Así es el dinosaurio más pequeño del mundo hallado en Burgos

Última actualización: 3 febrero 2026
  • Identificada en Vegagete (Burgos) la nueva especie Foskeia pelendonum, el dinosaurio ornitópodo más pequeño conocido.
  • Medía entre 50 y 60 cm de longitud, menos de 30 cm de altura y tenía un cráneo de solo 5,5 cm.
  • El estudio de unos 800 huesos la sitúa como eslabón clave en la evolución de los rabdodóntidos y en el debate sobre Phytodinosauria.
  • El hallazgo refuerza el valor paleontológico de la Sierra de la Demanda y del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes.

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La Sierra de la Demanda vuelve a colocar a Burgos en el mapa mundial de la paleontología con la presentación de un diminuto dinosaurio herbívoro descubierto en el yacimiento de Vegagete, muy cerca de Villanueva de Carazo. Esta nueva especie, bautizada como Foskeia pelendonum, ha sido reconocida como el dinosaurio ornitópodo más pequeño descrito hasta ahora, lo que la convierte en una pieza especialmente llamativa dentro del registro fósil europeo.

Lejos de la imagen clásica de los grandes colosos del Jurásico, este animal cabía prácticamente en los brazos: medía entre 50 y 60 centímetros de longitud, no superaba los 30 centímetros de altura y su cráneo rondaba los 5,5 centímetros. A pesar de su reducido tamaño, los especialistas subrayan que se trata de un hallazgo de enorme calado científico, tanto por su anatomía excepcional como por las implicaciones que tiene para entender la evolución de los dinosaurios herbívoros en Europa.

Un hallazgo en Vegagete que reescribe la historia de los ornitópodos

El descubrimiento de Foskeia pelendonum se remonta a 1998, cuando las excavaciones en el yacimiento de Vegagete sacaron a la luz una gran cantidad de pequeños fragmentos óseos. El trabajo paciente del Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas (CAS) permitió ir recuperando, a lo largo de años de campañas, alrededor de 800 restos fosilizados.

Según detalla el equipo, unos 350 de esos huesos han podido asignarse con seguridad a al menos seis individuos diferentes, que abarcan desde crías hasta ejemplares adultos. Todo apunta a que formaban una pequeña manada que se movía en grupo por la zona hace unos 125 millones de años, en plena primera mitad del Cretácico.

Los fósiles se conservaron en buen estado, aunque la mayoría aparecieron muy fragmentados y de un tamaño minúsculo, lo que complicó notablemente la labor de identificación y reconstrucción anatómica. Aun así, el esfuerzo ha dado resultado: hoy se puede trazar con bastante precisión cómo era este animal y qué lugar ocupa en el árbol evolutivo de los dinosaurios.

El estudio que define a la especie está liderado por el paleontólogo Paul-Émile Dieudonné, investigador de la Universidad Nacional de Río Negro (Argentina), en colaboración con el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes y científicos de universidades de Argentina, Brasil, España y Bélgica. El trabajo se ha publicado en la revista especializada Papers in Palaeontology, lo que da una idea del impacto que tiene el hallazgo en la comunidad científica.

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El dinosaurio más pequeño de su grupo: medidas de «miniatura»

Los datos obtenidos de los distintos esqueletos permiten hacerse una idea bastante clara de las proporciones de este animal. El cráneo, de unos 5,5 centímetros de longitud, coronaba un cuerpo que no pasaba de los 60 centímetros de largo, con una altura estimada inferior a los 30 centímetros a la cruz. En términos cotidianos, se movía en un rango de tamaño similar al de un conejo grande o un perro muy pequeño.

Estas cifras sitúan a Foskeia pelendonum como el ornitópodo más pequeño conocido hasta la fecha. Los ornitópodos forman un grupo de dinosaurios herbívoros muy diverso, que incluye desde formas ligeras y ágiles hasta especies de mayor tamaño. En este caso, el diminuto herbívoro burgalés marca el límite inferior conocido para el grupo.

Los restos analizados indican, además, que no se trata de ejemplares juveniles de una especie mayor, sino de animales que, en su edad adulta, seguían siendo de talla muy reducida. La confirmación procede de estudios histológicos de los huesos, que muestran individuos ya maduros con esa misma pequeña dimensión corporal.

Otra particularidad es que las extremidades posteriores muestran un crecimiento muy rápido y una morfología especialmente esbelta en los adultos. Esa configuración sugiere que el animal no estaba diseñado para correr largas distancias, sino más bien para realizar esprints cortos y veloces hasta zonas seguras cuando aparecía un depredador en el horizonte.

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Un cráneo ancho, dientes traseros poderosos y una masticación muy peculiar

Si hay un elemento que ha llamado la atención de los investigadores es el cráneo. Su forma general difiere de manera notable de otros dinosaurios ornitópodos. Es especialmente ancho en la zona posterior y presenta una mandíbula robusta, preparada para anclar una musculatura masticadora potente.

Los análisis detallados muestran que los dientes situados en la parte delantera de la boca son muy pequeños y apenas funcionales, mientras que los posteriores son relativamente grandes y están preparados para soportar la mayor parte del esfuerzo de trituración. Esta combinación apunta a una nueva forma de masticación, adaptada a vegetales con cierta dureza, que habría permitido al animal aprovechar recursos alimentarios quizá menos accesibles para otros herbívoros de su entorno.

Otro rasgo llamativo es la ausencia de ranfoteca: Foskeia no contaba con la típica envoltura córnea en el extremo del hocico, similar al pico de las aves actuales, que sí presentan otros ornitópodos. Varios huesos del cráneo exhiben, además, características anatómicas únicas que refuerzan la idea de que estamos ante un linaje muy singular dentro del grupo.

Para los paleontólogos, esta combinación de rasgos -dientes frontales reducidos, potente batería dental posterior y mandíbula muy desarrollada- sugiere que el animal habría compensado su pequeño tamaño con una masticación especialmente eficiente. De este modo podía procesar plantas de textura más dura, probablemente compartiendo ecosistema con herbívoros de mayor talla que explotaban otros tipos de vegetación.

El minucioso trabajo de reconstrucción del cráneo, a partir de fragmentos milimétricos, ha sido uno de los mayores retos de la investigación. Los especialistas tuvieron que ensamblar pequeñas piezas como si se tratara de un rompecabezas tridimensional, algo que se alargó durante años hasta lograr un modelo anatómico fiable.

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De bípedo a cuadrúpedo: un cambio de marcha según la edad

Más allá del cráneo, el estudio del fémur y de las extremidades ha revelado un patrón de locomoción poco habitual en los dinosaurios. Los investigadores interpretan que los ejemplares más jóvenes se desplazaban sobre dos patas, mientras que los adultos adoptaban una postura principalmente cuadrúpeda.

Esta transición vital -pasar de bípedo a cuadrúpedo con la edad- es uno de los aspectos que más interés ha despertado. Los datos indican que, a medida que el animal crecía, sus proporciones corporales cambiaban y las patas delanteras ganaban protagonismo en el soporte del peso. Ello podría estar relacionado tanto con una mayor estabilidad al alimentarse cerca del suelo como con una forma más eficiente de moverse con un cuerpo ya completamente desarrollado.

El análisis de varios fémures de distinta talla, correspondientes a individuos de edades diferentes, ha permitido identificar cómo variaba la forma del hueso a lo largo del crecimiento. Ese patrón refuerza la hipótesis de un cambio progresivo de la locomoción, en lugar de tratarse de simples variaciones individuales.

Los investigadores señalan también que las extremidades del adulto eran largas y finas, lo que concuerda con la idea de un animal capaz de reaccionar rápido pero poco resistente en esfuerzos prolongados. En un ecosistema con depredadores mayores, esa combinación de pequeñez y velocidad puntual podría haber sido clave para su supervivencia.

Esta información sobre la marcha de Foskeia tiene, además, una consecuencia más amplia: invita a reconsiderar cómo se representaban los rabdodóntidos del Cretácico superior, que hasta ahora se ilustraban a menudo como dinosaurios bípedos. El nuevo estudio apunta a que probablemente fueron cuadrúpedos durante toda su vida.

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Una pieza clave en la evolución de los rabdodóntidos y el debate sobre Phytodinosauria

El valor científico de Foskeia pelendonum va mucho más allá de su talla. Esta especie se sitúa como un eslabón primitivo en la evolución de los rabdodóntidos, un grupo de dinosaurios herbívoros que vivieron en el Cretácico superior, entre hace unos 80 y 65 millones de años, principalmente en Europa.

Hasta ahora, los rabdodóntidos se consideraban un «linaje fantasma»: se conocían bien sus representantes más recientes, pero faltaban datos sobre sus antepasados. La nueva especie burgalesa, con una antigüedad de unos 125 millones de años, llena parte de ese vacío y ayuda a trazar un origen más claro para el grupo.

Este pequeño dinosaurio también ha servido para replantear antiguas hipótesis sobre el tamaño de los rabdodóntidos. Durante años se defendió que su menor estatura era consecuencia de procesos de enanismo insular, asociados a ecosistemas con recursos limitados. Sin embargo, el hecho de que Foskeia, mucho más antiguo, ya fuera diminuto, apoya la idea contraria: esos dinosaurios habrían partido de formas pequeñas y habrían ido aumentando de tamaño a lo largo de millones de años, en un contexto de menor presión por parte de los depredadores.

El trabajo de Dieudonné y su equipo incluye además uno de los análisis filogenéticos más amplios realizados hasta el momento sobre dinosaurios ornitisquios. De ese estudio surge la propuesta de un nuevo grupo, denominado Rhabdodontia, que engloba a estos herbívoros y en el que Foskeia ocupa una posición especialmente importante.

Pero quizá el punto más controvertido del artículo es que recupera la hipótesis del clado Phytodinosauria. Según esta propuesta, los dinosaurios herbívoros -ornitisquios y saurópodos- estarían más estrechamente emparentados entre sí que con los terópodos carnívoros. Esto supone cuestionar la división clásica entre saurísquios y ornitisquios, dominante durante décadas en los manuales de paleontología.

Los autores subrayan que los datos aportados por Foskeia pelendonum obligan a reconsiderar seriamente esa vieja hipótesis, planteando una separación muy temprana entre dinosaurios principalmente herbívoros y carnívoros en la base del grupo Dinosauria. Aunque el debate está lejos de cerrarse, el diminuto dinosaurio burgalés se ha colado en el centro de una discusión científica de primer nivel.

Burgos y la Sierra de la Demanda, un «Jurassic Park» a escala europea

El hallazgo de Foskeia pelendonum no es un caso aislado. La Sierra de la Demanda acumula ya tres especies de dinosaurios descritas formalmente a partir de fósiles recuperados en la comarca: la nueva especie, el saurópodo Demandasaurus darwini y el gigante Europatitan eastwoodi.

Demandasaurus está considerado el primer rebaquisáurido descrito en el hemisferio norte, un saurópodo diplodocoide del Cretácico que abrió una ventana inédita sobre este tipo de dinosaurios en Europa. Por su parte, Europatitan ha sido descrito como uno de los dinosaurios más altos encontrados en el continente, con estimaciones de hasta 16 metros de altura, 27 metros de longitud y unas 35 toneladas de peso.

Junto a ellos, en los yacimientos de la zona también se han identificado otros fósiles singulares, como el lagarto Arcanosaurus ibericus, la tortuga fósil Laraechulus morla o icnitas muy particulares, entre ellas las huellas atribuidas a Iniestapodus burguensis y las espectaculares impresiones en relieve del apodado «Atila».

Todo este conjunto de hallazgos ha llevado a que muchos investigadores se refieran a la comarca como un auténtico «Jurassic Park» burgalés, un territorio donde afloran restos de dinosaurios con relativa frecuencia gracias a la geología de la zona y al trabajo continuado de equipos científicos y voluntariado.

El centro neurálgico de esta actividad es el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, que alberga el holotipo de Foskeia pelendonum y buena parte del material fósil recuperado en la Sierra de la Demanda. A pesar de su tamaño modesto y de las limitaciones presupuestarias, el museo se ha convertido en un punto de referencia internacional para el estudio del Cretácico europeo.

Un proyecto científico en el medio rural con proyección internacional

La descripción de Foskeia pelendonum coincide con el 25 aniversario del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, inaugurado en 2001. Desde entonces, el centro ha ido acumulando colecciones, proyectos y colaboraciones con instituciones de todo el mundo, hasta consolidarse como un referente científico en pleno medio rural.

El director del museo, Fidel Torcida Fernández-Baldor, ha destacado en varias ocasiones que muchos especialistas internacionales se desplazan hasta Salas para estudiar estos fósiles, convencidos de la relevancia que tienen para comprender la evolución de los dinosaurios en Europa. Según explica, ya desde el primer momento se intuyó que los huesos de Vegagete eran excepcionales por su morfología y diminuto tamaño.

Aun así, el proyecto se enfrenta a retos importantes. Las instalaciones actuales se han quedado pequeñas para albergar adecuadamente todo el material, y algunas excavaciones de gran potencial, como la de Torrelara, se han visto frenadas por falta de financiación. Las instituciones locales insisten en la necesidad de un impulso más decidido para aprovechar el tirón científico y turístico de este patrimonio.

Para el Ayuntamiento de Salas de los Infantes y su entorno, hallazgos como el de Foskeia son también motivo de orgullo colectivo. Demuestran que un proyecto sostenido en el tiempo, apoyado en gran parte por el esfuerzo de un pequeño equipo y el compromiso de la comunidad, puede situar a una localidad de menos de diez mil habitantes en la agenda de la paleontología internacional.

La nueva especie, cuyo nombre recuerda a los pelendones, la tribu celtíbera que habitó estas tierras, refuerza además el vínculo entre el patrimonio natural y el histórico de la comarca, integrando pasado geológico y pasado humano en un mismo relato.

Con todo ello, el diminuto Foskeia pelendonum se ha convertido en un símbolo de la singular riqueza paleontológica de Burgos y de la Sierra de la Demanda: un dinosaurio del tamaño de un pequeño animal doméstico que, sin embargo, aporta claves de gran calibre sobre la evolución de los herbívoros, reabre debates clásicos sobre la clasificación de los dinosaurios y vuelve a poner los focos de la investigación internacional sobre un rincón de la España rural donde aún quedan muchos fósiles por contar su historia.

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