- Tres especies de elefantes y todas en la Lista Roja de la UICN, con descensos acusados en África y Asia.
- Principales amenazas: caza furtiva por marfil en África y pérdida de hábitat y conflictos en Asia.
- Cifras clave: de 12 millones a unos 400.000 en un siglo; alrededor de 415.000 africanos en libertad.
- Respuestas: leyes (CITES), acciones de conservación, y soluciones de coexistencia como colmenas y corredores.
El Día Mundial del Elefante pone el foco en la situación de estos gigantes, cuya población global se ha desplomado desde unos 12 millones a alrededor de 400.000 en apenas un siglo, según estimaciones de organismos internacionales. Esta efeméride busca impulsar conciencia y acción ante amenazas que varían por continente: furtivismo y comercio de marfil en África y pérdida de hábitat y conflictos en Asia.
La jornada congrega a ONG, científicos y autoridades para revisar datos, compartir experiencias y coordinar medidas. De WWF a IFAW, pasando por la UICN y CITES, múltiples actores trabajan para frenar la caída de las poblaciones y favorecer la coexistencia entre comunidades humanas y elefantes.
Solamente tres especies y todas en riesgo

En el mundo sobreviven tres especies: elefante de sabana (Loxodonta africana), elefante de bosque (Loxodonta cyclotis) y elefante asiático (Elephas maximus). La UICN cataloga al primero como “En peligro”, al segundo como “En peligro crítico” y al asiático como “En peligro”, reflejando una tendencia regresiva sostenida desde 2008.
Los datos más recientes apuntan a caídas severas: en treinta años habría desaparecido cerca del 90% de los elefantes de bosque y, en unas cinco décadas, alrededor del 60% de los de sabana. En Asia quedarían menos de 40.000 elefantes, con focos críticos como Borneo, donde sobreviven alrededor de mil ejemplares.
Según cifras manejadas por entidades como IFAW, en África quedan en torno a 415.000 elefantes entre sabana y bosque. Aunque algunos lugares muestran tendencias positivas, el balance continental sigue siendo frágil y requiere protección activa y financiación sostenida.
Una caída que desordena los ecosistemas

Los elefantes actúan como ingenieros del ecosistema: abren claros en los bosques, crean corredores de fauna y facilitan que la luz llegue al sotobosque. Con sus desplazamientos y alimentación dispersan semillas a gran distancia, ayudando a regenerar la vegetación y a mantener la diversidad.
Sus pisadas pueden formar pequeñas charcas donde prosperan renacuajos y microfauna, y al derribar ramas facilitan alimento a otros animales. Estudios recientes sugieren que la recuperación de sus poblaciones favorecería mayores sumideros de carbono, con beneficios climáticos y económicos de alcance global.
Desde un punto de vista biológico, son longevos y sociales: pueden vivir hasta 65 años; las hembras alcanzan la pubertad en torno a los 11 y gestan durante unos 22 meses. En condiciones ideales, las poblaciones podrían crecer a ritmos notables, pero el contexto actual limita su capacidad de recuperación.
Asia: pérdida de hábitat y conflictos crecientes

En Asia, la principal amenaza es la fragmentación del hábitat provocada por la expansión agrícola, ganadera y de infraestructuras (carreteras, canales, vallados). Esta presión altera las rutas migratorias históricas, reduce el acceso a alimento y agua y aumenta los encuentros con comunidades rurales.
Cuando escasean recursos, los elefantes pueden entrar en cultivos, generando daños económicos y riesgo para las personas. En regiones del sur y sureste del país se ha documentado un aumento de incidentes; en paralelo, se promueven soluciones de convivencia como corredores ecológicos, sistemas de alerta temprana y compensaciones.
También se trabaja para reducir el uso de elefantes en turismo o trabajos en malas condiciones, reforzando estándares de bienestar y opciones de reubicación en santuarios, con la finalidad de disminuir la extracción de crías del medio natural.
África: el marfil sigue alimentando la caza furtiva

En África, la persecución por el comercio ilegal de marfil continúa siendo un desafío importante. La prohibió en 1989 el comercio internacional, y aunque esa medida redujo la presión, desde 2010 se ha observado un recrudecimiento de la demanda en varios mercados.
Las estimaciones indican que cada año los furtivos matan más de 20.000 elefantes para obtener colmillos, piel o carne. La prohibición del comercio interno en China en 2018 ayudó a bajar precios y demanda, pero persisten rutas de tráfico en diferentes países, lo que requiere controles aduaneros efectivos y sanciones disuasorias.
Datos, iniciativas y ejemplos de coexistencia

Mientras África enfrenta una situación delicada, existen focos de recuperación en lugares como Gabón, la República del Congo o la región de Kavango-Zambeze. En Sudáfrica, con unos 44.000 elefantes de sabana, las autoridades y expertos han dialogado sobre estrategias para equilibrar conservación y .
En Kenia, se impulsan soluciones prácticas: cercados con colmenas que disuaden a los elefantes al mover las cajas, o cambios en cultura agrícola (como hacia sésamo), reduciendo daños y generando ingresos a partir de la miel. Dichas medidas buscan disminuir la tensión y mejorar la aceptación social.
La respuesta global combina leyes, patrullas, tecnología, educación y desarrollo local. Organizaciones como AWF, junto a redes internacionales, promueven , expansión de áreas protegidas, vigilancia y campañas para reducir la demanda de marfil, además de ofrecer apoyo económico a .