- Las iguanas verdes no nativas de Florida quedan inmóviles y pueden caer de los árboles cuando el termómetro baja de unos 10 ºC
- La Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida recomienda no tocar ni trasladar a estos reptiles aturdidos por el frío
- Investigaciones recientes apuntan a que varias especies están aumentando ligeramente su tolerancia a las bajas temperaturas
- El fenómeno se vincula tanto a episodios de frío intenso como al impacto del cambio climático y la expansión de especies invasoras

En el sur de Florida se repite un fenómeno que, a ojos europeos, puede parecer sacado de una película: iguanas verdes que quedan rígidas por el frío y caen desde los árboles como si se hubieran congelado de golpe. No es una rareza puntual, sino un episodio que los residentes de la zona ya reconocen cada vez que llega una masa de aire gélido.
Aunque en España y buena parte de Europa asociamos las iguanas a climas cálidos y estables, lo que ocurre en Florida sirve como aviso de cómo las especies exóticas reaccionan a los extremos climáticos y de por qué las autoridades insisten en no intervenir de forma inadecuada cuando vemos un animal aparentemente inmóvil.
Un frente frío que deja iguanas “congeladas” en los árboles

Cuando las temperaturas se desploman en el llamado “Estado del Sol”, las condiciones pueden ser muy engañosas: cielo despejado, palmeras… y, sin embargo, mínimas que bajan por debajo de los 10 ºC en algunos puntos del sur, como los condados de Miami-Dade, Broward o Palm Beach. Con la llegada de un frente frío intenso, el mercurio ha llegado al rango de los 40 °F (entre 4 y 9 ºC), e incluso menos si contamos la sensación térmica por el viento.
La Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida (FWC, por sus siglas en inglés) ya había explicado en varias ocasiones que cuando el termómetro se sitúa por debajo de los 50 °F (unos 10 ºC) las iguanas verdes no nativas empiezan a tener problemas serios para mantener el control de su cuerpo. En los últimos episodios de frío, estas condiciones se han repetido, lo que ha provocado una nueva oleada de reptiles aturdidos bajo los árboles.
La escena se ha vuelto tan recurrente que algunos medios locales han salido a documentarla sobre el terreno. Durante una mañana especialmente fría, un equipo de televisión acompañó a un experto local apodado el “Tarzán cubano de las iguanas” y pudo comprobar de primera mano cómo numerosos ejemplares permanecían inertes en el suelo o colgaban de las ramas, sin respuesta aparente, tras haberse desplomado desde cierta altura.
Mientras tanto, otras zonas de Florida sufrían todavía condiciones más extremas. El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) emitió avisos de heladas en gran parte del norte y centro del estado, con mínimas previstas de hasta -4 ºC y sensaciones térmicas cercanas a -6 ºC en algunos condados del noreste. Estas temperaturas no solo amenazan a la fauna, también a cultivos, plantas sensibles e incluso tuberías sin protección.
En este contexto meteorológico tan poco habitual para la imagen que muchos tienen de Florida, las iguanas se convierten, sin quererlo, en uno de los símbolos más llamativos del impacto del frío: animales tropicales, presentes en gran número por ser una especie invasora muy extendida en áreas urbanas y residenciales, literalmente cayendo de los árboles al amanecer.
Por qué el frío deja a las iguanas inmóviles
La explicación a este comportamiento tan llamativo está en la biología básica de estos reptiles. Las iguanas verdes son animales de sangre fría, o ectotermos, lo que significa que no generan calor interno de forma eficaz como los mamíferos o las aves. Su temperatura corporal y su actividad dependen casi por completo del ambiente: del sol, del aire y de las superficies sobre las que se posan.
Cuando el aire se enfría con fuerza, su metabolismo se ralentiza drásticamente. El cuerpo entra en una especie de “modo ahorro de energía” y, si el descenso de temperatura es suficiente, las iguanas pierden temporalmente el control muscular. No es que estén muertas ni literalmente congeladas, pero sus músculos dejan de responder y quedan rígidas, incapaces de agarrarse a las ramas o de desplazarse.
Organizaciones especializadas en el control de esta especie invasora en Florida señalan que, durante estos episodios, las iguanas sufren un estado de letargo intenso, pero la inmovilización suele ser reversible si las temperaturas vuelven a subir con el paso de las horas. Es, en cierto modo, una forma accidental de hibernación forzada por un frío para el que no están del todo preparadas.
El problema es que, mientras permanecen inmóviles, corren un riesgo elevado de lesiones y depredación. Una caída desde varios metros de altura puede provocarles daños internos o fracturas, y al estar indefensas en el suelo pueden convertirse en presa de otros animales. Aun así, para muchos ejemplares el mayor peligro no viene de la naturaleza, sino de la reacción humana ante algo que parece un animal inerte y sin vida.
Es importante remarcar que, aunque la escena resulte impactante, estos reptiles no se transforman en estatuas de hielo: la temperatura ambiental rara vez llega a niveles de congelación absoluta en el sur de Florida. Lo que vemos, más bien, es el límite fisiológico de una especie diseñada para un clima cálido enfrentándose a un episodio de frío brusco que el cuerpo no consigue gestionar con normalidad.
Qué recomiendan las autoridades: no tocar, no trasladar y no soltar
Ante la avalancha de imágenes de iguanas inmóviles cada vez que baja la temperatura, la FWC ha tenido que lanzar mensajes claros a la población sobre cómo actuar. En comunicaciones recientes, la agencia recordaba que, cuando estas iguanas y otros reptiles pierden el control muscular por culpa del frío, pueden parecer moribundos, pero no hay que darse tanta prisa en rescatarlos.
Una de las advertencias más insistentes es evitar a toda costa la tentación de llevarse las iguanas a casa o al coche para “reanimarlas”. Estos animales pueden recuperarse del letargo mucho antes de lo que la gente imagina y, si despiertan en un espacio cerrado y sin posibilidad de huir, pueden reaccionar de forma defensiva: mordiscos, zarpazos y golpes con la cola forman parte de su repertorio cuando se sienten acorralados.
Las autoridades también subrayan que no se debe permitir que perros, gatos u otras mascotas se acerquen a las iguanas inmovilizadas. Aunque parezcan indefensas, siguen siendo animales silvestres con dientes y garras bien desarrollados, y un movimiento brusco al recuperar la movilidad puede terminar con un buen susto o con heridas serias para el animal doméstico.
A todo esto se suma el aspecto legal. En Florida, la iguana verde está catalogada como especie prohibida, por lo que su posesión y manejo están estrictamente regulados. La FWC recuerda que está prohibido reubicar o liberar iguanas verdes (y otras muchas especies) por cuenta propia, y que para tener un ejemplar vivo se necesita un permiso específico. Es decir, no basta con recoger a un animal del suelo y dejarlo después en otro lugar “más seguro”.
Este enfoque puede parecer duro desde una óptica europea, donde el instinto suele ser ayudar a cualquier animal que parece en apuros. Sin embargo, refleja el equilibrio complejo entre gestionar una especie invasora muy numerosa y garantizar al mismo tiempo la seguridad de las personas y de la fauna autóctona, sin fomentar prácticas que agraven el problema de expansión de estas iguanas.
Investigaciones: las iguanas parecen tolerar un poco más el frío
Más allá de la anécdota visual de los reptiles cayendo de los árboles, la ciencia empieza a detectar cambios en cómo estas especies afrontan las bajas temperaturas. Un trabajo publicado en la revista Biology Letters analizó siete especies de lagartos e iguanas comunes en el sur de Florida y encontró un dato llamativo: el umbral de frío a partir del cual se paralizan se habría desplazado ligeramente en apenas unos años.
Según este estudio, el llamado “número mágico” se sitúa alrededor de los 44 °F, unos 6 ºC. A partir de ahí, la mayoría de estos reptiles pierden la capacidad de moverse. Lo interesante es que, en 2020, las especies analizadas soportaban temperaturas algo más bajas que cuatro años antes, con una diferencia aproximada de 2 °F (poco más de un grado Celsius).
Los autores del trabajo interpretan este cambio como una posible señal de adaptación: las iguanas, especialmente los ejemplares más grandes, estarían desarrollando una resistencia algo mayor al frío, quizá como respuesta a los episodios invernales que se repiten cada cierto tiempo. No se trata de un salto espectacular, pero sí de una tendencia que podría hacer que, en el futuro, la imagen de iguanas lloviendo de los árboles sea menos frecuente.
Este ajuste en el umbral térmico convive, además, con otro factor de fondo: el calentamiento global. A medida que aumentan las temperaturas medias a nivel planetario, los episodios de frío extremo pueden volverse menos habituales en determinadas regiones, lo que reduciría aún más las situaciones en las que los reptiles entran en este letargo peligroso.
Para Europa y, en particular, para España, donde el comercio de reptiles exóticos es una realidad, estos resultados sirven como recordatorio de que las especies introducidas pueden adaptarse con rapidez a nuevos climas. Un lagarto o una iguana que hoy parece poco preparada para sobrevivir a nuestros inviernos podría, con el tiempo, desarrollar una tolerancia mayor, complicando todavía más su control si llega a establecerse en libertad.
Lecciones para España y Europa ante especies exóticas y olas de frío
Aunque Florida y la península ibérica no comparten exactamente el mismo clima, lo que ocurre con las iguanas paralizadas por el frío ofrece pistas sobre cómo gestionar especies invasoras en un contexto de cambios climatológicos. En España, los episodios de irrupciones de aire ártico o siberiano también pueden provocar situaciones límite para animales acostumbrados a condiciones más suaves, tanto autóctonos como introducidos.
En los últimos años, el debate sobre animales exóticos como mascotas ha ganado peso en Europa. El caso de las iguanas en Florida ilustra muy bien el riesgo de que, tras escapes o liberaciones intencionadas, estas especies encuentren un nicho adecuado en parques, jardines o zonas periurbanas. Si el clima se vuelve más templado por efecto del cambio climático, el abanico de lugares donde podrían asentarse se amplía.
Desde el punto de vista de la gestión, las autoridades europeas ya aplican normativas que restringen la tenencia y liberación de especies invasoras, pero la experiencia de Florida sugiere que también es clave educar a la ciudadanía sobre cómo reaccionar ante estos animales, especialmente en episodios meteorológicos extremos. Ni compasión mal entendida ni persecución indiscriminada: hace falta información clara y protocolos bien definidos.
Para los servicios de fauna, además, episodios de frío intenso pueden ofrecer oportunidades y desafíos al mismo tiempo. Por un lado, las bajas temperaturas pueden reducir temporalmente la actividad de ciertas especies introducidas, facilitando su captura o control. Por otro, también pueden generar imágenes impactantes que alimenten noticias virales sin contexto, lo que complica transmitir mensajes serenos y basados en datos.
En un escenario europeo de olas de calor más frecuentes pero también de eventos de frío brusco difíciles de prever, lo que le sucede a las iguanas en Florida actúa como un recordatorio de que la fauna, nativa o exótica, está sometida a un estrés creciente. Entender estas respuestas fisiológicas al clima es una pieza más del puzle de la adaptación al cambio climático, tanto para los ecosistemas como para las políticas de conservación.
Estas imágenes de reptiles desplomados bajo las palmeras nos hablan menos de una anécdota curiosa y más de la coexistencia, a veces tensa, entre especies invasoras, meteorología extrema y actividad humana. Para España y el resto de Europa, la experiencia de Florida funciona como un banco de pruebas adelantado de problemas que podrían aparecer si no se gestionan con cuidado el comercio de animales exóticos, la liberación irresponsable y la respuesta ante fenómenos climáticos cada vez más extremos.
