Extracción de estrellas de mar en Cancún: alerta ambiental, turismo y delito federal

Última actualización: 20 febrero 2026
  • La extracción de estrellas de mar en Cancún y el Caribe mexicano es una práctica ilegal que puede implicar de 1 a 9 años de prisión y fuertes multas.
  • Las estrellas de mar son especies clave para el equilibrio de los arrecifes y su manipulación o muerte masiva provoca daños graves e invisibles en el ecosistema marino.
  • Autoridades federales y municipales han reforzado la vigilancia en playas de Cancún y otros destinos turísticos para combatir el saqueo y el tráfico de ejemplares para souvenirs.
  • Organizaciones ambientales reclaman más protección legal y piden a turistas y ciudadanos evitar comprar o extraer fauna marina como estrellas, conchas o caracolas.

extracción de estrellas de mar en Cancún

La extracción de estrellas de mar en Cancún se ha convertido en uno de los focos de atención ambiental más comentados en el Caribe mexicano. En los últimos meses, varios vídeos difundidos en redes sociales han mostrado cómo estos animales marinos son sacados del agua, manipulados e incluso sacrificados para ser vendidos como adornos, lo que ha encendido las alarmas entre autoridades, científicos y defensores del medio ambiente.

Lejos de ser un simple incidente aislado, los casos que se han hecho virales han puesto sobre la mesa un problema mucho más amplio: el saqueo sistemático de estrellas de mar y otros organismos costeros en destinos turísticos como Cancún, Cozumel, Isla Mujeres u Holbox. Todo ello reabre el debate sobre el turismo responsable, la presión del mercado de souvenirs y la necesidad de reforzar la vigilancia y las sanciones para frenar el deterioro de los ecosistemas marinos.

Videos virales que destapan la extracción de estrellas de mar en Cancún

El detonante de la última oleada de indignación fue la difusión de videos grabados frente a la zona hotelera de Cancún, en playas cercanas al hotel Temptation Cancun Resort. En las imágenes se aprecia a un hombre sobre una pequeña balsa retirando del agua decenas de estrellas de mar vivas, para después «limpiarlas» utilizando una varilla, arrancándoles órganos y tejidos.

Otro de los vídeos, compartido por turistas y usuarios de plataformas como TikTok y Facebook, muestra al mismo individuo en la orilla, con varias estrellas fuera del mar y un cuchillo en la mano, supuestamente para matarlas y prepararlas como piezas decorativas. La escena, según testigos, fue grabada en una playa muy transitada de la zona hotelera de Cancún, donde el hombre habría justificado su conducta alegando que «no hay veda» y que las estrellas son «para adorno».

La reacción en redes fue inmediata: usuarios, turistas y colectivos ambientalistas denunciaron el daño ecológico y recordaron que las estrellas de mar no son simples objetos, sino animales vivos cuya extracción está restringida por la legislación mexicana. La presión social obligó a las autoridades locales a pronunciarse y a iniciar actuaciones de vigilancia y coordinación con instancias federales.

Según relató la Dirección General de Ecología del municipio de Benito Juárez, tras recibir la denuncia y conocerse el video, inspectores y personal de Capitanía de Puerto y la Secretaría de Marina acudieron a la zona señalada para verificar los hechos. Aunque no lograron localizar al presunto infractor durante el operativo, el incidente sirvió para reforzar los recorridos de supervisión en playas y advertir que este tipo de acciones podrían constituir un delito federal.

Por qué sacar estrellas de mar del agua es tan dañino

Detrás de lo que a simple vista podría parecer un gesto inofensivo para tomarse una foto o llevarse un recuerdo del viaje, se esconde un impacto biológico muy serio. Especialistas en vida marina y organizaciones científicas recuerdan que las estrellas de mar son criaturas extremadamente delicadas, cuya fisiología está adaptada por completo a la vida bajo el agua.

Cuando se las extrae del mar, incluso por un periodo muy breve, sufren estrés extremo, deshidratación y asfixia. Al no poder respirar aire como otros animales, la exposición al ambiente fuera del agua puede matarlas en cuestión de minutos. Además, los cambios bruscos de temperatura y presión les provocan daños internos e intoxicaciones que, en la mayoría de los casos, resultan fatales.

Más allá del daño individual a cada ejemplar, los expertos subrayan que las estrellas de mar cumplen un rol clave en el equilibrio de los ecosistemas. Participan en el control de poblaciones de moluscos y otros invertebrados, contribuyen a mantener la estabilidad de los arrecifes y de los fondos marinos y forman parte de cadenas tróficas complejas. Su extracción masiva, ya sea para artesanías, acuarios o simples recuerdos, implica un desequilibrio que rara vez se percibe a corto plazo, pero que puede alterar por completo el funcionamiento de un arrecife.

De ahí la insistencia de biólogos y ambientalistas en que la norma no es «tócalas rápido y devuélvelas», sino que lo responsable es no manipularlas ni sacarlas de su hábitat. La recomendación es clara: admirarlas desde la distancia, en su entorno natural, sin interferir en su comportamiento ni someterlas a estrés innecesario.

Un mercado ilegal que va más allá de Cancún

Los vídeos virales han puesto el foco en Cancún, pero las investigaciones existentes apuntan a un mercado mucho más amplio en todo México. De acuerdo con un estudio de la organización internacional Traffic y su proyecto Seahorse, en el país existe un comercio importante de estrellas de mar que involucra al menos 22 especies, con especial presencia de la Pisaster ochraceus (estrella ocre) y la Oreaster reticulatus (estrella cojín).

Con base en entrevistas a pescadores, intermediarios y comercios, se estima que alrededor de 880.000 estrellas de mar se extraen de forma ilegal cada año. Muchas de ellas se recolectan a mano en zonas turísticas y arrecifales del Caribe mexicano, el Golfo de California y el Pacífico, y terminan en acuarios, tiendas de artesanías, mercados de souvenirs e incluso en exportaciones hacia Estados Unidos y otros países.

En el Caribe mexicano, donde se encuentra Cancún, se han identificado aproximadamente 46 especies de estrellas de mar, entre ellas géneros como Astropecten, Luidia, Pharia, Phataria y Heliaster. A nivel nacional, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) y especialistas de la UNAM calculan que México alberga unas 230 especies de estrellas de mar, es decir, cerca del 12 % de todas las variedades conocidas en el mundo, lo que convierte al país en un área de gran relevancia para la conservación de este grupo.

El negocio no se limita a las playas. En mercados del centro de Cancún, como el conocido Mercado 23, es posible encontrar estrellas de mar secas a precios que pueden rondar desde poco más de 20 pesos mexicanos las más pequeñas, hasta 120 o 150 pesos las de mayor tamaño. En plataformas de venta en línea, los precios varían, pero en muchos casos no superan los 200 o 300 pesos por ejemplar o por colecciones que incluyen también conchas y caracolas.

Sin embargo, en zonas de alta afluencia turística, especialmente en la zona hotelera, los precios se disparan y una sola pieza puede llegar a venderse por cientos de pesos o incluso superar el umbral de los mil. Esta diferencia revela una cadena comercial en la que los pescadores o recolectores reciben cantidades relativamente pequeñas en comparación con los importes que pagan los turistas, muchos de ellos sin conocer el impacto ambiental ni la ilegalidad de este comercio.

Zonas críticas de tráfico de estrellas de mar en el Caribe mexicano

Las autoridades y organizaciones ambientales han identificado varios puntos calientes de extracción y comercio de estrellas de mar dentro del Caribe mexicano. Además de Cancún, destacan áreas como El Cielo en Cozumel, Isla Mujeres, Holbox y Bahía de la Ascensión, esta última ubicada dentro de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an.

En esos sitios, las aguas cristalinas y la abundancia de fauna marina atraen cada año a miles de visitantes que buscan experiencias de snorkel y contacto directo con la naturaleza. Ese mismo atractivo, sin embargo, ha propiciado que algunos pescadores y comerciantes saquen partido del interés turístico para ofrecer estrellas de mar como souvenirs o elementos decorativos, a menudo exhibidas secas y barnizadas en puestos callejeros o tiendas de artesanías.

La propia investigación de Traffic sugiere que buena parte de las 880.000 estrellas de mar extraídas anualmente sale justamente de este tipo de zonas, donde el acceso es relativamente sencillo y la presencia de cuerpos de vigilancia puede resultar insuficiente. Pese a que no se ha documentado de forma clara la participación del crimen organizado, sí se ha detectado una cadena de intermediarios que se encarga de la distribución hacia comercios locales y mercados de otros estados.

En el caso concreto de Cancún, la actual administración municipal reconoce que la denuncia atendida por extracción de estrellas de mar frente a un hotel de la zona hotelera es la primera que se gestiona de manera formal. Con todo, las autoridades admiten que podrían existir más episodios que no llegan a conocimiento público por falta de denuncias o porque no se graban y difunden en redes.

Esta situación ha llevado a reforzar la colaboración interinstitucional. La Dirección General de Ecología en Benito Juárez ha trabajado de la mano con la Zona Federal Marítimo Terrestre (Zofemat), la Capitanía de Puerto y la Secretaría de Marina (Semar) para intensificar los recorridos y la presencia en playas, con el objetivo de disuadir la extracción ilegal y concienciar a población local y turistas.

Qué dice la ley mexicana sobre la extracción de estrellas de mar

Uno de los puntos que más confusión genera es el marco legal. Algunas de las especies de estrellas de mar todavía no aparecen listadas de manera específica en la NOM-059-SEMARNAT-2010, la norma oficial mexicana que cataloga flora y fauna en distintas categorías de riesgo y protección. Sin embargo, esto no significa que su extracción sea libre o permisible.

La Ley General de Vida Silvestre (LGVS) y la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) regulan la captura, posesión, transporte y aprovechamiento de la fauna silvestre en México, incluidos organismos marinos como conchas, caracoles y estrellas de mar. Estas normas dejan claro que la extracción de organismos vivos, arena y conchas de las costas y playas mexicanas es ilegal cuando se realiza sin los permisos correspondientes.

Además, el Código Penal Federal, en su artículo 420, establece que quien capture, posea, transporte, acopie o comercialice ejemplares de fauna silvestre en categoría de riesgo o protegida, sin la debida autorización, incurre en delito. Las penas contempladas pueden ir de uno a nueve años de prisión, acompañadas de multas de entre 300 y 3.000 días de salario, con incrementos adicionales si se demuestra que la conducta tenía fines comerciales o se realizó dentro de un Área Natural Protegida.

En la práctica, esto implica que la extracción de estrellas de mar destinada a la venta como recuerdos, artesanías o elementos decorativos puede ser perseguida penalmente, aunque el ejemplar concreto no aparezca de manera nominativa en la NOM-059. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) es la instancia facultada para iniciar estos procedimientos, imponer sanciones y coordinar operativos de inspección.

Autoridades locales de Cancún han recordado que, aunque algunas sanciones específicas dependen de Profepa y de la categoría en la que se encuentre la especie, cualquier extracción sin permiso supone una infracción que puede derivar en multas o incluso en cárcel. El mensaje oficial es contundente: las estrellas de mar no pueden ser extraídas ni comercializadas libremente y quienes lo hagan se exponen a consecuencias legales serias.

Respuesta de las autoridades y aumento de la vigilancia en Cancún

A raíz de la polémica generada por los vídeos y denuncias ciudadanas, la Dirección General de Ecología de Benito Juárez informó que la presunta extracción frente a playas de la zona hotelera fue atendida de manera inmediata, incluso antes de que las imágenes se viralizaran masivamente. El reporte formal permitió activar protocolos de coordinación con Capitanía de Puerto y Semar para revisar la zona.

Aunque en el momento de la inspección no se localizó al individuo señalado ni se encontraron ejemplares, el caso se ha utilizado como ejemplo para justificar una intensificación de los recorridos de vigilancia en las playas. Las autoridades insisten en que la colaboración con instancias federales es clave para poder actuar con rapidez y aplicar la legislación ambiental vigente.

En paralelo, se han llevado a cabo reuniones con la Zofemat y otros organismos para establecer estrategias conjuntas que permitan detectar y frenar prácticas nocivas como la extracción de estrellas de mar, la recogida masiva de conchas o la venta irregular de fauna marina en la vía pública. Aunque se reconoce que en Cancún no es, por ahora, una práctica tan extendida como en otros destinos insulares, el objetivo es «mantener la guardia alta» y evitar que el fenómeno se normalice.

Los operativos, no obstante, se enfrentan a ciertas limitaciones. En ocasiones, cuando las autoridades llegan al lugar tras una denuncia, los presuntos infractores ya no tienen ejemplares en su poder, lo que dificulta la imposición de sanciones. Se han documentado casos recientes donde, pese a haberse identificado al pescador, no se le pudo aplicar ninguna sanción por no encontrarse en flagrancia con estrellas o restos de ellas durante la inspección.

Por ello, las autoridades han insistido en la importancia de que la ciudadanía y los turistas colaboren no solo denunciando, sino también evitando la compra de productos que claramente provienen de la fauna silvestre marina. Sin demanda, recalcan, el mercado ilegal pierde sentido y se reduce la presión sobre los ecosistemas.

El papel de organizaciones y expertos: de la denuncia a la propuesta

Las organizaciones ambientales han tenido un papel destacado a la hora de visibilizar el problema y presionar por cambios normativos. Portavoces del Centro para la Diversidad Biológica (CDB), por ejemplo, han subrayado la necesidad de dejar de tratar a las estrellas de mar como simples objetos decorativos o recuerdos turísticos.

Según estos expertos, las estrellas de mar son piezas fundamentales en la salud de los ecosistemas marinos, ya que ayudan a controlar poblaciones de otras especies, intervienen en el reciclaje de nutrientes y contribuyen a la estabilidad de arrecifes y zonas rocosas. Su extracción indiscriminada para fabricar artesanías genera un impacto acumulativo que no siempre es evidente a corto plazo, pero que puede transformar por completo un hábitat.

En este contexto, diversas organizaciones han pedido a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) la realización de estudios técnicos que permitan incluir a más especies de estrellas de mar en la NOM-059, reforzando así su protección legal. Paralelamente, han reclamado a Profepa y a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) que intensifiquen los operativos de inspección en zonas turísticas y puntos de venta donde se comercializan estos organismos.

La comunidad científica, por su parte, insiste en la necesidad de combinar la acción legal con campañas de educación ambiental que expliquen, de forma sencilla, por qué no es buena idea sacar una estrella de mar del agua para hacerse una foto o comprar una seca para colocarla en una estantería. La idea es que tanto residentes como visitantes interioricen que la mejor forma de disfrutar de la fauna marina es observarla sin intervenir.

Este enfoque resulta especialmente relevante en regiones donde la economía local depende en gran medida del turismo. Mantener arrecifes sanos, playas limpias y fauna abundante es, al final, una garantía para la viabilidad a largo plazo del propio destino turístico, lo que sitúa a la conservación como un aliado, y no como un obstáculo, para la actividad económica.

Turismo responsable y responsabilidad compartida

La polémica en Cancún ha reabierto un debate que va más allá de la mera aplicación de multas o del aumento de operativos. Numerosas voces apuntan a que la solución pasa también por replantear ciertos hábitos ligados al turismo de sol y playa y a la forma en que se promocionan las experiencias en destinos costeros.

Por un lado, se pone el acento en la necesidad de que hoteles, operadores turísticos y guías incluyan mensajes claros sobre lo que se puede y no se puede hacer con la fauna marina. Esto abarca desde no extraer animales ni conchas hasta evitar pisar arrecifes, alimentar a peces de forma artificial o manipular especies para fotos. Incluir este tipo de recomendaciones en briefings, folletos o señalización de playa puede marcar la diferencia.

Por otro, se apela a la responsabilidad individual de quienes visitan estos lugares. Optar por no comprar souvenirs elaborados con estrellas de mar, corales o conchas, preguntar por el origen de los productos y denunciar prácticas abusivas son pequeños gestos que, sumados, pueden reducir significativamente la presión sobre los ecosistemas costeros.

En paralelo, se abre la puerta a promover alternativas económicas para las comunidades que actualmente dependen de la venta de estos productos. Programas de reconversión, formación en actividades turísticas sostenibles y apoyo a artesanías que no utilicen fauna silvestre se plantean como vías para que los ingresos no estén ligados al saqueo del entorno natural.

A fin de cuentas, el caso de las estrellas de mar en Cancún actúa como un recordatorio de que los destinos turísticos costeros no son solo escenarios de ocio, sino ecosistemas frágiles que sostienen una enorme biodiversidad y de los que dependen miles de familias. La convivencia entre turismo y conservación exige información, vigilancia, normativa clara y, sobre todo, cambios de hábito tanto en la oferta como en la demanda.

Todo lo ocurrido en torno a la extracción de estrellas de mar en Cancún deja ver hasta qué punto un gesto aparentemente inocuo puede desencadenar consecuencias ecológicas y legales de gran calado. Entre vídeos virales, mercados de souvenirs y operativos de vigilancia, se dibuja un escenario en el que la protección de estos equinodermos marinos se vuelve una tarea compartida entre autoridades, organizaciones y ciudadanía; sólo asumiendo ese papel conjunto será posible seguir disfrutando de las playas y arrecifes del Caribe sin poner en riesgo la vida que los hace tan especiales.

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