La subasta del triceratops «Trey» agita el mercado de fósiles

Última actualización: 5 marzo 2026
  • El esqueleto de triceratops "Trey" se subasta en línea del 17 al 31 de marzo en la plataforma Joopiter.
  • La pieza, valorada entre 4,5 y 5,5 millones de dólares, estuvo casi 30 años expuesta en un museo de Wyoming.
  • El auge de las subastas de dinosaurios, con récords como "Apex" o "Stan", impulsa su consideración como activo de inversión.
  • Paleontólogos alertan de que la fuga de fósiles a colecciones privadas puede limitar la investigación científica.

subasta del triceratops Trey

Después de pasar más de 66 millones de años enterrado y casi tres décadas bajo los focos de un museo, el triceratops apodado «Trey» vuelve a cambiar de escenario: deja la sala de exposiciones para convertirse en protagonista de una subasta internacional que está llamando la atención de coleccionistas, museos y aficionados a los dinosaurios en todo el mundo.

El fósil, que hasta hace poco era una de las piezas más reconocidas del Wyoming Dinosaur Center en Thermopolis, se ofrece ahora al mejor postor en Joopiter, la plataforma de subastas creada por el artista y productor Pharrell Williams. Su precio estimado, de entre 4,5 y 5,5 millones de dólares, lo sitúa de entrada entre los ejemplares de dinosaurio más caros del mercado actual.

Quién es «Trey» y cómo llegó a la subasta

«Trey» es el esqueleto completo de un triceratops, un herbívoro de gran tamaño que vivió a finales del periodo Cretácico, poco antes de la extinción masiva que acabó con los dinosaurios no avianos. El ejemplar fue descubierto en 1993 en las cercanías de Lusk, en el estado de Wyoming (Estados Unidos), por Lee Campbell y el ya fallecido Allen Graffham, un paleontólogo comercial conocido por sus numerosos hallazgos.

El animal, de unos 5,3 metros de longitud, fue preparado y montado para su exhibición y debutó ante el público en 1995, durante la gran inauguración del Wyoming Dinosaur Center en Thermopolis. Desde entonces, y hasta 2023, permaneció en el museo en calidad de préstamo, convirtiéndose en uno de los reclamos más llamativos para los visitantes y en una imagen habitual en las fotografías de escolares y turistas.

Tras casi tres décadas en la institución, el esqueleto cambió de manos en una venta privada reciente. Ese movimiento ha sido el paso previo a su entrada en el circuito internacional de subastas, un entorno en el que los grandes fósiles de dinosaurios se han consolidado como activos muy codiciados.

En la actualidad, «Trey» se encuentra en Singapur, donde puede visitarse de forma privada hasta finales de marzo, mientras se desarrolla el proceso de venta. La plataforma Joopiter ha organizado estas visitas como una forma de acercar la pieza a posibles compradores y a un público selecto interesado en paleontología y coleccionismo de alto nivel.

Para el paleontólogo Andre LuJan, que ha trabajado estrechamente con Joopiter en la preparación del fósil para la puja, este triceratops tiene algo que lo diferencia de otras piezas que llegan al mercado: su larga trayectoria de exhibición pública y su impacto en la divulgación científica.

fósil de triceratops Trey en subasta

Un fósil con componente cultural y vocación de museo

Según LuJan, «Trey» no es solo un esqueleto bien conservado, sino un fósil con carga simbólica y un fuerte componente cultural. Durante los años que estuvo en exposición en Wyoming, el triceratops fue una de las paradas obligatorias para el público infantil, y muchos menores conocieron por primera vez el mundo de la paleontología delante de este mismo esqueleto.

El especialista subraya que este tipo de piezas, al estar tanto tiempo en museos, generan vínculos emocionales con la comunidad que no siempre se dan en otros fósiles que pasan casi directamente del yacimiento a una colección privada. En el caso de «Trey», miles de visitantes han podido contemplarlo en vivo, lo que refuerza su condición de icono educativo del museo de Thermopolis.

A pesar de tratarse de una propiedad privada desde su hallazgo, LuJan insiste en que la intención declarada es que el esqueleto acabe de nuevo en una institución pública o de acceso abierto. Su referencia es el caso de «Apex», un estegosaurio subastado también por una cifra récord que hoy se exhibe en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York gracias a un acuerdo de préstamo a largo plazo firmado por su comprador.

Estos modelos de colaboración, basados en la coexistencia entre inversión privada y función pública, se han convertido en una suerte de solución intermedia en un mercado en el que los precios tienden a dejar fuera de juego a muchos museos, sobre todo los de menor presupuesto en Europa y otras regiones.

Fechas, plataforma y cifras de la subasta de «Trey»

La subasta de este triceratops se celebra entre el 17 y el 31 de marzo a través de Joopiter, la plataforma digital impulsada por Pharrell Williams. Esta casa de subastas en línea, relativamente reciente si se la compara con firmas tradicionales, ha apostado por piezas con “resonancia cultural”, un concepto que agrupa desde arte contemporáneo hasta objetos históricos y, ahora, grandes fósiles.

El rango de salida fijado para «Trey» se sitúa entre 4,5 y 5,5 millones de dólares. En un mercado al alza y con compradores dispuestos a pujar fuerte por piezas únicas, no se descarta que el precio final pueda superar con creces la estimación inicial, como ya ha ocurrido con otros especímenes de dinosaurio.

La directora global de ventas de Joopiter, Caitlin Donovan, interpreta este interés como parte de un cambio de tendencia: muchos coleccionistas de alto nivel estarían desplazando parte de sus inversiones desde categorías clásicas, como pinturas de maestros antiguos, hacia bienes que generan más conversación social y mediática, entre ellos los dinosaurios.

El auge del mercado de fósiles de dinosaurios

La venta de «Trey» llega en un momento en el que el mercado de fósiles de dinosaurios atraviesa su particular edad de oro. Lo que hace unas décadas quedaba casi exclusivamente en manos de universidades y museos públicos, se ha transformado en un segmento muy cotizado del coleccionismo internacional.

Uno de los casos más comentados fue la subasta, en 2024, de los restos de un estegosaurio apodado «Apex». La pieza alcanzó los 44,6 millones de dólares, pulverizando el récord que, hasta entonces, ostentaba «Stan», un esqueleto de Tyrannosaurus rex vendido en 2020 por 31,8 millones de dólares. Estas cifras han situado a los dinosaurios al nivel de algunas obras maestras del arte en términos de valor económico.

A este fenómeno se suman otros ejemplos: en una puja organizada por Sotheby’s, un raro esqueleto de dinosaurio joven, que partía con una estimación de entre 4 y 6 millones de dólares, acabó adjudicándose por más de 30 millones tras una intensa batalla de ofertas. Este tipo de resultados alimenta la percepción de que los grandes fósiles son un activo de inversión con potencial de revalorización.

Expertos como Andre LuJan señalan que los dinosaurios “siempre han cautivado la imaginación colectiva”, y que esa fascinación se está traduciendo ahora en un interés financiero creciente. No solo se trata de poseer un objeto científico singular, sino de incorporar a la colección una pieza que genera repercusión pública y un relato potente.

Inversión privada versus acceso científico

El despliegue de capital alrededor de estos fósiles no está exento de críticas. Numerosos paleontólogos temen que este boom de precios acabe expulsando a los museos públicos de las grandes compras, con el consiguiente riesgo de que ejemplares relevantes terminen en colecciones privadas sin acceso para la comunidad científica.

La paleontóloga Kristi Curry Rogers, del Macalester College de Minnesota, advierte de que muchos centros de investigación y museos sencillamente no pueden competir con las ofertas procedentes de grandes fortunas y fondos de inversión. En su opinión, la consecuencia inmediata es que algunos de los fósiles mejor conservados se vuelven inalcanzables para la ciencia.

Rogers insiste en que, si un espécimen entra en una colección particular sin que se garantice un acceso estable y duradero, gran parte de la información que contiene puede perderse, desde datos sobre su anatomía hasta detalles sobre el entorno en el que vivió. En el ámbito europeo, donde muchos museos dependen de presupuestos públicos ajustados, este escenario resulta especialmente preocupante.

Frente a estas inquietudes, voces como la de LuJan resaltan que no todos los compradores privados actúan del mismo modo. En los últimos años se han multiplicado los casos en los que los nuevos propietarios firman acuerdos de préstamo a largo plazo con grandes instituciones, permitiendo que los fósiles se estudien y se exhiban en museos, tanto en Estados Unidos como en otras regiones, incluida Europa.

Un cambio de paradigma en la propiedad de los dinosaurios

La trayectoria de «Trey» encaja en lo que algunos especialistas describen como un cambio de paradigma en la forma de entender la posesión de fósiles. La compraventa de dinosaurios ya no se percibe solo como una operación comercial, sino como un proceso en el que entran en juego la responsabilidad social, la divulgación científica y la conservación del patrimonio natural.

Según LuJan, cada vez más compradores se inclinan por fórmulas “benévolas”: préstamos indefinidos a museos de prestigio, cesiones a instituciones emergentes o incluso donaciones completas, una vez pasado cierto tiempo. Este enfoque permite compatibilizar la inversión privada con el acceso público y científico a las piezas.

Modelos como el de «Apex» —que tras ser adquirido se exhibe en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York— sirven de referencia para futuras operaciones, incluida la de «Trey». Aunque el destino final del triceratops todavía no se ha hecho público, las declaraciones de quienes participan en la subasta apuntan a que el objetivo es que el esqueleto vuelva a ser visible para el gran público y accesible a la comunidad investigadora.

En este contexto, la venta de «Trey» no solo refleja el interés económico por los dinosaurios, sino que ilustra cómo la sociedad está redefiniendo el papel de los grandes fósiles: entre objeto de inversión, herramienta educativa y patrimonio científico que conviene preservar más allá de las modas del mercado.

La historia de este triceratops, desde su hallazgo en Wyoming hasta su paso por Singapur y su salto a una subasta global, resume bien las tensiones actuales del sector: la fuerza de la demanda privada, la fragilidad del acceso académico y, al mismo tiempo, la búsqueda de fórmulas que permitan que piezas únicas como «Trey» sigan inspirando a nuevas generaciones de futuros paleontólogos y manteniendo viva la curiosidad por la vida prehistórica.

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