- Tres nuevos polluelos han nacido con éxito en la azotea del Hospital 12 de Octubre de Madrid.
- La pareja reproductora ha regresado al mismo nido que utilizó en temporadas anteriores.
- Asociación Halcones Urbanos y Brinzal supervisan el crecimiento y anillamiento de las crías.
- El Edificio Azul del hospital simula las condiciones de un acantilado natural para estas rapaces.

No hace falta marcharse lejos de la urbe para disfrutar de la naturaleza más salvaje, y es que el Hospital 12 de Octubre de Madrid se ha vuelto a convertir en el hogar de una especie fascinante. Una pareja de halcones peregrinos ha decidido que el entorno sanitario es el lugar ideal para formar una familia, trayendo al mundo a tres nuevos polluelos en pleno centro de la ciudad.
Esta pareja de rapaces, que ya parece sentirse como en casa entre ambulancias y batas blancas, ha elegido la azotea de lo que antes era el edificio de Maternidad para establecer su territorio. Es una suerte ver cómo estos animales protegidos encuentran su hueco en el asfalto, demostrando una capacidad de adaptación alucinante al utilizar las estructuras humanas como si fueran sus riscos naturales donde viven los halcones peregrinos.
El Edificio Azul como refugio de biodiversidad

La exitosa puesta de huevos ha tenido lugar concretamente en la planta diez de lo que hoy conocemos como el Edificio Azul del complejo hospitalario. No es la primera vez que ocurre algo así, ya que la pareja reproductora es la misma que ya se asentó en el centro hace unos años, confirmando que este enclave madrileño se ha convertido en su punto de referencia favorito para criar.
En esta ocasión, el nido ha dado cobijo a tres crías que están creciendo a pasos agigantados: una hembra de 680 gramos y dos machos algo más pequeños, que pesan 458 y 500 gramos respectivamente. Resulta curioso comprobar cómo, a pesar de compartir nido, cada uno de ellos muestra ya su propia fuerza mientras empiezan a dar sus primeros pasos y aleteos bajo el sol de Madrid.
El seguimiento de esta familia de aves no es fruto de la casualidad, sino del trabajo constante de la Asociación Halcones Urbanos. Gracias a los biólogos especializados y a la supervisión veterinaria de la organización Brinzal, se garantiza que todo el proceso ocurra de la forma más natural y segura posible, interviniendo solo cuando es estrictamente necesario para el bienestar de las aves.
Seguimiento tecnológico y control del entorno
Para que los expertos no se pierdan ni un solo detalle de lo que ocurre en las alturas, se ha instalado una cámara que permite monitorear en directo cada movimiento dentro del nido. Este despliegue técnico permite obtener datos muy detallados sobre la alimentación y el crecimiento de los pequeños sin causarles ningún tipo de estrés o molestia en su día a día.
El ciclo reproductivo de estas aves es todo un ritual que comenzó en febrero con el apareamiento y ha culminado ahora con el nacimiento de los polluelos. Recientemente, las crías han recibido sus anillas de identificación, tanto la metálica oficial como una de lectura a distancia, lo que permitirá a los científicos seguir su vida en directo durante toda su vida adulta allá donde decidan volar.
Más allá de lo bonito que resulta verlos crecer, estos halcones cumplen una función vital como depredadores naturales en la ciudad. Al alimentarse casi exclusivamente de otras aves como palomas en ciudades con superpoblación o cotorras, ayudan a mantener el equilibrio poblacional en el entorno urbano, evitando que ciertas especies se conviertan en una plaga para los jardines del hospital.
Al final del día, la colaboración del departamento de Asuntos Generales del 12 de Octubre ha sido clave para que estas rapaces encuentren un refugio seguro donde sus crías puedan desarrollarse antes de lanzarse a conquistar los cielos de la capital. La presencia de estos halcones, capaces de alcanzar la velocidad de vuelo de los halcones en picado, nos recuerda que el equilibrio del ecosistema urbano es posible cuando se respeta y fomenta la biodiversidad en nuestras propias construcciones.

