Orcas y delfines se alían para cazar salmones Chinook

Última actualización: 12 diciembre 2025
  • Investigadores documentan por primera vez una caza coordinada entre orcas residentes y delfines de flancos blancos del Pacífico en Columbia Británica.
  • Las orcas siguen las ecolocalizaciones de los delfines para localizar salmones Chinook y luego comparten los restos de las presas.
  • Se registraron al menos 25 maniobras en las que las orcas cambiaron de rumbo para seguir a los delfines durante inmersiones de alimentación.
  • La alianza ofrece beneficios mutuos: protección y acceso a comida para los delfines, y ahorro de energía y mayor éxito de caza para las orcas.

orcas y delfines cazando salmones

En las frías aguas de la costa de Columbia Británica, en el Pacífico nororiental, se ha registrado una escena que rompe muchos esquemas sobre la vida marina: orcas residentes y delfines de flancos blancos del Pacífico se han dejado ver cazando juntas y, lo que es aún más llamativo, compartiendo parte del botín. Lo que hasta hace nada se consideraba un simple “cruce de caminos” entre depredadores, hoy empieza a perfilarse como una alianza funcional entre dos especies de cetáceos.

Un conjunto de estudios, con especial peso el publicado en la revista Scientific Reports, ha seguido durante días a estos animales en las aguas cercanas a la isla de Vancouver. Gracias a drones, cámaras submarinas y avanzados sensores adheridos al cuerpo de las orcas, los científicos han conseguido reconstruir con un nivel de detalle inédito cómo se organizan durante la caza de salmones Chinook, una de las presas más valiosas del océano Pacífico.

Una colaboración inesperada entre grandes depredadores

colaboracion entre orcas y delfines

En el estrecho de Johnstone, al norte de la isla de Vancouver, las orcas residentes del norte se desplazan con calma mientras grupos de delfines de flancos blancos del Pacífico zigzaguean a su alrededor. Durante años se pensó que esa cercanía era casi anecdótica, pero los nuevos datos muestran un patrón claro: en numerosas ocasiones, las orcas modifican su rumbo para seguir a los delfines en inmersiones de alimentación, como si se apoyaran en ellos para localizar peces.

Los investigadores documentaron, solo en unos pocos días de observaciones intensivas en agosto de 2020, 25 episodios en los que las orcas cambiaron de dirección tras encontrarse con los delfines y los siguieron hacia zonas de caza. Lejos de mostrar huida o agresividad, ambos grupos de cetáceos se movían de forma coordinada. Esa ausencia de conflicto, unida a los movimientos sincronizados, ha llevado al equipo a hablar de “colaboración oportunista” o “asociación funcional” más que de competición directa por la comida.

El estudio descarta explicaciones como el cleptoparasitismo (cuando una especie roba la presa a otra). No se observaron persecuciones para arrebatar alimento ni intentos de expulsar al otro grupo; al contrario, el comportamiento apuntaba a que ambas especies sacan partido de la presencia de la otra, ya sea como guías acústicos, como fuente de restos comestibles o como apoyo frente a otros depredadores.

Durante cuatro jornadas de trabajo de campo, se registraron 258 momentos en los que los delfines nadaron junto a la cabeza de las orcas, justo en plena actividad de búsqueda, persecución y despiece de presas con sus grupos familiares. En varios de esos encuentros, los científicos observaron a los delfines manteniéndose cerca mientras las orcas cazaban salmones Chinook, como si supieran que al final de la escena habría oportunidades de alimentarse.

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Este tipo de interacción interespecífica no violenta era, hasta ahora, poco documentada entre grandes cetáceos depredadores. Para especialistas como Paolo Domenici, del Instituto de Biofísica de Pisa, estos resultados añaden una pieza clave a un rompecabezas poco explorado: la cooperación no agresiva entre especies marinas podría ser bastante más habitual de lo que se había supuesto.

Cómo cazan juntas orcas y delfines

orcas y delfines cazando salmon chinook

Las orcas residentes del norte son conocidas por su fuerte estructura social matrilineal y por compartir las presas, sobre todo salmones de gran tamaño, entre los miembros de su manada. Los delfines de flancos blancos, por su parte, son expertos cazadores en grupo que se apoyan en su ecolocalización para encontrar bancos de peces en aguas donde apenas llega la luz. La novedad está en ver cómo estas capacidades se combinan cuando las dos especies coinciden.

Según los datos recopilados, las orcas parecen amortiguar sus propios ruidos en determinadas fases de la caza, algo poco habitual en un depredador que también recurre al sonido para comunicarse. La hipótesis de los investigadores es que al “callarse” por momentos, las orcas pueden escuchar con más claridad los chasquidos y ecos producidos por los delfines, aprovechando su “radar” natural para localizar los salmones Chinook que se esconden en profundidad.

En la práctica, esto se traduce en una especie de equipo de caza: los delfines rastrean el entorno con sus ecolocalizaciones de alta frecuencia, mientras las orcas siguen su trayectoria y se lanzan a capturar las presas que ambos localizan. Una vez atrapado el salmón, la fuerza de las orcas entra en juego para procesar un pez demasiado grande para que un delfín pudiera engullirlo entero.

Los registros muestran ocho capturas exitosas de salmones Chinook en el periodo de estudio, con presencia de delfines en la mitad de ellas. En una ocasión especialmente reveladora, las orcas trocearon un salmón adulto en varios fragmentos y se observó claramente cómo los delfines se alimentaban de los restos, pedazos lo bastante pequeños para que pudieran ingerirlos sin problema.

Para la autora principal, Sarah Fortune, del Departamento de Oceanografía de la Universidad de Dalhousie, este comportamiento encaja con un verdadero “reparto de presas” entre especies, algo que no se había documentado antes en esta población de orcas. No se trata solo de que los delfines “aprovechen lo que queda”, sino de una dinámica en la que los dos grupos parecen coordinarse y salir ganando.

La investigación también señala que la presencia cercana de orcas residentes puede ofrecer a los delfines cierta protección frente a otras orcas de paso por la zona, potencialmente más agresivas o con dietas distintas. En ese contexto, quedarse cerca de una manada residente que se alimenta de salmones podría ser, para los delfines, una forma de minimizar riesgos y, de paso, asegurarse un extra de alimento.

Tecnología punta para espiar la vida submarina

investigacion sobre orcas y delfines

Para llegar a estas conclusiones no bastaba con observar la superficie del mar. El equipo internacional —con especialistas de la Universidad de Dalhousie, la Universidad de Columbia Británica (UBC), el Instituto Hakai y el Instituto Leibniz, entre otros— recurrió a una combinación de herramientas tecnológicas que, hasta ahora, apenas se había utilizado de forma tan integrada en cetáceos.

Uno de los elementos clave fueron las etiquetas CATS (Customized Animal Tracking Solutions), unos dispositivos de bioregistro que se adhieren con ventosas al cuerpo de las orcas y se desprenden pasado un tiempo. Estas etiquetas recopilan datos de movimiento en 3D, profundidad de inmersión, sonido ambiente, vocalizaciones y ruidos asociados a la alimentación, permitiendo reconstruir escenas submarinas con una precisión sin precedentes.

Además, el equipo desplegó drones sobre la superficie para grabar vídeos aéreos de las orcas y los delfines mientras nadaban y cazaban juntos. Combinados con cámaras submarinas, estos registros ofrecieron una visión completa de lo que sucedía tanto encima como debajo del agua, desde el primer cambio de rumbo de las orcas hasta el momento en que un delfín arrancaba un bocado de los restos de un salmón.

La riqueza de estas imágenes, sumada a los datos acústicos y de movimiento, ha permitido confirmar detalles que antes se intuían pero no se podían demostrar. Por ejemplo, se puede ver cómo las orcas se alinean con la dirección de avance de los delfines y cómo ajustan su velocidad para ir a la par durante las inmersiones de alimentación, un indicio claro de que no es simple coincidencia.

Los resultados encajan, además, con observaciones recogidas en otro trabajo publicado en Ecology and Evolution en la misma zona, donde se reportaban interacciones no agresivas entre orcas y otros pequeños cetáceos, como las marsopas de Dall. Todo apunta a que estas aguas del Pacífico nororiental son un escenario especialmente interesante para estudiar alianzas y asociaciones funcionales entre depredadores marinos.

Desde Europa, expertos en comportamiento animal como Paolo Domenici destacan que estudios de este tipo sirven para afinar modelos ecológicos utilizados también en mares europeos como el Cantábrico, el Atlántico nororiental o el Mediterráneo, donde conviven distintas poblaciones de delfines y orcas. Comprender mejor estas interacciones en Canadá puede ayudar a interpretar avistamientos y datos acústicos en aguas cercanas a España y otros países europeos.

¿Alianza consciente o simple oportunismo?

Una de las grandes cuestiones que planea sobre estos hallazgos es hasta qué punto podemos hablar de “cooperación” en un sentido estricto. El propio equipo de investigación prefiere mantener la cautela y usar expresiones como “colaboración oportunista” o “asociación funcional”, que describen una relación beneficiosa sin atribuir intenciones complejas a los animales.

La bióloga marina Marcela Junín, especialista en mamíferos marinos y vinculada a instituciones científicas en Argentina, subraya que delfines son muy inteligentes y flexibles a la hora de adaptarse a las condiciones del entorno. Desde su punto de vista, este comportamiento encaja con la idea de que ambas especies actúan como depredadores oportunistas que aprovechan cualquier ventaja disponible, ya sea la presencia de otro grupo o una fuente de alimento nueva.

Antes de que se registraran estas escenas, la visión más extendida era que las orcas, incluso las residentes, podían suponer un riesgo para otros delfines, sobre todo en contextos donde las poblaciones de presas se ven presionadas. En paralelo, los delfines de flancos blancos del Pacífico se consideraban cazadores sociales eficientes por sí solos, sin necesidad de coordinarse con otras especies para encontrar comida.

La realidad observada en Columbia Británica matiza ese panorama. La ausencia de huida o agresión en los encuentros repetidos, unida a las inmersiones compartidas y al reparto de restos de salmón, sugiere la existencia de una estrategia compartida que puede variar según el lugar y el momento. Puede que no haya un acuerdo “consciente” como lo entenderíamos en humanos, pero el resultado final es una cooperación efectiva.

Los investigadores insisten en que todavía hacen falta más datos y más escenas grabadas para saber hasta qué punto este tipo de alianza se repite en otras zonas del Pacífico o incluso en otros océanos. También queda por aclarar qué factores ambientales —como la abundancia de salmones, el ruido submarino o la presencia de otras poblaciones de orcas— influyen en que se dé o no este tipo de interacción.

En Europa, donde se han reportado casos de orcas siguiendo barcos de pesca o interaccionando con delfines en el Atlántico, estos resultados pueden servir como referencia para futuras campañas de observación. Las autoridades y centros de investigación europeos que trabajan en la conservación de cetáceos comienzan a mirar con interés este tipo de alianzas, que podrían influir en la gestión de pesquerías y en la evaluación del estado de las poblaciones marinas.

Lo visto frente a la costa canadiense ha dejado una idea clara: bajo la superficie del océano, la vida de las orcas y los delfines es mucho más compleja de lo que aparentan los avistamientos puntuales. Caza, comunicación, protección y alimento se entrelazan en una relación que todavía estamos empezando a comprender, pero que ya obliga a revisar muchas de las ideas clásicas sobre estos grandes depredadores del mar.