El dinosaurio de Río Negro era más grande de lo previsto: así era el Bonapartenykus ultimus

Última actualización: 8 mayo 2026
  • Nuevos estudios confirman que el Bonapartenykus ultimus de Río Negro superaba en tamaño a sus parientes del hemisferio norte.
  • Los fósiles proceden del yacimiento Arriagada III, en Salitral Ojo de Agua, cerca de General Roca, y se conservan en el Museo Provincial Carlos Ameghino.
  • El dinosaurio alcanzaba unos 3,5 metros de longitud, con patas traseras cortas pero robustas y fuerte musculatura en los hombros.
  • La presencia de huesos neumatizados, similares a los de las aves actuales, aporta pistas sobre su evolución en la Patagonia tras la fragmentación de los continentes.

Restos de dinosaurio de Río Negro

El reciente análisis de unos restos fósiles hallados en la provincia de Río Negro ha permitido ajustar al alza el tamaño estimado de uno de los dinosaurios menos conocidos de la Patagonia: el Bonapartenykus ultimus. Lejos de ser un ejemplar pequeño, como se pensó en un principio, los nuevos datos apuntan a un animal de dimensiones considerables dentro de su grupo.

Este trabajo, desarrollado por especialistas argentinos y dado a conocer por la Dirección de Patrimonio y Museos de la Secretaría de Cultura rionegrina, no solo corrige las medidas del dinosaurio, sino que también ofrece información detallada sobre su anatomía, su modo de vida probable y la particular evolución que siguió en el extremo sur del antiguo supercontinente.

Un dinosaurio patagónico que creció más de lo previsto

El protagonista de esta investigación es el Bonapartenykus ultimus, un dinosaurio terópodo procedente de sedimentos de la Patagonia argentina. Hasta hace poco se pensaba que este linaje había tendido a reducir su tamaño, pero los nuevos estudios muestran que el ejemplar de Río Negro se desmarca de esa tendencia.

Según los resultados publicados en la revista científica Historical Biology, los individuos de esta especie presentes en la región alcanzaban aproximadamente 3,5 metros de longitud. Esta cifra lo sitúa por encima de las estimaciones iniciales y lo coloca como uno de los representantes de mayor talla dentro de su grupo en el hemisferio sur.

Las conclusiones se apoyan en el análisis conjunto de varios elementos óseos, entre ellos vértebras del cuello y la cola, así como huesos de la cintura pectoral y de las extremidades. La combinación de estas piezas ha permitido proponer una reconstrucción corporal bastante ajustada, pese a que el esqueleto no está completo.

Los investigadores subrayan que, aunque la especie comparte rasgos generales con parientes del hemisferio norte, su tamaño superior y su constitución más fornida sugieren una trayectoria evolutiva propia, condicionada por las particularidades ambientales de la Patagonia.

Un hallazgo clave en el yacimiento Arriagada III

Los huesos estudiados proceden del yacimiento Arriagada III, en Salitral Ojo de Agua, una zona rica en restos de dinosaurios situada en las cercanías de la ciudad de General Roca, en Río Negro. Este lugar se ha consolidado como uno de los puntos de referencia para reconstruir el ecosistema que dominó esta parte de la Patagonia hace millones de años.

El hallazgo inicial de los fósiles de Bonapartenykus ultimus se produjo en 2012, cuando un equipo de paleontólogos localizó varias piezas esqueléticas que, tras un análisis preliminar, fueron atribuidas a un terópodo de pequeño a mediano tamaño. Con el paso del tiempo, el aumento del material recuperado permitió replantear esa primera impresión.

Actualmente, los restos se conservan bajo resguardo en el Museo Provincial Carlos Ameghino, en Cipolletti, donde permanecen catalogados y disponibles para futuras líneas de investigación. Esta institución provincial juega un papel central en la preservación del patrimonio fósil rionegrino y en la difusión de los conocimientos paleontológicos entre la ciudadanía.

El nombre de la especie, Bonapartenykus ultimus, rinde tributo al reconocido paleontólogo argentino José F. Bonaparte, figura clave en el estudio de los dinosaurios sudamericanos. El epíteto específico «ultimus» alude, entre otras interpretaciones, a su pertenencia a uno de los linajes tardíos de este grupo en la región.

A lo largo de varias campañas en Arriagada III se han identificado no solo huesos aislados, sino también restos complementarios que han permitido asociar diferentes piezas al mismo tipo de dinosaurio. Esta acumulación gradual de material ha sido esencial para afinar las medidas y la descripción anatómica del ejemplar.

Tecnología de rayos X para reconstruir su anatomía

A comienzos de 2025, el equipo investigador recurrió a técnicas de difracción de rayos X para examinar en detalle los nuevos fragmentos fósiles recuperados en la zona. Esta metodología, habitual en estudios de materiales pero cada vez más extendida en paleontología, facilita conocer la composición mineral y el estado de preservación de los huesos.

Gracias a estos análisis se confirmó que otros restos hallados en el entorno de Arriagada III pertenecían también a Bonapartenykus ultimus y no a distintas especies, como se había planteado en un principio. De este modo, se pudo incorporar más material al mismo esqueleto de referencia o, al menos, al mismo tipo de dinosaurio.

Las observaciones con rayos X ayudaron a reconstruir con mayor precisión sectores clave de su cuerpo, en especial el cuello, la cola y la cintura pectoral. Estos elementos son fundamentales para estimar la longitud total del animal, su postura habitual y la forma en que distribuía el peso corporal.

La comparación con ejemplares similares de otras regiones permitió ajustar proporciones corporales y plantear hipótesis sobre su modo de desplazarse. Todo apunta a un dinosaurio bípedo, con una estructura robusta pero ágil, capaz de moverse con solvencia en los ambientes abiertos que caracterizaban a aquella Patagonia prehistórica.

Además, el uso combinado de técnicas tradicionales de laboratorio y herramientas más avanzadas, como la difracción de rayos X, refuerza la idea de que el estudio de los fósiles puede beneficiarse de enfoques cada vez más interdisciplinarios, en los que la física, la geología y la biología convergen para esclarecer el pasado.

Huesos con aire: una característica compartida con las aves

Uno de los rasgos que más ha llamado la atención del equipo científico es la presencia de huesos neumatizados en el esqueleto del Bonapartenykus ultimus. Estos huesos presentan cavidades internas llenas de aire, un patrón que hoy en día se observa con claridad en las aves.

La neumatización ósea se asocia habitualmente a una reducción del peso del esqueleto y a la integración del sistema respiratorio con la estructura ósea. En el caso de este dinosaurio de Río Negro, sugiere una adaptación que pudo favorecer la movilidad y la eficiencia respiratoria, incluso en un animal de tamaño medio.

Este tipo de características refuerza el vínculo evolutivo entre los dinosaurios terópodos y las aves actuales, una relación ampliamente aceptada por la comunidad científica. El Bonapartenykus ultimus se suma así a la lista de especies que muestran transiciones anatómicas clave en la historia de este grupo.

Los fósiles analizados evidencian cavidades internas en diferentes huesos, lo que implica que el sistema de sacos aéreos, típico de las aves, pudo tener ya un grado significativo de desarrollo en estos dinosaurios. Aunque no se puede reconstruir con absoluta precisión, los investigadores apuntan a un modelo respiratorio avanzado en comparación con otros reptiles.

Este hallazgo se enmarca en una línea de trabajo más amplia que busca comprender cómo evolucionaron la respiración, la locomoción y la termorregulación en los dinosaurios, aspectos esenciales para explicar su éxito durante millones de años y su legado en las aves de hoy.

Una anatomía compacta y musculosa

Más allá del tamaño global del animal, el estudio pone el foco en su contextura física. A diferencia de algunos parientes del hemisferio norte, que muestran extremidades gráciles y proporciones más alargadas, el Bonapartenykus ultimus patagónico aparece como un dinosaurio de cuerpo compacto.

Los datos publicados señalan que sus extremidades posteriores eran relativamente cortas pero muy robustas, lo que sugiere una fuerte musculatura adaptada a soportar empujes potentes y movimientos rápidos en distancias cortas. Este tipo de anatomía podría haber sido útil para maniobrar en terrenos irregulares o para realizar arranques bruscos.

Del mismo modo, la región de los hombros presenta indicios de una musculatura especialmente desarrollada. Esta característica apunta a unas extremidades anteriores funcionales, posiblemente empleadas en tareas como excavar, manipular el suelo o interactuar con el entorno de maneras aún por precisar.

En conjunto, la imagen que se desprende es la de un dinosaurio no excesivamente alto, pero de cuerpo sólido y bien proporcionado, capaz de combinar fuerza y estabilidad. Este perfil físico encaja con un animal que debía enfrentarse a condiciones ambientales exigentes y a la competencia con otros vertebrados del ecosistema patagónico.

La combinación de patas traseras fuertes, hombros robustos y huesos aligerados por cavidades de aire dibuja un equilibrio entre resistencia y ligereza interna, un diseño anatómico que habría favorecido la supervivencia del linaje en un entorno cambiante.

Evolución diferenciada en la Patagonia

Los autores de la investigación sostienen que, tras la fragmentación de los continentes, el linaje al que pertenece Bonapartenykus ultimus siguió en la Patagonia un camino evolutivo distinto al de sus parientes del hemisferio norte. Mientras en otras regiones la tendencia fue hacia cuerpos más pequeños y estilizados, en Río Negro se mantuvo o incluso se incrementó la robustez.

Esta divergencia se explicaría por una combinación de factores ambientales, como la disponibilidad de recursos, la presencia de depredadores y competidores, y las condiciones climáticas propias del sur. La selección natural habría favorecido a los individuos con mayor fuerza y resistencia, capaces de aprovechar mejor el entorno.

Este patrón no es exclusivo de este dinosaurio: numerosos estudios señalan que la Patagonia funcionó como un para muchos grupos de vertebrados mesozoicos, que desarrollaron formas y tamaños distintos a los de sus equivalentes en otros continentes.

En el caso concreto de Bonapartenykus ultimus, la combinación de tamaño medio-grande, huesos neumatizados y robustez muscular encaja con una estrategia adaptativa centrada en maximizar la eficiencia energética sin renunciar a la potencia física. Este equilibrio habría resultado ventajoso en un ecosistema donde las condiciones podían ser exigentes.

Las conclusiones obtenidas a partir de los restos de Río Negro se suman a otros hallazgos patagónicos que, poco a poco, están redefiniendo la imagen de los dinosaurios del sur, mostrando una diversidad mayor de la que se sospechaba hace apenas unas décadas.

El retrato que ofrecen estos fósiles de Río Negro es el de un dinosaurio patagónico más grande y más fuerte de lo que se creía, con huesos aligerados por aire y una musculatura bien desarrollada que lo diferenciaban de sus parientes del norte. Los trabajos en el yacimiento Arriagada III y en el Museo Carlos Ameghino, apoyados en técnicas como la difracción de rayos X, están permitiendo afinar cada vez más los detalles de su anatomía y su evolución, y abren la puerta a nuevas investigaciones que seguirán completando el puzzle de la vida prehistórica en la región.

Hallan en La Rioja uno de los dinosaurios más antiguos del mundo
Related article:
Hallan en La Rioja un dinosaurio de los más antiguos del planeta