- El hipopótamo pigmeo (Choeropsis liberiensis) es un hipopótamo de menor tamaño, solitario y nocturno, propio de bosques pantanosos de África occidental.
- Presenta adaptaciones tanto al agua como al medio terrestre, es herbívoro generalista y tiene una biología reproductiva poco documentada en libertad.
- Sus poblaciones silvestres son reducidas y muy fragmentadas por la pérdida de hábitat, la caza oportunista y los conflictos humanos.
- Los programas de cría en cautividad y la protección de los bosques son claves para evitar la desaparición de esta especie en peligro.

El hipopótamo pigmeo, también llamado hipopótamo enano, es uno de esos animales que parece sacado de un cuento: cuerpo rechoncho, piel brillante y mirada tímida, pero con una historia evolutiva y ecológica increíblemente compleja. A pesar de su aspecto entrañable, se trata de una especie muy poco conocida, esquiva y amenazada, de la que todavía hoy persisten muchas incógnitas sobre su vida en libertad.
Este mamífero artiodáctilo es una de las dos únicas especies de hipopótamos actuales que permanecen en el planeta y, sin embargo, ha pasado desapercibido durante siglos, incluso para muchos habitantes de las zonas donde vive. En este artículo encontrarás una ficha completa sobre el hipopótamo pigmeo (Choeropsis liberiensis): características físicas, comportamiento, hábitat, alimentación, reproducción, evolución y estado de conservación, todo explicado con detalle y con un lenguaje cercano.
Ficha básica del hipopótamo pigmeo

El nombre científico actual del hipopótamo pigmeo es Choeropsis liberiensis, un término que significa algo así como “parecido a un cerdo de Liberia”. Pertenecen al reino Animalia, filo Chordata, clase Mammalia, orden Artiodactyla, suborden Whippomorpha y familia Hippopotamidae, la misma que el hipopótamo común.
Durante años se le incluyó en el género Hexaprotodon, junto a varios hipopótamos prehistóricos de Asia, pero los estudios más recientes de su filogenia han devuelto la especie al género Choeropsis, del que hoy es su único representante vivo. Esto lo convierte en una especie con un valor evolutivo muy particular dentro del grupo de los hipopótamos.
El epíteto específico “liberiensis” hace referencia a Liberia, país donde se concentra la mayor parte de la población salvaje. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cataloga al hipopótamo pigmeo como especie “En peligro” (EN) debido al fuerte declive de sus poblaciones y a la fragmentación extrema de su hábitat.
Existen dos subespecies descritas: Choeropsis liberiensis liberiensis, distribuida por Liberia, Costa de Marfil, Guinea y Sierra Leona, y Choeropsis liberiensis heslopi, asociada históricamente al delta del río Níger en Nigeria y considerada casi con total seguridad extinta en la actualidad.
Características físicas del hipopótamo pigmeo
A primera vista, el hipopótamo pigmeo recuerda a una versión reducida del hipopótamo común, pero con varios rasgos propios que lo diferencian claramente. En términos de tamaño, un adulto mide alrededor de 75-83 cm de altura a la cruz, con una longitud corporal de 1,50 a 1,77 m y un peso aproximado de 180 a 275 kg.
Su cuerpo es robusto y compacto, sostenido por un esqueleto relativamente más fino y estilizado que el de su pariente mayor. Los huesos son proporcionalmente más delgados y la columna vertebral se inclina ligeramente hacia delante, una adaptación que probablemente le ayuda a moverse entre la densa vegetación de los bosques.
La cabeza es más pequeña en proporción al cuerpo, con hocico redondeado y boca menos cuadrada que la del hipopótamo común. Los ojos, las orejas y las narinas no sobresalen tanto hacia arriba, algo lógico si se tiene en cuenta que el pigmeo pasa menos tiempo completamente sumergido en aguas profundas.
Sus patas son cortas pero fuertes, y los pies, aunque menos anchos que los del hipopótamo común, tienen los dedos más separados y con menor membrana interdigital. Esta anatomía facilita el desplazamiento por suelos fangosos y por el lecho del bosque húmedo, donde necesitan buena tracción más que una natación prolongada.
La piel es uno de sus rasgos más llamativos: presenta un color negro verdoso o marrón oscuro en la parte superior, que se aclara hacia un tono grisáceo cremoso en el vientre. Es muy parecida a la del hipopótamo común: epidermis muy fina y dermis de varios centímetros, lo que la hace vulnerable a la desecación y al sol directo si no se mantiene húmeda.
Al igual que su primo grande, segrega una sustancia rojiza conocida popularmente como “sudor de sangre”. No es ni sudor ni sangre, sino una secreción altamente alcalina con propiedades antisépticas y efecto fotoprotector que actúa como especie de protector solar natural. Gracias a ello, la piel suele verse brillante y húmeda, sobre todo cuando el animal pasa tiempo al sol.
En cuanto a longevidad, en cautividad se han registrado individuos que alcanzan entre 30 y 55 años, mientras que en libertad se estima que viven bastante menos, debido a los depredadores, la caza y las condiciones ambientales más duras.
Hábitat y distribución
El hipopótamo pigmeo es originario de los bosques húmedos y marismas del oeste de África. Sus poblaciones actuales se distribuyen por Liberia (donde es más abundante), Sierra Leona, Guinea y Costa de Marfil. En Nigeria existió una subespecie (C. l. heslopi), asociada al delta del Níger, de la que no hay registros recientes fiables y que se considera prácticamente desaparecida.
Su hábitat típico incluye pantanos, arroyos, ríos y zonas de bosque muy denso, preferentemente en áreas con gran cobertura vegetal y abundancia de agua. No se aleja demasiado de cursos fluviales o zonas encharcadas, porque necesita el agua y el barro para mantener la piel húmeda y regular la temperatura corporal.
Durante el día suele permanecer en madrigueras o cavidades en las orillas de los ríos, en huecos que a veces han excavado otros animales y que ellos amplían, o en hoyos naturales llenos de barro y agua. También utilizan zonas pantanosas con buena cobertura vegetal para ocultarse mientras descansan.
La distribución del hipopótamo pigmeo es hoy muy fragmentada. Los bosques continuos se han ido troceando por la tala, la conversión a tierras de cultivo, los asentamientos humanos y el desarrollo de infraestructuras. Se calcula que se han perdido más de 5.000 km² de hábitat adecuado, lo que ha dejado a muchas poblaciones aisladas entre sí, con el consiguiente riesgo de pérdida de diversidad genética.
Buena parte de los ejemplares salvajes se encuentran en parques nacionales y reservas, como el Parque Nacional Sapo en Liberia, donde se han realizado estudios con cámaras trampa. Aun así, ninguna población en libertad disfruta de una protección realmente sólida, y la presión humana sigue yendo a más.
Comportamiento y forma de vida
El hipopótamo pigmeo es un animal tímido, reservado y de hábitos nocturnos. Pasa gran parte del día oculto en el agua, en hoyos fangosos o en madrigueras de las orillas, y no es hasta el atardecer cuando sale a moverse y alimentarse por el bosque.
A diferencia del hipopótamo común, que forma grandes grupos sociales, el pigmeo es claramente solitario. Lo habitual es que se encuentre solo, en pareja durante los periodos de celo, o una hembra acompañada de su cría. Cuando varios individuos coinciden en una zona, en lugar de enfrentarse, tienden a ignorarse y evitar el contacto directo.
La territorialidad se gestiona sobre todo mediante el marcado con heces. Igual que el hipopótamo común, menea enérgicamente la cola mientras defeca, esparciendo el excremento y dejando un rastro olfativo muy evidente. Este comportamiento sirve tanto para delimitar espacios como para indicar rutas a seguir.
La comunicación vocal existe, pero es discreta. Pueden emitir sonidos para interactuar entre madre y cría o durante el cortejo, aunque el lenguaje corporal y las posturas (incluido el famoso “bostezo” mostrando colmillos cuando se sienten amenazados) tienen un peso mayor en sus interacciones.
En cuanto a su carácter, el hipopótamo pigmeo no tiene la fama agresiva de su pariente común. Tiende a huir antes que atacar, aunque, como cualquier animal de gran tamaño, puede volverse peligroso si se siente acorralado o si tiene que defender a su cría. Al ser una especie esquiva y de actividad nocturna, su observación en libertad es complicada y buena parte de lo que se sabe sobre su comportamiento procede de ejemplares mantenidos en zoológicos.
Alimentación del hipopótamo pigmeo
El hipopótamo pigmeo es un mamífero estrictamente herbívoro. No se alimenta de carne ni de carroña y su dieta se compone principalmente de plantas terrestres de los bosques que habita.
Suele alimentarse de helechos, hojas de plantas de hoja ancha, brotes tiernos, raíces y frutos caídos. Al vivir en zonas de bosque muy cerrado, la hierba no es abundante, así que consume muy poca vegetación gramínea, a diferencia del hipopótamo común, que pasta grandes extensiones de hierba.
Sus labios son muy móviles y fuertes, y le permiten arrancar el alimento tirando del tallo, que luego tritura con los molares. Si necesita alcanzar hojas algo más altas, puede erguirse apoyándose sobre las patas traseras, manteniendo el equilibrio el tiempo suficiente para llegar a las ramas. Los molares y la musculatura mandibular están bien adaptados a esta tarea.
No es un rumiante clásico, aunque se le considera un semirrumiante por tener un estómago con cuatro compartimentos. No realiza la fermentación del alimento de la misma forma que bovinos u ovinos, pero sí presenta un aparato digestivo especializado para aprovechar mejor la materia vegetal fibrosa.
La calidad de la dieta del hipopótamo pigmeo suele ser más alta que la del hipopótamo común, ya que incluye muchos frutos y partes tiernas de las plantas. Pasa alrededor de seis horas al día dedicado a buscar y consumir alimento, normalmente durante la noche y las primeras horas de la madrugada.
Reproducción y ciclo vital
El conocimiento sobre la reproducción del hipopótamo pigmeo en libertad es escaso, porque se trata de una especie difícil de observar en su medio. La mayor parte de los datos procede de poblaciones en cautividad, donde se ha estudiado con más detalle su ciclo reproductivo.
La madurez sexual se alcanza entre los tres y cinco años de edad. Se ha registrado el primer parto en una hembra de zoológico con solo tres años y tres meses. El ciclo estral de la hembra dura de media unos 35,5 días, y la fase de celo propiamente dicha se prolonga alrededor de 24 a 48 horas.
En los zoos, las parejas suelen ser monógamas, aunque no está claro que esto ocurra igual en la naturaleza, donde los encuentros entre machos y hembras podrían ser más esporádicos. La cópula puede producirse tanto en el agua como en tierra firme, y durante cada periodo de celo una pareja puede copular entre una y cuatro veces.
El embarazo dura aproximadamente 190-210 días (entre seis y siete meses). Lo normal es que nazca una sola cría, aunque se han documentado casos muy puntuales de gemelos. El parto, al igual que el apareamiento, puede ocurrir en tierra o en el agua, dependiendo de las condiciones y de la elección de la hembra.
Las crías pesan al nacer entre 4,5 y 6,2 kg, siendo los machos ligeramente más pesados que las hembras. Prácticamente desde el primer momento son capaces de nadar. Durante el periodo de lactancia, cuando la madre sale a alimentarse por la noche, la cría suele permanecer sola, escondida en el agua o en el refugio, hasta que la madre regresa varias veces al día para amamantarla tumbándose de lado.
El destete se completa entre los seis y ocho meses, aunque las crías pueden seguir acompañando a la madre algo más de tiempo mientras aprenden a moverse por el territorio y a encontrar alimento por sí mismas. En cautividad se ha observado que el sexo de las crías nacidas no es equilibrado: alrededor del 41 % son machos, lo que da un sex-ratio aproximado de 0,7 machos por cada hembra.
Evolución y origen del hipopótamo pigmeo
Durante mucho tiempo se pensó que los hipopótamos estaban emparentados estrechamente con los suídos y tayasúidos (cerdos y pecaríes), probablemente por su aspecto general y su dieta. Sin embargo, los estudios genéticos y paleontológicos de las últimas décadas han demostrado que sus parientes vivos más cercanos son en realidad los cetáceos: ballenas y delfines. Esto figura entre las curiosidades evolutivas más relevantes del grupo.
Hipopótamos y cetáceos comparten un antepasado semiacuático común que se habría separado del resto de artiodáctilos hace unos 60 millones de años. Aproximadamente 6 millones de años después, ese linaje se dividiría en dos ramas: una que evolucionaría hacia los cetáceos y otra que daría origen a los antracotéridos, un amplio grupo de mamíferos cuadrúpedos de aspecto algo similar a hipopótamos menos robustos.
Dentro de la familia Hippopotamidae, el género fósil más antiguo conocido es Kenyapotamus, que vivió en África hace entre 16 y 8 millones de años y tendría un tamaño similar al del hipopótamo pigmeo actual. Posteriormente, géneros como Archaeopotamus habitaron África y Oriente Próximo y se consideran antepasados de los hipopótamos modernos de gran tamaño.
Los linajes de los dos géneros actuales de hipopótamos, Hippopotamus (hipopótamo común) y Choeropsis (hipopótamo pigmeo), pudieron separarse hace aproximadamente 8 millones de años. Géneros como Saotherium se han propuesto como formas ancestrales cercanas al origen del actual Choeropsis.
Es importante diferenciar al hipopótamo pigmeo africano de otras especies pequeñas de hipopótamos que se extinguieron en islas del Mediterráneo y en Madagascar durante el Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano. Estas especies insulares, aunque de tamaño comparable al del hipopótamo pigmeo, se consideran casos de enanismo insular a partir de hipopótamos de mayor tamaño, y no parientes cercanos directos de Choeropsis liberiensis.
Historia natural y descubrimiento por la ciencia
A diferencia del hipopótamo común, conocido por las civilizaciones mediterráneas desde la Antigüedad, el hipopótamo pigmeo permaneció prácticamente oculto hasta el siglo XIX. Sus hábitos nocturnos, su carácter huidizo y su preferencia por los bosques espesos hicieron que incluso muchos habitantes locales lo conocieran poco.
En Liberia se le llegó a llamar “vaca de agua”, y los primeros informes europeos que hablaban de él lo confundían con un jabalí de gran tamaño. Cráneos enviados al científico estadounidense Samuel George Morton durante su estancia en Monrovia permitieron las primeras descripciones formales de la especie, inicialmente bajo el nombre de Hippopotamus minor.
El primer ejemplar vivo trasladado a Europa llegó en 1873 desde Sierra Leona, capturado por un miembro del Servicio Colonial Británico. No sobrevivió mucho tiempo, pero sentó un precedente para posteriores capturas que, a comienzos del siglo XX, permitieron introducir con éxito a la especie en zoológicos europeos y estadounidenses, donde se empezó a estudiar en profundidad.
En 1927, el empresario Harvey Firestone obsequió un hipopótamo pigmeo llamado Billy al presidente estadounidense Calvin Coolidge. Este animal acabó en el Smithsonian National Zoological Park, y se considera que muchos de los hipopótamos pigmeos de los zoos de Estados Unidos descienden de él.
Con el paso del tiempo, la especie también ha protagonizado leyendas y relatos populares en África occidental. Algunas historias afirman que estos animales llevan un diamante en la boca que les sirve para iluminar el camino de noche, y que lo esconden durante el día. Otros mitos cuentan que las crías no maman, sino que lamen secreciones de la piel de la madre para alimentarse.
En tiempos recientes, algunos ejemplares concretos se han hecho virales en redes sociales, contribuyendo a que el hipopótamo pigmeo comience a ser más conocido por el gran público, aunque esto también ha generado problemas de interacción inadecuada con los animales en ciertos zoológicos.
Amenazas y estado de conservación
La principal amenaza para la supervivencia del hipopótamo pigmeo es la destrucción y fragmentación de su hábitat. La tala intensiva de bosques tropicales, la expansión agrícola, la ganadería, las plantaciones industriales y el crecimiento de infraestructuras han ido reduciendo y troceando las áreas donde puede vivir.
A medida que los bosques se van reduciendo en pequeños parches aislados, las poblaciones de hipopótamo pigmeo quedan separadas unas de otras, lo que aumenta el riesgo de consanguinidad y reduce la variabilidad genética. Además, los animales se ven obligados a moverse por zonas alteradas, donde pueden entrar en conflicto con las actividades humanas.
La caza no es tan intensa como en el caso del hipopótamo común, ya que los pigmeos son más discretos y no se agrupan en grandes números, pero aun así son perseguidos de forma oportunista para consumir su carne, que se considera de muy buena calidad, comparable a la del jabalí. Sus dientes, a diferencia de los del hipopótamo común, no tienen un valor especial en el mercado.
En el ecosistema natural, los principales depredadores del hipopótamo pigmeo son el leopardo, grandes pitones africanas y algunos cocodrilos. Estos depredadores pueden atacar sobre todo a crías o individuos jóvenes, aunque se desconoce con exactitud el impacto real que tienen sobre el tamaño total de las poblaciones.
Los conflictos armados en varios países de África occidental también han afectado a la especie, tanto por el desplazamiento de personas hacia las zonas boscosas como por la falta de control y protección en parques nacionales durante los periodos de inestabilidad. Todo ello ha contribuido a que hoy se estime que quedan menos de 3.000 hipopótamos pigmeos en libertad.
En 2007, Choeropsis liberiensis fue incluido entre las primeras “especies EDGE” (Evolutionarily Distinct and Globally Endangered), un listado que reúne animales con una historia evolutiva singular y un alto grado de amenaza, para priorizar esfuerzos de conservación. Esto subraya la necesidad urgente de proteger tanto al hipopótamo pigmeo como a su hábitat.
Conservación en cautividad y esfuerzos de protección
Paradójicamente, las poblaciones en cautividad de hipopótamo pigmeo están hoy más seguras que la mayoría de las poblaciones salvajes. Desde principios del siglo XX la especie se ha reproducido con bastante éxito en zoológicos de todo el mundo. Un ejemplo reciente de incorporación de hipopótamos a recintos zoológicos y actividades públicas puede consultarse en el zoológico de Culiacán.
El Zoo de Basilea, en Suiza, coordina el registro internacional de linajes de esta especie y gestiona los programas de cría en cautividad a nivel global. Entre 1970 y 1991 la población de hipopótamos pigmeos en zoos se duplicó, lo que ha permitido mantener una reserva genética relativamente estable.
En estos entornos controlados, los animales disfrutan de una esperanza de vida más alta (entre 42 y 55 años), con atención veterinaria, alimentación adecuada y recintos diseñados para satisfacer su necesidad de agua, barro y refugios tranquilos.
No obstante, la conservación en cautividad no sustituye a la protección de las poblaciones salvajes. Las reservas y parques nacionales en África occidental, junto con proyectos internacionales como EDGE, intentan mejorar la vigilancia, reducir la caza furtiva y fomentar una gestión forestal más sostenible. Sin embargo, la presión sobre los bosques sigue siendo muy fuerte y los recursos para la conservación son limitados.
El futuro del hipopótamo pigmeo depende de una combinación de programas de cría en zoos, protección efectiva del hábitat, educación local y apoyo internacional. Solo con una estrategia conjunta será posible asegurar que este pequeño y esquivo hipopótamo continúe formando parte de la fauna africana y no quede reducido a una curiosidad genética mantenida únicamente tras los barrotes de un parque zoológico.
La historia del hipopótamo pigmeo reúne ciencia, mito, evolución y supervivencia: se trata de un mamífero semiacuático emparentado con ballenas y delfines, especializado en bosques pantanosos, de temperamento discreto y vida nocturna, cuya biología conocemos en buena medida gracias a los zoológicos, mientras sus poblaciones silvestres se ven acorraladas por la pérdida de bosque, la caza y los conflictos humanos, lo que convierte su conservación en uno de los retos más delicados y urgentes para la fauna de África occidental.