- Los arácnidos son artrópodos quelicerados con ocho patas, cuerpo en dos tagmas y sin antenas ni alas, muy distintos de los insectos.
- Su fisiología combina digestión externa, respiración por pulmones en libro o tráqueas y un sistema circulatorio abierto con función hidráulica en las patas.
- Las arañas destacan dentro de los arácnidos por la producción de seda, la enorme diversidad de especies y su papel crucial como depredadoras de insectos.
- En España habitan numerosas arañas y otros arácnidos, la gran mayoría inofensivos, con pocas especies capaces de causar envenenamientos importantes.
Las arañas y otros arácnidos forman un mundo entero en miniatura que solemos ver de reojo: la telaraña en la esquina del techo, el escorpión de un documental o esa garrapata que hay que quitarle al perro. Detrás de esas escenas cotidianas hay una clase zoológica enorme, con decenas de miles de especies, una anatomía peculiar y estrategias de caza y defensa que, siendo sinceros, parecen ciencia ficción.
Si alguna vez te has preguntado si las arañas son insectos, por qué tienen ocho patas, cómo respiran o cuáles son realmente peligrosas, este artículo te va a venir de perlas. Vamos a repasar de forma clara y entretenida qué son los arácnidos, cómo se organizan, cómo viven y qué papel tienen tanto en la naturaleza como en nuestra vida diaria, sin dejarnos en el tintero la enorme diversidad de arañas que tenemos en España.
Qué son los arácnidos y cómo se clasifican
Los arácnidos pertenecen al dominio Eukaryota, reino Animalia, filo Arthropoda, subfilo Chelicerata y clase Arachnida; es decir, son artrópodos quelicerados con cuerpo segmentado y esqueleto externo. El término Arachnida viene del griego “aráchne” (araña) y el sufijo “-ida” que alude a pertenencia a un grupo.
Hasta hoy se han descrito más de 102.000 especies de arácnidos, lo que convierte a esta clase en el segundo grupo más numeroso de animales tras los insectos, y casi con el doble de especies que todos los vertebrados juntos. En este grupo se incluyen formas tan conocidas como arañas, escorpiones, ácaros y garrapatas, pero también otros órdenes mucho menos populares.
La clase Arachnida, establecida por Lamarck en 1801, se subdivide en numerosos órdenes, algunos vivos y otros fósiles. Entre los órdenes actuales destacan Araneae (arañas), Scorpiones (escorpiones), Opiliones (segadores), Solifugae, Pseudoscorpionida (pseudoescorpiones), Amblypygi, Uropygi, Ricinulei, Schizomida, Palpigradi y el amplio conjunto de los ácaros en sentido amplio (Acarina), que a su vez se dividen en Acariformes y Parasitiformes.
Además, hay órdenes extintos de enorme interés paleontológico, como Haptopoda o Phalangiotarbi, y especialmente Trigonotarbida, que agrupa a algunos de los primeros artrópodos terrestres conocidos, ya presentes desde el Silúrico superior.
Los estudios filogenéticos modernos, apoyados en análisis moleculares, han ido aclarando las relaciones internas, situando a los grupos acuáticos basales (como Xiphosura) en la base de Chelicerata y configurando dentro de Arachnida grandes conjuntos como Acari, Arachnopulmonata, Panscorpiones y Tetrapulmonata, que relacionan, por ejemplo, a escorpiones y pseudoescorpiones o a arañas con Amblypygi y Uropygi.
Rasgos generales: en qué se diferencian de los insectos

En el lenguaje cotidiano se mete en el mismo saco a insectos, arañas y otros bichos, pero biológicamente no pueden ser más distintos. A grandes rasgos, los arácnidos se reconocen porque tienen cuatro pares de patas y carecen de antenas y alas, mientras que la mayoría de insectos poseen tres pares de patas, un par de antenas y a menudo dos pares de alas funcionales.
El cuerpo de los arácnidos se organiza en dos grandes regiones o tagmas: el prosoma (también llamado cefalotórax) y el opistosoma (abdomen). En insectos hay tres regiones claras (cabeza, tórax y abdomen), algo que en arácnidos no ocurre. A menudo, el prosoma parece una sola pieza compacta donde se insertan los apéndices.
En el prosoma encontramos un par de quelíceros (junto a la boca), un par de pedipalpos y cuatro pares de patas locomotoras. Los quelíceros pueden acabar en uñas o pinzas, y en muchos grupos alojan glándulas de veneno; los pedipalpos pueden ser pequeños y discretos, o enormes y llamativos como en escorpiones y amblipigios.
Otra diferencia clave está en los órganos sensoriales: los arácnidos no tienen antenas y suelen poseer ojos simples u ocelos, uno o varios pares, en lugar de los grandes ojos compuestos típicos de muchos insectos. Aun así, en algunas familias de arañas (como los saltícidos) la visión es extraordinariamente fina.
Por último, mientras que buena parte de los insectos tienen piezas bucales masticadoras, la mayoría de los arácnidos succionan líquidos tras una predigestión externa, de modo que raramente tragan trozos sólidos voluminosos como haría, por ejemplo, un escarabajo.
Anatomía interna y fisiología de los arácnidos
El sistema digestivo de los arácnidos se organiza en tres secciones: estomodeo, mesodeo y proctodeo. El estomodeo y el proctodeo son de origen ectodérmico, mientras que el mesodeo es de origen endodérmico. Esta disposición permite una digestión muy eficiente, ya que combinan digestión externa con digestión interna.
En la mayoría de los grupos, el alimento se licua fuera del cuerpo: sujetan o inmovilizan la presa con los quelíceros y pedipalpos, y sobre ella vierten o inyectan enzimas digestivas procedentes del mesodeo. Cuando el contenido de la presa ya está transformado en una papilla líquida, éste pasa a una cámara prebucal, luego a la boca, faringe, esófago e intestino medio.
La faringe actúa como bomba de succión principal gracias a potentes músculos que modifican su diámetro; en algunos grupos el esófago también colabora como bomba auxiliar. El intestino medio suele presentar un tubo central con numerosos divertículos que se proyectan hacia el cefalotórax y el abdomen; sus paredes secretan enzimas, completan la digestión química y almacenan parte de los nutrientes.
El sistema circulatorio es del tipo abierto, como en todos los artrópodos. Llama la atención que, a nivel evolutivo, se describen hasta “diez corazones” en forma de un tubo dorsal segmentado, alojado en una cámara pericárdica en la parte anterior del abdomen. A cada lado de este tubo existen orificios (ostiolos) que permiten la entrada de la hemolinfa desde la cámara pericárdica hacia el corazón.
En muchos arácnidos, la presión de la hemolinfa no sólo sirve para transportar sustancias, sino que contribuye de forma muy notable a la extensión de las patas. De hecho, buena parte de las arañas y algunos otros grupos carecen de músculos extensores en las articulaciones distales, por lo que extienden las extremidades mediante mecanismos hidráulicos basados en la hemolinfa.
Respecto a la respiración, los arácnidos pueden tener filotráqueas (pulmones en libro), tráqueas o una combinación de ambos. Los pulmones en libro probablemente derivan evolutivamente de branquias laminares; consisten en una invaginación de la pared abdominal con numerosas laminillas internas por donde circula la hemolinfa, separada del el aire por finas capas cuticulares. El aire entra mediante un espiráculo y la ventilación se regula con la contracción de músculos de la cámara de aire.
Las tráqueas, similares en concepto a las de los insectos, forman una red de tubos ramificados que llevan el oxígeno directamente a los tejidos. En ciertos arácnidos se observa una reducción del sistema circulatorio cuanto más desarrollado está el sistema traqueal, ya que la entrega de oxígeno deja de depender tanto de la hemolinfa.
En cuanto a la excreción, el principal producto nitrogenado es la guanina, un compuesto muy poco soluble que permite ahorrar agua. Pueden intervenir dos sistemas: las glándulas coxales, que se abren cerca de la base de las patas (coxa) y filtran la hemolinfa, y los tubos de Malpighi, uno o dos pares de túbulos que nacen en la parte posterior del mesodeo y vierten los cristales de guanina al proctodeo para su eliminación junto con las heces.
Sistema nervioso y órganos sensoriales
El sistema nervioso de los arácnidos está muy concentrado. Muchos ganglios se han fusionado formando una gran masa anterior a la que llamamos “cerebro”, situada por encima del esófago. Este cerebro se divide en una parte frontal, conectada con los centros ópticos, y otra posterior, que inerva principalmente los quelíceros.
En algunas especies, los ganglios abdominales migran hacia el cefalotórax, llegando a fusionarse en una sola masa ganglionar en esa región; en otras, persisten ganglios abdominales separados. Todo el conjunto suele describirse como un “collar nervioso” que rodea el esófago, una organización típica en artrópodos.
Los arácnidos son extremadamente sensibles al entorno gracias a una buena batería de receptores. En la superficie del cuerpo abundan los pelos táctiles y tricobotrios, estructuras muy finas capaces de detectar vibraciones de aire o sustrato, que funcionan casi como un pequeño radar.
Los ojos son siempre simples, con córnea y cristalino, y las células fotorreceptoras pueden disponerse hacia la luz (ojo directo) o hacia una membrana posterior (ojo indirecto). En la mayoría de las especies la visión es modesta, pero en grupos como los saltícidos las arañas llegan a tener la mejor visión conocida entre los invertebrados terrestres.
También disponen de órganos en hendidura o filiformes: depresiones alargadas en la cutícula rellenas de líquido, que actúan como mecano-receptores que informan de la posición y tensión de diferentes partes del cuerpo. Estos sensores permiten que el animal coordine con gran precisión movimientos de patas, pedipalpos y cuerpo durante la caza, el cortejo o la construcción de telas.
Reproducción y desarrollo en los arácnidos
Los arácnidos son animales unisexuados, es decir, con sexos separados. El desarrollo suele ser directo: de los huevos salen juveniles que, salvo el tamaño y la inmadurez sexual, se parecen bastante a los adultos. No presentan una metamorfosis al estilo de mariposas o escarabajos.
Las gónadas se localizan en el abdomen y pueden ser únicas o pares. Un rasgo curioso es que en casi todos los grupos existe una transmisión indirecta de esperma: el macho produce espermatóforos (paquetes de espermatozoides) que luego introduce en la hembra. En muchas arañas el pedipalpo masculino se transforma en un órgano copulador complejo que almacena el esperma y lo transfiere durante la cópula.
Las hembras suelen responder a los machos mediante estímulos químicos (feromonas), táctiles y visuales, lo que explica la enorme variedad de “danzas”, vibraciones y señales que vemos en los rituales de cortejo, sobre todo en arañas. El comportamiento de cortejo tiende a ser muy elaborado; no les va la improvisación, porque una mala aproximación puede costarle la vida al macho.
La mayoría de los arácnidos son ovíparos, depositan huevos en el medio, habitualmente en ootecas o sacos de seda. Sin embargo, en algunas especies se dan estrategias ovovivíparas o incluso vivíparas en sentido amplio, en las que las crías nacen muy desarrolladas y prácticamente listas para valerse por sí mismas.
En arañas, los juveniles atraviesan varias mudas (ecdisis) hasta alcanzar el tamaño adulto, manteniendo siempre la misma estructura básica. En ciertos grupos, como muchas arañas lobo, la madre cuida de los huevos y de las crías, llevándolas incluso sobre el abdomen hasta que se dispersan, e incluso se han descrito casos de canibalismo materno voluntario, donde el cuerpo de la progenitora sirve de primer alimento para la camada.
Locomoción y adaptaciones de las patas
Un detalle técnico pero muy llamativo es que muchas especies de arácnidos carecen de músculos extensores en las articulaciones distales de sus patas. Arañas y escorpiones látigo (Amblypygi) extienden las extremidades sobre todo gracias a la presión hidráulica de la hemolinfa, mientras que la flexión se produce por acción muscular.
Solífugos y algunos opiliones han optado por otra solución: utilizan engrosamientos elásticos en la cutícula articular para extender sus rodillas, funcionando como pequeños resortes. Por su parte, escorpiones, pseudoescorpiones y ciertos opiliones desarrollan músculos extensores que actúan simultáneamente sobre dos articulaciones (fémur-patela y patela-tibia), aunque en los pedipalpos de los escorpiones la extensión se produce sobre todo por retroceso elástico de la cutícula.
Producción de seda y uso de telarañas
Todos los araneidos (arañas) tienen la capacidad de producir seda, aunque no todas fabrican la típica telaraña circular de los cuentos. La seda es una escleroproteína líquida que se solidifica al contacto con el aire, secretada por glándulas sericígenas ubicadas en el extremo posterior del abdomen y que sale al exterior por unas estructuras llamadas hileras.
Las telas pueden ser muy variadas: láminas lisas, construcciones en embudo, redes orbiculares en espiral, mallas desordenadas en las esquinas de las habitaciones… Pero la seda no se utiliza solo para cazar. Las arañas la emplean para envolver huevos, forrar refugios, reforzar madrigueras, fabricar trampas de caza, transportar esperma y hasta para dejarse llevar por el viento en el llamado “vuelo arácnido”.
En este fenómeno, ciertas arañas jóvenes o de pequeño tamaño liberan largos hilos de seda desde lugares elevados y se dejan arrastrar por las corrientes de aire, colonizando así nuevos territorios a grandes distancias.
Ecología general de los arácnidos
Los arácnidos son fundamentalmente carnívoros. Salvo muchos ácaros, que pueden ser detritívoros, parásitos o filtradores, la norma es que sean depredadores de otros invertebrados. La digestión, como ya se ha comentado, se hace en parte de forma externa mediante la inyección de jugos digestivos y enzimas.
Algunas arañas son capaces de soportar largos periodos de ayuno: hay registros de especies que aguantan más de dos años sin alimentarse, y determinados escorpiones pueden superar el año sin probar bocado, gracias a un metabolismo muy ahorrativo y a sus reservas internas.
En el ecosistema, los arácnidos, y especialmente las arañas, tienen un papel clave como grandes consumidores de insectos. Se sitúan a menudo cerca de la cima de las cadenas tróficas de invertebrados, contribuyendo a mantener a raya poblaciones de mosquitos, moscas, escarabajos y muchos otros grupos.
Se encuentran en prácticamente todos los ambientes no polares: desde desiertos abrasadores hasta selvas tropicales, pasando por bosques templados, zonas agrícolas, cuevas húmedas e incluso medios acuáticos dulces en el caso de algunas arañas especializadas. Entre arañas y pseudoescorpiones se cuentan algunos de los escasos animales capaces de vivir en cumbres montañosas extremas.
Las arañas: el grupo estrella de los arácnidos
Dentro de Arachnida, las arañas (orden Araneae) son el grupo mejor conocido y más diverso. Taxonómicamente, pertenecen a la subclase Arachnopulmonata, infraclase Tetrapulmonata y orden Araneae, descrito por Clerck en 1757. Constituyen el orden más numeroso de la clase Arachnida y, en términos globales, el séptimo grupo más diverso de organismos.
Se conocen más de 46.500 especies de arañas descritas y unas 110 familias aceptadas por los especialistas, aunque las clasificaciones cambian con frecuencia y se han propuesto casi una veintena de esquemas diferentes desde 1900. El orden se divide en tres grandes subórdenes: Mesothelae, Mygalomorphae (Orthognatha) y Araneomorphae (Labidognatha).
Mesothelae agrupa arañas primitivas con abdomen claramente segmentado y hileras situadas en la parte media del opistosoma. Mygalomorphae incluye las grandes arañas tropicales como las llamadas tarántulas americanas (Theraphosidae) y otros grupos de aspecto robusto. Araneomorphae abarca la gran mayoría de las especies que solemos ver en casas y jardines, las arañas “corrientes”.
La anatomía básica de las arañas encaja con la de otros arácnidos: prosoma y opistosoma bien diferenciados, un par de quelíceros, un par de pedipalpos y cuatro pares de patas. Los quelíceros tienen una sola articulación y suelen alojar glándulas de veneno; los pedipalpos son parecidos a patas cortas pero en los machos se transforman en estructuras copuladoras, a menudo muy aparatosas.
Las patas locomotoras constan de siete artejos: coxa, trocánter, fémur, patela (rodilla), tibia, metatarso y tarso. En el abdomen, además de las hileras, se abren los pulmones en libro o las tráqueas, así como el poro genital. La hemolinfa circula en un sistema abierto con un corazón tubular dorsal, y la presión interna es tan importante que cuando mueren, las patas tienden a contraerse por falta de soporte hidráulico.
Alimentación, caza y comportamiento defensivo de las arañas
Las arañas son depredadoras casi exclusivas. La mayoría captura insectos, aunque las de mayor tamaño pueden atrapar ciempiés, pequeños reptiles, anfibios, roedores o incluso polluelos. El veneno de los quelíceros sirve tanto para inmovilizar como para empezar la digestión externa.
Muchas especies mastican suavemente la presa con la base dentada de los quelíceros, mientras los “pelos filtrantes” impiden el paso de partículas sólidas demasiado grandes, permitiendo que solo entre líquido. Tras la inyección de jugos digestivos, la araña se limita a succionar la papilla resultante, proceso durante el cual puede permanecer inmóvil largos minutos.
En cuanto a la caza, hay dos grandes estrategias: las arañas constructoras de tela, que esperan en una red pegajosa hasta que una víctima cae, y las cazadoras activas, como licósidos y saltícidos, que persiguen a las presas o las emboscan sobre el suelo o vegetación. Muchas telarañas son más resistentes que un cable de acero de igual grosor, lo que da idea de la extraordinaria calidad mecánica de la seda.
Como todo depredador, las arañas también tienen un buen listado de enemigos: aves insectívoras, serpientes, lagartos, sapos, pequeños mamíferos como musarañas y murciélagos, además de otros artrópodos como avispas cazadoras, ciempiés, mantodeos, escorpiones o solífugos. Para defenderse, muchas adoptan posturas intimidatorias levantando las patas delanteras y exhibiendo los colmillos.
Si la amenaza no cede, pueden morder en defensa propia. El veneno de caza y defensa no siempre se distingue claramente, pero sí ajustan la dosis según la situación, utilizando menos cantidad contra presas pequeñas y más contra un depredador. Algunas especies “de Nuevo Mundo” (Theraphosidae) además lanzan pelos urticantes desde el abdomen, mientras que otras se camuflan o imitan a hormigas y avispas para pasar desapercibidas.
Cortejo, reproducción y cuidado parental en las arañas
Las arañas son, en general, cazadoras solitarias. Cualquier cosa que se mueva con el tamaño apropiado puede percibirse como comida, así que los machos lo tienen complicado para cortejar a una hembra sin acabar devorados.
La táctica suele consistir en aproximaciones muy ritualizadas: vibraciones específicas en la tela, movimientos rítmicos de pedipalpos, “bailes” con las patas, cambios de postura… En bastantes especies, el macho ofrece a la hembra un regalo nupcial: una presa envuelta en seda. En algunas líneas evolutivas, el envoltorio se ha convertido casi en un “engaño” vacío o con restos mínimos de alimento.
Una vez aceptado, el macho deposita un espermatóforo en una pequeña red y lo carga en los bulbos de sus pedipalpos, que luego introduce cuidadosamente en las aberturas genitales de la hembra. Pese a toda la ceremonia, no es raro que al terminar la cópula el macho acabe devorado, lo que aporta un valioso suplemento nutritivo a la hembra.
Tras la fecundación, la hembra construye uno o varios sacos de huevos envueltos en seda, que puede vigilar hasta la eclosión. En grupos como las arañas lobo, las crías se suben al abdomen materno y ella las lleva consigo hasta que se dispersan. En algunas especies se ha documentado un cuidado parental muy elaborado, poco habitual fuera de vertebrados.
Picaduras de arañas y especies peligrosas
Todas las arañas, salvo la familia Uloboridae, son venenosas, pero eso no significa que sean peligrosas para nosotros. Como regla general, la mayoría son demasiado pequeñas para perforar la piel humana, y cuando lo consiguen, los efectos suelen limitarse a dolor local, enrojecimiento e inflamación leve; ver picadura de araña casera.
Sin embargo, hay algunos grupos cuyo veneno puede provocar cuadros más serios. Las llamadas arañas de embudo australianas (géneros Atrax y Hadronyche) producen polipéptidos neurotóxicos muy potentes para los primates, aunque en otros mamíferos el efecto es mucho menor. Antes de que se desarrollara el antídoto en 1981 se habían registrado dos decenas largas de muertes; hoy el pronóstico es muy bueno si se trata a tiempo.
Globalmente, los envenenamientos más frecuentes se deben a dos grupos: las viudas negras del género Latrodectus y las arañas pardas o violinistas del género Loxosceles. Las primeras causan el llamado latrodectismo, con dolor local intenso y, en un porcentaje de casos, síntomas sistémicos (calambres, sudoración, malestar general) debidos a la α-latrotoxina, un potente neurotóxico.
Las segundas causan loxoscelismo: su veneno es sobre todo proteolítico y puede generar necrosis cutánea extensa alrededor de la mordedura, con úlceras que tardan semanas en cicatrizar. Los cuadros sistémicos graves son raros y las muertes, excepcionales, pero no existe un antídoto universalmente eficaz. Para más información sobre especies peligrosas en nuestro país, consulta arañas venenosas en España.
Otras arañas con veneno relevante son las brasileñas del género Phoneutria, de hábitos nocturnos y temperamento nervioso, o algunos licósidos y therídidos de cuerpo robusto. En todo caso, los accidentes severos son poco frecuentes si se compara con el enorme número de arañas y con la cantidad de interacciones diarias que, sencillamente, pasan desapercibidas.
Arácnidos comunes en España: panorama general
En España se han descrito más de 1.500 especies de arañas, a las que habría que sumar multitud de ácaros, garrapatas, pseudoescorpiones, opiliones y otros grupos menores. La mayoría son completamente inofensivas y cumplen una función ecológica fantástica como controladores naturales de plagas en cultivos, jardines y viviendas, aunque también aparecen casos puntuales de tráfico ilegal de especies.
En el interior de las casas es fácil encontrarse con la clásica araña doméstica (Tegenaria domestica), que teje grandes telas en rincones poco transitados; con la araña de patas largas (Pholcus phalangioides), típica de techos y esquinas; o con especies como Steatoda grossa, la “araña de armario”, que recuerda a una pequeña viuda negra pero cuyo veneno rara vez causa problemas.
En exteriores abundan las arañas de jardín del género Araneus, con sus llamativas cruces en el abdomen y sus telas orbiculares perfectas, las arañas lobo (Lycosa tarantula) que cazan sobre el suelo, las arañas tigre Argiope bruennichi con su aspecto de avispa, o las pequeñas saltadoras (Salticidae) que patrullan paredes y troncos pegando saltos espectaculares.
Arañas negras y especies potencialmente peligrosas en España
Entre las especies de coloración oscura más llamativas en nuestro país está la llamada “araña toro” (Macrothele calpeiana), endémica de la península Ibérica. Es una araña grande, de color negro intenso, que construye refugios tubulares de seda en grietas y bajo piedras. A pesar de su aspecto imponente, no es especialmente agresiva y los incidentes con humanos son muy raros.
También hay que mencionar a la viuda negra europea (Latrodectus tredecimguttatus), de cuerpo negro brillante y manchas rojas en el abdomen. Vive en zonas cálidas y secas, margenes de campos, muros de piedra o montones de leña. Es tímida y rehúye el contacto; las mordeduras confirmadas son poco frecuentes.
La “falsa viuda negra” (Steatoda paykulliana y otras Steatoda) comparte escenarios similares, con cuerpo oscuro y manchas claras en el abdomen. Su veneno es mucho menos potente que el de las verdaderas viudas, y aunque puede provocar dolor y malestar ligero, no suele entrañar riesgo grave para personas sanas.
En cuanto a las arañas pardas de los rincones, Loxosceles rufescens está presente en la península y las islas, sobre todo en lugares secos, oscuros y poco perturbados. Aunque su veneno es necrótico, las mordeduras comprobadas son escasas y la mayoría de los casos evolucionan bien con cuidados locales y vigilancia médica.
Todo este grupo de arañas y otros arácnidos, desde los microscópicos ácaros hasta las grandes tarántulas, conforma una red ecológica impresionante que raramente vemos pero de la que dependemos más de lo que pensamos: regulan poblaciones de insectos, sirven de alimento a multitud de depredadores y han perfeccionado soluciones biológicas —como la seda o los venenos— que hoy inspiran investigaciones médicas y tecnológicas. Conocerlos mejor no solo ayuda a perderles el miedo, sino también a valorar el papel que juegan silenciosamente en casi todos los rincones del planeta.