- El calentamiento global desplaza hacia el sur los hábitats adecuados para huevos y larvas de mariposa monarca en México.
- Los modelos científicos prevén una pérdida de entre el 8 % y el 40 % del hábitat óptimo de aquí a 2070.
- El cambio en la distribución del algodoncillo podría fracturar las rutas migratorias que conectan Canadá, Estados Unidos y México.
- Se teme un aumento de poblaciones residentes en el noreste y centro de México y un menor número de mariposas llegando a los bosques de hibernación.

La migración de la mariposa monarca, ese viaje masivo que une Canadá, Estados Unidos y México, podría no seguir siendo igual dentro de unas décadas. El aumento de las temperaturas y los cambios en la vegetación están modificando las condiciones que necesitan estos insectos para reproducirse y completar su recorrido anual.
Varios equipos de investigación, encabezados por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y otras instituciones, han analizado cómo el cambio climático puede alterar el mapa de hábitats adecuados para huevos, orugas y plantas hospedadoras. Sus conclusiones apuntan a una reducción significativa del espacio idóneo para la especie en México y a un desplazamiento hacia el sur de esas áreas clave, lo que afectaría de lleno al fenómeno migratorio.
Un viaje de miles de kilómetros en riesgo de fragmentarse

Cada otoño, millones de mariposas monarca (Danaus plexippus) emprenden un recorrido que puede superar los cuatro mil kilómetros. Parten de sus zonas de reproducción en Norteamérica y se dirigen hacia los bosques de oyamel situados en el centro de México, donde hibernan aprovechando unas condiciones de temperatura y humedad muy específicas.
Ese movimiento no es solo una curiosidad natural: se trata de uno de los fenómenos migratorios más emblemáticos del planeta, con colonias que se concentran tradicionalmente en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, repartida entre Michoacán y el Estado de México. Allí pasan el invierno antes de que, con la primavera, nuevas generaciones inicien el viaje de regreso hacia el norte.
Sin embargo, la combinación de calentamiento global, pérdida de hábitat, pesticidas y cambios en el uso del suelo está mermando el número de ejemplares que alcanzan estos santuarios. Los estudios recientes se han centrado en entender cómo las variaciones de clima y vegetación pueden modificar no solo la cantidad de mariposas, sino la propia configuración de su ruta.
La preocupación de los investigadores no se limita a una posible disminución del tamaño de las colonias de hibernación. Empieza a vislumbrarse un escenario en el que la migración, tal y como se ha conocido durante décadas, podría volverse más irregular y fragmentada, con parte de la población deteniéndose mucho antes de llegar a los bosques mexiquenses y michoacanos.
El papel del algodoncillo y por qué es tan determinante

La mariposa monarca depende estrechamente de las plantas de algodoncillo (género Asclepias). Estas especies perennes son la base de su ciclo reproductivo: en ellas depositan los huevos, de ellas se alimentan las orugas y, además, proporcionan compuestos químicos que contribuyen a defender a larvas y adultos frente a depredadores.
En México se han identificado 46 especies de algodoncillo clave para la monarca. Su distribución y abundancia no solo marcan dónde pueden desarrollarse huevos y larvas, sino que influyen en la ruta y en los tiempos de la migración otoñal. Si esas plantas cambian de ubicación o disminuyen, el conjunto del proceso se desajusta.
Los modelos climáticos utilizados por los equipos de la UNAM y otros centros muestran que el aumento de temperaturas y las alteraciones en el régimen de lluvias pueden modificar profundamente la distribución del algodoncillo. A ello se suman la expansión agrícola, el uso intensivo de herbicidas y la transformación de paisajes naturales en zonas urbanas o industriales.
La consecuencia directa es que las áreas donde coinciden clima adecuado, presencia de algodoncillo y condiciones ambientales favorables se irán concentrando, según las proyecciones, en regiones más meridionales de México. Esto tiene un efecto dominó sobre todo el trayecto migratorio y sobre la capacidad de la especie para mantener sus colonias históricas de hibernación.
Modelos en 3D para entender el futuro de la migración
Para estimar cómo puede evolucionar esta situación, un grupo de científicos vinculados al Instituto de Biología y al Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, en colaboración con el Instituto de Ecología A.C., ha construido modelos informatizados que proyectan la idoneidad del hábitat en distintos escenarios de calentamiento.
El enfoque combina tres capas principales: idoneidad climática (temperatura y precipitaciones adecuadas para el desarrollo de la mariposa), idoneidad biológica (presencia de algodoncillo perenne) e idoneidad ambiental (cobertura del suelo y cambios de uso proyectados). De esta forma, se genera una especie de mapa tridimensional que identifica las zonas con mejores condiciones para huevos y larvas.
Trabajando con dos modelos climáticos globales y horizontes temporales situados en 2030, 2050 y 2070, los investigadores han simulado el comportamiento del sistema bajo distintos niveles de calentamiento. El objetivo es ver no solo cuánto se reduce el hábitat adecuado, sino hacia dónde se desplaza.
Los resultados, publicados en la revista PLOS Climate, son claros: conforme avanza el siglo, las parceles de territorio con condiciones óptimas tienden a moverse hacia el sur, al tiempo que se encogen. Este patrón se repite con independencia del escenario concreto, aunque la magnitud del cambio varía según la intensidad del calentamiento global considerada.
Reducción del hábitat: del 8 % al 40 % menos superficie idónea
Una de las cifras que más llama la atención de estos trabajos es la disminución estimada del hábitat adecuado para huevos y orugas. En un escenario de calentamiento moderado, se calcula una pérdida de en torno al 8 % de la superficie idónea en México para 2070. En el escenario más cálido, esa reducción podría escalar hasta el 40 %.
Traducido a kilómetros cuadrados, algunas simulaciones apuntan a que la superficie óptima podría pasar de unos 19.500 km² a alrededor de 8.000 km² en las próximas décadas. No se trata solo de una cuestión de cantidad: la configuración espacial de esas áreas también cambia, volviéndose más fragmentada.
Aunque los modelos de uso del suelo no anticipan una caída tan drástica en la idoneidad ambiental, la temperatura emerge como el factor más restrictivo. Incluso si ciertas prácticas agrícolas se mantienen relativamente estables, el simple hecho de que el clima cambie descoloca la relación entre mariposas, plantas hospedadoras y territorios que tradicionalmente funcionaban como “pasillos” migratorios.
Este encogimiento del espacio apto implica que las mariposas tendrán que recorrer tramos más largos sin encontrar zonas adecuadas para reproducirse o alimentarse, lo que incrementa el esfuerzo energético del viaje y reduce las probabilidades de que grandes contingentes lleguen en buen estado a los santuarios de hibernación.
Desplazamiento hacia el sur y fractura de las rutas migratorias
Además del recorte de superficie, los modelos coinciden en un punto clave: el centro de gravedad del hábitat idóneo se desplaza progresivamente hacia el sur de México. Es decir, las mejores áreas para el desarrollo de huevos y larvas tenderán a concentrarse en regiones más meridionales que las actuales.
Este corrimiento geográfico tiene implicaciones notables. Al localizarse antes del tramo final hacia los bosques de oyamel, aumenta la probabilidad de que parte de la población de monarcas se establezca como residente reproductiva en zonas del noreste y centro del país, en vez de completar el trayecto hasta Michoacán y el Estado de México.
Los autores del estudio señalan que esta tendencia ya empieza a apreciarse en determinados puntos, donde la presencia continua de algodoncillo perenne favorece ciclos reproductivos casi ininterrumpidos. Así, se podría generar una especie de “atasco” ecológico en el que menos mariposas se animen a proseguir hacia los tradicionales santuarios.
A medio plazo, este patrón podría derivar en una fractura de las rutas migratorias históricas que conectan Canadá, Estados Unidos y México. La migración dejaría de funcionar como un único corredor bien definido y pasaría a ser un mosaico de trayectos más cortos y disgregados, con consecuencias aún difíciles de prever para la conectividad genética y la estabilidad de la especie.
Más esfuerzo para llegar a los santuarios de hibernación
Otro aspecto que preocupa a los investigadores es el incremento del esfuerzo que la migración exigiría a las mariposas. Si el hábitat adecuado se reduce y se aleja de los bosques de hibernación, el viaje, ya de por sí extenuante, se vuelve más largo y energéticamente costoso.
Las monarcas dependen de un delicado equilibrio entre reservas energéticas, disponibilidad de néctar y condiciones meteorológicas favorables. Un tramo adicional de recorrido sin recursos suficientes puede marcar la diferencia entre llegar a los santuarios o quedarse por el camino.
Al mismo tiempo, la alteración de las señales ambientales que desencadenan la migración —especialmente los cambios de temperatura y la disponibilidad de flores— puede hacer que las mariposas inicien o detengan su viaje en momentos menos propicios. Esa desincronización entre el calendario biológico de la especie y el de sus recursos alimenticios añade una capa extra de vulnerabilidad.
Aunque los autores matizan que la especie como tal podría no estar en riesgo inmediato de extinción en algunos de los escenarios considerados, sí advierten con claridad de que el proceso migratorio, tal y como se conoce hoy, se está viendo seriamente amenazado por la combinación de presión climática y cambios en el paisaje.
Impacto ecológico y necesidad de una respuesta coordinada
La posible reconfiguración de la migración de la mariposa monarca no es un asunto aislado. Supone un síntoma más de cómo el cambio climático y la transformación de los ecosistemas están alterando relaciones ecológicas de largo recorrido entre plantas, polinizadores y otros animales.
Las monarcas interactúan con multitud de especies vegetales y contribuyen, junto con otros insectos, a mantener procesos de polinización y dispersión de semillas en distintas regiones de su ruta. Si sus desplazamientos se acortan o cambian de patrón, también se modifican esas funciones ecológicas y el equilibrio de los ecosistemas por los que transitan.
Por ese motivo, los científicos insisten en que la conservación de la monarca ha de abordarse como un proceso biológico transnacional. Proteger únicamente los bosques de hibernación, aunque es fundamental, no basta; es necesario actuar también sobre las zonas de reproducción en Estados Unidos y Canadá, y sobre los corredores intermedios que sostienen la migración.
Entre las medidas que se señalan están la restauración y protección de áreas con algodoncillo nativo, la reducción del uso de pesticidas y herbicidas en puntos clave de la ruta, el control de la deforestación y, a mayor escala, la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero que alimentan el calentamiento global.
En conjunto, la nueva evidencia científica dibuja un escenario en el que la mariposa monarca seguirá presente en México y el resto de Norteamérica, pero con un viaje mucho más condicionado por el clima, con hábitats reproductivos reducidos y desplazados hacia el sur y con un riesgo creciente de que sus rutas migratorias se fragmenten. De cómo se aborde ahora la conservación de sus bosques de hibernación, la protección del algodoncillo y la respuesta al cambio climático dependerá que ese icónico desplazamiento masivo continúe siendo, en las próximas décadas, uno de los grandes espectáculos naturales del continente.