Aumento del 64% de la población de mariposas monarca en México

Última actualización: 18 marzo 2026
  • La superficie ocupada por mariposas monarca en los bosques de hibernación en México creció un 64% en la temporada 2025-2026.
  • El área pasó de 1,79 a 2,93 hectáreas, lejos aún del máximo histórico de 18,19 hectáreas de finales de los noventa.
  • Mejores condiciones climáticas, reforestación y control de la tala clandestina han impulsado la recuperación.
  • Persisten amenazas como el uso de plaguicidas, el turismo mal gestionado y los efectos del cambio climático.

mariposas monarca en aumento

La mariposa monarca vuelve a dar señales de recuperación en sus bosques de hibernación de México tras varios años de caídas preocupantes. Durante la temporada 2025-2026, la superficie cubierta por estas mariposas en los santuarios de oyamel creció un 64% respecto al año anterior, un dato que muchos expertos califican como un respiro, aunque insisten en que el trabajo está lejos de haber terminado.

Según los informes oficiales, los enjambres de monarcas ocuparon 2,93 hectáreas de bosque, frente a las 1,79 hectáreas registradas en la campaña previa. Este aumento, aunque relevante, sigue muy por debajo de los niveles considerados seguros para la especie, que hace unas décadas llegó a cubrir más de 18 hectáreas en la misma región.

El 64% de aumento: qué significan las nuevas cifras

Los datos fueron presentados por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) de México, en coordinación con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y la sección mexicana del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Estas instituciones se encargan cada año de medir la superficie de bosque ocupada por las colonias de mariposa monarca en los estados del centro del país.

El indicador clave no es el número de individuos, sino la extensión total de bosque donde se concentran las mariposas durante la hibernación. Para 2025-2026, el valor se situó en 2,93 hectáreas, lo que supone un crecimiento notable frente a la temporada anterior, que apenas alcanzó 1,79 hectáreas tras una serie de descensos entre 2022 y 2024.

Este repunte se interpreta como una tendencia positiva después de varios años a la baja. Sin embargo, las autoridades ambientales recuerdan que a finales de la década de 1990 se llegaron a registrar 18,19 hectáreas ocupadas (en la temporada 1996-1997), cifra que sirve hoy como referencia de hasta dónde podría recuperarse la especie si se mantienen y refuerzan las medidas de conservación.

La mariposa monarca se ha convertido en un símbolo de la cooperación entre México, Estados Unidos y Canadá, ya que su ciclo migratorio conecta directamente a los tres países. Ningún ejemplar completa el recorrido completo de ida y vuelta, pero la migración se sostiene generación tras generación, lo que la convierte en uno de los fenómenos naturales más llamativos del continente americano.

En esta última temporada de hibernación se identificaron nueve colonias principales de monarca: tres localizadas en el estado de Michoacán y seis en el Estado de México, todas ellas en la franja montañosa situada al oeste de la capital mexicana. Estas zonas forman el núcleo de la conocida Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca.

Factores detrás de la recuperación de la población

El incremento del 64% no se explica por un solo motivo. Según especialistas de WWF México y de la Conanp, una parte importante del éxito se debe a que, durante el último año, se registraron más huevos y larvas en las áreas de reproducción de Estados Unidos, donde las mariposas se aparean y se desarrollan antes de iniciar su viaje hacia México.

Las condiciones meteorológicas jugaron a favor. En amplias zonas de Norteamérica, la primavera y el verano fueron más benignos que en 2024, con menos eventos extremos que pudieran arrasar con las plantas que necesitan las orugas. Este contexto permitió la expansión del algodoncillo, la planta fundamental en la dieta de las larvas de monarca, y favoreció la supervivencia de un mayor número de ejemplares juveniles.

Durante el trayecto migratorio hacia el sur también se observó una menor intensidad de la sequía respecto a años anteriores. Esto se tradujo en más disponibilidad de plantas en flor capaces de aportar néctar, un recurso esencial para que las mariposas adultas recarguen energía en pleno viaje. Cuanto mejor sea el estado de estos corredores ecológicos, mayores probabilidades tienen los insectos de llegar en buen estado a los bosques de hibernación.

En el propio territorio mexicano, las instituciones responsables destacan el papel que han tenido las acciones de reforestación y el combate a la tala clandestina en las zonas núcleo de la reserva. El control más estricto de las actividades ilegales y la restauración de áreas degradadas han permitido recuperar fragmentos de bosque de oyamel, un tipo de hábitat clave para que las monarcas se agrupen y se protejan del frío.

Además, el gobierno federal ha impulsado programas de empleo temporal para las comunidades locales que viven cerca de los santuarios, con el objetivo de que los habitantes encuentren en la conservación del bosque una fuente de ingresos alternativa a la tala o a otros usos no sostenibles del suelo. Esta estrategia pretende que la protección de la mariposa y la mejora de la economía local vayan de la mano.

Amenazas persistentes: turismo, plaguicidas y cambio climático

Pese a las buenas noticias, los especialistas insisten en que un solo año de aumento no basta para cantar victoria. Las mariposas monarca siguen expuestas a múltiples amenazas a lo largo de toda su ruta migratoria, desde Canadá hasta los bosques mexicanos, y cualquier cambio negativo puede provocar nuevas caídas en la población.

Entre los factores de riesgo destaca el uso intensivo de plaguicidas y herbicidas en los campos agrícolas de Norteamérica. Estos productos pueden reducir drásticamente la presencia de algodoncillo y de flores silvestres, recortando las fuentes de alimento tanto para las orugas como para los adultos. Sin una red suficiente de plantas hospedadoras y nectaríferas, la migración se vuelve mucho más difícil de completar.

El turismo no regulado en los santuarios mexicanos también puede transformarse en un problema cuando no se gestiona adecuadamente. Un exceso de visitantes o un comportamiento poco respetuoso dentro de las áreas de hibernación puede causar molestias a las colonias y dañar el sotobosque, fundamental para la estabilidad del ecosistema. Por este motivo se insiste en promover un turismo responsable, con cupos limitados y normas claras.

A todo ello se suma el impacto del cambio climático, que altera los patrones de temperatura y precipitación a lo largo de la ruta migratoria. Episodios de sequía extrema, tormentas inusuales o frentes fríos más intensos pueden afectar directa o indirectamente a las mariposas. En los bosques de hibernación, por ejemplo, un temporal fuera de lo habitual puede provocar mortalidades masivas si las colonias no cuentan con suficiente cobertura arbórea.

Las autoridades ambientales mexicanas, con el apoyo de organizaciones internacionales, subrayan que la protección del bosque de oyamel es clave no solo para la monarca, sino también para la regulación del agua y del clima local en el centro del país. Estos ecosistemas de montaña contribuyen al suministro de agua para millones de personas en el Valle de México, de modo que su conservación tiene efectos mucho más amplios que la protección de una sola especie.

Conservación transfronteriza y papel de la ciudadanía

La mariposa monarca se ha consolidado como un emblema de la cooperación trilateral entre México, Estados Unidos y Canadá. La propia Semarnat recuerda que su conservación es una responsabilidad compartida, ya que cada país aloja una parte fundamental de su ciclo de vida: reproducción en el norte, migración a través de amplias regiones intermedias e hibernación en los bosques mexicanos.

La secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, ha insistido en que la supervivencia de la especie dependerá de mantener a largo plazo un compromiso coordinado en materia de políticas ambientales y agrícolas. Sin cambios profundos en el uso del suelo, en la gestión de pesticidas y en la protección de hábitats clave, cualquier avance puntual podría verse rápidamente neutralizado por nuevos retrocesos.

En el ámbito local, la participación de las comunidades y de la ciudadanía está siendo determinante. En México se fomenta el turismo responsable hacia los santuarios, de manera que la presencia de visitantes genere ingresos para los pobladores y, al mismo tiempo, fortalezca la protección de los bosques. Esta derrama económica ofrece incentivos para seguir cuidando los recursos naturales y reducir la presión sobre la tala o el cambio de uso de suelo. Más iniciativas locales se reflejan en casos como proyectos comunitarios en Michoacán.

Organizaciones ambientales y grupos comunitarios también trabajan en proyectos de educación ambiental, tanto en México como en otros países implicados en la ruta migratoria. La idea es que cada vez más personas comprendan el papel de la mariposa monarca como indicador del estado de los ecosistemas y adopten prácticas más sostenibles en su vida diaria, desde el uso responsable de productos químicos hasta la creación de jardines con plantas autóctonas. En ese sentido, las mariposas como bioindicadoras son objeto de estudio y programas de sensibilización.

En Europa, aunque la mariposa monarca no forma parte de la fauna nativa de forma generalizada, el caso se sigue con interés porque ilustra los retos globales de la conservación de insectos polinizadores. Los debates sobre el uso de pesticidas, la pérdida de hábitats y la adaptación al cambio climático son muy similares a los que afectan a mariposas y abejas en países europeos, de modo que la experiencia norteamericana sirve como referencia para diseñar políticas y proyectos de restauración en este lado del Atlántico.

La mejora de la población de mariposas monarca en la última temporada ofrece una señal alentadora, pero también recuerda que esta especie continúa en una situación delicada y que su futuro dependerá de mantener el impulso actual. El aumento del 64% en la superficie de hibernación, la recuperación del bosque y los esfuerzos coordinados entre gobiernos, científicos y comunidades muestran que las medidas de conservación pueden funcionar si se sostienen en el tiempo y se amplían más allá de las fronteras nacionales.

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