- Las autoridades israelíes sacrificaron más de 200 cocodrilos en una granja abandonada por maltrato y fugas recurrentes.
- Los animales sufrían malnutrición y canibalismo tras años de abandono y deterioro en el recinto.
- ONG y expropietario denunciaron el sacrificio, asegurando que los cocodrilos no supusieron un peligro real para personas.
- La polémica surge tras viralizarse vídeos y ante la preocupación de posibles fugas hacia zonas habitadas y límites internacionales.
En los últimos días, la decisión de sacrificar a una gran cantidad de cocodrilos en una granja abandonada de Cisjordania ha generado una fuerte controversia en Israel y ha captado la atención de organizaciones animalistas y de parte de la opinión pública. Los reptiles, mayoritariamente cocodrilos del Nilo, se encontraban en un estado de abandono desde hace más de una década, en un recinto donde la falta de mantenimiento y de alimentos desencadenó graves problemas de maltrato y comportamientos caníbales entre ellos. Las autoridades justifican la medida por el riesgo potencial para los habitantes de la zona y el empeoramiento de las condiciones de los animales, mientras que asociaciones de protección animal califican lo sucedido como una matanza innecesaria.
La historia se remonta a los años noventa, cuando los cocodrilos fueron traídos a la localidad de Petzael, en el valle del Jordán, inicialmente para atraer turismo a la zona. Sin embargo, los proyectos comerciales y turísticos fracasaron debido a los constantes conflictos en la región. Posteriormente, un empresario adquirió los animales con la idea de explotar la venta de su piel, pero en 2012 Israel aprobó una ley que prohibía la cría y explotación comercial del cocodrilo del Nilo, considerándola especie protegida. Desde entonces, la granja fue cerrando paulatinamente y los cocodrilos quedaron en un limbo legal y físico.
Durante los últimos doce años, la granja ha permanecido en completo estado de abandono, agravando el deterioro de las instalaciones y la falta de recursos para alimentar a los reptiles. En este período, la cerca de seguridad se deterioró seriamente, facilitando múltiples fugas de cocodrilos hacia zonas habitadas e incluso reservas naturales cercanas. El propietario del terreno, según las autoridades, rehusó mantener o reparar el recinto a pesar de las advertencias y propuestas de solución.
Las consecuencias no tardaron en manifestarse. La carencia de alimentos y el hacinamiento provocaron episodios de agresividad y conductas caníbales entre los mismos cocodrilos, un fenómeno confirmado por el COGAT (Coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios) y por testigos locales. Este estado de situación aumentó la preocupación de los vecinos, que temían que un escape masivo pudiera afectar a la población humana o generar un incidente diplomático, dada la proximidad con la frontera jordana.
Presión social y viralización
El caso ganó notoriedad mediática este año tras la difusión de videos en los que adolescentes lanzaban piedras a los reptiles. Estas imágenes se volvieron virales en redes sociales y generaron una ola de indignación pública. Como resultado, las autoridades intervinieron de forma definitiva. Según COGAT, la decisión de sacrificar a los animales se tomó siguiendo criterios veterinarios y buscando el procedimiento más humanitario posible en una situación de emergencia.
Se estima que más de 200 cocodrilos fueron sacrificados, aunque ONG como Let the Animals Live aseguran que la cifra real alcanza los 262 ejemplares. Estas organizaciones critican la actuación oficial, argumentando que los cocodrilos no representaban un peligro directo para las personas y estaban en condiciones de salud aceptables, aunque admiten el abandono del lugar.
Puntos de vista enfrentados y polémica
El antiguo propietario de la granja, Gadi Bitan, expresó también su desacuerdo con la intervención, asegurando que no se produjo ningún accidente grave con los cocodrilos y que nunca fue notificado formalmente del operativo antes de que se realizara. Por su parte, algunos responsables locales y autoridades israelíes han subrayado la gravedad del riesgo de fugas recurrentes y han justificado el gasto de recursos públicos en vallar y asegurar la zona antes de optar por la medida más drástica.
Esta situación refleja las complejidades en la gestión de fauna exótica y las consecuencias del abandono prolongado, además de poner en evidencia la necesidad de buscar soluciones sostenibles a largo plazo para evitar hechos similares en el futuro.