- Dos delfines en Santa Marta recogen plásticos y los entregan a sus cuidadores.
- El comportamiento surgió por aprendizaje por observación, sin entrenamiento directo.
- Forman parte de A Mar Abierto, programa que refuerza instintos naturales en mar abierto.
- La acción conecta con la crisis de contaminación plástica que afecta al Caribe y a especies marinas.

En el litoral de Santa Marta, dos delfines llamados Blue y Martín han llamado la atención al recuperar botellas, cuerdas y otros plásticos que flotan y entregárselos al equipo del Centro de Vida Marina.
Ambos ejemplares forman parte del programa A Mar Abierto, una iniciativa de conservación que ha visto cómo su conducta va más allá de lo habitual: no se trata de un truco inducido, sino de una práctica que nació sola durante sus salidas al mar.
Cómo surgió este comportamiento

El personal explica que la conducta apareció de manera espontánea: los delfines observaron cómo los cuidadores retiraban residuos del agua y comenzaron a imitarlos durante las jornadas en mar abierto.
Ángela Dávila, directora de Bienestar Animal del Centro de Vida Marina, subraya que no hubo un protocolo específico para enseñarlo; más bien, respondió a la capacidad de aprendizaje social y a la curiosidad propia de la especie, reforzando su vínculo con el entorno.
Cuando Blue y Martín localizan objetos que no encajan con el paisaje marino —como plásticos, botellas o trozos de soga—, los acercan a los entrenadores. El equipo supervisa cada interacción para evitar riesgos y garantizar el bienestar de los animales.
Este hábito se considera un comportamiento emergente: surge de la dinámica entre animales, ambiente y manejo humano, sin una orden directa y con foco en seguridad y salud.
Qué es A Mar Abierto y qué persigue
El programa A Mar Abierto busca fortalecer capacidades naturales de los delfines bajo cuidado humano mediante salidas regulares al Caribe, recorridos por arrecifes y prácticas de caza y navegación. El contacto frecuente con el océano es clave en su planteamiento.
- Enriquecimiento ambiental: experiencias variadas, diurnas y nocturnas, que fomentan exploración y estimulan los sentidos.
- Refuerzo de instintos: ejercicios que promueven la toma de decisiones y la práctica de habilidades de supervivencia.
- Bienestar animal: seguimiento físico y conductual, con prioridad absoluta a la seguridad durante cada salida.
En este marco, recoger basura no es una meta en sí, sino una señal del ajuste de Blue y Martín a un medio cambiante, y de su notable plasticidad cognitiva.
La contaminación plástica en cifras
Los especialistas enlazan lo observado con un problema global: según Naciones Unidas, más de 11 millones de toneladas de plástico llegan cada año a los océanos y podrían triplicarse para 2040 si no se toman medidas.
El impacto alcanza a cientos de especies marinas —se estima que supera las 800— y también al ser humano. En el Caribe colombiano, estudios recientes han detectado microplásticos en peces de consumo y en corales, con efectos potenciales en cadenas alimentarias y economías costeras.
Por qué importa lo que hacen Blue y Martín
Que dos delfines retiren residuos del agua no resolverá por sí solo el problema, pero tiene un valor pedagógico enorme: visibiliza la basura marina y anima a no tirar desperdicios, separar correctamente y reducir plásticos de un solo uso.
El Centro de Vida Marina mantiene la observación de la conducta y ajusta protocolos para proteger a los animales, compartiendo buenas prácticas con la comunidad y reforzando actividades de cuidado ambiental.
Las interacciones con fauna silvestre deben ser siempre responsables: este tipo de acciones ocurren bajo supervisión y criterios de bienestar, evitando manipulaciones indebidas y alimentación no autorizada.
Blue y Martín se han convertido en un recordatorio práctico de que la conservación empieza con gestos cotidianos: si el mar está limpio, todos ganamos.
