- La recuperación del bisonte europeo es un caso de éxito, pero su expansión hacia nuevos territorios abre un debate sobre adaptación ecológica y encaje legal.
- En ecosistemas mediterráneos como los de España se estudia su papel potencial en la prevención de incendios y la restauración del paisaje frente a dudas científicas.
- Proyectos en países como Polonia, Rumanía o Alemania muestran beneficios en biodiversidad, captura de carbono y desarrollo rural basado en ecoturismo.
- La controversia entre partidarios y detractores revela la necesidad de consenso científico, participación social y una gestión muy cuidadosa del rewilding con grandes herbívoros.
La vuelta del bisonte europeo a distintos rincones de Europa se ha convertido en uno de los experimentos de conservación más llamativos de las últimas décadas. En pocos años hemos pasado de tener a esta especie al borde de la desaparición a verla de nuevo en libertad en países como Polonia, Bielorrusia, Rumanía, Alemania o incluso España, donde su llegada a la Península Ibérica ha encendido un debate intenso entre científicos, administraciones y mundo rural.
Detrás de esa imagen icónica de un gran herbívoro cruzando el bosque hay muchos matices: éxitos de conservación, promesas de restauración ecológica, expectativas de desarrollo rural, pero también dudas legales, conflictos con ganaderos y una fuerte controversia científica sobre si en España hablamos de «reintroducción» o de simple introducción de una especie que jamás habría vivido aquí. Vamos a desgranar, con calma, qué está pasando con la reintroducción del bisonte, qué beneficios se le atribuyen y cuáles son los principales retos y conflictos que la acompañan.
El bisonte europeo: del borde de la extinción a símbolo de restauración

El bisonte europeo (Bison bonasus) es el mamífero terrestre más grande del continente, con machos que pueden rozar la tonelada de peso y superar los dos metros de altura a la cruz. A pesar de esa imponente presencia, a comienzos del siglo XX estuvo a punto de desaparecer por completo en libertad debido a la caza intensiva y a la pérdida de hábitat.
Tras la Primera Guerra Mundial las poblaciones salvajes quedaron extintas y la especie sobrevivió únicamente gracias a unos pocos ejemplares mantenidos en cautividad. A partir de la década de 1950 se pusieron en marcha programas de cría y reintroducción muy rigurosos, especialmente en Europa del Este, que permitieron reconstruir poco a poco una metapoblación viable.
Hoy, más de medio siglo después de aquellos primeros esfuerzos, el panorama es radicalmente distinto: se contabilizan ya más de 8.800 bisontes en libertad distribuidos en más de 50 grupos por Europa, con núcleos importantes en Polonia, Bielorrusia, Lituania, Ucrania, Rumanía y Rusia, entre otros países. El célebre bosque de Białowieża, frontera natural entre Polonia y Bielorrusia, acoge una de las mayores concentraciones, con alrededor de 779 ejemplares en el lado polaco y 784 en el bielorruso.
Este crecimiento ha llevado a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a modificar su categoría en la Lista Roja: el bisonte europeo ha pasado de estar considerado como «vulnerable» a la categoría de «casi amenazado». No está fuera de peligro, pero la tendencia es positiva y se considera uno de los casos de recuperación más exitosos de un gran mamífero en Europa.
La recuperación del bisonte se ha convertido además en un laboratorio vivo de rewilding, es decir, de resilvestramiento o renaturalización de paisajes mediante el regreso de grandes herbívoros que habían desaparecido. Esa filosofía está detrás de la mayoría de proyectos actuales, que no solo buscan salvar a la especie, sino devolver procesos ecológicos perdidos.
Proyectos pioneros en Europa: de Białowieża a los Cárpatos y el Cáucaso

Los proyectos de reintroducción de bisonte se han extendido por buena parte del continente, con distintos objetivos pero una misma idea de fondo: que este gran herbívoro actúe como «ingeniero del ecosistema» y motor de desarrollo rural.
En Polonia y Bielorrusia, el bosque de Białowieża es el emblema de esta recuperación. Declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, este extenso bosque mixto ha visto cómo el regreso del bisonte incrementa la diversidad de hábitats, atrae turistas de todo el mundo y refuerza la economía local gracias al ecoturismo, los guías especializados y la oferta de alojamientos rurales.
Rumanía se ha convertido en otro referente gracias a las montañas de Țarcu, donde desde 2014 se desarrolla el que se considera el mayor proyecto de reintroducción de bisontes europeos en libertad de Europa occidental. En este territorio montañoso de miles de hectáreas los animales se mueven sin vallados permanentes, lo que permite recuperar dinámicas ecológicas ligadas a la presencia de grandes herbívoros.
En los Cárpatos meridionales rumanos la población libre ya alcanza casi dos centenares de ejemplares, y la investigación científica ha documentado cambios significativos: mayor capacidad del suelo para retener agua, raíces de nuevas plantas que estabilizan laderas y reducen la erosión, y un paisaje que combina bosques, matorrales y claros de pastizal con más complejidad estructural.
La expansión del bisonte no se limita a Europa Central y del Este. En Alemania, los rebaños introducidos en zonas como los montes Rothaar compatibilizan ganadería extensiva, turismo y educación ambiental. En el Reino Unido, la manada liberada en el bosque de Blean en 2022 está permitiendo que la luz entre de nuevo en un bosque demasiado cerrado, favoreciendo el aumento de aves forestales, plantas herbáceas y fauna asociada.
Incluso en el Cáucaso y el este de Europa se han dado pasos importantes. Alemania ha enviado ejemplares criados en zoológicos a proyectos en Azerbaiyán, donde 18 bisontes liberados en enero de 2026 han elevado la población local a unos 90 individuos, con crías nacidas ya en libertad, prueba de que la especie se adapta a estos nuevos territorios.
El papel ecológico del bisonte: ingeniero del paisaje y aliado del clima
Si tanto interés genera el bisonte no es solo por su tamaño o historia de conservación, sino por el enorme impacto que tiene sobre el paisaje y el funcionamiento de los ecosistemas donde vive.
Como gran herbívoro, el bisonte modifica de manera continua la vegetación. Pastea de forma selectiva, derriba árboles jóvenes, descorteza arbustos y abre claros en masas boscosas demasiado densas. Esa actividad deja pasar la luz hasta el suelo, lo que favorece que helechos, zarzas y matorral denso den paso a una alfombra más diversa de hierbas, gramíneas y plantas de flor.
Estos animales también son excelentes dispersores de semillas. Las transportan enganchadas en su espeso pelaje y las depositan mezcladas con estiércol rico en nutrientes, lo que multiplica las posibilidades de germinación y colonización de nuevas áreas. Se han llegado a registrar más de 200 especies vegetales que se benefician de esta dispersión a mayor distancia.
Otra faceta poco conocida es su capacidad para crear microhábitats. Al revolcarse en zonas de polvo forman pequeñas depresiones que, tras las lluvias, retienen agua de forma temporal. Estos pequeños charcos y suelos desnudos se convierten en refugio para abejas silvestres, lagartijas y otros invertebrados que requieren espacios abiertos para nidificar o termorregularse.
Desde el punto de vista climático, el bisonte actúa como un inesperado aliado. Su pastoreo relativamente uniforme mantiene activos los pastizales en los claros, estimulando el crecimiento de plantas que capturan dióxido de carbono mediante la fotosíntesis y lo almacenan en raíces profundas y en la materia orgánica del suelo.
Las pisadas compactan ligeramente el terreno y ayudan a retener carbono antiguo, reduciendo su liberación a la atmósfera. Combinado con el reciclaje constante de nutrientes vía estiércol, se generan suelos más fértiles y con mayor capacidad de fijar carbono de manera estable gracias a hongos y bacterias asociados a la rizosfera.
Estudios como los realizados por la Universidad de Yale han cuantificado parcialmente este efecto: una manada inicial de unos 170 bisontes en los Cárpatos podría estar asociada a la captura de unas 54.000 toneladas adicionales de carbono al año, un volumen similar a las emisiones anuales de entre 43.000 y 84.000 coches de gasolina estadounidenses. En algunas estimaciones, la presencia de bisontes multiplica por diez la capacidad de captura de carbono de ciertos pastizales respecto a áreas abandonadas.
España y el desafío de reintroducir bisontes en ecosistemas mediterráneos
En los últimos años España se ha subido al carro del rewilding con bisontes, pero el contexto aquí es mucho más complejo que en los bosques caducifolios húmedos del norte y centro de Europa.
Uno de los proyectos más llamativos es el impulsado por Rewilding Spain en El Recuenco, un pequeño municipio de apenas 80 habitantes en la comarca del Alto Tajo (Guadalajara). Allí han llegado nueve bisontes europeos (cinco hembras y cuatro machos) con un objetivo doble: generar conocimiento científico sobre su capacidad de adaptación a ecosistemas mediterráneos y, al mismo tiempo, explorar su posible papel en la restauración del paisaje y la prevención de incendios.
Los animales proceden de una finca privada en El Espinar (Segovia), donde los adultos vivían en semilibertad desde hacía tres años tras llegar de Polonia y Países Bajos, y donde también nacieron los ejemplares más jóvenes. De este modo se ha trasladado al Alto Tajo una manada ya cohesionada y aclimatada a las condiciones de la meseta.
A su llegada a El Recuenco, los bisontes han pasado por un periodo de adaptación en un recinto específico, durante el cual se monitorizan su estado de salud y su comportamiento. Posteriormente, la idea es que vivan en semilibertad en una parcela de monte público de unas 400 hectáreas, vallada perimetralmente y propiedad del Ayuntamiento. La manada está permanentemente geolocalizada mediante collares GPS y dos miembros del equipo de Rewilding Spain supervisan sobre el terreno sus movimientos y situación.
El proyecto tiene un fuerte componente de investigación internacional. Cuenta con la colaboración de la Universidad del País Vasco, la Universidad de Manchester y el centro ECONOVO de la Universidad de Aarhus, entre otros socios de la red Rewilding Europe. Una de las líneas clave es el análisis de hormonas, inmunoglobulinas y ADN ambiental (metabarcoding) en muestras fecales para evaluar el estrés de los animales, la composición de su dieta estrictamente natural y su interacción con la vegetación local.
Estos análisis se comparan con poblaciones de bisontes distribuidas por toda Europa, desde España hasta Azerbaiyán y Escandinavia, pasando por Países Bajos, Polonia o Rumanía. El objetivo es trazar un mapa del rango ecológico efectivo de la especie y entender hasta qué punto puede adaptarse a distintas condiciones climáticas y tipos de hábitat, incluido el monte mediterráneo del Sistema Ibérico Sur.
Impacto sobre la vegetación y compatibilidad con otros usos del monte
Además del seguimiento sanitario y de comportamiento, en El Recuenco se está estudiando el efecto de los bisontes sobre la vegetación leñosa. Para ello se comparan zonas de monte sin intervenir con otras parcelas donde se han realizado aclareos previos a la llegada de los animales.
La idea es observar cómo responden distintos tipos de matorral y masas arbóreas al pastoreo, al ramoneo y al pisoteo de la manada, y valorar si se generan mosaicos de hábitats más diversos y resistentes a incendios, como sostienen los defensores del rewilding con grandes herbívoros.
Este uso de los pastos por parte de los bisontes se plantea como compatible con otros aprovechamientos tradicionales del monte, como la extracción de madera, la caza, la recolección de setas o el uso recreativo por parte de vecinos y visitantes. El Ayuntamiento mantiene el acceso libre al área, de modo que cualquier persona interesada pueda observar a los animales en su medio sin restricciones adicionales.
La zona elegida es un monte prácticamente abandonado tras la caída de la ganadería extensiva y otras actividades del sector primario. En este contexto, los promotores del proyecto esperan que los bisontes actúen como gestores naturales del combustible vegetal, ayudando a prevenir incendios y manteniendo un paisaje más abierto y heterogéneo.
Desde el punto de vista socioeconómico, el Ayuntamiento de El Recuenco ve en el bisonte una oportunidad para revitalizar el pueblo: creación de empleo ligado al proyecto de investigación, impulso al ecoturismo, aumento de la ocupación en alojamientos rurales y mayor rentabilidad para negocios ya existentes como el bar o la tienda local. La presencia de una especie tan singular se percibe como un reclamo para atraer visitantes y emprendedores.
Rewilding, ciencia y debate sobre la «reintroducción» en España
Aunque el proyecto de El Recuenco se ha trabajado desde el consenso local, a nivel nacional la llegada del bisonte europeo ha abierto un debate mucho más espinoso que no se limita a este municipio. La cuestión clave es si en España se está reintroduciendo una especie autóctona extinta o si, por el contrario, se está introduciendo una especie foránea en ecosistemas que nunca fueron suyos.
Las pinturas rupestres de yacimientos como Altamira muestran claramente figuras de bisontes, lo que a primera vista reforzaría el argumento de quienes hablan de «regreso». Sin embargo, la mayor parte de la comunidad científica coincide en que esos animales representados corresponderían al llamado bisonte de estepa (Bison priscus), una especie hoy extinguida que habitaba un paisaje de tipo «estepa del mamut» muy diferente a los ecosistemas actuales.
En cambio, no existen pruebas sólidas de que el bisonte europeo moderno (Bison bonasus) haya vivido alguna vez en la Península Ibérica. Para muchos zoólogos y expertos en conservación, esto convierte su llegada a España en una introducción, no en una reintroducción. Y esta diferencia terminológica tiene implicaciones legales y de gestión muy relevantes.
El Ministerio para la Transición Ecológica, de hecho, se inclina por considerar al bisonte europeo una especie exótica para nuestro país. Por esa razón no ha impulsado medidas específicas para su protección ni ha accedido a incluirlo en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, a pesar de las peticiones de algunos promotores de proyectos de rewilding.
La polémica se ha intensificado con la publicación de varios estudios científicos recientes. Uno de ellos, realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA-CSIC), analizó la dieta de bisontes, ciervos y gamos que conviven en una finca de Jaén. A través del estudio detallado de los hábitos alimenticios a lo largo de las estaciones, concluyeron que las tres especies distribuyen los recursos tróficos sin una competencia excesiva, lo que sugiere que podrían coexistir en el mismo hábitat sin mayores conflictos por la comida.
Este trabajo, publicado en la revista Biodiversity and Conservation, también apunta a la capacidad del bisonte para adaptarse a las condiciones bioclimáticas del monte mediterráneo, lo que ha dado argumentos a quienes defienden su introducción como herramienta de gestión ecológica. Sin embargo, los propios autores reconocen que la cuestión es polémica y que no hay evidencias de presencia histórica del bisonte europeo en España.
La gran crítica: carta abierta de decenas de científicos
En el lado contrario, un nutrido grupo de expertos de primer nivel ha manifestado su rechazo frontal a la introducción del bisonte europeo en la fauna ibérica. En la revista de divulgación científica Quercus, decana de la prensa ambiental en España, se ha publicado una carta firmada por el zoólogo Carlos Nores (Universidad de Oviedo) y otros 39 especialistas, entre los que figuran nombres reconocidos como Miguel Delibes, Antoni Margalida, Montserrat Vila o Juan Carlos Blanco.
Estos investigadores consideran que los promotores de algunos proyectos han intentado vender la introducción del bisonte como si fuera una reintroducción de una especie autóctona extinguida, amparándose en medias verdades y en una imagen carismática que resulta muy atractiva para la opinión pública y los medios de comunicación.
En su argumentario señalan que nadie ha demostrado que el bisonte europeo haya vivido nunca en la Península Ibérica, por lo que su liberación en nuestros montes sería, a su juicio, no solo inconveniente, sino claramente ilegal en el marco de la normativa de conservación vigente. Añaden que, en cualquier caso, esta especie no podría sustituir ecológicamente al bisonte de estepa representado en Altamira, ya que se trataba de un animal distinto, adaptado a un tipo de hábitat que tampoco existe hoy en la Península.
Los firmantes subrayan cuatro grandes tipos de razones para oponerse a estos proyectos en España: ecológicas, bioclimáticas, legales y éticas. Desde el punto de vista ecológico, cuestionan que el bisonte pueda restaurar hábitats mejor que grandes herbívoros autóctonos como el ciervo, argumentando que su papel funcional no aporta ventajas tan claras como se suele afirmar.
En el plano bioclimático, recuerdan que los bosques caducifolios húmedos del centro y norte de Europa, con praderas frescas y abundantes, difieren radicalmente del monte mediterráneo cada vez más seco y afectado por la desertificación. Consideran que forzar la presencia de una especie típica de ambientes más húmedos en zonas que tienden a ser más áridas por el cambio climático puede resultar contraproducente a medio y largo plazo.
Legalmente, argumentan que la normativa europea y española prioriza la restauración con fauna autóctona en sus territorios históricos , no la introducción de especies ajenas al elenco original. Y desde una perspectiva ética, alertan del riesgo de utilizar el rewilding como excusa para proyectos guiados por intereses particulares o turísticos, sin el debido consenso científico ni la debida coordinación con las administraciones.
Conflictos sociales, ganaderos y de gestión del territorio
Al margen del debate puramente científico, la reintroducción de bisontes también ha generado tensiones sociales en varios territorios europeos. Rumanía es uno de los casos donde mejor se han documentado estas fricciones.
En las montañas de Țarcu, parte de la población local, especialmente ganaderos, ha expresado su preocupación por posibles daños a cultivos y pastos, así como por la competencia que podrían representar estos grandes herbívoros para el ganado doméstico. Las organizaciones implicadas en el proyecto han tenido que desarrollar sistemas de compensación y programas de convivencia para minimizar estos conflictos.
Rewilding Europe y otras entidades insisten en que el éxito de cualquier proyecto de bisonte depende tanto de la salud de los ecosistemas como de la aceptación social. Por ello, acompañan las reintroducciones con campañas de información, visitas guiadas, participación comunitaria y generación de beneficios económicos tangibles por medio del ecoturismo, la restauración y la venta de productos locales asociados a la imagen del bisonte.
En España, los proyectos se han concentrado de momento en fincas privadas y espacios controlados, justamente para evitar conflictos directos con usos como la ganadería. Actualmente hay alrededor de 200 bisontes en cautividad o semilibertad repartidos por diferentes explotaciones, algunas de las cuales han convertido a estos animales en reclamo turístico.
El hecho de que estos recintos se ubican en montes mediterráneos cada vez más secos, muy distintos de los bosques de origen de la especie, aviva el debate sobre si se está forzando la adaptación del bisonte más allá de lo razonable. Al mismo tiempo, en zonas de Portugal y España donde conviven con caballos garranos u otros grandes herbívoros, se argumenta que su presencia ayuda a reducir la biomasa de vegetación seca y, con ello, el riesgo de incendios, reforzando la idea de que pueden ser aliados en la gestión del combustible forestal.
Turismo de naturaleza y desarrollo rural alrededor del bisonte
Uno de los argumentos más repetidos a favor de la reintroducción del bisonte es su capacidad para generar oportunidades económicas en áreas rurales golpeadas por la despoblación.
La observación de bisontes en libertad se ha convertido en un potente atractivo turístico. Fotógrafos de naturaleza, aficionados a la fauna, familias y grupos escolares se desplazan a lugares como Białowieża, los Cárpatos rumanos o los proyectos alemanes para ver a estos animales en su hábitat. Esto ha impulsado la creación de alojamientos, servicios de guía, centros de interpretación y negocios asociados.
En Alemania, los rebaños de los montes Rothaar se integran en una oferta que combina ganadería extensiva, senderismo y educación ambiental. Las visitas de colegios permiten mostrar in situ cómo funcionan los ecosistemas restaurados y qué papel desempeñan los grandes herbívoros, reforzando una cultura de respeto hacia la naturaleza.
En Polonia, el bisonte se ha convertido en un símbolo nacional que aparece en campañas de promoción turística, productos locales y materiales educativos. Este orgullo por la fauna autóctona fortalece el vínculo de las comunidades con su entorno y ayuda a justificar las inversiones públicas en conservación.
Incluso se han documentado beneficios indirectos curiosos, como el uso del pelo que mudan los bisontes en primavera por parte de aves pequeñas para construir nidos más aislantes. Esta anécdota muestra hasta qué punto la presencia del bisonte puede desencadenar efectos en cascada sobre otras especies, incluidos algunos incrementos en el éxito reproductivo de aves insectívoras.
En contextos como el de El Recuenco o los proyectos en Portugal, estas experiencias se ponen como ejemplo de que el bisonte puede ser un motor de «nueva ruralidad», combinando conservación, turismo de naturaleza y actividades tradicionales reajustadas a una gestión más sostenible del territorio.
Todo este conjunto de iniciativas muestra que el bisonte europeo es mucho más que un gran animal recuperado del borde de la extinción: es un símbolo que concentra debates sobre qué tipo de naturaleza queremos en Europa, cómo equilibrar restauración ecológica y bienestar humano, y hasta dónde debemos llegar cuando hablamos de resilvestrar paisajes profundamente transformados por el ser humano.