- La sobrepoblación de conejos en Madrid y Guadalajara está arrasando cultivos, sobre todo de cereal, con pérdidas estimadas superiores al 35%.
- El corredor del Henares y la zona suroccidental de Madrid concentran gran parte del problema por la combinación de infraestructuras, zonas urbanas y ausencia de gestión en cauces y espacios degradados.
- ASAJA Madrid y APAG ASAJA Guadalajara alertan de que la plaga ya es también un riesgo para la salud pública por el papel del conejo como vector de enfermedades y la proliferación de garrapatas.
- Las organizaciones reclaman medidas coordinadas y estructurales que vayan más allá de la caza deportiva, incluyendo control poblacional y recuperación de depredadores naturales.

La expansión descontrolada de los conejos en la Comunidad de Madrid y la provincia de Guadalajara se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para el campo. Agricultores de ambas zonas llevan meses denunciando que la presión de esta especie sobre los cultivos ha alcanzado niveles difíciles de asumir, en un contexto en el que los costes de producción ya estaban asfixiando la rentabilidad de muchas explotaciones.
En numerosas fincas cerealistas, los productores se han encontrado con que los brotes recién nacidos han sido literalmente comidos antes de llegar a consolidarse, dejando sembradas enteras sin posibilidad de recuperar la cosecha. A la preocupación económica se suma la sensación de impotencia de muchas familias, que ven peligrar su medio de vida mientras la plaga continúa extendiéndose por zonas agrícolas, periurbanas y corredores de transporte.
Un problema que va mucho más allá de los cultivos
Las organizaciones agrarias APAG ASAJA Guadalajara y ASAJA Madrid han querido subrayar que no se trata de una incidencia puntual ni de daños menores. En una intervención conjunta en la capital, sus presidentes, Juan José Laso y Francisco José García, remarcaron que la situación se ha desbordado hasta el punto de empezar a considerarse también un asunto de salud pública, especialmente en las áreas con mayor densidad de población y de infraestructuras.
Los cálculos realizados a partir de campañas anteriores apuntan a que las pérdidas de cosecha podrían superar el 35% en algunas zonas particularmente castigadas. Para cultivos extensivos como el cereal, donde los márgenes de beneficio ya son ajustados, una caída de producción de ese calibre supone, en la práctica, la ruina de muchas explotaciones que llevan años encadenando malas campañas.
En Guadalajara, las organizaciones agrarias estiman que alrededor de 3.000 hectáreas se han visto ya claramente afectadas, con parcelas prácticamente peladas. Los agricultores explican que en ocasiones han llegado a invertir en labores de siembra, abonado y preparación del terreno para ver después cómo, en cuestión de noches, el paso de los conejos dejaba todo el trabajo sin efecto.
El propio comportamiento de la especie ha contribuido a agravar el problema. El conejo, muy adaptable, ha encontrado refugio en estructuras humanas y espacios poco gestionados, lo que le permite refugiarse durante el día y alimentarse sobre todo de noche. Este hábito nocturno complica detección y control, ya que los daños se aprecian cuando el destrozo ya está hecho.
Corredor del Henares y zona suroccidental de Madrid, entre los focos más tensionados

Uno de los puntos más conflictivos es el corredor del río Henares, que atraviesa áreas de alta actividad económica y demográfica. Según explicó Juan José Laso, se trata de una franja especialmente compleja por la acumulación de autovías, carreteras, líneas de tren, polígonos industriales, zonas urbanizables, núcleos residenciales, parques y áreas verdes con escasa o nula gestión.
En estas zonas, los conejos han encontrado una combinación perfecta para expandirse: refugio en taludes, márgenes de infraestructuras y solares, junto con una oferta constante de alimento en cultivos cercanos. A ello se suma la presencia de arroyos y ríos con sus cauces poco mantenidos, donde proliferan madrigueras y vegetación que dificulta el acceso y la intervención.
La densidad de conejos en este corredor, de acuerdo con los datos del censo LIFE Iberconejo citados por APAG ASAJA Guadalajara, se sitúa entre 50 y 100 ejemplares por kilómetro cuadrado en determinados puntos. Para los agricultores, estos niveles son insostenibles: en cuanto los cultivos brotan, se convierten en un imán para la fauna, que acaba arrasando las plantas más tiernas.
La presidencia de ASAJA Madrid ha señalado que la problemática se extiende a toda la Comunidad, pero que se percibe con más intensidad en la zona suroccidental y, de nuevo, en el corredor del Henares. En algunas fincas de estas áreas, los daños han llegado a ser tan severos que los propietarios ya dan la campaña por perdida, sin posibilidad de recuperar la producción prevista.
Francisco José García ha insistido en que el momento actual es especialmente delicado: el periodo de siembra y de primeros estadios de desarrollo de los cultivos es justamente cuando las plantas son más vulnerables. Si la presión de los conejos no se reduce en estas semanas, muchas explotaciones no lograrán consolidar sus siembras de cereal.
Riesgos para la salud pública y entornos imposibles de transitar

La preocupación de las organizaciones agrarias no se limita al impacto económico. Tanto APAG ASAJA Guadalajara como ASAJA Madrid han recalcado que la actual sobrepoblación de conejos tiene implicaciones directas en materia de salud pública, sobre todo en un entorno tan habitado como el que rodea al corredor del Henares y las áreas periurbanas de Madrid.
El conejo es conocido por su papel como vector en la transmisión de la leishmaniasis, una enfermedad que puede afectar tanto a personas como a animales domésticos. Las organizaciones recuerdan el brote registrado en Fuenlabrada a partir de 2009, considerado uno de los mayores episodios de leishmaniasis en humanos de Europa, y advierten de que un escenario de densidades tan elevadas facilita que puedan repetirse situaciones similares si no se actúa con previsión.
A esta preocupación se añade la proliferación de garrapatas en áreas con abundante fauna silvestre y vegetación sin gestionar. Los agricultores alertan de que muchos parajes, caminos y márgenes de ríos podrían convertirse en espacios muy incómodos e incluso peligrosos para pasear en los próximos meses, tanto para los residentes como para quienes acuden a disfrutar del entorno natural con sus perros u otras mascotas.
Las zonas afectadas combinan campos de cultivo con polígonos industriales, vertederos ilegales, parques y zonas verdes donde miles de personas viven y pasean a diario. Esta convivencia tan estrecha entre espacios urbanos y fauna silvestre sin un control adecuado alimenta el temor a que los problemas sanitarios vayan en aumento si la densidad de conejos continúa creciendo sin freno.
Los representantes agrarios sostienen que no se puede abordar este asunto como algo meramente rural, ya que la presencia de conejos y otros vectores en las inmediaciones de urbanizaciones, avenidas y áreas recreativas impacta también en la seguridad y bienestar de la población, más allá del daño directo a los cultivos.
Carencias en la gestión del territorio y actuaciones iniciales
Entre los factores que explican la magnitud del problema, ASAJA Madrid señala directamente a la falta de mantenimiento en cauces y márgenes fluviales. Según su presidente, muchos ríos y arroyos presentan taludes y vegetación en los que el conejo encuentra un refugio perfecto, y los agricultores denuncian que ni se acometen las labores de limpieza necesarias ni se les permite hacerlo por su cuenta.
La existencia de vertederos incontrolados, escombreras y solares abandonados en los entornos periurbanos agrava esa situación. En estos espacios, la fauna encuentra huecos para excavar madrigueras y un cierto aporte de alimento, mientras que los depredadores naturales suelen estar ausentes o muy limitados por la fragmentación del hábitat y la presión humana.
Ante el aumento de daños, las autoridades madrileñas han comenzado a impulsar algunas medidas en los puntos más críticos. Según ha adelantado ASAJA Madrid, se han iniciado capturas de conejos en varias carreteras comarcales, autorizadas por la Comunidad de Madrid y coordinadas con la Dirección General de Carreteras y la Dirección General de Biodiversidad.
Estas actuaciones son valoradas como un primer paso, pero las organizaciones agrarias consideran que todavía resultan claramente insuficientes para frenar la expansión de la plaga. Lo que se está haciendo en zonas concretas del sur de la región, subrayan, debería ampliarse de manera coherente al resto de áreas con densidades elevadas de conejos, coordinando a todas las administraciones implicadas.
Los agricultores piden que este tipo de medidas no se limiten a intervenciones puntuales, sino que formen parte de planes de gestión continuados en el tiempo, que incluyan control de fauna, trabajos de limpieza en cauces, retirada de vertidos ilegales y una mejor planificación de los espacios periurbanos para reducir los refugios donde los conejos proliferan sin control.
¿Es suficiente la caza para controlar la plaga?
En muchas zonas afectadas por la plaga, la presencia humana constante, la proximidad de viviendas, infraestructuras y polígonos industriales limita enormemente las posibilidades de caza con seguridad. Además, el ritmo de reproducción del conejo y su capacidad para aprovechar huecos en taludes, setos y escombreras hacen que los descensos logrados por batidas puntuales se compensen rápidamente.
Las organizaciones agrarias insisten en la necesidad de combinar distintos enfoques: controles poblacionales selectivos, mejora del hábitat para favorecer depredadores naturales como rapaces o pequeños carnívoros, y una planificación territorial que reduzca los espacios de refugio sin gestión.
Para los agricultores, la situación actual es la conclusión de años en los que la fauna cinegética ha crecido al margen de un verdadero planteamiento de equilibrio entre conservación, actividad agraria y seguridad sanitaria. De ahí que reclamen que se actúe ya declarando amplias áreas como zonas de emergencia cinegética, lo que permitiría agilizar permisos y ampliar los periodos de control del conejo más allá de la mera temporada de caza deportiva.
En paralelo, abogan por fomentar un modelo de gestión de fauna más integral, en el que se tengan en cuenta tanto las necesidades de los ecosistemas como la supervivencia económica de las explotaciones agrícolas, y donde la responsabilidad se reparta entre administraciones, propietarios y otros agentes del territorio.
La plaga de conejos que golpea Madrid y Guadalajara se ha convertido en un síntoma de problemas más profundos: un territorio sometido a gran presión humana, con infraestructuras y vertederos que ofrecen refugio a la fauna, una gestión insuficiente de cauces y márgenes, y un campo que acumula dificultades económicas. Mientras los agricultores ven cómo sus cultivos de cereal se pierden y su futuro se complica, las organizaciones agrarias advierten de que el riesgo ya no se limita a las cosechas, sino que afecta también a la salud pública y a la convivencia en las zonas periurbanas. La respuesta que se dé en los próximos meses, combinando control poblacional, mejora del hábitat y coordinación institucional, marcará si este episodio queda en una crisis coyuntural o se consolida como un problema crónico en el centro peninsular.
