- El búho real ha colonizado zonas del centro y noroeste de Madrid, incluyendo El Retiro y el entorno del río Guadarrama.
- Su éxito se basa en la protección legal, la gran disponibilidad de presas (ratas, conejos, palomas, cotorras) y hábitats de cría alternativos.
- En el noroeste de Madrid se dan densidades de rapaces muy altas y parejas de búho real con productividades excepcionales.
- La especie muestra una notable capacidad de adaptación a entornos urbanos y seminaturales, manteniendo complejos comportamientos territoriales y reproductores.

Resulta casi increíble pensar que, en pleno corazón de la capital, podamos encontrarnos con el mayor depredador nocturno de Europa posado sobre un pino. Sin embargo, eso es exactamente lo que está ocurriendo con los búhos reales que han colonizado el Parque de El Retiro y diversas zonas naturales del noroeste de Madrid, como el Monte del Pardo y el entorno del río Guadarrama. Lo que antes sonaba a historia de documental se ha convertido en un fenómeno muy real que mezcla urbanismo, conservación y una naturaleza que poco a poco recupera su sitio.
Estos acontecimientos no son casos aislados ni anécdotas curiosas sin más. Detrás de la presencia del búho real (Bubo bubo) en el centro y noroeste de Madrid hay toda una combinación de factores ecológicos, históricos y legales que explican por qué ahora es posible escuchar su inconfundible canto grave sobre el ruido del tráfico. El crecimiento de las poblaciones de búho real en España, el fin de la persecución directa a las rapaces y la abundancia de presas como el conejo y las ratas y la disponibilidad de territorios de cría adecuados han dado lugar a una de las concentraciones de rapaces más impresionantes de Europa en una zona geográficamente muy limitada. En este contexto, es fácil entender cómo actuaciones como la intervención del SEPRONA han cobrado relevancia en la conservación actual.
Búhos reales en el centro de Madrid: el sorprendente caso de El Retiro
Hasta hace muy poco, la idea de ver un búho real en las copas de los árboles de El Retiro habría parecido ciencia ficción. Hoy sabemos que en este emblemático parque urbano madrileño hay al menos tres ejemplares de búho real, entre ellos una pareja estable que se ha habituado a la presencia humana y a la intensa actividad del entorno. Se trata de la mayor rapaz nocturna de Europa, conocida popularmente como gran duque, y su presencia en un lugar tan céntrico ha llamado la atención de ornitólogos, naturalistas y curiosos.
El propio subdirector de Parques y Viveros de la Comunidad de Madrid, Santiago Soria, ha señalado que la llegada de esta especie a El Retiro es excepcional. Según explica, en los más de 400 años de historia del parque no había constancia documentada de búhos reales asentados allí. La sorpresa, por tanto, no es solo para los aficionados a las aves, sino también para los gestores del arbolado urbano y del patrimonio natural de la ciudad.
Una de las claves que podría explicar esta colonización urbana es el periodo de calma que vivieron muchas ciudades durante la pandemia. Con las restricciones de movilidad y la reducción drástica de tráfico y actividad humana, la fauna silvestre aprovechó para expandirse hacia zonas antes demasiado ruidosas o perturbadas. El Retiro, como “isla verde” en mitad de la trama urbana, habría funcionado como un refugio atractivo para individuos jóvenes en dispersión o para adultos en busca de nuevos territorios.
Los expertos apuntan a que estos búhos de El Retiro proceden casi con toda seguridad del Monte del Pardo, un área natural cercana con una de las mayores densidades de búho real de la región. En esa zona hay una gran abundancia de presas, pero también una elevada competencia por el espacio y los recursos. El desplazamiento de algunos ejemplares hacia el sur, buscando nuevos territorios de cría, habría desembocado finalmente en la llegada de estos grandes depredadores al parque urbano más famoso de Madrid.
Otro factor de peso es la evolución del propio marco legal. Durante décadas, las rapaces fueron consideradas “alimañas” y perseguidas activamente: se las envenenaba, disparaba o se destruían sus nidos sin miramientos. Hoy, gracias a la normativa de protección de fauna y al trabajo de rescate y rehabilitación, el búho real y otras rapaces gozan de un estatus legal que prohíbe su persecución. Este cambio ha permitido la recuperación de muchas poblaciones, de forma que ahora hay más individuos buscando hueco y colonizando nuevos hábitats, incluidos los urbanos.
En El Retiro, la fama de estos búhos se disparó en cuestión de días. Tras los primeros avisos de ornitólogos y aficionados, el parque se llenó de gente que, prismáticos en mano, intentaba localizar en lo alto de los pinos a las enormes siluetas inmóviles de estos depredadores nocturnos. Lo más llamativo es que se trata de ejemplares muy confiados: se mantienen tranquilos pese a gritos, bicicletas, cámaras de fotos o grupos de curiosos, limitándose a observarlo todo con sus grandes ojos anaranjados desde la altura.
Cómo han llegado y desde cuándo están los búhos reales en El Retiro
Los registros de observación indican que el primer búho real de El Retiro se detectó a mediados de enero de ese año en el que saltó la noticia. Inicialmente se vio solo un individuo, probablemente un macho en dispersión que, al encontrar un territorio adecuado, se estableció en la zona. Poco después apareció una hembra, al parecer atraída por los potentes cantos nocturnos del macho, que utilizaba el parque como escenario para anunciar su presencia a posibles compañeras y vecinos.
Con el tiempo llegaron a contabilizarse hasta tres individuos distintos en el mismo parque. Dos de ellos formaron una pareja reproductora, mientras que el tercero generó cierta polémica entre los observadores, ya que no estaba claro si se trataba de otra hembra o de un segundo macho. La hipótesis de dos machos resulta más complicada, porque un territorio de búho real requiere abundante alimento y un espacio amplio, difícil de compartir por dos machos adultos en una zona urbana relativamente limitada.
Todo indica que estos animales llegaron por sus propios medios, volando, y que no son ejemplares liberados o escapados en el parque. Si alguien los hubiera soltado allí, lo más probable es que los búhos hubieran abandonado rápidamente el entorno urbano buscando zonas más tranquilas. En cambio, la permanencia continuada, el comportamiento de cortejo y la posible nidificación apuntan a que se trata de individuos salvajes que han colonizado espontáneamente el parque.
Su origen concreto sigue siendo un misterio, aunque las miradas se dirigen al Monte del Pardo y a las áreas naturales del noroeste de la Comunidad de Madrid. En estas zonas, el búho real lleva décadas recuperándose, y las poblaciones han crecido tanto que cada año hay numerosos jóvenes que se dispersan en busca de territorios vacíos. Algunos de esos ejemplares se aventuran más lejos de lo habitual, hasta llegar a parques periurbanos y urbanos donde encuentran presas abundantes y grandes árboles para posarse.
El hecho de que la hembra (o hembras) haya podido localizar al macho mediante el oído dentro del paisaje sonoro de la ciudad plantea otra cuestión fascinante: ¿cómo logra una hembra de búho real escuchar y localizar los cantos de un macho a varios kilómetros de distancia en medio del ruido urbano? La explicación más plausible es que ya existían otros individuos de búho real moviéndose de forma más o menos discreta por los parques y zonas verdes del área metropolitana de Madrid. Estos movimientos previos, poco detectados, habrían preparado el terreno para que un macho se asentara de forma más estable en El Retiro.
Qué comen los búhos reales en Madrid y en el noroeste de la región
Uno de los grandes motivos por los que el búho real puede prosperar tanto en entornos naturales como semirurbanos es su dieta excepcionalmente variada. En El Retiro, los expertos suponen que una parte importante de su alimentación proviene de roedores abundantes como ratas y ratones, cuya presencia en la ciudad es elevada. Este control natural de las poblaciones de roedores es, de hecho, un servicio ecológico muy valioso.
Sin embargo, el menú del gran duque no acaba ahí. En entornos urbanos como el propio Retiro es muy probable que cace aves tan comunes como palomas, tórtolas turcas y las omnipresentes cotorras argentinas. La presión de predación sobre estas especies, en particular sobre las invasoras como las cotorras, puede ayudar a moderar el crecimiento de sus poblaciones, algo cada vez más demandado por la ciudadanía y los gestores del arbolado urbano.
También se ha señalado que los búhos reales pueden capturar córvidos (urracas, cornejas), gaviotas que utilizan los estanques urbanos y, en ocasiones puntuales, llegar incluso a atacar gatos domésticos que deambulan de noche por las zonas verdes. El búho real es un depredador oportunista, capaz de enfrentarse a presas relativamente grandes gracias a su poderío físico, sus garras enormes y su capacidad de vuelo silencioso.
Si nos trasladamos al noroeste de Madrid, especialmente al entorno del Parque Regional del curso medio del río Guadarrama, la base de la dieta cambia ligeramente. Allí, los estudios de restos de presas bajo los nidos y en los posaderos han mostrado que el conejo (Oryctolagus cuniculus) es la presa estrella para muchas parejas de búho real. La abundancia de conejos en estos mosaicos de dehesa, matorral y pequeñas manchas de bosque hace que el territorio sea especialmente fértil para estas rapaces.
Junto con los conejos, también se han hallado restos de liebre ibérica (Lepus granatensis), paloma torcaz (Columba palumbus) y ánade azulón (Anas platyrhynchos). En ocasiones se han encontrado incluso restos de otras rapaces, como el azor, lo que muestra hasta qué punto el búho real puede situarse en lo alto de la cadena trófica y depredar sobre otros depredadores. No es raro que se alimenten también de aves nocturnas más pequeñas, como el búho chico, cuando la oportunidad se presenta.
La amplitud del espectro trófico del búho real ha sido ampliamente documentada en la literatura científica, con numerosos trabajos que describen sus presas a partir del análisis de egagrópilas y restos óseos: estudios en Sierra Nevada, Navarra, Alicante, la España central y el sur de Portugal, entre otros lugares, han confirmado que esta rapaz se adapta de forma extraordinaria a los recursos disponibles en cada zona. En Madrid y alrededores, esa flexibilidad se traduce en una mezcla de micromamíferos, conejos, aves acuáticas, palomas y ocasionalmente otras rapaces; para profundizar en las especies nocturnas y sus características, ver aves nocturnas representativas.
Reproducción del búho real en el noroeste de Madrid
En el noroeste de la Comunidad de Madrid, particularmente en el entorno del Parque Regional del curso medio del río Guadarrama, se ha estudiado en detalle la reproducción de varias parejas de búho real a lo largo de los años. Estos seguimientos han permitido conocer con precisión cuándo ponen los huevos, cuántos pollos sacan adelante y qué tipo de nidos utilizan en un paisaje donde escasean los cortados rocosos clásicos.
En general, la puesta de huevos de Bubo bubo en la península ibérica suele concentrarse en febrero, aunque hay ejemplares que se adelantan y ponen en diciembre o enero. Tras algo más de un mes de incubación, en la que la hembra apenas abandona el nido, los pollos nacen y pasan otro mes bajo la atención constante de sus progenitores, especialmente de la madre. A mediados de abril, muchos de estos jóvenes empiezan a abandonar el nido y se mueven por las inmediaciones, aunque todavía no pueden volar bien y dependen totalmente de los adultos para alimentarse.
En una de las parejas conocidas de la zona media del Guadarrama, monitorizada desde 2009, se ha documentado una productividad realmente notable: cada temporada han sacado adelante tres pollos. En las fotografías tomadas a distancia de seguridad, suele verse a la hembra acompañada de dos de los jóvenes, mientras que el tercero permanece oculto por la posición del nido. Este patrón de tres crías anuales habla de unas condiciones del hábitat y del alimento especialmente favorables.
Lo llamativo es que esta pareja no ha criado siempre en el mismo emplazamiento. El primer año nidificaron directamente en el suelo, en una pequeña elevación protegida por escasas matas de encina (Quercus ilex). En los años siguientes, sin embargo, optaron por reutilizar viejos nidos de azor (Accipiter gentilis) presentes en el mismo territorio. En 2010 y 2011 usaron un nido arrebatado a una pareja de azores; en 2012 cambiaron a otro nido cercano de la misma especie, y en 2013 regresaron al nido anterior. Mientras tanto, los azores, persistentes, construyen nuevos nidos a escasos metros de los ocupados por los búhos, e incluso han sufrido la depredación directa de sus propios pollos.
Este uso de nidos de otras rapaces por parte del búho real es un comportamiento conocido pero relativamente poco frecuente. Estudios clásicos, como los de Heimo Mikkola sobre las rapaces nocturnas europeas, calculaban que solo alrededor del 3 % de los nidos de búho real en Europa se encuentran en estructuras construidas por otras aves rapaces, como águila real (Aquila chrysaetos), ratonero (Buteo buteo) o pigargo europeo (Haliaeetus albicilla). Sin embargo, en la zona estudiada del Guadarrama, de ocho localizaciones de cría conocidas, tres corresponden a nidos de rapaces diurnas (dos de azor y uno de águila imperial ibérica), cuatro son nidos en el suelo y uno se ubica en una vivienda particular.
La explicación de esta mayor frecuencia de nidos ajenos parece estar en la combinación de dos factores: la abundancia de conejo como recurso alimenticio principal y la escasez de cortados rocosos donde asentar los nidos típicos. En estas condiciones, los búhos aprovechan cualquier estructura elevada y protegida que les ofrezca seguridad relativa frente a depredadores terrestres y molestias humanas, incluidas las plataformas construidas previamente por águilas y azores.
En zonas forestales, como grandes parques o masas arboladas, el búho real también puede utilizar nidos viejos de córvidos (urracas, cornejas) situados en lo alto de los árboles. Su “nido” en sentido estricto no es una construcción elaborada: suele limitarse a una simple depresión poco estructurada en la que apenas añade material. Esta falta de complejidad constructiva hace que la elección del lugar (refugio, visibilidad, acceso) sea más importante que el propio trabajo de acondicionamiento del nido.
Densidad de rapaces y competencia en el Parque Regional del Guadarrama
La zona media del Parque Regional del Río Guadarrama alberga una de las concentraciones de rapaces más impresionantes registradas en un área relativamente pequeña. En unas 500 hectáreas en las que se realizan visitas y recorridos habituales, se han controlado tres territorios de búho real, además de diversas parejas de otras rapaces nocturnas y diurnas.
En concreto, en ese mosaico de hábitats se han encontrado territorios de ratonero común (dos parejas), milano negro (dos), cárabo común (dos), azor (dos), autillo europeo (dos), águila imperial ibérica (una), gavilán común (una), lechuza común (una), mochuelo europeo (una) y varias parejas de cernícalo vulgar. A ello hay que sumar la posible instalación reciente de una pareja de milano real (Milvus milvus), que ha sido observada defendiendo activamente la zona frente a incursiones de milano negro. Todo esto se refiere únicamente a rapaces reproductoras cuyos nidos han sido localizados; fuera de la temporada de cría, la presencia de individuos no nidificantes y aves en paso incrementa aún más la diversidad. Para conocer mejor la ecología del busardo ratonero y su papel en estos mosaicos, existen guías específicas.
Además de las rapaces, en estas mismas 500 hectáreas destaca la presencia de al menos dos parejas reproductoras de pico menor (Dendrocopos minor), un pájaro carpintero escaso en la Comunidad de Madrid aunque parece que en expansión. La coexistencia de estas especies exige una estructura del paisaje rica en bordes, claros, arbolado maduro y zonas de matorral, lo que configura un auténtico mosaico ecológico de gran valor.
La elevada densidad de búho real en esta área se relaciona directamente con la disponibilidad de alimento próximo a los nidos. Investigaciones específicas sobre la especie han demostrado que, cuando existe una gran oferta de presas y sitios de cría adecuados, las poblaciones españolas pueden alcanzar densidades de 35-40 parejas reproductoras por cada 100 km², cifras que se sitúan entre las más altas registradas para el búho real en todo el continente europeo.
Conviene recordar que a estas parejas consolidadas hay que añadir una fracción de la población compuesta por individuos no reproductores: jóvenes en dispersión, adultos sin territorio o parejas aún inestables. La estimación de este contingente flotante es compleja, pero su presencia explica por qué en algunas zonas aparentemente “llenas” de búhos reales siguen apareciendo individuos nuevos que pugnan por hacerse con huecos disponibles o aprovechan la vacante cuando muere o desaparece un adulto territorial.
Otro aspecto clave en la estructura de estas poblaciones es la corta distancia media de dispersión juvenil en la especie. Trabajos recientes han mostrado que muchos jóvenes de búho real no recorren grandes distancias para establecerse, sino que se quedan relativamente cerca de su lugar de nacimiento cuando encuentran un hueco de calidad. En un contexto de hábitat adecuado y grandes recursos tróficos, esto puede conducir a la formación de núcleos de alta densidad como el descrito en el Guadarrama, donde los territorios de tres nidos distintos apenas distan un kilómetro entre sí.
Comportamiento, vocalizaciones y vida social del búho real
La presencia de búhos reales en zonas accesibles como El Retiro y determinados parajes del noroeste de Madrid ha permitido también observar aspectos de su comportamiento que antes resultaban mucho más difíciles de documentar. La actividad vocal de los machos juega un papel fundamental en la defensa del territorio y en la atracción de pareja, y se concentra sobre todo en las horas nocturnas y crepusculares.
Estudios sobre su comportamiento vocal han analizado cómo se disponen espacialmente los vecinos durante estos intercambios sonoros, mostrando que la distancia entre territorios y la orientación de los cantos influyen en la forma en que los búhos se reparten el espacio. En contextos de alta densidad, los límites territoriales pueden ser muy ajustados, de modo que los machos responden rápidamente a los cantos de vecinos cercanos para reafirmar sus fronteras. En áreas como el noroeste de Madrid, este “diálogo” nocturno entre búhos reales constituye casi una red acústica que delimita con precisión cada parcela de caza y cría.
El periodo de celo también favorece comportamientos llamativos, como la cópula reiterada sobre las ramas altas y las exhibiciones entre los miembros de la pareja. En el caso de los búhos de El Retiro, se ha descrito cómo la pareja canta casi todas las noches y copula con frecuencia visible desde el suelo, lo que ha convertido sus árboles preferidos en un punto de peregrinación para fotógrafos y observadores de aves.
En cuanto a los jóvenes, una vez que abandonan el nido y comienzan a desplazarse por las cercanías, pueden darse fenómenos de intercambio de pollos entre parejas vecinas. Se han descrito casos de “brood-switching” en los que pollos de una nidada acaban siendo adoptados y alimentados por otra pareja diferente, lo que sugiere una flexibilidad notable en la estructura social de la especie bajo determinadas condiciones.
La selección del momento de puesta, la productividad (número de pollos volados) y el éxito reproductor en general dependen de una combinación de factores: abundancia de presas, calidad del hábitat, experiencia de los progenitores y presión de depredadores y molestias humanas. En sitios como el noroeste de Madrid, donde la presa clave (conejo) abunda y las molestias se mantienen relativamente bajas, los búhos pueden alcanzar valores de productividad muy superiores a los habituales en otras regiones europeas, lo que contribuye al crecimiento sostenido de las poblaciones.
En paralelo, la ciudad ofrece un escenario distinto pero no necesariamente peor. Los parques urbanos proporcionan árboles altos, presas abundantes (ratas, palomas, cotorras) y refugios discretos entre el follaje. Si se limita la perturbación en las zonas donde los búhos pueden anidar y se respetan las normativas de protección, no es descartable que la cría del búho real en parques como El Retiro llegue a consolidarse. En todo caso, serán los seguimientos ornitológicos continuados los que confirmen en los próximos años si estas parejas urbanas logran sacar adelante pollos de forma regular.
La historia reciente de los búhos reales del noroeste de Madrid y de El Retiro muestra hasta qué punto la naturaleza es capaz de adaptarse y reaparecer incluso donde parecía haber desaparecido para siempre. La combinación de protección legal, disponibilidad de alimento, presencia de hábitats adecuados y una sorprendente flexibilidad ecológica ha permitido que el gran duque retorne a escenarios tan distintos como los cortados ausentes del Guadarrama o las copas de los pinos del parque más emblemático de la capital. Lejos de ser una simple curiosidad, esta recuperación nos recuerda que, si se dan las condiciones necesarias, grandes depredadores como el búho real pueden convivir con nosotros a pocos metros de nuestras casas y seguir imponiendo su ley silenciosa en la noche madrileña.