- Diez ejemplares han vuelto al archipiélago tras ser recuperados de un intento de contrabando internacional hacia el mercado europeo.
- Dos iguanas no lograron sobrevivir debido al estrés y las malas condiciones del traslado ilegal inicial.
- Los reptiles se encuentran en una zona de cuarentena estricta para evitar riesgos biológicos antes de su liberación definitiva.
- Las autoridades utilizan pruebas de ADN para identificar con precisión la isla de origen de cada animal.

Parece que por fin hay buenas noticias para la fauna salvaje, y es que diez iguanas marinas han conseguido volver a su hogar en las Islas Galápagos tras vivir una auténtica pesadilla por culpa de las mafias que comercian con animales. Estos reptiles habían sido sacados de su entorno natural de malas maneras, pero gracias a una intervención técnica y judicial de primer nivel, han podido ser repatriados desde Guayaquil este pasado domingo para alegría de los conservacionistas.
La historia tiene la miga porque estas criaturas fueron interceptadas en un control de equipaje justo cuando estaban a punto de ser enviadas fuera de Ecuador, con destino final en Europa, lo que pone sobre aviso a las autoridades europeas sobre la entrada de especies protegidas. Aunque la mayoría ha tenido suerte y ya respira el aire de las islas, el final no ha sido feliz para todos los ejemplares, ya que un par de ellos no aguantaron el estrés y los malos tratos del traslado ilegal y fallecieron poco después del rescate.
La odisea de las supervivientes y el cerco a los traficantes

Todo este lío empezó a mediados de mayo, cuando en una inspección rutinaria en el aeropuerto se descubrió que tres ciudadanos tailandeses llevaban a los animales escondidos. La movida fue importante porque se trataba de doce ejemplares en total, una auténtica barbaridad si tenemos en cuenta lo delicadas que son estas iguanas. Tras el rescate, las que quedaron con vida tuvieron que pasar por una clínica veterinaria especializada en Guayaquil para que los expertos las pusieran a punto antes de pensar siquiera en el viaje de vuelta.
Durante esos días de cuidados intensivos, los técnicos no les quitaron el ojo de encima. Les hicieron de todo: controles de peso, toma de muestras biológicas y, lo más importante, una dieta a base de algas naturales para que recuperasen fuerzas. Vaya, que las trataron como a reinas para compensar el mal trago que pasaron en manos de los traficantes, quienes por cierto ya están a buen recaudo en prisión preventiva mientras avanza la investigación judicial por este delito contra la naturaleza.
Protocolos de bioseguridad y el papel de la ciencia
Ahora que ya están de nuevo en Galápagos, la cosa no es llegar y soltarlas sin más. Los expertos de la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG) se lo toman muy en serio y han metido a los animales en un sistema de cuarentena de unos veinte días. Esto se hace básicamente para no meter la pata y asegurar que ninguna de estas iguanas traiga consigo algún bicho o bacteria de fuera que pueda poner en peligro al resto de la población del archipiélago, que es única en el mundo.
Pero hay más, porque no todas las iguanas marinas de las Galápagos son iguales. Dependiendo de la isla, tienen sus cosillas genéticas, así que la Universidad San Francisco de Quito está echando un cable con análisis de sangre para identificar su procedencia exacta. La idea es que cada una vuelva a su isla de origen, ya sea Fernandina, Isabela o cualquier otra, para que el equilibrio genético de la zona no se vea alterado, apoyándose en el avance en la conservación de la iguana marina de Galápagos por la mano del hombre otra vez.
- Se están realizando peritajes técnicos especializados para fortalecer la causa contra los detenidos.
- El delito de tráfico de fauna silvestre conlleva penas de cárcel bastante serias según el código penal local.
- Las necropsias de los ejemplares fallecidos serán clave para entender el impacto físico del tráfico ilegal en estas especies.
En definitiva, este operativo ha demostrado que cuando las instituciones se coordinan, se le puede dar un buen hachazo al tráfico ilegal de especies, aunque todavía queda mucho camino por recorrer para blindar estos santuarios naturales. Tras pasar este último filtro sanitario y conocer los resultados de ADN, las diez iguanas recuperarán por fin su libertad total en el entorno volcánico que nunca debieron abandonar, cerrando así un capítulo oscuro que vuelve a poner el foco en la necesidad de vigilar estrechamente las redes de contrabando que operan a nivel global.