- La estrella de mar patagónica Asterina fimbriata incuba a sus crías dentro del estómago y las expulsa por la boca completamente formadas.
- Se trata del primer caso documentado de incubación gástrica en la familia Asterinidae a nivel mundial.
- Solo alrededor del 8% de las hembras logra reproducirse por el enorme gasto energético: pasan unos cuatro meses sin alimentarse.
- Las crías atraviesan seis etapas de desarrollo interno antes de salir al exterior, en camadas de entre 5 y 99 juveniles.

En las frías aguas de la Patagonia, una diminuta estrella de mar ha obligado a la comunidad científica a repensar cómo se reproducen algunos invertebrados marinos. Lo que parecía una especie discreta y poco estudiada escondía uno de los mecanismos de crianza más extremos que se conocen en el océano.
Se trata de Asterina fimbriata, una estrella de mar que vive en las costas de Argentina y Chile y que, según ha demostrado un equipo de especialistas del IBIOMAR-CONICET y del CENPAT, gesta a sus crías dentro del estómago y las expulsa por la boca cuando ya están completamente formadas. Este comportamiento, inédito en su familia biológica, se ha convertido en un auténtico hito para la biología marina.
Una estrella de mar patagónica que revolucionó la biología marina
El hallazgo se produjo en la localidad chubutense de Camarones, en el litoral del Atlántico sur, donde investigadoras e investigadores del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET) llevan años estudiando invertebrados marinos. Allí, una población de Asterina fimbriata llamó la atención por un detalle estadístico que no cuadraba.
La científica Ariana Alarcón Saavedra, primero como estudiante de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y después como becaria del LARBIM (Laboratorio de Reproducción y Biología Integrativa de Invertebrados Marinos), detectó que muy pocas hembras parecían entrar en ciclo reproductivo cada año. Esa rareza fue el punto de partida de una investigación que terminó destapando un comportamiento sin precedentes.
Tras varios años de trabajo en el campo y en el laboratorio, el equipo formado por Alarcón, Martín Brogger, Gregorio Bigatti y Sol Rebolledo confirmó que esta pequeña estrella de mar utiliza el estómago como verdadera “sala de maternidad”. Las crías no se desarrollan en el agua ni en estructuras externas, sino en la cavidad gástrica de la madre, donde permanecen durante meses.
Los resultados han permitido registrar por primera vez en el mundo un caso de incubación gástrica dentro de la familia Asterinidae, un grupo de estrellas de mar ampliamente distribuido pero del que, hasta ahora, no se conocía nada parecido.
Cómo es el “embarazo” en una estrella de mar: seis etapas dentro y fuera del estómago
Al analizar en detalle el desarrollo de la descendencia, el equipo identificó seis fases sucesivas desde los primeros embriones hasta los juveniles completamente formados. Este seguimiento minucioso permitió describir paso a paso el particular “embarazo” de la estrella de mar patagónica.
En las dos primeras etapas, los embriones se observan como pequeñas esferas de color amarillo intenso. Permanecen totalmente encerrados en el estómago, donde comienza una metamorfosis interna que reorganiza sus tejidos hasta que empiezan a alargarse y a diferenciar estructuras.
La tercera fase marca la aparición de los primeros pies ambulacrales, unos tentáculos que las estrellas de mar utilizan para desplazarse y sujetarse al sustrato. Aunque todavía están en el interior del cuerpo materno, las crías ya muestran rasgos que recuerdan a un adulto en miniatura.
En la cuarta etapa, la transformación es evidente: los juveniles adoptan una forma pentagonal típica de las estrellas de mar y comienzan a asomarse por la boca de la madre. En ese momento se pueden ver varias crías acumuladas en la abertura oral, a medio camino entre el interior y el exterior.
La quinta fase corresponde al momento en que la masa de juveniles abandona por completo la cavidad gástrica. Aunque ya se encuentran fuera del cuerpo de la madre, todavía conservan una morfología intermedia, similar a la del adulto pero no del todo definitiva.
Por último, en la sexta etapa, los pequeños ejemplares presentan los brazos completamente desarrollados, cuatro pares de pies ambulacrales funcionales y espinas visibles en la superficie del cuerpo. En ese punto, la cría es un juvenil independiente, capaz de moverse por el fondo marino y empezar su propia vida.
Un esfuerzo extremo: cuatro meses sin comer y solo un 8% de hembras reproductoras
El proceso reproductivo de Asterina fimbriata no solo es llamativo por dónde se desarrolla, sino por el enorme sacrificio energético que implica para la madre. Durante unos cuatro meses, aproximadamente de mayo a septiembre, las hembras incubadoras dejan de alimentarse por completo.
Mientras dura la gestación, el estómago, en lugar de digerir alimento, se convierte en una cavidad incubadora llena de embriones y juveniles en distintas fases. Todo el metabolismo de la hembra se orienta a mantener su propio cuerpo y, al mismo tiempo, sostener el desarrollo de la camada, algo que exige reservas de energía muy considerables.
Este esfuerzo llega tan al límite que, según los datos obtenidos por el equipo, solo alrededor del 8% de las hembras de la población logra completar el ciclo reproductivo. Es decir, de cada cien hembras que se observan en el campo, apenas unas pocas reúnen la energía suficiente para gestar y liberar crías viables.
La alimentación de esta especie tampoco ayuda: la estrella de mar patagónica se nutre sobre todo de detritos y pequeños restos de otros animales marinos, como fragmentos de pinzas o caparazones de cangrejos muertos. Esta dieta supone una acumulación de energía lenta y constante, muy diferente a la de depredadores que capturan presas vivas de mayor tamaño.
A diferencia de otras estrellas de mar, en las que las gónadas crecen consumiendo reservas de distintos órganos, Asterina fimbriata parece recurrir a mecanismos internos de optimización energética para sostener este tipo de reproducción tan costosa. De ahí que muchas hembras nunca lleguen a reunir el “ahorro” suficiente para convertirse en madres.
De 5 a 99 crías por madre: estrategia de pocas hembras y mucha inversión
Otro aspecto que llama la atención es el número de descendientes que puede albergar una sola hembra durante la incubación. Según el estudio, cada ejemplar reproductor puede llevar entre 5 y 99 crías en su estómago, una horquilla amplia que refleja distintas estrategias dentro de la misma especie.
En lugar de producir enormes cantidades de larvas dispersas en el agua, como ocurre en muchos invertebrados marinos, esta estrella de mar opta por invertir mucha energía en un número relativamente reducido de juveniles. Al salir de la boca materna ya formados, con brazos, espinas y pies ambulacrales funcionales, las probabilidades de supervivencia de cada individuo son mucho mayores.
Esta táctica se conoce como estrategia de alta inversión parental por cría y contrasta con otras especies de estrellas de mar que liberan millones de gametos al medio, confiando su futuro al azar de las corrientes y a la disponibilidad de alimento en la columna de agua.
En el caso de Asterina fimbriata, el “embudo” se sitúa en las propias hembras: son muy pocas las que consiguen llegar al punto de reproducirse, pero cuando lo logran, sus crías parten con una ventaja notable frente a las larvas planctónicas de otros grupos. La ciencia sospecha que esta combinación de pocas madres y crías bien preparadas es una respuesta adaptativa a ambientes costeros fríos y cambiantes, como los de la Patagonia austral.
El patrón observado encaja con la idea de que la especie ha optado evolutivamente por priorizar la calidad de los descendientes frente a la cantidad, una decisión que tiene implicaciones directas para su conservación y para la gestión de los ecosistemas donde habita.
Un caso único en su familia y un aviso sobre la fragilidad de la especie
En el contexto más amplio de la zoología, ya se conocían diferentes modalidades de incubación en estrellas de mar y otros equinodermos, desde bolsas incubadoras hasta crías adheridas a la cara inferior del cuerpo, y también se habían documentado episodios de mortalidad masiva.
El trabajo desarrollado en Camarones establece a Asterina fimbriata como el primer ejemplo descrito de incubación gástrica en este grupo, lo que abre nuevas preguntas sobre cómo y cuándo pudo surgir este tipo de reproducción en la historia evolutiva de las estrellas de mar.
Además de aportar información básica sobre la biología de la especie, el estudio lanza un mensaje de cautela: una población en la que solo un pequeño porcentaje de hembras puede reproducirse es, por definición, vulnerable. Cualquier impacto sobre su hábitat —contaminación, extracción de estrellas de mar, cambios de temperatura, alteración del fondo marino— podría tener efectos desproporcionados en su capacidad de mantenerse a largo plazo.
Para la comunidad científica, el caso de esta estrella de mar patagónica se ha convertido tanto en una referencia sobre adaptaciones reproductivas extremas en ambientes marinos fríos como en un recordatorio de que todavía queda mucho por descubrir en las costas del sur de Sudamérica y, por extensión, en otros litorales del mundo.
Este pequeño animal, que pasa gran parte de su vida desapercibido entre rocas y sedimentos, ha demostrado que incluso los organismos más discretos pueden esconder estrategias de vida sorprendentes, claves para entender la evolución y la conservación de la biodiversidad marina.