Protoceratops

Se han descubiertos muchos Protoceratops en Mongolia

El Protoceratops es un género extinto perteneciente a la familia Protoceratopsidae, que está formado por los primeros dinosaurios con cuernos. No obstante, el Protoceratops carecía de cuernos bien desarrollados. Medía entre 1,5 a 2 metros, un tamaño similar al de una oveja. Vivió a hace unos 75 a 71 millones de años, a finales del Cretácico, en la actual Asia. La característica más desctacable de este herbívoro es su gola grande en el cuello, que seguramente servía para protegerse. La palabra «Protoceratops» proviene del griego y significa «primera cara con cuernos».

En el año 1923, W. K. Gregory y Walter Granger lo describieron y fue considerado inicialmente como el ancestro directo de ceratopsianos de Norteamérica. A día de hoy se conocen dos especies pertenecientes a este género: El Protoceratops andrewis y el Protoceratops hellenikorhinus. En la década de los años 20, Roy Chapman Andrews encontró huevos fosilizados en Mongolia. Primero se pensó que estos pertenecían al Protoceratops. Sin embargo, más tarde resultaron ser de Oviraptor.

Descripción del Protoceratops

El Protoceratops tenía un tamaño similar al de una oveja

Este dinosaurio tenía una longitud de aproximadamente 1,8 metros y un peso de 60 kilos. De altura podía llegar a los 60 centímetros hasta la cruz. Puesto que han descubiertos muchos individuos juntos, los expertos especulan que el Protoceratops vivía en manadas. Además, al existir una notable diferencia de tamaño y en la forma de algunos de los huesos craneales, es posible que existiera cierto dimorfismo sexual entre machos y hembras.

La boca del Protoceratops tenía un pico afilado con mandíbulas prominentes capaces de ejercer una gran fuerza. Sus dientes eran grandes y estaban bien adaptados para poder masticar la vegetación que en aquella época era bastante resistente. La cola era gruesa y tenía una longitud considerable. Mediante la reconstrucción del esqueleto de este animal se especula que fue cuadrúpedo. No obstante, lo más destacable de este animal era su gran placa en la cabeza. Es probable que la utilizara para protegerse y para el cortejo durante la época de apareamiento.

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El Protoceratops poseía una gola ósea ubicada en la parte posterior de la cabeza. Esta gola tenía dos grandes fenestras parietales. Además, en la zona de las mejillas sobresalían huesos yugales grandes. No obstante, la forma y el tamaño de la gola varía en cada espécimen. Algunos individuos tenían golas largas y otros las tenían mas compactas y cortas.

Reproducción del Protoceratops

El Protoceratops vivía en manadas

Durante los años 20, Roy Chapman Andrews halló los primeros fósiles de huevos de dinosaurios en Mongolia. Cada uno de los huevos tenía un diámetro de aproximada 20 centímetros, por lo que se especula que la cría recién nacida debía de medir unos 30 centímetros de largo. Como estos restos fueron descubiertos cerca de fósiles de Protoceratops, se asignaros como pertenecientes a este género.

Curiosamente se encontró el esqueleto del terópodo Oviraptor en uno de los nidos. Debido a este hallazgo, los paleontólogos pensaban que este dinosaurio contemporáneo al Protoceratops se alimentaba de sus huevos. Además, el cráneo de ese esqueleto estaba aplastado. De ello dedujeron que se trata de una lesión provocada por un Protoceratops enojado que estaba protegiendo su nido. No obstante, en el año 1933 se descubrió un embrión dentro del huevo. Más adelante, este embrión resultó ser un Oviraptor y no un Protoceratops. Por lo tanto, el descubrimiento original resultó ser realmente un Oviraptor empollando en vez de un intento fallido de alimentarse de huevos.

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De todas formas se han descubierto agrupaciones de nidos pertenecientes al Protoceratops. Debido a ello, es probable que este dinosaurio viviera en manadas o con una organización familiar. Tras nacer, las crías de estos herbívoros tenían una longitud de unos 30 centímetros. Los padres los alimentaban hasta que tenían cierta autonomía.

El Protoceratops y el mito de los grifos

El Protoceratops es el origen de las leyendas y los mitos acerca de los grifos

Muchos han escuchado hablar de unas criaturas míticas llamadas grifos. Se trata de animales del tamaño de un león que tienen garras enormes y un pico parecido al de las aves rapaces. Según las leyendas, ponen sus nidos en el suelo y son capaces de volar con sus alas.

Adrienne Mayor, una investigadora de la historia científica y el folklore, sugiere que los fósiles de Protoceratops y de otros dinosaurios con picos podrían ser el origen del mito del grifo. Según ella, es probable que los antiguos nómadas escitas pudieron encontrar restos de estos animales al extraer oro en los montes Tien Shan y Altái de Asia central. Posiblemente dedujeron a partir del pico que se trataba de bestias voladoras enormes y los bautizaron como grifos.

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Aproximadamente en el año 675 a. C., los griegos entraron en contacto con los escitas y sus escritores comenzaron a describir a esta criatura alada. Los grifos fueron considerados guardianes del oro en las formaciones de piedra roja y en las colinas áridas de las tierras yermas. Como las montañas vecinas de la región en la que fueron hallados muchos de los fósiles pertenecientes el Protoceratops son ricas en oro, esta teoría obtiene cierto crédito. Se puede decir pues que .


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