- Los crecimientos se deben al virus del papiloma de Shope, exclusivo de los conejos.
- No hay riesgo para humanos ni mascotas; evitar el contacto directo.
- La transmisión ocurre sobre todo por picaduras de insectos en meses cálidos.
- Las lesiones suelen remitir, pero pueden complicarse si impiden comer o ver.

En Fort Collins, Colorado, se han multiplicado los avisos sobre conejos con llamativos crecimientos negros que recuerdan a cuernos o tentáculos. Las imágenes, difundidas por vecinos y medios locales, han causado inquietud y curiosidad a partes iguales por el aspecto tan poco habitual de estos animales.
Las autoridades han aclarado que no se trata de una nueva especie ni de ciencia ficción: la causa es el virus del papiloma de Shope, un patógeno que afecta exclusivamente a los conejos y que provoca tumores queratinizados alrededor de la cabeza y el rostro. Aunque resulten impresionantes, no suponen peligro para las personas ni para otras mascotas.
Qué están viendo los vecinos de Fort Collins

Testigos en distintos barrios han descrito púas oscuras que sobresalen de la boca, mejillas y alrededor de las orejas, generando comparaciones con criaturas de película de terror. En redes sociales se han compartido fotos de ejemplares cuyo rostro parece cubierto por estos crecimientos.
Periodistas locales, como Amanda Gilbert de 9NEWS, han documentado la escena sobre el terreno, mientras residentes como Susan Mansfield explican que algunos ejemplares sobreviven de un año a otro y regresan con lesiones más grandes si vuelven a infectarse.
El fenómeno ha corrido como la pólvora en internet con apodos como “conejos Frankenstein” o “zombis”. Pese al impacto visual, profesores y veterinarios recuerdan que la apariencia obedece a lesiones verrugosas conocidas por la ciencia desde hace décadas.
Las imágenes más virales, incluyendo las de foros y agregadores, han permitido que más vecinos se fijen y reporten casos a Colorado Parks and Wildlife, lo que ha facilitado confirmar la causa y publicar recomendaciones básicas.

El virus detrás del aspecto: cómo actúa y cómo se transmite

El responsable es el shope papillomavirus (SPV), también llamado virus del papiloma del conejo de cola de algodón. Produce papilomas que pueden alargarse y endurecerse con queratina, dando una apariencia de astas o tentáculos, sobre todo alrededor de la cabeza.
La transmisión se da principalmente mediante vectores como mosquitos, pulgas y garrapatas, especialmente en los meses cálidos. También puede producirse por contacto directo entre conejos, aunque esta vía es menos frecuente que la asociada a picaduras de insectos.
Se trata de un virus específico de su huésped: no infecta a humanos ni a otras especies domésticas o silvestres. No hay un tratamiento curativo para la infección en vida libre; en numerosos casos, las lesiones remiten cuando el animal supera la infección.
En casos en los que los crecimientos interfieren con la alimentación, la visión o la respiración, el pronóstico empeora. Ocasionalmente, las lesiones pueden evolucionar a carcinomas de células escamosas, un proceso poco frecuente pero descrito en la literatura científica.
Qué recomiendan las autoridades y cómo actuar

Colorado Parks and Wildlife recomienda mantener la distancia y evitar capturar, alimentar ni manipular a los conejos afectados. La mayoría de los animales pueden continuar con su vida si las lesiones no les impiden tareas básicas.
- Observar desde lejos y no tocar a los conejos infectados.
- Controlar a perros y otras mascotas para prevenir interacciones.
- Si un ejemplar presenta lesiones que dificultan comer o ver, comunicarlo a la autoridad de vida silvestre local.
- En conejos domésticos, consultar con un veterinario: la enfermedad puede ser más severa en cautividad.
Se recomienda que la eutanasia solo se considere cuando el animal sufre por no poder alimentarse o hidratarse, siempre garantizando su bienestar. No es recomendable intervenir por cuenta propia.
Para quienes tengan conejos domésticos, es importante reducir la exposición a insectos vectores y evitar el contacto con fauna silvestre. La vigilancia debe intensificarse durante finales de primavera, verano y otoño, cuando más actividad tienen las pulgas y garrapatas.
