- Identificada una nueva especie de gecko, la salamanquesa del Valle de Tehuacán-Cuicatlán (Phyllodactylus ngiwa).
- El primer registro se obtuvo en 2020 gracias a brigadas comunitarias y a la plataforma iNaturalistMX.
- Estudios genómicos, morfológicos y climáticos confirmaron que se trata de una especie distinta y endémica.
- El hallazgo refuerza el papel de las comunidades locales y de las áreas protegidas en la conservación de la biodiversidad.

Una llamativa lagartija nocturna avistada en la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán terminó convirtiéndose, tras varios años de seguimiento científico, en una nueva especie de gecko reconocida oficialmente. Lo que empezó como unas fotos compartidas por brigadas comunitarias en una plataforma de ciencia ciudadana ha acabado siendo un hito para la herpetología y para la conservación de este territorio biocultural de México.
Hoy se sabe que este reptil no era un ejemplar más de una especie ya conocida, sino la salamanquesa del Valle de Tehuacán-Cuicatlán (Phyllodactylus ngiwa), un gecko endémico cuya presencia se limita a esta reserva situada entre los estados de Puebla y Oaxaca. El proceso para confirmar su identidad ha requerido varios años de trabajo, estudios de ADN y una estrecha colaboración entre comunidades locales, instituciones académicas y autoridades ambientales.
Un gecko que pasó años desapercibido

La historia de este descubrimiento arranca en 2020, durante recorridos de campo en la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán (RBTC). Integrantes de las Brigadas de Vigilancia y Monitoreo Biológico Comunitario de la región Chocho-Mixteca y del Valle de Tehuacán, junto al equipo técnico de la reserva, fotografiaron una lagartija nocturna que les llamó la atención por su aspecto.
Siguiendo los protocolos de monitoreo, las imágenes se subieron a iNaturalistMX, una plataforma de ciencia ciudadana que permite compartir observaciones de flora y fauna. Por sus rasgos externos, al principio se pensó que se trataba de la salamanquesa del Alto Balsas (Phyllodactylus bordai), una especie ya descrita para esa región del país.
Con el paso del tiempo, sin embargo, la presencia repetida de estos geckos en diferentes puntos de la reserva y algunos detalles morfológicos hicieron sospechar que podía tratarse de algo más. En la plataforma se fueron acumulando observaciones y, según los datos consultados en iNaturalistMX, se han registrado decenas de avistamientos hasta la fecha, con registros al menos hasta febrero de 2025.
La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) confirmó que esas primeras evidencias gráficas fueron el punto de partida del trabajo científico posterior. Sin la labor de las brigadas comunitarias y sin el uso de herramientas digitales abiertas, este gecko probablemente habría seguido pasando desapercibido.
De sospecha a confirmación: el trabajo científico

La confirmación de que se trataba de una especie distinta llegó gracias a un proyecto de investigación impulsado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), en el que participaron especialistas de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Para poder capturar ejemplares y realizar análisis detallados, el equipo académico tramitó los permisos pertinentes con la Conanp, al tratarse de trabajos de colecta y manipulación de fauna en un Área Natural Protegida. Ese procedimiento derivó en un intercambio de información continuo con las comunidades y con el personal de la reserva, lo que facilitó la logística en campo.
Una vez reunidas las muestras, los investigadores aplicaron estudios genómicos, morfológicos y climáticos. El análisis del ADN permitió comprobar que estos geckos formaban un linaje independiente del de Phyllodactylus bordai, mientras que las comparaciones anatómicas revelaron diferencias consistentes en características como el patrón de escamas y otras estructuras corporales.
Los datos climáticos y de distribución también apuntaban en la misma dirección: la población observada se concentra en el Valle de Tehuacán-Cuicatlán y ocupa un ambiente concreto dentro de la reserva, algo que reforzó la idea de que se trataba de una entidad biológica separada. Todo ello permitió proponer formalmente una nueva especie para la ciencia.
El resultado de esta investigación se dio a conocer en noviembre, cuando los especialistas Tonatiuh Ramírez Reyes, Daniel R. Durán Arceo, Ricardo Palacios Aguilar y Oscar Flores Villela publicaron en la revista Zootaxa el artículo “Revisión taxonómica del polifilético Phyllodactylus bordai (Squamata: Phyllodactylidae), con la descripción de una nueva especie”. En ese trabajo se describe y nombra oficialmente a la salamanquesa del Valle de Tehuacán-Cuicatlán (Phyllodactylus ngiwa).
Una especie endémica en un territorio biocultural clave

La nueva especie es considerada endémica de la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán, un espacio protegido que abarca zonas de Puebla y Oaxaca y que destaca por su combinación de riqueza biológica y cultural. Desde 1998, este territorio cuenta con decreto presidencial como área natural protegida y es reconocido por su alto nivel de diversidad y de especies únicas.
La salamanquesa del Valle de Tehuacán-Cuicatlán se une así al amplio listado de fauna singular de la región. Se trata de una lagartija nocturna perteneciente a la familia Phyllodactylidae, adaptada a los ambientes áridos y semiáridos característicos del valle. Su presencia refuerza la idea de que, incluso en áreas relativamente estudiadas, aún quedan especies por identificar.
Para las autoridades ambientales mexicanas, este hallazgo no solo enriquece el inventario de biodiversidad, sino que también aporta información clave para afinar las estrategias de manejo del hábitat. Conocer con precisión qué especies habitan la reserva ayuda a orientar mejor las acciones de conservación y a priorizar zonas críticas.
Desde una perspectiva más amplia, la identificación de Phyllodactylus ngiwa subraya la relevancia de las áreas naturales protegidas como refugios de especies endémicas. En contextos como el europeo, donde también existen reservas y parques nacionales con altos niveles de singularidad biológica, casos como el de este gecko sirven de referencia sobre la necesidad de mantener la protección a largo plazo.
La Conanp ha destacado que el registro oficial de esta salamanquesa permitirá fortalecer las acciones de protección de especies endémicas en la zona y respaldar nuevas líneas de investigación sobre la evolución y ecología de los reptiles del valle.
El papel de las brigadas comunitarias y la ciencia ciudadana
Uno de los aspectos más llamativos de esta historia es que el primer paso lo dieron las brigadas comunitarias de vigilancia y monitoreo. En la zona núcleo y en el área de amortiguamiento de la reserva operan 42 brigadas, integradas por habitantes de ejidos y comunidades que participan en tareas de registro, cuidado del territorio y apoyo a los equipos técnicos.
Fueron precisamente estas brigadas, en coordinación con el personal de la RBTC, las que captaron las primeras imágenes del gecko en 2020. Su decisión de compartirlas en iNaturalistMX permitió que otros expertos pudieran revisarlas y que la especie empezara a llamar la atención más allá del ámbito local.
El director de la reserva, Fernando Reyes Flores, ha insistido en que este caso es un buen ejemplo de cómo la colaboración entre comunidades, científicos y autoridades puede traducirse en resultados concretos para la conservación. Sin estos tres actores trabajando de la mano, difícilmente se habría llegado tan lejos en el conocimiento de la fauna de la región.
Este modelo de colaboración resulta especialmente relevante en un momento en que muchas áreas protegidas, tanto en México como en Europa y otras regiones, dependen de la implicación directa de la población local para mantener programas de vigilancia, restauración y monitoreo biológico.
La experiencia de Tehuacán-Cuicatlán encaja además con la tendencia global a integrar la ciencia ciudadana en los sistemas de seguimiento de biodiversidad, aprovechando herramientas digitales que facilitan el intercambio de datos entre personas aficionadas y especialistas.
Por qué importa descubrir una nueva especie de gecko
Más allá de la curiosidad que pueda despertar un nuevo nombre científico, la descripción de Phyllodactylus ngiwa tiene implicaciones ecológicas y de gestión del territorio. Los geckos, como recuerdan los especialistas, son piezas clave en muchos ecosistemas porque actúan como controladores naturales de plagas, alimentándose de insectos, arañas y otros pequeños invertebrados.
Conocer qué especies están presentes en una zona y cuál es su distribución exacta permite evaluar mejor su estado de conservación y anticipar posibles amenazas. En el caso de la salamanquesa del Valle de Tehuacán-Cuicatlán, su carácter endémico implica que cualquier cambio abrupto en su hábitat podría afectar a toda la especie.
Este tipo de hallazgos también ayudan a identificar áreas de alta prioridad para la conservación, tanto en el contexto mexicano como en el europeo. Regiones con alta concentración de endemismos, como la RBTC, suelen coincidir con zonas en las que conviene extremar la protección frente a la pérdida de hábitat, la sobreexplotación de recursos o la expansión de infraestructuras.
En definitiva, la descripción de un nuevo gecko aporta información que va más allá de la taxonomía: contribuye a entender mejor el funcionamiento del ecosistema y a diseñar políticas de conservación más ajustadas a la realidad sobre el terreno.
El reconocimiento oficial de la salamanquesa del Valle de Tehuacán-Cuicatlán resume varios procesos que hoy son fundamentales para la conservación de la biodiversidad: la participación activa de las comunidades locales, el uso de plataformas de ciencia ciudadana, la investigación académica de largo plazo y el respaldo de las instituciones ambientales. Todo ello, aplicado a un pequeño gecko nocturno, pone de manifiesto que aún quedan muchas especies por descubrir y que la colaboración entre distintos actores es clave para que salgan a la luz.