Muertes de ballenas en Chile: qué hay detrás de los choques con barcos

Última actualización: 17 septiembre 2025
  • Las colisiones con embarcaciones son la principal causa no natural de muertes de ballenas en Chile.
  • En 50 años se documentaron 226 varamientos; el 62% quedó sin causa determinada y el 28% se asoció a choques.
  • Las zonas portuarias y rutas de alta velocidad coinciden con áreas clave para alimentación y tránsito de cetáceos.
  • Expertos piden reducir la velocidad a 10 nudos, rediseñar rutas y reforzar la respuesta a varamientos.

Muertes de ballenas en el océano

Las costas de Chile se han convertido en un escenario donde la navegación y la vida marina chocan de frente: los impactos entre barcos y ballenas destacan como la amenaza no natural más relevante para estos mamíferos, según una revisión amplia liderada por especialistas en mamíferos marinos.

El análisis, difundido en la revista científica Marine Policy, compila medio siglo de registros y cruza datos de varamientos con mapas de tráfico marítimo y velocidades de flota; de esa combinación emerge que buena parte de las muertes se explica por colisiones, aunque un gran número de casos sigue sin causa establecida.

Un repunte que inquieta a los expertos

Entre enero de 1972 y septiembre de 2023 se documentaron 226 varamientos de grandes ballenas frente a la costa chilena. En el 62% (141) no fue posible determinar qué las mató, mientras que el 28% (63) se asoció —de forma probable o sospechada— a choques con embarcaciones.

El equipo multidisciplinar —22 profesionales entre veterinarios, biólogos marinos y oceanógrafos— advierte de un aumento sostenido de los varamientos en la última década. Un hito ilustrativo: en 2022 se concentraron tres muertes por colisión en apenas una semana, un patrón que, para los investigadores, apunta a un problema en crecimiento.

La mortalidad real podría ser mayor de lo que reflejan las cifras, ya que muchos cuerpos se hunden o quedan a la deriva sin llegar a la costa. Los que encallan son, en palabras de los especialistas, solo la “punta del iceberg” de un fenómeno subestimado.

En los ejemplares examinados son frecuentes las señales traumáticas compatibles con impacto: cortes de hélices, hematomas extensos y hemorragias internas. También hay animales vivos observados con cicatrices de hélice a lo largo de todo el litoral.

Dónde ocurre y a qué especies golpea más

Las zonas con mayor riesgo son las áreas portuarias y corredores de alta densidad, que se superponen con lugares clave para las ballenas —alimentación, crianza y migración—. No es casualidad: el océano se ha convertido en una auténtica “autopista” para el comercio.

Por regiones, sobresale Magallanes (21%), seguida de Los Lagos (18%), Antofagasta (13%) y, con cifras similares, Valparaíso y Coquimbo (8% cada una), zonas que son cruciales para especies como la ballena franca austral. Esta distribución refleja la coincidencia entre operaciones portuarias y presencia estacional de cetáceos.

En cuanto a especies, la ballena fin (Balaenoptera physalus) encabeza los casos vinculados a colisiones con un 37% del total y está catalogada En Peligro Crítico en Chile (y Vulnerable por la UICN). Le siguen la ballena jorobada (21%, de Menor Preocupación para UICN) y las ballenas azul y sei (11% cada una, En Peligro según UICN).

Qué flotas, qué velocidades y en qué momentos

Cuanto más grande es el buque y más alta su velocidad, mayor es la probabilidad de un choque mortal. Identificar al barco concreto es difícil porque muchos varamientos se detectan días después y en zonas remotas, pero sí se puede perfilar qué flotas predominan en las áreas con más incidentes.

En Magallanes —la región con más colisiones— destaca la actividad acuícola y salmonera; en el centro del país, la pesca artesanal; en el norte, la flota industrial; y en los grandes puertos, la flota de carga, especialmente preocupante por tamaño y velocidad.

El riesgo se mantiene todo el año, aunque aumenta entre enero y mayo, con máximo en abril, coincidiendo con mayor presencia de ballenas en aguas chilenas y un tráfico marítimo intenso.

Medidas sobre la mesa y coordinación institucional

El grupo de expertos propone una medida clara: reducir la velocidad a 10 nudos (18,52 km/h) en zonas portuarias y, de forma ideal, a lo largo de toda la costa. También sugieren rediseñar rutas para minimizar solapes con áreas de alimentación y corredores migratorios.

Plantean, además, que Antofagasta, Valparaíso, Biobío, Los Lagos y Magallanes sean reconocidas como Áreas Críticas de Alto Riesgo por la Comisión Ballenera Internacional, lo que abriría la puerta a restricciones de velocidad y cambios operativos obligatorios.

Para mejorar la respuesta, se insta a reforzar la unidad de varamientos de SERNAPESCA, establecer convenios de cooperación con centros de investigación y crear una fuerza nacional específica coordinada por DIRECTEMAR para abordar colisiones y su prevención.

En el sur ya existen acuerdos voluntarios impulsados desde mesas público-privadas —con participación de autoridades, academia, empresas y gremios—, con miras a extenderlos hacia Aysén y Magallanes y escalar su adopción por parte de las navieras que operan regularmente en esas rutas.

Este 2025 se han registrado nuevos casos: una jorobada en Nehuentúe (La Araucanía) y un cachalote en la costa de Tocopilla (Antofagasta), episodios que reafirman la urgencia de pasar de acuerdos preliminares a reglas claras y fiscalizables.

Los investigadores recuerdan que una planificación del maritorio que considere la ecología de las ballenas, junto con la vigilancia y el control del tráfico, es esencial para compatibilizar el comercio marítimo con la conservación.

El panorama que dibujan los datos es nítido: las colisiones son hoy el factor de riesgo dominante para varias poblaciones de grandes ballenas en Chile; la combinación de reducción de velocidad, rediseño de rutas y una respuesta institucional robusta se perfila como la vía más eficaz para evitar muertes evitables y asegurar la coexistencia en un océano cada vez más transitado.

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