Caballos del Vino de Caravaca: tradición, carreras y arte enjaezado

Última actualización: 2 mayo 2026
  • Fiesta de Caravaca de la Cruz declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO
  • El 2 de mayo se celebra el día grande con enjaezamiento, desfile y carrera
  • Peñas caballistas como Caprichoso, Calimocho o Baezano preparan durante meses mantos y caballos
  • Concursos morfológicos, de enjaezamiento y de carrera reúnen a miles de personas

Caballos del Vino de Caravaca

En Caravaca de la Cruz, en el noroeste de la Región de Murcia, los Caballos del Vino se han convertido en mucho más que una fiesta local: son un símbolo de identidad, una demostración de trabajo colectivo y una cita que año tras año reúne a miles de personas en torno a los caballos, el vino y la devoción a la Vera Cruz. Esta celebración, que se vive con intensidad en las calles empedradas del casco antiguo, mezcla historia, deporte, arte textil y ambiente festivo en un mismo día.

El momento culminante llega cada 2 de mayo, cuando Caravaca se vuelca con su jornada grande. Desde la madrugada hasta la tarde, la ciudad encadena actos: alboradas, misas, desfiles, concursos morfológicos, exhibiciones de enjaezamiento y, como colofón, la conocida carrera por la cuesta del castillo. Todo ello dentro del marco de las Fiestas en honor a la Santísima y Vera Cruz, reconocidas como de Interés Turístico Internacional y que sitúan a la localidad entre los principales destinos festivos de España en esas fechas.

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Una fiesta única reconocida por la UNESCO

Fiesta de los Caballos del Vino

Los Caballos del Vino cuentan con el respaldo institucional más relevante en el ámbito cultural: en 2020 la UNESCO los inscribió como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El organismo internacional destacó especialmente la transmisión de generación en generación de las técnicas de bordado, el conocimiento del manejo del caballo y el papel protagonista de las peñas caballistas en la conservación de la fiesta.

Esta celebración se enmarca dentro de las fiestas mayores de la Santísima y Vera Cruz, que se desarrollan entre el 1 y el 5 de mayo, y en las que conviven actos religiosos, recreaciones históricas, desfiles de Moros y Cristianos y los propios Caballos del Vino. La dimensión de la fiesta es tal que el municipio puede llegar a reunir a más de 200.000 personas durante esos días, según el propio Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz, lo que obliga a preparar dispositivos especiales de seguridad y tráfico, especialmente en torno al día 2.

Las primeras referencias documentadas a estos festejos se remontan al siglo XVII, aunque el imaginario popular sitúa su origen en un episodio medieval. La leyenda habla de unos caballeros que, durante un asedio, lograron abastecer de vino la fortaleza de Caravaca, burlando el cerco y salvando a la población. Ese gesto heroico se habría transformado con el tiempo en la actual carrera por la cuesta del castillo, acompañada de todo el ritual festivo que la rodea.

El reconocimiento internacional de la UNESCO no solo ha reforzado el prestigio de la fiesta a escala europea, sino que también ha puesto el foco en la protección del patrimonio inmaterial asociado: desde la forma de adiestrar a los caballos y los códigos de comportamiento de las peñas, hasta la artesanía de los mantos y la transmisión oral de la historia y las leyendas ligadas a la Vera Cruz.

El día grande: del enjaezamiento a la carrera del castillo

Carrera de los Caballos del Vino

El 2 de mayo se vive en Caravaca prácticamente desde la noche anterior. A las 4 de la madrugada se escucha la alborada de campanas, que anuncia el inicio de una jornada marcada por la emoción y el trasiego constante de gente y caballos por el casco histórico. A partir de ahí, cada tramo del día está cargado de simbolismo, trabajo técnico y participación popular.

La mañana comienza con la misa conmemorativa de la Aparición de la Vera Cruz, en el Templete, prevista en torno a las 9.00 horas. En paralelo, las peñas terminan de ultimar el enjaezamiento de sus caballos, afinando detalles de los mantos, comprobando ajustes, repasando bordados y preparando el desfile que recorrerá las principales calles del municipio.

El tradicional enjaezamiento es uno de los momentos más apreciados por vecinos y visitantes. Se trata de un proceso artesanal y muy laborioso en el que decenas de personas por peña llevan meses trabajando. Los caballos lucen mantos bordados en seda, oro y pedrería, auténticas piezas de arte textil donde se combinan diseño, técnica y un fuerte componente simbólico asociado a la historia local, motivos religiosos o guiños a la propia peña.

A lo largo de la mañana, los animales, guiados por sus cuatro caballistas, participan en el desfile de los Caballos del Vino. Recorren la Gran Vía, la plaza del Arco y otras calles céntricas, en medio de una multitud que se agolpa para ver de cerca los detalles de los mantos y el porte de cada ejemplar. El ambiente, acompañado por charangas y bandas de música, convierte el centro de Caravaca en una auténtica marea humana.

Uno de los actos centrales de la mañana es el concurso de enjaezamiento, donde un jurado valora la calidad técnica del bordado, la originalidad del diseño, la armonía del conjunto y la forma de presentar el manto sobre el caballo. La competencia es intensa, ya que cada peña busca superarse año tras año y muchas trabajan con diseñadores y equipos especializados para lograr un resultado espectacular.

Ya por la tarde, hacia las 14.00 horas, tiene lugar el acto más esperado por muchos aficionados: la carrera de los Caballos del Vino por la cuesta del castillo. En esta prueba, cada caballo sube la empinada cuesta que bordea la muralla de la fortaleza acompañado por cuatro mozos, en una contrarreloj que se decide en apenas unos segundos. La coordinación entre los caballistas, la velocidad del animal y su capacidad para mantener la trayectoria sin caídas ni enganchones son factores clave.

Concursos y ambiente en el barrio del Hoyo

Barrio del Hoyo en los Caballos del Vino

Además del desfile y la carrera, los Caballos del Vino cuentan con varios concursos oficiales que estructuran buena parte de la programación: el morfológico, el de enjaezamiento y el de carrera. El barrio del Hoyo, en pleno casco antiguo, se ha consolidado como uno de los escenarios más emblemáticos, donde se concentran muchos de estos actos y gran parte del público.

La víspera del día grande, por la tarde, se celebra en la plaza del Hoyo el Concurso de Caballo a Pelo, surgido como complemento a los ya tradicionales certámenes de enjaezamiento y carrera. Aquí los caballos se presentan sin manto, lo que permite valorar su morfología, su estampa y sus movimientos de forma más directa. Es una cita muy seguida por los aficionados al mundo ecuestre, que prestan atención a la línea del lomo, la alzada, la potencia y la elegancia del animal.

En la edición más reciente, uno de los protagonistas fue el caballo Seductor de Reverte, un pura raza española de capa negra y 1,87 metros de alzada a la cruz, que se convirtió en el gran triunfador del Hoyo al imponerse en el concurso morfológico con una puntuación de 9,24. Este ejemplar, perteneciente a una yeguada local propiedad de Pedro Jesús López Cantero y que acompañaba a la peña Baezano, logró el máximo reconocimiento en su primera participación en las fiestas, acaparando miradas a lo largo de todo el recorrido.

En el mismo concurso, el segundo puesto recayó en la peña Chirinos, mientras que la tercera posición fue para Al-Bino, confirmando el alto nivel de los caballos participantes. Antes de llegar al Hoyo, las peñas se concentran en la plaza Elíptica y recorren la Gran Vía y la plaza del Arco en un pasacalles encabezado por las amazonas del Bando, Mónica García y Triana Fernández, acompañadas por el Caballista del Año, Diego Sánchez Martínez.

Durante estas jornadas, la Plaza de los Caballos del Vino se convierte en punto neurálgico. Allí se presentan alrededor de 56 caballos que tomarán parte en los distintos concursos, y miles de personas llenan el recinto para ver de cerca a los animales. El programa se completa con actos como el Romancero Satírico Humorístico, a cargo del Bando Cristiano de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, y con la entrada de bandas de música que acompañan a los grupos de Moros y Cristianos hasta la plaza del Arco, donde se interpreta el himno de Caravaca.

Las peñas caballistas y el arte del enjaezamiento

El corazón organizativo de los Caballos del Vino son las peñas caballistas, más de medio centenar de colectivos formados por decenas de personas que se reparten el trabajo durante todo el año. Lejos de improvisarse a última hora, el enjaezamiento y la exposición de los mantos requieren planificación, especialización y muchas horas de dedicación silenciosa.

Cada peña suele contar con un equipo específico encargado del manto y del enjaezamiento, que trabaja codo con codo con diseñadores y bordadoras. Un ejemplo es la peña Caprichoso, que en la última edición aspiraba a revalidar el primer premio conseguido el año anterior en el concurso de enjaezamiento. Para ello volvieron a confiar en los diseños de Juan Miguel López-Sánchez y en un grupo de 14 personas coordinadas por Jesús Moreno, donde cada integrante tiene asignadas tareas muy concretas.

El proceso se divide en varias fases: primero se define el diseño artístico del manto, con sus motivos principales y la composición global; después se pasa a la elaboración, donde las bordadoras trabajan sobre seda y otros tejidos nobles. En el caso de Caprichoso, las caras y motivos más delicados han corrido a cargo de artesanas de Lorca, Calasparra y la propia Caravaca de la Cruz, mientras que la seda se confecciona en talleres locales especializados.

Para la parte de oro y pedrería se recurre a bordadoras y artesanas que dominan las técnicas tradicionales, combinadas en ocasiones con materiales de joyería y pedrería moderna. A esto se añade un aspecto que muchos visitantes pasan por alto, pero que es determinante para la puesta en escena: el montaje de las exposiciones. Diseñar soportes, pensar estructuras móviles con motores y tensores, encolar, forrar y disponer cada pieza para que luzca al máximo requiere un trabajo casi de ingeniería, coordinado por responsables específicos dentro de la peña.

En estas labores intervienen perfiles muy diversos: desde quienes cortan y preparan los soportes hasta quienes se encargan de los recortes, el encolado de las telas o los pequeños detalles decorativos conocidos como chorrillos. Nombres como Mari Cruz Carrasco, responsable de una de las exposiciones más celebradas, o colaboradores como Samuel González, que participa en el montaje y el movimiento de ciertas piezas, ilustran hasta qué punto el enjaezamiento es una obra coral donde cada tarea suma.

Durante la jornada previa y el propio día 2 de mayo, las exposiciones de enjaezamientos permanecen abiertas al público, permitiendo que vecinos y turistas recorran los locales de las peñas y contemplen de cerca los mantos que lucirán los caballos en el desfile y la carrera. Para muchas personas, recorrer estas exposiciones se ha convertido en una tradición más, casi tan imprescindible como ver la subida por la cuesta del castillo.

La carrera: velocidad, entrenamiento y preparación física

La prueba deportiva de los Caballos del Vino tiene como escenario la cuesta del castillo, un trazado corto pero muy exigente que discurre junto a la muralla de la fortaleza. Cada caballo sube acompañado por cuatro mozos que se agarran a las ramaleras y corren a la par del animal, tratando de mantener el control sin frenar su impulso. En cuestión de segundos se decide todo, y cualquier fallo en la salida, un resbalón o una descoordinación puede marcar la diferencia.

En 2025, la peña Calimocho, con su caballo ‘Star of Bengal’, consiguió ser la más rápida en la cuesta del castillo, parando el cronómetro en 7 segundos y 743 milésimas, una marca muy cercana al récord histórico establecido por la peña Artesano con ‘Ansemil’, de 7,713 segundos. Los caballistas Rafa García, Aarón Celdrán, Francisco José Ibáñez y Juan Caro fueron los encargados de acompañar al caballo en esa subida memorable y volverán a intentarlo en la nueva edición con el objetivo de repetir victoria.

Para lograr estos tiempos, el trabajo previo es fundamental. Durante las semanas anteriores a la fiesta, los mozos intensifican sus entrenamientos individuales y colectivos. Algunos combinan gimnasio con salidas a correr, mientras otros se centran en ejercicios de fuerza y series de velocidad en cuestas. En los meses previos, se organizan sesiones conjuntas planificadas específicamente para simular las condiciones de la carrera, prestando especial atención a la fase de salida, considerada por muchos como el momento más determinante.

Los propios caballistas coinciden en que la clave está en el equilibrio entre la calma y el temperamento del caballo. Si el animal se muestra tranquilo en el momento de enganchar las ramaleras y percibe confianza en los mozos, la salida suele ser más limpia. A partir de ahí, una vez que todos están preparados, se lanza la carrera hacia arriba. El objetivo es que el caballo libere su potencia sin brusquedades y que los cuatro corredores acompañen su ritmo sin perder el contacto ni estorbarse entre ellos.

El cuidado del caballo también se planifica con detalle. En el caso de ‘Star of Bengal’, el animal es propiedad de Alfonso y Francisco Sánchez y está a cargo del cuidador Miguel Ángel Navarrete, quien organiza su programa de trabajo. Los caballistas visitan con frecuencia la cuadra para familiarizarse con el caballo, observar su evolución y fortalecer el vínculo. Algunas sesiones consisten simplemente en estar presentes mientras el animal se ejercita en la zona habilitada, reforzando la confianza mutua.

En cuanto a la alimentación y la vida diaria de los mozos, reconocen que tratan de mantenerse en buena forma física, aunque sin seguir dietas excesivamente estrictas. Al fin y al cabo, se trata de una fiesta que también se vive en la calle y en la convivencia entre peñas, si bien la mayoría admite que, llegado el día 2, todo el esfuerzo acumulado a lo largo del año se pone al servicio de hacer la mejor carrera posible y, con un poco de suerte, optar a los puestos de honor.

Los Caballos del Vino de Caravaca de la Cruz condensan en unas pocas jornadas un conjunto de tradiciones que van desde la devoción religiosa y la memoria histórica hasta la pasión por el caballo, el cuidado por el detalle en los bordados y el gusto por la competición. El reconocimiento de la UNESCO, la afluencia masiva de visitantes y el esfuerzo de las peñas han consolidado esta fiesta como una de las citas más singulares del calendario festivo español, en la que se cruzan esfuerzo colectivo, orgullo local y una manera muy particular de entender la celebración en torno al vino y la Vera Cruz.