Polémica por las macrogranjas de 400.000 gallinas en Maranchón

Última actualización: 17 diciembre 2025
  • Ecologistas en Acción y una plataforma vecinal rechazan cinco macrogranjas avícolas en Maranchón (Guadalajara).
  • Las instalaciones sumarían más de 400.000 gallinas en un espacio incluido en la Red Natura 2000.
  • Una de las granjas, La Nava, se proyecta directamente sobre la Laguna Seca, hábitat de la planta protegida Tanacetum vahlii.
  • Los colectivos denuncian una degradación ambiental creciente en una zona ya saturada por 136 aerogeneradores.

macrogranjas gallinas en Guadalajara

La posible instalación de cinco macrogranjas avícolas en el municipio de Maranchón, en la provincia de Guadalajara, ha encendido las alarmas de colectivos ecologistas y parte de la vecindad. Los proyectos, aún en tramitación, prevén alojar en conjunto más de 400.000 gallinas ponedoras en un entorno que cuenta con varias figuras de protección ambiental.

Organizaciones como Ecologistas en Acción y la Plataforma para la Defensa del Valle y Hoces del Mesa han presentado alegaciones formales para frenar estas instalaciones, al considerar que suponen una seria amenaza para una laguna temporal, una planta endémica protegida y un espacio integrado en la Red Natura 2000. A su juicio, se trata de un nuevo ejemplo de “desarrollismo caótico” en una zona rural ya muy tensionada por otros proyectos como los parques eólicos.

Un proyecto de cinco macrogranjas y más de 400.000 gallinas

proyectos de macrogranjas en Maranchón

Según la documentación a la que han tenido acceso los colectivos, en el término municipal de Maranchón se pretenden levantar cinco macrogranjas de gallinas, todas ellas de carácter intensivo. En su conjunto, estas instalaciones alcanzarían una capacidad superior a las 400.000 aves, lo que las sitúa entre las explotaciones avícolas más grandes proyectadas en la provincia, aunque existen otros casos de mayor envergadura como la macrogranja de un millón de gallinas.

Uno de los proyectos más polémicos es el de la denominada macrogranja La Nava, que destaca no solo por el volumen de animales previsto, sino sobre todo por su ubicación estratégica en una zona extremadamente sensible desde el punto de vista ambiental. Esta instalación se proyecta, literalmente, sobre una laguna temporal que se inunda en época de lluvias.

Los promotores buscan implantar un modelo de ganadería intensiva orientado a la producción de huevos, con naves de grandes dimensiones, sistemas mecanizados de alimentación y retirada de deyecciones, y un flujo constante de piensos y productos auxiliares. Este tipo de explotaciones, recuerdan los ecologistas, suele llevar asociado un elevado volumen de purines y residuos que deben gestionarse adecuadamente para evitar la contaminación de suelos y aguas.

Los proyectos se enmarcan en la expansión de la ganadería industrial en España y en otras regiones de Europa, un modelo que en los últimos años ha generado un intenso debate público por sus efectos sobre el territorio, el bienestar animal y las emisiones de gases de efecto invernadero. En este contexto, el caso de Maranchón se ha convertido en un símbolo de las tensiones entre desarrollo económico rural y protección del patrimonio natural.

La Laguna Seca y la planta endémica Tanacetum vahlii, en el punto de mira

Laguna Seca y hábitat protegido

La mayor preocupación de las organizaciones conservacionistas se centra en la Laguna Seca, un humedal temporal de alto valor ecológico. Este enclave se encharca de forma natural durante los periodos lluviosos, generando un ambiente muy particular que sirve de refugio y área de alimentación para numerosas especies de flora y fauna.

Ecologistas en Acción subraya que la macrogranja La Nava se ubicaría directamente sobre la cubeta de esta laguna. Es decir, la infraestructura se superpondría al propio vaso del humedal, alterando de raíz su funcionamiento natural. El movimiento de tierras, las cimentaciones y la presencia permanente de aves de corral y residuos orgánicos podrían modificar el régimen hídrico y la calidad del agua, comprometiendo la biodiversidad asociada.

En este enclave crece, además, la planta endémica Tanacetum vahlii, una especie muy singular que solo se encuentra en parameras y macizos calcáreos del Sistema Ibérico, en provincias como Guadalajara, Soria, Burgos, Teruel y Zaragoza. Su presencia en la Laguna Seca convierte al lugar en un punto especialmente sensible y prioritario para la conservación.

Esta especie figura en la Lista Roja de la Flora Vascular Española y está incluida en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Castilla-La Mancha con la categoría de “vulnerable”. Ello implica que su hábitat debe ser objeto de una atención especial por parte de las administraciones, evitando actuaciones que puedan deteriorarlo de forma significativa.

Además de estos valores botánicos, la Laguna Seca está reconocida como parte del Hábitat de Interés Comunitario 3170, una figura de protección europea que agrupa determinados tipos de humedales y ecosistemas acuáticos considerados prioritarios por su rareza y fragilidad. Cualquier intervención en estos espacios, recuerdan los colectivos, debería someterse a una evaluación ambiental especialmente estricta.

Un espacio Red Natura 2000 ya saturado por los parques eólicos

Red Natura 2000 y parques eólicos

Las macrogranjas no se proyectan en un lugar cualquiera. El término municipal de Maranchón se integra en la ZEC/ZEPA Parameras de Maranchón, Hoz del Mesa y Aragoncillo, un amplio territorio reconocido como Zona Especial de Conservación y Zona de Especial Protección para las Aves dentro de la red europea Natura 2000.

Esta designación implica que el área alberga hábitats y especies de alto interés comunitario, y que las actividades que se desarrollen en ella deben ser compatibles con sus objetivos de conservación. Sin embargo, los colectivos denuncian que, pese a este marco, la zona ha experimentado un creciente proceso de ocupación por infraestructuras energéticas.

En la actualidad, Maranchón cuenta ya con 136 aerogeneradores que rodean el municipio. Según Ecologistas en Acción y la Plataforma para la Defensa del Valle y Hoces del Mesa, muchos de estos parques eólicos se han instalado sin respetar adecuadamente los extensos sabinares y enebrales característicos de la zona, generando impactos acumulativos sobre el paisaje y la fauna.

La llegada de cinco macrogranjas de gallinas se percibe, por tanto, como un nuevo paso en la degradación ambiental del territorio. Los colectivos hablan de un “desarrollismo caótico”, en el que se van sumando proyectos intensivos de energía y ganadería, como demuestran casos con graves irregularidades como la macrogranja de gallinas de Llucmajor, sin una planificación global que tenga en cuenta la capacidad de carga del medio ni las sinergias entre actividades.

Todo ello tiene lugar en un municipio afectado por el despoblamiento rural, un fenómeno que las autoridades autonómicas y locales tratan de revertir promoviendo inversiones. Sin embargo, las organizaciones críticas sostienen que este tipo de iniciativas, lejos de solucionar el problema demográfico, pueden comprometer los valores ambientales que hacen singular a la comarca y generar conflictos sociales crecientes.

Rechazo ecologista y vecinal: alegaciones y propuestas

protestas contra macrogranjas

Ante este escenario, Ecologistas en Acción y la Plataforma para la Defensa del Valle y Hoces del Mesa han impulsado una intensa ofensiva administrativa. Ambos colectivos han presentado numerosas alegaciones y escritos dirigidos a las autoridades competentes, solicitando la desestimación de los cinco proyectos de macrogranjas de gallinas.

Entre sus peticiones, destaca la restauración integral de la Laguna Seca. Reclaman que se impida su uso agrícola y que se proceda a eliminar los drenajes que hoy dificultan su encharcamiento natural. Con ello se buscaría recuperar el funcionamiento hidrológico del humedal y reforzar las condiciones que permiten la supervivencia de la flora y fauna ligadas a este entorno.

Los colectivos también insisten en que se valoren a fondo los efectos acumulativos de los diferentes proyectos que ya operan en la zona, desde los parques eólicos hasta otras infraestructuras existentes. A su juicio, el territorio se encuentra “ya maltratado” por la proliferación de aerogeneradores y no está en condiciones de asumir una nueva carga de impactos derivados de la ganadería intensiva.

En el plano social, la plataforma surgida en la pedanía de Turmiel se ha convertido en uno de los principales canales de movilización vecinal. A través de este colectivo se articulan quejas, reuniones informativas y acciones de presión para tratar de influir en las decisiones de las administraciones. Aunque no existe una postura única en todo el municipio, el debate sobre las macrogranjas ha generado un notable clima de división y preocupación.

Las organizaciones ecologistas recalcan que su objetivo no es paralizar cualquier opción de desarrollo económico en la comarca, sino orientar las políticas hacia modelos más compatibles con la conservación del medio, como la ganadería extensiva, el turismo de naturaleza o la puesta en valor del patrimonio cultural y paisajístico de las parameras ibéricas.

La controversia por las macrogranjas de más de 400.000 gallinas en Maranchón pone sobre la mesa un dilema que se repite en muchas zonas rurales de España y Europa: cómo combinar la necesidad de generar actividad económica y empleo con la obligación de preservar ecosistemas frágiles y especies amenazadas. El futuro de la Laguna Seca, de la planta Tanacetum vahlii y del conjunto de la red Natura 2000 en este municipio dependerá, en última instancia, de las decisiones que adopten las autoridades sobre estos proyectos y del peso que otorguen a las voces que reclaman un modelo de desarrollo menos agresivo con el territorio.

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