- En torno al 20 % de los gorriones comunes han desaparecido en España desde 1998, unos 7,5 millones de aves.
- La especie es un indicador del estado ambiental de ciudades y pueblos; su declive refleja problemas en los ecosistemas cotidianos.
- La pérdida de lugares de nidificación, el uso de pesticidas, la contaminación y la falta de vegetación urbana son factores clave.
- Renaturalizar las ciudades y rehabilitar edificios sin destruir nidos se perfila como la vía principal para frenar el descenso.

En las últimas décadas, el gorrión común se ha ido apagando poco a poco del paisaje urbano español. Lo que antes era un sonido de fondo casi inevitable en plazas y patios, hoy empieza a escasear en muchas ciudades y pueblos. Los datos recopilados por la principal organización ornitológica del país confirman que no se trata de una impresión subjetiva, sino de una tendencia prolongada y preocupante.
Según los programas de seguimiento de aves, España ha perdido alrededor de 7,5 millones de gorriones comunes desde finales de los años noventa. Eso significa que, de media, desaparecen casi 300.000 ejemplares al año. Aunque la especie sigue siendo abundante, su retroceso sostenido la ha convertido en uno de los símbolos más claros del deterioro ambiental en nuestro entorno más cercano.
Un desplome silencioso: 20 % menos de gorriones

Los datos proceden del programa de seguimiento de aves comunes Sacre, coordinado por SEO/BirdLife con la ayuda de cientos de personas voluntarias. Cada primavera, esta red recorre los mismos itinerarios repartidos por todo el país para contar aves y detectar cambios en sus poblaciones. Gracias a esta serie de registros, que se mantiene desde finales de los noventa, es posible trazar la evolución del gorrión común con bastante precisión.
Las cifras dibujan un panorama claro: la población de gorrión común ha caído cerca de un 20 % desde 1998. En la actualidad se calcula que en España viven unos 31 millones de ejemplares de Passer domesticus, pero esa cantidad oculta una pérdida acumulada enorme. Solo en los últimos diez años, la especie habría perdido del orden de cuatro millones de individuos adicionales, lo que confirma que la tendencia negativa no se ha frenado.
Este declive no es una novedad absoluta. Ya en 2016, el gorrión común fue elegido Ave del Año precisamente para llamar la atención sobre la caída de sus poblaciones. Una década después, SEO/BirdLife constata que la situación no ha mejorado: las alarmas siguen encendidas y el goteo de ejemplares continúa.
El problema no se limita a una zona concreta del país. El descenso se ha detectado tanto en áreas urbanas como en entornos rurales, lo que indica que los factores que afectan al gorrión están muy extendidos. Aunque sigue siendo una especie muy conocida y presente, su presencia ya no es tan obvia como lo era hace apenas un par de décadas.
Un termómetro del estado ambiental de ciudades y pueblos

El valor del gorrión común no se limita a su abundancia o a su cercanía. Es una de las aves más ligadas históricamente a la presencia humana. Durante siglos ha compartido espacio con nosotros en calles, plazas, graneros y tejados, alimentándose de semillas, insectos y restos de origen humano, y aprovechando grietas, aleros y huecos en edificios para sacar adelante sus nidos.
Precisamente por esa convivencia tan estrecha, el gorrión se considera un excelente indicador del estado ambiental de los entornos urbanos y rurales. Cuando sus poblaciones retroceden de manera sostenida, suele significar que algo está cambiando en profundidad en los ecosistemas cotidianos en los que vivimos: disponibilidad de alimento, calidad del aire, presencia de vegetación, uso de productos químicos, ruido, iluminación nocturna, entre otros factores.
SEO/BirdLife insiste en que lo que le ocurre al gorrión dice mucho de la salud de nuestras ciudades y pueblos. Un entorno en el que faltan insectos, vegetación o refugios para las aves suele ser también un lugar menos amable para las personas, con menos sombra, peor calidad del aire y menor contacto diario con la naturaleza.
Esta conexión se ha analizado incluso desde un punto de vista científico. Un estudio publicado en 2025 en la revista Ardeola cuantificó por primera vez los servicios ecosistémicos que las aves nativas de España aportan tanto al medio ambiente como a la ciudadanía. Entre esos beneficios se incluyen el control de plagas, la dispersión de semillas, el apoyo a la polinización y un impacto positivo en la salud mental y el bienestar de quienes conviven con ellas.
El trabajo, elaborado por equipos de investigación de la Universidad de Alicante, la Universidad Miguel Hernández de Elche y el Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya, concluye que el papel de las aves urbanas es difícilmente reemplazable. Su desaparición silenciosa se traduce en un empobrecimiento de los ecosistemas y en una merma de la calidad de vida, aunque no siempre seamos plenamente conscientes.
Por qué están desapareciendo los gorriones

El retroceso del gorrión común no obedece a una sola causa, sino a una combinación de factores que actúan de forma acumulativa. Las organizaciones conservacionistas destacan especialmente la transformación del modelo de ciudad y de los pueblos en las últimas décadas, así como ciertos cambios en el medio agrario tradicional.
Uno de los elementos clave es la pérdida de lugares de nidificación. La arquitectura moderna tiende a levantar edificios mucho más sellados y “limpios” desde el punto de vista constructivo. Los viejos tejados con huecos, las cornisas con recovecos y las fachadas con grietas han ido dejando paso a cerramientos continuos, aislamientos exteriores y materiales que apenas ofrecen oportunidades para que las aves instalen sus nidos.
A esto se suma el impacto de muchas obras de rehabilitación. Intervenciones como el sellado de huecos, la renovación de cubiertas o la instalación de aislamientos suelen suponer, de facto, la desaparición de los últimos refugios disponibles para gorriones, vencejos o aviones comunes. Si esos trabajos se ejecutan en plena temporada de cría, pueden incluso destruir nidos activos con huevos o pollos, algo que vulnera la legislación española de biodiversidad y la Directiva de Aves de la Unión Europea.
El segundo gran frente es la disminución de insectos, que afecta directamente a la alimentación de los pollos. Aunque el adulto come principalmente semillas y restos de origen humano, las crías necesitan una buena dosis de proteína animal durante sus primeras semanas de vida. El uso intensivo de pesticidas en parques, jardines y áreas agrícolas, sumado a la homogeneización del paisaje urbano, ha reducido la disponibilidad de insectos en muchas zonas.
Otros factores señalados por los expertos incluyen la contaminación atmosférica, el exceso de ruido y luz artificial, la escasez de vegetación autóctona en parques y calles, y la depredación por gatos domésticos no controlados. Todos estos elementos, por separado, podrían ser asumibles; combinados, generan un escenario mucho más hostil para una especie adaptada durante siglos a un entorno humano muy distinto.
Renaturalizar las ciudades: la vía más clara para frenar el declive
Ante esta situación, las organizaciones conservacionistas lo tienen bastante claro: si queremos que el gorrión siga formando parte del día a día, es imprescindible devolver naturaleza a los espacios urbanos y periurbanos. No se trata solo de plantar más árboles, sino de repensar la ciudad desde una lógica que integre la biodiversidad en su diseño y gestión.
SEO/BirdLife defiende la renaturalización como estrategia central. Esto implica parques con más vegetación autóctona y menos césped ornamental, reducción o eliminación de pesticidas, creación de zonas con hierba alta y matorral, y fomento de jardines de polinizadores que atraigan insectos. Todo ello genera alimento y refugio no solo para los gorriones, sino para un amplio abanico de fauna urbana.
Este enfoque encaja con los compromisos internacionales recientes, como el Marco Global para la Biodiversidad de Kunming-Montreal y el Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza, que insisten en que las ciudades también deben aportar su parte a la recuperación de ecosistemas. Ya no basta con proteger espacios naturales alejados: los núcleos urbanos tienen que convertirse en parte de la solución.
En España ya hay experiencias concretas en marcha. Ciudades como Santander, Pinto o Girona han impulsado proyectos de renaturalización en colaboración con SEO/BirdLife, con actuaciones dirigidas a mejorar hábitats para aves e insectos y a acercar la naturaleza a la ciudadanía. Estas iniciativas muestran que es posible compatibilizar zonas verdes de calidad, sombra y confort climático con espacios valiosos para la fauna.
La organización ha elaborado además manuales y guías con medidas prácticas para favorecer la biodiversidad urbana, y promueve programas como Aves de Barrio, que anima a los vecinos a conocer qué especies viven en su entorno y a implicarse en su conservación. En su mensaje, SEO/BirdLife resume la idea en una frase: ciudades con más naturaleza son también lugares más saludables, resilientes y agradables para vivir.
Rehabilitar edificios sin borrar a los gorriones del mapa
Uno de los frentes en los que más se está insistiendo es el de la construcción y, sobre todo, la rehabilitación del parque edificatorio existente. La ola de reformas energéticas que se prevé para los próximos años puede ser una oportunidad o un problema añadido para la biodiversidad urbana, según cómo se aborde.
SEO/BirdLife lleva tiempo advirtiendo de que muchas obras de rehabilitación están destruyendo nidos y refugios de especies protegidas. El aislamiento térmico por el exterior, la sustitución integral de tejados o el cierre de huecos aparentemente “sobrantes” pueden dejar sin hogar a colonias enteras de gorriones, vencejos y aviones, aves que dependen en gran medida de este tipo de estructuras.
Para tratar de cambiar esta dinámica, la organización ha enviado al Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana una propuesta concreta para modificar el Código Técnico de la Edificación. El objetivo es que la normativa incluya la obligación de preservar la fauna urbana, compatibilizando la mejora energética de los edificios con la conservación de la biodiversidad que albergan.
La entidad recuerda que hay soluciones técnicas sencillas y asequibles. Conservar determinados huecos de nidificación, integrar cajas nido en las fachadas, planificar las obras fuera del periodo reproductor o instalar elementos específicos como ladrillos nido son medidas perfectamente viables. Países como Escocia ya han dado pasos en este sentido, aprobando la incorporación obligatoria de “swift bricks” —ladrillos huecos que sirven de nido para vencejos— en edificios de nueva construcción.
Desde SEO/BirdLife subrayan que no se trata tanto de una cuestión económica como de voluntad y empatía. Ajustar los proyectos de rehabilitación para respetar la fauna urbana apenas incrementa los costes, pero puede marcar la diferencia entre un edificio vivo y otro completamente inhóspito para las aves.
Más allá del gorrión común: otras especies en juego
Aunque la atención mediática se centra a menudo en el gorrión común por su cercanía, en España habitan otras tres especies de gorriones cuyos destinos no son exactamente iguales. Los datos del programa Sacre muestran que algunas atraviesan una situación todavía más delicada.
El caso más preocupante es el del gorrión molinero (Passer montanus), catalogado como “casi amenazado” en la Lista Roja de las Aves de España. Desde 1998, su población habría caído más de un 40 %, lo que se traduce en la pérdida de más de dos millones de ejemplares, unos 80.000 al año. Este descenso, aún más acusado que el del gorrión común, lo convierte en la especie de gorrión con peor tendencia en nuestro país.
En el extremo opuesto, el gorrión chillón (Petronia petronia) mantiene una situación relativamente estable, sin grandes variaciones en las últimas décadas. Y el gorrión moruno (Passer hispaniolensis) incluso ha experimentado una expansión notable en varias zonas de España, adaptándose con éxito a determinados cambios del territorio.
Estas diferencias muestran que no todos los gorriones responden igual a las transformaciones del paisaje. Las especies más ligadas a entornos humanizados y a modelos agrícolas tradicionales parecen sufrir más el impacto de la intensificación agraria, la urbanización compacta y la pérdida de estructuras rurales como corrales, establos o áreas de cultivo diverso.
En conjunto, la familia de los gorriones se ha convertido en un termómetro muy sensible de cómo se están reconfigurando ciudades y campos. Su evolución indica hasta qué punto nuestras formas de vivir, construir y producir alimentos están dejando espacio —o no— para la biodiversidad cotidiana con la que hemos convivido históricamente.
Qué papel puede jugar la ciudadanía
Aunque buena parte de las medidas necesarias dependen de administraciones y empresas, la ciudadanía también tiene margen para actuar en su entorno inmediato. Pequeños gestos coordinados pueden sumar un cambio apreciable para las poblaciones locales de gorriones.
En el ámbito doméstico, instalar cajas nido en balcones, terrazas o patios, colocar bebederos y comederos adecuados —evitando alimentos procesados como el pan blanco— o plantar vegetación autóctona que atraiga insectos son decisiones sencillas que crean microhábitats valiosos. Del mismo modo, prescindir de pesticidas en jardines y macetas contribuye a mantener la base alimentaria que necesitan los pollos.
En las comunidades de vecinos, es clave prestar atención a las obras de rehabilitación. Planear los trabajos fuera del periodo de cría, respetar los huecos donde se sabe que anidan aves o, en su defecto, ofrecer alternativas como cajas nido integradas en la fachada ayuda a que las reformas no supongan un desalojo definitivo para las colonias existentes.
También es posible implicarse en proyectos de ciencia ciudadana como Aves de Barrio o el propio programa Sacre, en aquellos casos en los que se cuente con la formación necesaria. Participar en censos de aves aporta datos imprescindibles para que los científicos puedan seguir la evolución de las poblaciones y proponer políticas basadas en evidencia.
Por último, el papel de los ayuntamientos y de la ciudadanía organizada resulta determinante a la hora de reclamar más zonas verdes con vegetación autóctona, menos césped ornamental y una gestión ecológica de los parques. Solicitar que los nuevos desarrollos urbanísticos incluyan cajas nido o que la iluminación nocturna se diseñe con criterios de protección de fauna son ejemplos concretos de cómo las decisiones locales pueden inclinar la balanza a favor de la biodiversidad.
El panorama que dibujan los datos sobre el gorrión común en España es claro: hemos perdido millones de ejemplares en apenas un cuarto de siglo y, si no se actúa con decisión, la tendencia podría acentuarse. Sin embargo, el declive de esta especie no es solo una mala noticia para las aves, sino una señal de advertencia sobre la salud de nuestros propios entornos de vida. Recuperar vegetación, insectos y refugios en ciudades y pueblos, diseñar rehabilitaciones respetuosas con la fauna y asumir que la biodiversidad debe integrarse en la planificación urbana son pasos esenciales para que el trino del gorrión siga acompañando la vida cotidiana de las próximas generaciones.