Nueva especie de erizo descubierta en el mar argentino

Última actualización: 31 marzo 2026
  • Identifican en el cañón submarino Mar del Plata un nuevo género y especie de erizo de mar, Bathycidaris argentina, nunca antes registrado.
  • El pequeño erizo violeta vive entre 1100 y 1950 metros de profundidad y presenta cuidado parental y un papel ecológico clave.
  • El hallazgo se logró tras más de una década de campañas oceanográficas argentinas y análisis morfológicos y genéticos avanzados.
  • El cañón Mar del Plata se confirma como zona de alta biodiversidad del Atlántico sur, cuya protección resulta prioritaria.

nueva especie de erizo en el mar argentino

En una franja profunda y oscura del mar argentino, un grupo de especialistas ha confirmado la existencia de un nuevo género y una nueva especie de erizo de mar que no figuraba en ningún registro científico previo. Se trata de un organismo diminuto, de tonalidades violetas, que habita a más de mil metros de profundidad en el cañón submarino Mar del Plata, uno de los enclaves más desconocidos y a la vez más ricos en biodiversidad del Atlántico sur.

El descubrimiento, resultado de más de una década de campañas oceanográficas y de un minucioso trabajo de laboratorio, no solo añade una pieza al puzle de la fauna de aguas profundas, sino que también subraya la importancia estratégica de los fondos marinos argentinos para la ciencia internacional y la conservación marina en el contexto del Atlántico sur y su conexión con otras cuencas, incluidas las de interés para Europa.

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Un erizo diminuto que estrena género y especie

El protagonista de este hallazgo ha sido bautizado como Bathycidaris argentina, un nombre que combina la referencia a las grandes profundidades donde vive (del griego bathys, profundo) con el término latino cidaris, empleado históricamente para este grupo de erizos, y un epíteto específico que rinde homenaje al país en cuyas aguas fue encontrado. La elección del nombre, lejos de ser un detalle menor, refleja el papel de la ciencia argentina en el estudio del mar profundo.

Este erizo de mar presenta un tamaño extremadamente reducido: los ejemplares analizados alcanzan hasta unos 2 centímetros de ancho y cerca de 1 centímetro de alto, sin contar las espinas. Su cuerpo, de color violeta oscuro, está cubierto por espinas primarias relativamente gruesas y por estructuras defensivas especializadas llamadas pedicelarios globíferos, que se emplean tanto para la protección como para mantener limpio el cuerpo del animal.

La confirmación de que se trataba de una especie completamente nueva no fue inmediata. El equipo investigador combinó análisis morfológicos clásicos con estudios de ADN, comparando cada rasgo de los ejemplares con los de todas las especies descritas de erizos de mar. Solo tras descartar cualquier coincidencia posible se propuso la creación de un género nuevo y una especie nueva para integrarlos en la familia Ctenocidaridae.

El estudio que formaliza la descripción de Bathycidaris argentina fue publicado en The Zoological Journal of the Linnean Society, una de las revistas de zoología más reconocidas a nivel global, lo que sitúa al hallazgo en el radar de la comunidad científica internacional, incluida la europea, interesada en las conexiones biogeográficas del Atlántico sur.

Detrás de este trabajo se encuentran el investigador Jonathan Flores, becario postdoctoral del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET), junto a Martín Brogger del mismo instituto y Mariano Martínez del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACNBR-CONICET). Su colaboración ha permitido integrar experiencia taxonómica, trabajo de campo y genética moderna en un mismo proyecto.

erizo de mar de aguas profundas

Un vecino del abismo: cómo es el hábitat del cañón Mar del Plata

El nuevo erizo vive en un entorno que, a simple vista, podría parecer completamente hostil. El cañón submarino Mar del Plata se sitúa en el borde externo del mar argentino, al sur de la desembocadura del Río de la Plata, y se interna unos 250 kilómetros mar adentro desde la costa bonaerense, descendiendo hasta casi 4000 metros de profundidad.

En esas cotas, el ambiente está dominado por la oscuridad absoluta, temperaturas muy bajas y una presión enorme que aplastaría sin problema a la mayoría de organismos de superficie. Sin embargo, la compleja topografía del cañón y la interacción de diferentes corrientes marinas que funcionan como corredores biológicos lo convierten en una auténtica zona caliente de biodiversidad, comparable, salvando las distancias, a otros grandes cañones submarinos que se estudian en aguas europeas.

Desde el inicio de las campañas científicas en 2012, los investigadores han registrado en esta zona decenas de especies nuevas de corales de aguas frías, crustáceos, caracoles y estrellas de mar, entre otros grupos. El cañón actúa como un punto de encuentro de masas de agua procedentes de regiones lejanas, lo que favorece que especies de distintos orígenes lleguen, se mezclen y, en algunos casos, queden aisladas y evolucionen por su cuenta.

Los análisis genéticos realizados con Bathycidaris argentina indican que mantiene parentesco con otros erizos de la familia Ctenocidaridae> presentes en regiones subantárticas y antárticas. Esta conexión sugiere que el cañón funciona como enlace biogeográfico entre ecosistemas fríos del sur del planeta, un aspecto de gran interés para quienes estudian las rutas de dispersión de especies marinas a escala global.

Al mismo tiempo, el trabajo revela que la diversidad dentro de Ctenocidaridae es más compleja de lo que se pensaba. Varias de las especies analizadas no se agrupan genéticamente como preveían las clasificaciones tradicionales, lo que obliga a replantear la sistemática y las relaciones de parentesco en esta familia de erizos, algo con implicaciones para los estudios de fauna de aguas profundas también en otros océanos.

Un comportamiento sorprendente: cuidado parental y refugio viviente

Más allá de su apariencia y su localización geográfica, Bathycidaris argentina ha llamado la atención por su biología y comportamiento. A diferencia de muchos erizos de mar de aguas someras, esta especie presenta un sistema de cuidado parental muy marcado, una estrategia poco habitual en el grupo.

Las observaciones realizadas por el equipo muestran que las hembras retienen los embriones alrededor de la boca y los protegen cuidadosamente con sus espinas hasta que los pequeños erizos se desarrollan lo suficiente como para vivir de forma independiente. Esta forma de incubación supone un alto coste energético para el adulto, pero aumenta de forma notable las posibilidades de que las crías sobrevivan en un entorno tan extremo.

Otro rasgo clave tiene que ver con el papel ecológico de sus espinas primarias. Estas estructuras, además de servir como defensa frente a posibles depredadores, actúan como soporte para otros organismos. En las muestras analizadas se han observado pepinos de mar, gusanos poliquetos y colonias de hidrozoos adheridos a las espinas, utilizando al erizo como un pequeño “islote” de sustrato firme en medio de un fondo dominado por el fango.

Este comportamiento convierte a Bathycidaris argentina en una especie estructuradora de su microhábitat: al ofrecer superficie donde fijarse, contribuye a incrementar la diversidad de invertebrados en el entorno inmediato. En términos ecológicos, es un recordatorio de que incluso los organismos más pequeños pueden desempeñar funciones clave en los ecosistemas de aguas profundas.

Comprender estos detalles no es sencillo, ya que el acceso directo al fondo marino sigue siendo limitado. Gran parte de la información se reconstruye a partir de las características anatómicas y de la comparación con especies afines, aunque el uso creciente de robots submarinos, cámaras especiales y nuevas tecnologías de muestreo empieza a proporcionar observaciones directas que enriquecen las hipótesis y abren nuevas líneas de investigación.

Diez años de campañas para llegar a una especie nueva

El hallazgo de esta nueva especie no fue un golpe de suerte aislado, sino el resultado de un programa continuado de exploración del talud continental argentino. Las primeras muestras en las que aparecía Bathycidaris argentina se obtuvieron durante las campañas oceanográficas Talud Continental I, II y III, realizadas entre 2012 y 2013 a bordo del buque oceanográfico Puerto Deseado del CONICET.

Durante estas expediciones se emplearon diferentes artes de pesca adaptadas a grandes profundidades, que se lanzaban a más de mil metros y permanecían horas en el fondo antes de ser izadas de nuevo a cubierta. Los científicos describen esa espera como un momento de incertidumbre constante: a veces el equipo regresaba repleto de vida y sedimentos, otras volvía prácticamente vacío, sin más que unas pocas muestras.

Una vez en el laboratorio, comenzaba la fase quizá menos espectacular, pero absolutamente decisiva: el análisis detallado de cada organismo recogido. En el caso del nuevo erizo, se realizaron estudios morfológicos minuciosos, evaluando la forma del caparazón, la disposición de las espinas y la estructura de los pedicelarios, y se combinaron con pruebas genéticas que permitieron situar con precisión la especie dentro del árbol evolutivo de los erizos de mar.

Los investigadores reconocen que la sensación de estar ante una especie posiblemente nueva es difícil de describir: se trata de un equilibrio entre el entusiasmo y la prudencia, ya que la confirmación definitiva exige comparar el material con todos los registros previos y descartar coincidencias con otras especies descritas, tanto en el hemisferio sur como en colecciones de referencia de instituciones europeas y de otros continentes.

Solo cuando los datos morfológicos y moleculares encajaron y mostraron un patrón consistente, el equipo propuso la creación del género y la especie, inscribiendo así a Bathycidaris argentina en la literatura científica y añadiendo un nuevo elemento a la lista de fauna conocida del océano profundo.

Un mar profundo lleno de incógnitas y un reto para la conservación

El mar profundo ocupa más del 95 % del volumen de los océanos de la Tierra y, pese a ello, sigue siendo el hábitat menos explorado del planeta. El caso del cañón Mar del Plata ilustra bien hasta qué punto la biodiversidad de estas zonas es aún muy poco conocida y cómo cada campaña puede revelar organismos que jamás se habían descrito.

Los científicos implicados en el estudio subrayan que el talud continental argentino debe considerarse un reservorio de vida excepcional, cuyo conocimiento es todavía fragmentario. Según señalan, es muy probable que una parte significativa de la diversidad de aguas profundas permanezca oculta, no solo en el Atlántico sur, sino también en otros márgenes continentales del mundo, incluidos los europeos, donde exploraciones similares están empezando a sacar a la luz fauna inédita.

El descubrimiento de Bathycidaris argentina refuerza la idea de que la exploración del fondo marino no es un lujo científico, sino una necesidad para comprender el funcionamiento global de los océanos. Estos sistemas están estrechamente vinculados a procesos como el ciclo del carbono, la regulación del clima y el transporte de nutrientes, de modo que lo que sucede en regiones remotas y profundas puede tener repercusiones a escala planetaria.

Al mismo tiempo, el mar profundo se enfrenta a presiones crecientes derivadas de la actividad humana: desde la exploración y posible explotación de recursos minerales y energéticos en fondos marinos, hasta los efectos del cambio climático y la alteración de corrientes oceánicas. Sin un conocimiento adecuado de los ecosistemas afectados, resulta muy difícil evaluar el impacto real de estas actividades.

Los autores del trabajo insisten en un mensaje claro: no se puede conservar aquello que no se conoce. Por eso, sostener en el tiempo las campañas oceanográficas, la financiación de proyectos de investigación y la colaboración internacional entre centros de América y Europa se vuelve clave para diseñar estrategias de protección eficaces en zonas de alta biodiversidad como el cañón Mar del Plata.

La identificación de Bathycidaris argentina resume en un solo caso lo que ocurre cuando la exploración de largo recorrido, la taxonomía clásica y las técnicas genéticas más avanzadas se combinan en un mismo objetivo: se revelan especies insospechadas, se replantean árboles genealógicos enteros y se pone de relieve que el mar profundo del Atlántico sur —con conexiones biogeográficas hacia otras cuencas, incluida la europea— sigue guardando un número considerable de secretos, cuya comprensión será decisiva para gestionar y proteger los océanos en las próximas décadas.