- Brote de peste porcina africana localizado en jabalíes de Collserola, con más de una decena de positivos pero sin casos en granjas de cerdos.
- Perímetro de seguridad de hasta 20 km, cierre de caminos, rastreo intensivo y vigilancia reforzada sobre 55 explotaciones porcinas.
- Investigación abierta sobre el posible origen del virus, incluida la hipótesis de fuga desde un laboratorio que trabaja con la cepa Georgia 2007.
- Impacto económico y social relevante en el sector porcino catalán y fuerte despliegue de recursos veterinarios, policiales y científicos.
El brote de peste porcina africana (PPA) en la sierra de Collserola, a las puertas de Barcelona, ha encendido todas las alarmas sanitarias y económicas en Cataluña y en el conjunto del sector porcino europeo. Las autoridades insisten en que se trata de una enfermedad que no afecta a las personas ni por contacto ni por consumo de carne, pero el impacto sobre la cabaña porcina y el comercio internacional de carne de cerdo puede ser muy serio si el foco no se mantiene acotado.
En pocas semanas se han localizado más de una decena de jabalíes muertos infectados en una zona muy concreta de Collserola. Al mismo tiempo, se ha puesto en marcha un amplio dispositivo de vigilancia, controles de acceso a la montaña y sacrificios ordenados de ganado en el entorno para garantizar que el virus no salte de la fauna silvestre a las granjas. La prioridad de las administraciones es clara: contener el foco y recuperar cuanto antes la normalidad comercial.
Situación del brote: jabalíes infectados y perímetros de seguridad

Cataluña ha comunicado oficialmente la aparición de varios focos de PPA en jabalíes de Collserola, todos ellos localizados en un radio relativamente pequeño alrededor del primer caso. Los datos más recientes apuntan a 16 animales silvestres positivos confirmados por laboratorio, correspondientes a siete focos distintos registrados en la Red de Alerta Sanitaria Veterinaria (Rasve) desde finales de noviembre.
Todos los casos se han detectado inicialmente en un perímetro de seis kilómetros en torno al primer hallazgo de jabalíes muertos, una zona que permanece cerrada al público desde el inicio del brote. Posteriormente, para reforzar la seguridad, la Generalitat ha establecido un radio de hasta 20 kilómetros alrededor del foco, que abarca una parte importante del parque natural y municipios colindantes.
Los equipos desplegados han rastreado ya unas 11.000 hectáreas dentro de un radio de diez kilómetros desde el punto cero, localizando numerosos cadáveres de jabalíes, aunque solo una minoría ha dado positivo por PPA. En total, se han analizado más de 100 animales muertos en el entorno, con una elevada proporción de resultados negativos, lo que sugiere que, por ahora, la infección sigue concentrada en un área acotada.
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación mantiene declarado un “alto nivel de alerta” en coordinación con la Generalitat, con refuerzo de la vigilancia pasiva sobre la fauna silvestre y medidas estrictas de bioseguridad en las explotaciones porcinas de Cataluña y del resto de comunidades autónomas.
Control en granjas y sacrificios ordenados de cerdos
Uno de los aspectos que más preocupa al sector es la posible llegada del virus a las granjas de cerdos domésticos. De momento, los servicios veterinarios de la Generalitat tienen bajo vigilancia intensiva 55 explotaciones porcinas situadas en el área de riesgo alrededor de Collserola, y no se ha detectado en ellas ningún animal con signos clínicos o lesiones compatibles con la peste porcina africana.
En esta zona de control se concentran alrededor de 80.000 cerdos, repartidos en esas 55 granjas de 91 municipios. Las últimas cifras difundidas señalan que unos 61.500 animales se encuentran actualmente en estas instalaciones, de los cuales 35.600 son cerdos de engorde preparados para ser enviados al matadero. La estrategia acordada con el sector pasa por permitir que estos animales vayan entrando de forma progresiva a matadero para consumo humano, siempre bajo estrictos protocolos sanitarios.
Las autoridades han sido claras al respecto: no se han detectado casos positivos de PPA en granjas dentro del radio de seguridad, por lo que, por el momento, no se contemplan “vaciados sanitarios” masivos. Sí se refuerzan la desinfección de vehículos, los controles de entrada y salida de explotaciones y las medidas de higiene, con el fin de mantener las granjas libres del virus y poder preservar la actividad comercial en el mercado interior.
El consejero de Agricultura, Ganadería y Pesca, Òscar Ordeig, ha subrayado que la prioridad absoluta es que el foco “siga contenido” dentro del perímetro establecido, ya que solo así se podrán recuperar mercados exteriores y reducir las restricciones comerciales que pesan sobre el sector porcino catalán.
Declaración de emergencia y restricciones en Collserola
Para responder con rapidez y disponer de más herramientas administrativas, la Generalitat ha decidido declarar oficialmente la emergencia por el brote de peste porcina africana. Esta figura permitirá activar contratos de emergencia para servicios y suministros clave: material veterinario, equipos de desinfección, recogida de animales muertos, refuerzo de la vigilancia en el entorno rural y urbano y cualquier actuación necesaria para contener y paliar los efectos del brote.
Sobre el terreno, el cambio es palpable. Caminos y pistas forestales de Collserola se han llenado de cintas de prohibición de paso, carteles de “Zona de infección de peste porcina africana” y símbolos que vetan el acceso a excursionistas, ciclistas, corredores y perros, incluso atados. Pese a tratarse del mayor parque urbano de Europa, la afluencia de gente ha caído en picado durante los días del puente de la Purísima.
Vecinos y comerciantes de la zona hablan de una tranquilidad inusual. Algunos restaurantes que solían llenarse los fines de semana han visto reducirse de forma drástica su clientela, y los técnicos del Consorcio del Parque señalan que llegan muchas menos consultas presenciales de lo habitual: la población ha asumido el mensaje de “no pisar el parque” mientras dure la alerta.
La Generalitat ha impulsado también campañas informativas con trípticos y cartelería específica, en los que se ofrecen consejos para evitar la difusión de la PPA: no alimentar a los jabalíes, no abandonar restos de comida en el monte, avisar al 112 si se localiza un animal muerto y seguir las indicaciones de los agentes. Voluntarios de grupos de autoprotección en urbanizaciones cercanas se han organizado para informar a quienes intentan acceder a los caminos, recordando que “con la peste porcina hay mucho en juego”.
Sobrepoblación de jabalíes y plan para reducir su número
El brote ha sacado a la luz un problema que llevaba años sobre la mesa: la sobrepoblación de jabalíes en Cataluña. Según los datos del Govern, durante los meses fríos puede haber en torno a 125.000 jabalíes en la comunidad, cifra que aumenta con la llegada del buen tiempo y la época de cría. En muchas zonas boscosas se calcula una media de 6,2 ejemplares por kilómetro cuadrado, con áreas críticas donde la densidad es muy superior.
La Generalitat defiende que “sobran jabalíes” y ha planteado la necesidad de eliminar hasta 60.000 animales a medio plazo para rebajar la presión de esta especie sobre el territorio. Esta estrategia pasa por reforzar la colaboración con el colectivo de cazadores, al que se le ofrecen ayudas económicas de entre 18 y 30 euros por pieza capturada, además de otras facilidades administrativas.
Algunos grupos políticos subrayan que los cazadores son parte de la solución y no el problema, aunque cuestionan si el Govern se atreverá a darles un margen de actuación amplio pese a las presiones de sectores animalistas. En cualquier caso, la sobreabundancia de jabalíes se percibe ahora no solo como un conflicto de convivencia en entornos urbanos y periurbanos, sino también como un factor de riesgo sanitario que puede amplificar la difusión de la PPA.
El propio president, Salvador Illa, ha insistido desde el inicio del brote en que hay que centrar esfuerzos en los cerdos salvajes, a los que definió de forma gráfica: “hay demasiados”. El episodio de Collserola se ha convertido, de facto, en un acelerador del debate sobre cómo gestionar la fauna silvestre en Cataluña y qué papel deben tener la caza y otras medidas de control poblacional.
El foco sobre los laboratorios: la cepa Georgia 2007
Uno de los giros más sensibles del caso se ha producido al conocerse los resultados del análisis genético del virus encontrado en los jabalíes de Collserola. Los estudios preliminares del Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) del Ministerio de Agricultura, en Algete, confirmaron que el virus pertenecía al genotipo 2, el mismo gran grupo que circula actualmente en varias regiones de Europa.
Sin embargo, un informe posterior de genotipado elaborado por el CISA-INIA de Valdeolmos (Madrid), laboratorio de referencia de la Unión Europea, ha aportado un matiz crucial: las muestras de Barcelona no encajan con los grupos genéticos 2-28 que se han ido detectando en los brotes europeos de los últimos años. En cambio, muestran una gran similitud con un nuevo grupo genético 29, muy próximo a la cepa conocida como Georgia 2007.
La importancia de este hallazgo radica en que Georgia 2007 es una variante considerada de referencia, utilizada de forma habitual en infecciones experimentales en instalaciones de confinamiento biológico, pero que no se encontraba ya circulando en el medio natural europeo. Esto ha llevado al Ministerio de Agricultura a admitir por primera vez que no se puede descartar que el origen del virus pueda estar en alguna instalación de biocontención, es decir, un laboratorio que trabaje con la PPA.
Hasta ese momento, la hipótesis principal que manejaban la Generalitat y diversos expertos apuntaba a la ingesta por parte de un jabalí de alimentos contaminados con restos de cerdo infectado, el famoso “bocadillo de embutido” abandonado en una papelera. El informe genético, sin embargo, ha debilitado esta explicación y ha reforzado la necesidad de explorar otras vías, incluida la posibilidad de una fuga accidental.
IRTA-CReSA en el punto de mira, pero con máxima seguridad
En este contexto, muchas miradas se han dirigido al IRTA-CReSA (Centre de Recerca en Sanitat Animal), un centro público de investigación ubicado en el campus de Bellaterra de la UAB, muy próximo a la zona donde se encontraron los primeros jabalíes muertos. Este equipamiento, especializado en sanidad animal desde hace más de 25 años, es uno de los referentes internacionales en el estudio de la PPA y otros virus de alto impacto.
El IRTA-CReSA dispone de seis laboratorios de bioseguridad de nivel 3, lo que le permite trabajar con virus vivos de PPA con estrictas medidas de contención: edificios de hormigón armado, presión negativa en las salas, filtrado permanente del aire, gestión exhaustiva de residuos y protocolos que impiden que nada salga al exterior con microorganismos vivos. Los animales utilizados en experimentos se incineran a temperaturas muy elevadas o se tratan hasta eliminar cualquier resto infeccioso.
Los trabajadores deben cambiarse de ropa, utilizar bata, doble guante, mascarilla y, cuando trabajan con animales vivos, equipos de protección individual completos. Antes de abandonar las instalaciones, el personal está obligado a ducharse y desinfectarse, y tiene prohibido acercarse a granjas de animales durante las 72 horas posteriores. Según el propio centro, “del edificio no sale nada vivo”.
Pese a estas garantías, ha trascendido que el IRTA-CReSA ha participado en varias investigaciones recientes con la cepa Georgia 2007, justamente la misma variante que se ha identificado en los jabalíes de Collserola. Diversos trabajos científicos publicados en revistas como Veterinary Sciences, Veterinary Quarterly o Vaccines describen el uso de esta cepa en ensayos de laboratorio y en experimentación con cerdos vivos para evaluar vacunas y métodos de diagnóstico.
La coincidencia entre la cepa usada en el laboratorio y la detectada en el campo no constituye, por sí sola, una prueba concluyente de fuga, pero sí ha incrementado la presión para que se revise a fondo el funcionamiento de estos centros. Las autoridades recuerdan que, hasta la fecha, no constan episodios previos de fuga de patógenos en las instalaciones de Bellaterra y que los protocolos de seguridad se someten a supervisiones periódicas.
Investigación judicial, policial y científica del origen del brote
Ante la nueva información genética, el Ministerio de Agricultura ha pedido la intervención de unidades especializadas para analizar en detalle las posibles vías de entrada del virus. La Guardia Civil (Seprona) y los Mossos d’Esquadra han remitido ya informes preliminares, y un juzgado de Cerdanyola del Vallès ha recibido un atestado relacionado con el caso que podría desembocar en una investigación penal por delito medioambiental. Parte de las diligencias podría permanecer bajo secreto.
En paralelo, el president Salvador Illa ha anunciado la puesta en marcha de una auditoría de todos los centros que trabajan con el virus de la PPA en un radio de 20 kilómetros del foco. En total, se trata de cinco instalaciones, entre ellas el CReSA, que será objeto de una revisión exhaustiva de sus instalaciones y protocolos. El Govern asegura tener “plena confianza” en este instituto público y defiende que la auditoría es precisamente una forma de reforzar esa confianza.
El conseller Òscar Ordeig ha presentado también un comité de personas expertas que se encargará de decidir qué laboratorios se deben analizar con mayor detalle, qué tipo de muestras se revisarán y qué flujos de material o residuos son relevantes para la investigación. Según ha explicado, “no se descarta nada ni se confirma nada” y la prioridad es dejar trabajar a la comunidad científica con “transparencia, luz y taquígrafos”.
Entre los especialistas consultados, hay coincidencia en que la hipótesis de fuga de laboratorio ha ganado peso, pero también se recuerda que no es fácil que un virus escape de una instalación de alta seguridad y que, históricamente, los casos de este tipo han sido excepcionales. Mientras tanto, continúan los estudios de secuenciación completa del genoma del virus para comparar de manera exhaustiva las muestras de Collserola con las cepas utilizadas en investigación y en otros brotes del este de Europa.
Otras posibles vías de entrada del virus en Collserola
Aunque la atención mediática se ha centrado en la posible fuga de laboratorio, algunos expertos en sanidad animal y microbiología recuerdan que existen varias rutas plausibles para la entrada de la PPA en un territorio como Cataluña. El catedrático José Manuel Sánchez-Vizcaíno, por ejemplo, sostiene que el origen en un laboratorio “no se puede descartar”, pero considera que sigue siendo un escenario complejo.
El microbiólogo Ignacio López-Goñi, por su parte, plantea hasta siete hipótesis distintas: desde la migración de jabalíes infectados procedentes de otras zonas de Europa, algo complicado de demostrar al no haberse detectado positivos en Francia o Portugal, hasta la transmisión por garrapatas blandas, si bien en España no se han identificado por ahora estos parásitos portando el virus.
También se barajan posibilidades como la entrada de alimentos contaminados (embutidos o productos cárnicos procedentes de países afectados), la contaminación a través de objetos o vehículos (neumáticos, calzado, materiales de transporte), e incluso una liberación intencionada, para la que actualmente no hay ningún indicio ni reivindicación. El abanico de escenarios sigue abierto, a la espera de que los estudios genéticos y epidemiológicos acoten mejor la cadena de transmisión.
En el trasfondo de estas discusiones aparece de nuevo Rusia y la región del Cáucaso, donde el virus entró en 2007 y, debido a graves deficiencias de bioseguridad y prácticas de riesgo (como alimentar a los cerdos con restos de comida sin tratar), se consolidó en la fauna silvestre y en explotaciones al aire libre. Desde allí, la PPA se ha ido extendiendo gradualmente hacia Europa del Este, afectando ya a una treintena de países y numerosos Estados miembros de la UE. La conexión genética de la cepa de Collserola con aquellos linajes antiguos obliga a considerar rutas de dispersión menos evidentes.
Impacto económico y político en el sector porcino catalán
La aparición del foco en Collserola ha tenido un impacto inmediato en el sector porcino catalán, clave tanto a nivel estatal como europeo. Cataluña es uno de los grandes polos de producción y exportación de carne de cerdo, con mercados tan relevantes como Japón, que compra del orden de 15.000 toneladas mensuales de producto catalán.
La mera sospecha de un brote de PPA ya ha supuesto bloqueos temporales y restricciones comerciales por parte de algunos países importadores, lo que se traduce en pérdidas para empresas y cooperativas. Desde Junts per Catalunya se ha advertido de que el empleo de unas 40.000 personas en el sector puede verse comprometido si la crisis se prolonga y no se logra demostrar con claridad que los animales de granja permanecen libres de la enfermedad.
En el Parlament, el debate político ha sido intenso. Mientras una parte de la oposición reprocha al Govern falta de agilidad para compensar al sector y mitigar el bloqueo de mercados, otra cuestiona si se dará suficiente margen a los cazadores como herramienta de control de jabalíes en un contexto marcado por las sensibilidades animalistas. El brote ha puesto sobre la mesa las tensiones entre políticas ambientales, bienestar animal y economía agraria.
La Generalitat, por su lado, intenta enviar un mensaje de confianza a los ganaderos y a los consumidores: insiste en que no hay riesgo para la salud humana al comer carne de cerdo, recuerda que no se han registrado positivos en granjas y asegura estar trabajando con el Ministerio y la Comisión Europea para reabrir cuanto antes los mercados que han impuesto restricciones.
Efectos sobre la vida cotidiana en los alrededores de Collserola
Más allá de los datos sanitarios y económicos, el brote ha cambiado, al menos temporalmente, la vida cotidiana de los vecinos y usuarios habituales de Collserola. Quienes viven en masías o urbanizaciones del entorno describen un paisaje casi vacío, con muy pocos ciclistas, excursionistas o corredores, incluso en fechas tradicionalmente muy concurridas.
Algunos residentes reconocen que, desde el punto de vista de la tranquilidad, la situación es “casi mejor que durante la pandemia”, aunque son conscientes de que se debe a un problema grave que afecta a ganaderos y a la economía del país. Los comercios ligados al ocio de fin de semana, como bares y restaurantes de montaña, notan, en cambio, un descenso drástico de la clientela, con salas prácticamente vacías en horarios que antes eran punta.
En los accesos a la zona cero, los carteles alertan del peligro asociado a los jabalíes y piden explícitamente no acercarse a esta fauna salvaje ni alimentarla, así como avisar a emergencias en caso de encontrar cadáveres. El dispositivo de control, que incluye miles de efectivos entre Agentes Rurales, UME y fuerzas de seguridad, se coordina desde instalaciones como la finca de Torreferrussa, en Santa Perpètua de Mogoda.
A pesar de la magnitud del operativo, no siempre hay agentes visibles en todos los caminos, y parte del trabajo recae en la autodisciplina ciudadana y la colaboración vecinal. Grupos de voluntarios con chalecos reflectantes ayudan a redirigir vehículos y caminantes, recordando que el acceso al medio natural está restringido dentro del perímetro de 20 kilómetros alrededor del foco.
Con el foco de peste porcina africana en Collserola todavía en fase de control, la situación se mueve en un equilibrio delicado: por un lado, los datos apuntan a una infección por ahora confinada a un número limitado de jabalíes, sin salto a las granjas; por otro, la identificación de la cepa Georgia 2007 y la apertura de investigaciones sobre un posible origen en laboratorio mantienen la incertidumbre sobre cómo llegó el virus hasta la sierra barcelonesa. Mientras se suceden las auditorías, las pesquisas judiciales y los estudios científicos, el territorio vive entre restricciones de acceso, vigilancia reforzada y sacrificios ordenados de cerdos, con el objetivo de proteger un sector estratégico y evitar que un brote localizado acabe convirtiéndose en un problema mucho mayor para España y para el conjunto de Europa.