- La empresa Avícola Son Perot propone una explotación en la finca Son Brau con capacidad para 80.000 aves ponedoras.
- El complejo contará con dos naves de gran tamaño y sistemas de gestión de residuos para más de 3.000 toneladas de estiércol al año.
- La ubicación cumple con la normativa de distancia mínima de 4.000 metros respecto a núcleos urbanos residenciales como Son Talent.
- Se estima un consumo hídrico anual cercano a los 9,6 millones de litros para el mantenimiento de la actividad avícola.
La empresa Avícola Son Perot, conocida por sus anteriores intentos de expansión en otras zonas de la isla, ha puesto el foco ahora en el municipio de Manacor para desarrollar una nueva explotación. El proyecto, que ya ha sido publicado en el Boletín Oficial de Baleares para su fase de información pública, detalla la intención de levantar una infraestructura ganadera de gran calado en la finca denominada Son Brau, con el objetivo de potenciar la producción de huevos en la región.
Esta propuesta se basa en un modelo de gestión donde las aves no estarán en jaulas, sino que se optará por el sistema de gallinas sueltas en el gallinero. Con esta iniciativa, la sociedad busca adaptarse a las demandas actuales de bienestar animal, planteando una instalación que no solo destaca por su capacidad productiva, sino también por el cumplimiento de las normativas de impacto ambiental que exige el archipiélago para este tipo de actividades industriales en suelo rústico.
Ubicación estratégica y cumplimiento de distancias
Uno de los puntos que suele generar más debate en este tipo de construcciones es la cercanía a las viviendas, pero en este caso el proyecto parece haber buscado un emplazamiento bastante retirado. La explotación se situará a una distancia superior a los 4.400 metros del núcleo residencial de Son Talent, lo que supera con creces el límite legal de cuatro kilómetros establecido para estas instalaciones. Además, la finca se encuentra a una distancia prudencial de otros cascos urbanos como Petra o Ariany, garantizando que el impacto directo sobre la población sea mínimo.
El acceso a la futura granja se realizará a través de la carretera Ma-3322, situándose las naves a aproximadamente un kilómetro de esta vía principal. La planificación técnica también ha tenido en cuenta la bioseguridad, manteniendo un margen de seguridad de 500 metros respecto a cualquier otra actividad ganadera o industrial cárnica de los alrededores, una medida fundamental para prevenir la propagación de enfermedades entre explotaciones de la zona.
Infraestructura y dimensiones del complejo avícola
El núcleo de la actividad se concentrará en dos naves industriales prácticamente gemelas que medirán unos 135 metros de longitud cada una. Estos edificios están diseñados para albergar un máximo de 40.000 gallinas por nave, lo que suma la cifra total de 80.000 ponedoras prevista en el plan de negocio. En total, la superficie construida superará los 6.900 metros cuadrados, aunque el área total ocupada por el proyecto dentro de la finca alcanzará los 10.700 metros cuadrados si sumamos los anexos y zonas de maniobra.
Para que todo funcione como un reloj, el complejo incluirá una nave almacén de unos 340 metros cuadrados donde se recibirán los huevos mediante un sistema de cintas transportadoras. En este espacio se llevará a cabo el empaquetado previo al transporte hacia los centros de clasificación externos. Además, cada nave de puesta contará con sus propios sistemas de refrigeración y control climático para asegurar que los animales estén en condiciones óptimas durante todo el año, independientemente del calor que pueda apretar en verano.
Gestión de residuos y recursos hídricos
Una instalación de este tamaño requiere una logística muy seria en cuanto a la limpieza y el mantenimiento. Se ha proyectado un estercolero cubierto de más de 640 metros cuadrados que permitirá almacenar el estiércol generado durante periodos de hasta cuatro meses. Teniendo en cuenta que se estima una producción anual de 3.200 toneladas de residuos orgánicos, este espacio es vital para cumplir con la legislación ambiental vigente y evitar filtraciones o malos olores innecesarios.
El agua es otro de los pilares del proyecto, calculándose una necesidad de 9,6 millones de litros anuales para dar de beber a las aves y mantener la higiene de las naves. Por otro lado, la documentación técnica también prevé una tasa de mortalidad del 3%, lo que implicará la gestión controlada de unos 2.400 cadáveres al año. Todo este engranaje técnico busca que la macrogranja sea una realidad productiva en Manacor, integrando los estándares de eficiencia y bioseguridad que se exigen actualmente en el sector avícola europeo.