- Un video viral mostró en Pustunich (Yucatán) una piñata rellena con iguanas vivas durante el Día de la Santa Cruz.
- La práctica, ligada a los llamados "cantaritos", es señalada como posible delito de maltrato animal según la ley yucateca.
- Usuarios han etiquetado a Fiscalía, Profepa y Semarnat, exigiendo sanciones y una investigación formal.
- El caso recuerda al ritual Kots Kaal Pato, prohibido en 2016, y reabre el debate sobre tradiciones y bienestar animal.
Un video grabado en la comisaría de Pustunich, en el municipio de Ticul (Yucatán), ha desatado una fuerte tormenta en redes sociales al mostrar una celebración en la que se utilizan iguanas vivas como si fueran el relleno de una piñata. Lo que para parte de la población local se presenta como una costumbre festiva ligada al Día de la Santa Cruz, para miles de usuarios y colectivos es un caso claro de maltrato animal y de tráfico ilegal.
Las imágenes, difundidas inicialmente por cuentas locales y compartidas después por perfiles como @LupitaJuarezH y la página Filmaciones el suncho, han acumulado miles de visualizaciones en pocas horas. En los comentarios, una abrumadora mayoría critica la práctica, la califica de crueldad injustificable y exige la intervención de las autoridades ambientales y de justicia, lo que ha reabierto un debate que en Yucatán se creía superado tras la prohibición de otras tradiciones violentas con animales.
Qué muestra el video de la piñata con iguanas vivas en Pustunich
El material difundido en redes sociales recoge una escena nocturna de fiesta popular en Pustunich, donde vecinos se reúnen para participar en los llamados «cantaritos» de Pustunich. Se trata de jarrones de barro colgados en alto que se golpean con palos, a modo de piñata, durante la celebración del 3 de mayo por el Día de la Santa Cruz.
Lo que ha levantado la polémica es que, según se aprecia con claridad en las grabaciones, estos recipientes de barro están llenos de iguanas vivas, conocidas localmente como toloks. Cuando el cantarito se rompe, los reptiles caen desde cierta altura al pavimento, se golpean contra el suelo y tratan de huir mientras varias personas se acercan, los persiguen o los patean.
En los videos se oye un ambiente de fiesta: gritos, música y risas, mientras los animales se desploman, algunos totalmente inmóviles tras el impacto. Esa combinación de jolgorio y sufrimiento animal es uno de los aspectos que más ha indignado a quienes han visto las imágenes, tanto dentro como fuera de Yucatán.
Testigos y medios locales señalan que la dinámica no acaba cuando los reptiles salen despedidos del cantarito, sino que muchos son después rematados por los presentes, como han mostrado operativos que rescatan iguanas enjauladas en mercados locales en rescates recientes. De este modo, una especie emblemática del ecosistema yucateco se convierte en el centro de un ritual señalado ahora como cruel por gran parte de la opinión pública.
Las grabaciones, que habrían sido realizadas el 3 de mayo, circularon primero en Facebook y posteriormente en la red X, donde superaron con rapidez las ocho mil visualizaciones y generaron cientos de interacciones. Más del 80 % de los comentarios, según se ha señalado, condenan el acto y piden castigo a los responsables, lo que ha provocado que el caso trascienda lo local para convertirse en un ejemplo más de la tensión entre tradición y bienestar animal.
Indignación ciudadana y presión en redes sociales contra el maltrato animal
La reacción en redes no se hizo esperar: perfiles personales, periodistas locales y colectivos animalistas compartieron el video acompañándolo de mensajes en los que describen la práctica como «barbarie» y «crueldad». Multitud de usuarios cuestionan que este tipo de dinámicas se justifiquen en nombre de la cultura o de las costumbres de los pueblos.
Buena parte de los comentarios se centra en el hecho de que no se trata de un acto aislado, sino de una actividad repetida en las festividades del Día de la Santa Cruz en la zona, lo que evidenciaría cierta normalización del maltrato hacia la fauna local, y por ello se han pedido públicamente medidas sobre iguanas en espacios urbanos.
En X y Facebook, los internautas han etiquetado directamente a la Fiscalía General del Estado de Yucatán (FGE), a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). El objetivo es presionar para que se abra una investigación formal y se apliquen las sanciones previstas en la normativa de protección animal, así como atender alertas sobre el impacto ambiental y sanitario que genera el tráfico de fauna.
Pese a la viralización y a la insistencia de la ciudadanía, hasta el momento en que se difundieron las primeras informaciones no se había emitido un pronunciamiento oficial por parte de estas instituciones, al menos de manera pública. Esta ausencia de respuesta ha alimentado el malestar y las críticas, con mensajes que cuestionan la eficacia de la vigilancia y la capacidad de las autoridades para frenar prácticas consideradas violentas.
La presión social no se limita a pedir sanciones económicas o posibles penas de prisión para los organizadores. Numerosas voces reclaman cambios profundos en la forma de celebrar estas fiestas, sustituyendo el uso de animales vivos por alternativas simbólicas, algo que ya se ha hecho en otros puntos de Yucatán tras largas campañas públicas y acuerdos entre diferentes actores.
Marco legal en Yucatán y debate sobre bienestar animal
El caso de la piñata con iguanas vivas ha puesto el foco sobre el marco jurídico vigente en Yucatán en materia de protección animal. La legislación del estado considera delito maltratar, lastimar o causar sufrimiento injustificado a los animales, contemplando sanciones que pueden incluir multas económicas y penas de prisión.
En este contexto, introducir reptiles vivos en recipientes de barro para ser golpeados, lanzarlos desde altura al pavimento y exponerlos a golpes posteriores encaja para muchos especialistas en la definición de maltrato tipificada en la ley. Además, las iguanas suelen estar protegidas por normativas federales al tratarse de fauna silvestre con un papel relevante en los ecosistemas de la región, e incluso han recibido protección internacional en CITES en otros contextos.
Las denuncias y etiquetados en redes buscan precisamente que la FGE, Profepa y Semarnat determinen si se ha cometido un delito y si corresponde iniciar procesos administrativos o penales. Aunque el contexto sea festivo, la normativa mexicana establece que el sufrimiento de los animales no puede ampararse bajo el paraguas de la tradición.
Este episodio sirve también para señalar un problema de fondo: la distancia entre la ley y su aplicación efectiva. La reiteración de casos de maltrato animal, tanto en zonas rurales como urbanas, sugiere que aún hay retos importantes en materia de vigilancia, concienciación y recursos para controlar este tipo de prácticas.
Desde una perspectiva comparada, en muchos países europeos y en España se han vivido debates similares en torno a festividades en las que se emplean animales, lo que ha dado lugar a restricciones, prohibiciones o reconversiones de algunos festejos. El caso de Yucatán encaja en esa tendencia global en la que el bienestar animal gana peso frente a ciertas expresiones tradicionales que implican sufrimiento.
Antecedentes: del Kots Kaal Pato a otras tradiciones cuestionadas
El episodio de Pustunich no surge de la nada. Diversas organizaciones y activistas han recordado el precedente del Kots Kaal Pato, un controvertido ritual que se celebraba en una comunidad del municipio de Izamal y que fue cancelado definitivamente en 2016 tras años de protestas.
El nombre de esta tradición, procedente de la lengua maya, se traduce como «arrancarle el cuello al pato». Durante las fiestas en honor a San Bartolo en Citilcum se colgaban aves vivas para ser degolladas y golpeadas, y en algunos momentos también se utilizaban otros animales como iguanas y zarigüeyas en dinámicas festivas muy similares a las de una piñata.
La supresión del Kots Kaal Pato fue posible gracias a un acuerdo multisectorial que involucró a autoridades municipales, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán, la Iglesia católica y organizaciones como Humane Society International México, además del respaldo de recomendaciones previas de la Profepa. No fue un cambio inmediato, sino el resultado de una presión sostenida durante años, y ejemplos de conservación y reintroducción como la reintroducción de iguanas terrestres muestran alternativas de gestión positiva.
A partir de ese pacto, las fiestas se transformaron para convertirse en celebraciones libres de crueldad, sustituyendo a los animales por piñatas simbólicas y otras actividades comunitarias. Este ejemplo se ha citado ahora para demostrar que las costumbres pueden evolucionar sin perder su sentido de identidad ni el componente festivo.
Más allá de Citilcum, Yucatán ha enfrentado otras polémicas relacionadas con el uso de animales en festejos populares. Cada uno de estos casos ha ido sumando argumentos a favor de replantear ciertas prácticas y reforzar la educación en bienestar animal, una discusión que también se observa en España con actividades cuestionadas en distintas comunidades autónomas.
Tradición frente a derechos de los animales: un debate que traspasa fronteras
La controversia por la piñata con iguanas vivas en Pustunich se inscribe en un debate más amplio sobre cómo compatibilizar las tradiciones locales con la protección de los animales. En México, España y otros países europeos, la sociedad se ha ido sensibilizando progresivamente frente a escenas de sufrimiento animal, lo que ha llevado a revisar prácticas que durante décadas se consideraban normales.
En el caso yucateco, defensores de las costumbres argumentan que los festejos forman parte de la identidad de los pueblos y que suponen un punto de encuentro comunitario. Sin embargo, cada vez resulta más difícil justificar el uso de animales vivos en dinámicas que implican golpes, estrés extremo o muerte violenta, especialmente cuando existen alternativas lúdicas sin ese coste de sufrimiento.
Organizaciones animalistas y especialistas en derecho recuerdan que la noción de tradición no puede situarse por encima de los derechos básicos de los animales, del mismo modo que en Europa se han ido limitando o prohibiendo eventos por considerarlos incompatibles con los estándares actuales de bienestar y con argumentos sobre la sentiencia animal.
Este caso, que ha saltado de una comunidad concreta al escrutinio público, muestra cómo las redes sociales se han convertido en una herramienta clave para visibilizar situaciones que antes quedaban ocultas. La viralización de unos segundos de video basta hoy para generar presión mediática, abrir investigaciones y forzar a las instituciones a posicionarse.
En última instancia, la piñata con iguanas vivas en Yucatán actúa como un termómetro del cambio social: una parte creciente de la ciudadanía ya no acepta el sufrimiento animal como entretenimiento, y reclama tanto en América Latina como en Europa un marco legal más firme, mayor vigilancia y una revisión profunda de las fiestas que siguen basándose en la violencia hacia la fauna.
El episodio de Pustunich, la respuesta airada en redes y el recuerdo de tradiciones ya prohibidas como el Kots Kaal Pato dejan claro que el conflicto entre costumbres arraigadas y protección animal está lejos de cerrarse, pero también evidencian que existen caminos para transformar las celebraciones en eventos más respetuosos donde la convivencia, la cultura y el disfrute no dependan del sufrimiento de ningún ser vivo.
