iba mucho más allá de una actividad meramente económica. La asociación entre restos de cetáceos y entierros humanos indica que estas capturas tenían un fuerte componente simbólico, posiblemente ligado al estatus social, a la cohesión del grupo y a creencias relacionadas con el mar.

Para McGrath y su equipo, el conjunto de evidencias —abundancia de restos, variedad de especies costeras, arpones de gran tamaño y marcas de procesamiento— forma un cuadro muy difícil de explicar si no se acepta la existencia de una caza planeada y recurrente de grandes ballenas, llevada a cabo por comunidades con alta capacidad de organización colectiva.

Una cultura marítima compleja en los pueblos sambaqui

Lejos de la imagen clásica que los presentaba únicamente como recolectores de marisco y pescadores costeros, los pueblos sambaqui emergen ahora como auténticas sociedades marítimas, con un conocimiento detallado de las corrientes, las rutas migratorias de los cetáceos y las técnicas necesarias para explotarlos de forma sistemática.

Los investigadores sostienen que esta especialización ballenera tuvo un impacto profundo en la estructura social y económica de estas comunidades. La captura de un solo ejemplar de ballena podía proporcionar grandes cantidades de carne, grasa y materia prima ósea, lo que requería una coordinación notable entre diferentes grupos y la existencia de reglas compartidas para gestionar su reparto.

El estudio señala también la presencia de prácticas rituales vinculadas a la caza de grandes animales marinos. La inclusión de huesos de ballena en enterramientos, la posible exhibición de arpones y otros objetos simbólicos, y la construcción de montículos monumentales en lugares estratégicos de la costa indican que estas sociedades articulaban buena parte de su identidad en torno al mar y a los recursos que este ofrecía.

Para especialistas como la arqueóloga brasileña Dione Bandeira, que lleva más de dos décadas excavando en sambaquis, la continuidad y densidad de asentamientos en la franja costera se explica en parte por esta capacidad de explotar de forma intensiva los recursos marinos. Las ballenas habrían proporcionado una base energética clave que favoreció la permanencia de poblaciones numerosas a lo largo del tiempo.

En paralelo, la directora del Museo Arqueológico de Sambaquis de Joinville, Ana Paula, subraya que colecciones como la Colección Guilherme Tiburtius aún esconden una enorme cantidad de información por desentrañar. Cada nuevo análisis de laboratorio revela detalles sobre la manera en que estos pueblos organizaron su vida cotidiana, su economía y sus creencias en estrecha conexión con el océano Atlántico.

Implicaciones ecológicas para las ballenas actuales

Más allá del interés estrictamente histórico, los resultados de estas investigaciones tienen un impacto directo en el debate contemporáneo sobre la conservación de los grandes cetáceos. La distribución de los restos hallados en los sambaquis indica que, en el pasado, algunas especies ocupaban áreas mucho más amplias que las documentadas hoy.

En el caso de la ballena jorobada, la abundancia de huesos recuperados al sur de la actual franja principal de reproducción frente a Brasil sugiere que las poblaciones históricas alcanzaban latitudes más meridionales. Esto encaja con el aumento reciente de avistamientos en el sur del país, que varios autores interpretan como un posible proceso de recolonización de antiguas áreas de presencia.

Esta perspectiva histórica resulta especialmente útil para las políticas de conservación europeas. La experiencia de las costas atlánticas de Sudamérica demuestra que, cuando se reduce la presión de la caza industrial, las poblaciones de ballenas pueden intentar recuperar sus rangos de distribución originales. En el Atlántico norte, donde la UE y países como España participan en programas de protección y seguimiento de cetáceos, conocer estos patrones a largo plazo ayuda a fijar objetivos más realistas de recuperación.

Los autores insisten en que reconstruir la distribución de las ballenas antes de la expansión de la caza moderna es clave para entender sus dinámicas actuales y futuras. Sin esa línea de base, establecida a través de la arqueología y la historia ambiental, resulta difícil evaluar hasta qué punto las poblaciones contemporáneas se están aproximando o no a sus niveles preindustriales.

En términos de divulgación científica en Europa, el caso de los sambaquis brasileños se ha convertido también en un ejemplo de cómo la investigación interdisciplinar —que combina arqueología, biología marina, química analítica e historia— puede aportar información útil tanto para la gestión del patrimonio cultural como para la protección de la biodiversidad en los océanos.

Un cambio de paradigma impulsado desde la investigación europea

La participación destacada de la UAB y de centros asociados refuerza el papel de la investigación europea en el estudio de las sociedades prehistóricas de América Latina. Los proyectos coordinados desde Barcelona han permitido movilizar recursos técnicos avanzados, establecer colaboraciones con museos brasileños y formar equipos internacionales capaces de abordar preguntas complejas sobre la relación entre humanos y medio marino.

El estudio sobre los arpones y huesos de ballena de Babitonga demuestra, además, que los archivos museísticos pueden contener claves fundamentales para entender procesos globales. En este caso, la conservación de materiales excavados hace décadas ha facilitado la aplicación de nuevas metodologías que ni siquiera existían cuando se recuperaron los restos.

Desde la óptica europea, los resultados invitan también a replantear ciertas narrativas sobre la supremacía tecnológica de las sociedades del hemisferio norte en la explotación de recursos marinos. La evidencia de balleneros sudamericanos tan tempranos muestra que el desarrollo de culturas marítimas complejas fue un fenómeno mucho más distribuido en el tiempo y el espacio de lo que se pensaba.

Este giro interpretativo tiene eco en los debates académicos sobre la desigual valoración de los saberes indígenas. El caso de los sambaquis ilustra cómo conocimientos acumulados durante generaciones por comunidades originarias permitieron dominar entornos costeros y oceánicos con una eficacia comparable a la de sociedades históricamente más visibles en los manuales de arqueología.

Al final, el trabajo coordinado entre equipos europeos y brasileños no solo enriquece la comprensión de la prehistoria sudamericana, sino que ofrece nuevos puntos de comparación para estudiar otras regiones costeras del mundo, incluidas las europeas, donde la huella arqueológica de la interacción temprana con grandes cetáceos aún está por explorar en detalle.

Lo que emerge de todos estos estudios es una imagen mucho más rica y matizada de la relación entre las primeras comunidades costeras y las ballenas: pueblos capaces de organizar complejas expediciones de caza, de integrar esos recursos en su vida económica y ritual, y de dejar una huella ecológica que todavía hoy se puede rastrear en los huesos conservados en los museos. Lejos de ser un episodio marginal, la caza de ballenas en la Sudamérica de hace 5.000 años se revela como una pieza clave para entender tanto el pasado profundo de las culturas marítimas como algunos de los desafíos de conservación que afrontan hoy los océanos.

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