- Fatou, gorila occidental de llanura del Zoo de Berlín, alcanza los 69 años y es la gorila en cautividad más longeva conocida.
- Vive en un recinto propio, con cuidados geriátricos específicos y una dieta controlada sin azúcar ni frutas dulces.
- Su historia incluye un origen en África occidental, un paso por Marsella y su llegada al zoológico en 1959.
- Su caso ilustra cómo la atención veterinaria y la ausencia de depredadores alargan la vida de los grandes primates en Europa.
La historia de Fatou, la gorila más longeva del mundo bajo cuidado humano, se ha convertido en todo un símbolo en el zoológico de Berlín. Este mes ha alcanzado los 69 años, una edad prácticamente impensable para un gorila en libertad y que la mantiene como un caso excepcional a nivel internacional.
Su celebración de cumpleaños ha vuelto a poner el foco en cómo viven y envejecen los grandes primates en zoológicos europeos, qué tipo de cuidados necesitan en etapas tan avanzadas y qué nos cuenta su experiencia sobre la conservación de los gorilas occidentales de llanura, una especie seriamente amenazada en la naturaleza.
Un 69 cumpleaños muy especial en el zoológico de Berlín
Fatou celebró su cumpleaños número 69 con un festín hecho a su medida en el zoológico de la capital alemana. En lugar de una tarta tradicional, sus cuidadores prepararon una cesta repleta de tomates cherry, remolacha, puerros, lechuga y otras verduras adaptadas a sus necesidades.
La ausencia de pastel no fue casual: el azúcar está prácticamente vetado en su dieta por los riesgos que supone para un animal de su edad. Los responsables del parque explican que, a estas alturas, cualquier exceso puede afectar a su salud, por lo que se ha optado por opciones más sencillas y saludables.
Durante la celebración, la veterana gorila comió con calma mientras era observada por visitantes y personal del zoo. Según describen sus cuidadores, se la ve más lenta y tranquila, pero sigue mostrando interés por la comida y por lo que ocurre a su alrededor.
El zoológico ha aprovechado el aniversario para recordar que la salud de Fatou es revisada de forma continua por un equipo de especialistas, que controla su estado físico, su comportamiento diario y cualquier signo de malestar propio de una edad tan avanzada.
Una vida marcada por la longevidad y los cuidados en cautividad
Fatou pertenece a la especie gorila occidental de llanura, uno de los tipos de gorilas, cuyos representantes suelen vivir entre 35 y 40 años en estado salvaje. En zoológicos y centros de conservación, esa cifra puede aumentar, pero lo que ha logrado esta hembra en Berlín se considera extraordinario incluso dentro de esos márgenes.
La gorila llegó a Berlín Occidental en 1959, cuando se calculaba que tenía alrededor de dos años. No se conoce su fecha exacta de nacimiento, de modo que el zoológico fijó el 13 de abril como su cumpleaños oficial. Desde entonces, han pasado más de seis décadas en las que ha sido testigo de la transformación de la ciudad y del propio recinto zoológico.
Con el paso de los años, Fatou se ha convertido en la residente más veterana del zoológico. En 2024, tras la muerte de Ingo, un flamenco que habría superado los 75 años y que vivía allí desde los años cincuenta, pasó a ostentar el récord de animal más longevo del parque berlinés.
Los expertos del zoo subrayan que casos como el de Fatou permiten observar cómo envejecen los grandes primates cuando cuentan con atención veterinaria constante, ausencia de depredadores y un entorno controlado. Todo ello influye directamente en su esperanza de vida, muy superior a la que tendrían en libertad.
Un origen incierto: de África occidental a un bar en Marsella
La biografía de Fatou incluye un episodio que hoy resultaría difícil de imaginar: su llegada a Europa está ligada a una deuda en un bar. Según recoge el Libro Guinness de los Récords y otras fuentes del zoológico, todo apunta a que nació en libertad en África occidental.
En aquella época, un marinero francés la habría sacado de su entorno natural y, más tarde, la intercambió en un local de Marsella para saldar una cuenta pendiente. Posteriormente, un comerciante de animales se hizo cargo de ella y negoció su traslado al zoológico de Berlín, donde acabaría pasando prácticamente toda su vida.
Ese pasado refleja una realidad muy distinta a la actual en materia de comercio y traslado de animales salvajes. Hoy, los movimientos de grandes primates entre centros europeos están regulados por estrictos programas de cría y conservación, priorizando el bienestar animal y la protección de especies amenazadas.
En el caso de Fatou, su larga estancia en el zoo la ha convertido en una figura muy conocida para varias generaciones de berlineses y visitantes de toda Europa, que han podido verla en distintas etapas de su vida, desde la juventud hasta esta vejez tan poco habitual.
Dieta adaptada y rutina diaria de una gorila de 69 años
Al llegar a una edad tan avanzada, la alimentación de Fatou se ha convertido en una de las claves de su bienestar. Los cuidadores detallan que su dieta se basa en varias comidas pequeñas a lo largo del día, compuestas principalmente por verduras y otros alimentos seleccionados cuidadosamente.
El objetivo es evitar el exceso de azúcar y los alimentos difíciles de procesar. Por eso se han reducido al mínimo las frutas más dulces, que podrían suponer un riesgo para su organismo. En su lugar, se priorizan vegetales blandos y, en muchos casos, cocidos, más fáciles de masticar y digerir.
Este ajuste no es un capricho: Fatou ha perdido prácticamente toda la dentadura, algo esperable a su edad, por lo que necesita alimentos suaves que no le causen molestias. Los cuidadores adaptan texturas y tamaños para que pueda seguir comiendo sin esfuerzo excesivo.
Además de la dieta, se cuida mucho su rutina diaria. Los responsables del centro explican que, a estas alturas, la gorila se mueve con más calma y requiere más tiempo para realizar sus actividades. Se evitan cambios bruscos en su entorno y se respeta su ritmo, algo muy importante en animales geriátricos.
La combinación de una alimentación controlada, un entorno estable y una supervisión sanitaria continua es, según el equipo veterinario, uno de los factores que explica que Fatou haya alcanzado una edad tan excepcional para un primate de su especie.
Salud, achaques de la edad y espacio propio
Como ocurre en las personas mayores, los años no pasan en balde para Fatou. Los informes del zoológico señalan que sufre artrosis, lo que dificulta algunos movimientos y la obliga a tomarse las cosas con más tranquilidad, especialmente por las mañanas.
También se ha detectado pérdida de audición y otros signos propios de la vejez, aunque el personal apunta que, en general, se la ve relativamente estable para su edad. Mientras mantenga cierta agilidad, buen apetito y un comportamiento acorde a su estado, los especialistas consideran que su calidad de vida sigue siendo aceptable.
Para reducir el estrés y evitar conflictos con otros animales, el zoo ha optado por que viva en un recinto propio, separado del grupo principal de gorilas. Desde allí puede disfrutar de un espacio al aire libre con más privacidad y tranquilidad, algo que se considera fundamental en esta fase de su vida.
Según ha explicado la doctora Jennifer Hahn, curadora responsable de los primates del zoológico, la atención a las necesidades individuales de cada animal es clave cuando se trata de ejemplares tan longevos. En el caso de Fatou, eso se traduce en revisiones frecuentes, adaptaciones en el recinto y un contacto muy directo con el equipo que la cuida.
Quienes trabajan a diario con ella la describen como amigable pero con un punto de terquedad. El supervisor de primates, Christian Aust, comenta que se lleva bien con los cuidadores, aunque a veces marque su propio ritmo y preferencias. A su edad, repiten en el zoo, «se lo ha ganado».
La “abuela” de un grupo de gorilas más jóvenes
Fatou no está sola en el zoológico de Berlín, aunque su vida cotidiana transcurra en un área independiente. En las instalaciones también vive un grupo de gorilas más jóvenes, entre los que se encuentran el macho de lomo plateado Sango, de 21 años, y las hembras Djambala (24), Bibi (29), Mpenzi (40) y la pequeña Tilla, de apenas 5 años.
Este conjunto de edades permite al zoológico observar diferentes etapas del ciclo vital de la especie, desde individuos jóvenes y en plena actividad hasta un caso extremo de longevidad como el de Fatou. Aunque ella prefiere mantener las distancias, sigue siendo una referencia para el equipo.
Este conjunto de edades permite al zoológico observar diferentes etapas del ciclo vital de la especie, desde individuos jóvenes y en plena actividad hasta un caso extremo de longevidad como el de Fatou. Aunque ella prefiere mantener las distancias, sigue siendo una referencia para el equipo.
El hecho de que viva separada no se debe a un rechazo al grupo, sino a la necesidad de reducir el estrés y las posibles molestias que podrían surgir en interacciones con animales más activos y fuertes. De este modo, se equilibra el bienestar de la veterana gorila con la dinámica del resto del grupo.
Los cuidadores subrayan que el contacto principal de Fatou es con las personas que la atienden cada día. Son ellos quienes ajustan su dieta, supervisan su salud y garantizan que tenga la paz y la tranquilidad que requiere un primate de casi siete décadas.
Qué nos enseña su caso sobre los gorilas en la naturaleza
El aniversario de Fatou también sirve como recordatorio de una realidad menos amable: los gorilas occidentales de llanura están en peligro de extinción. El director del zoológico, Andreas Knieriem, ha insistido en que esta especie se enfrenta a amenazas tan serias como la destrucción de su hábitat y la caza furtiva.
En su medio natural, pocos gorilas llegan a edades tan avanzadas. Los individuos enfermos o debilitados suelen convertirse en presas fáciles para depredadores, son desplazados por rivales más jóvenes o pierden la capacidad de conseguir alimento por sí mismos, lo que acorta drásticamente su esperanza de vida.
Por eso, casos como el de Fatou son prácticamente imposibles de encontrar en libertad. La selección natural tiende a eliminar a los animales más viejos o frágiles, algo que en cautividad se compensa con cuidados médicos, alimentación asegurada y la ausencia de amenazas externas.
Los especialistas señalan que, además de las condiciones del entorno, la genética también influye en la longevidad, tanto en personas como en grandes primates. Hay individuos que, por combinación de genes y circunstancias, logran vivir mucho más tiempo que la media, y Fatou sería un ejemplo claro de ello.
Su caso, observado desde un zoológico europeo, permite a la comunidad científica y al público en general comprender mejor cómo envejecen los gorilas cuando se eliminan muchos de los riesgos habituales de la vida salvaje. Al mismo tiempo, recuerda la importancia de proteger las poblaciones que aún sobreviven en los bosques de África occidental.
Después de casi siete décadas de vida, la gorila de Berlín sigue siendo un símbolo de longevidad, de cambio en la relación entre humanos y fauna salvaje y de los retos de conservar especies amenazadas. Su jornada transcurre ahora entre comidas suaves, paseos tranquilos y el cuidado constante de un equipo que la conoce al detalle, mientras miles de personas en Europa miran a Fatou como la prueba viviente de hasta dónde puede llegar un gran primate cuando se le ofrece tiempo, atención y un entorno seguro.



