- Las mariquitas son depredadores voraces de pulgones y otras plagas, clave en el control biológico natural.
- Su ciclo de vida completo y sus defensas químicas permiten poblaciones estables y eficaces en cultivos y jardines.
- Sistemas banker y plantas insectarias garantizan alimento y refugio, mejorando su instalación y rendimiento.
- La liberación y manejo correcto, en campo o insectarios, reduce pesticidas y favorece la biodiversidad funcional.
Las mariquitas son mucho más que esos pequeños insectos rojos con puntos negros que solemos asociar con la buena suerte. En el mundo agrícola y en la jardinería, se han ganado a pulso la fama de ser uno de los mejores aliados para el control biológico natural de plagas como pulgones, ácaros o ciertas cochinillas. Cada vez más agricultores y aficionados al huerto urbano las utilizan como alternativa real a los insecticidas químicos.
Cuando hablamos de control biológico con mariquitas no nos referimos solo a soltarlas sin más en el huerto. Detrás hay todo un mundo fascinante: ciclos de vida, tipos de especies, dosis de liberación, diseño de insectarios didácticos, plantas “banker” y plantas insectarias que sirven de apoyo. Entender cómo funcionan todos estos elementos es la clave para aprovechar al máximo su potencial y reducir al mínimo el uso de pesticidas, cuidando la salud del ecosistema y también la nuestra.
Qué es el control biológico natural con mariquitas
En sanidad ambiental y agricultura ecológica, el control biológico se basa en utilizar enemigos naturales de las plagas en lugar de recurrir de forma sistemática a productos químicos. Dentro de esos enemigos naturales se distinguen, sobre todo, dos grandes grupos: los depredadores y los parasitoides. Las mariquitas pertenecen al grupo de los depredadores, es decir, insectos que comen directamente a otros insectos.
Un enemigo natural es, en esencia, un organismo que se alimenta de otros organismos como parte habitual de su dieta. Entre los insectos, hay depredadores muy generalistas, que comen “de casi todo” dentro de su rango, y otros bastante selectivos con sus presas. Las mariquitas, en general, muestran una gran preferencia por pulgones, pero muchas especies también consumen cochinillas, pequeños ácaros u otros insectos blandos.
Cuando conseguimos que estos depredadores se establezcan de forma estable en huertos, jardines o cultivos, nos ayudan a mantener a raya las poblaciones de plagas. Al hacerlo, disminuye la necesidad de aplicar insecticidas, lo que nos ahorra dinero, reduce riesgos para la salud y minimiza el impacto negativo sobre el medio ambiente y sobre otros insectos beneficiosos como las abejas.
En el caso concreto de las mariquitas, su fama está bien justificada: son depredadores extremadamente voraces. Se utilizan desde finales del siglo XIX en agricultura como herramienta de control biológico, y en muchos cultivos modernos siguen siendo una pieza clave de los programas de manejo integrado de plagas, sobre todo en horticultura y frutales.
El mundo de las mariquitas: diversidad y papel ecológico
Las mariquitas, o coccinélidos, pertenecen al orden Coleoptera y a la familia Coccinellidae. A nivel mundial se estima que existen unas 6.200 especies descritas, con una diversidad enorme de colores, tamaños y patrones. En la península ibérica y Baleares se han registrado alrededor de 121 especies diferentes, lo que las convierte en un grupo relevante dentro de la biodiversidad local.
Aunque el modelo típico que se nos viene a la cabeza es la clásica mariquita roja con puntos negros, la realidad es que hay especies amarillas, anaranjadas, con muchos puntos, con pocos o sin ninguno. Un detalle curioso es que el número de puntos no indica la edad del animal, como a veces se escucha, sino que es una característica propia de cada especie.
En campo, distinguir machos de hembras no es nada sencillo. La diferencia sexual externa es muy sutil y solo se aprecia bien con el insecto en mano o en situaciones de apareamiento, cuando se observa a la pareja copulando. Para fines prácticos de control biológico, al comprar mariquitas no suele ser necesario diferenciar sexos, porque los lotes comerciales ya incluyen una mezcla adecuada.
Más allá de su estética llamativa, su importancia ecológica radica en que son reguladores naturales de poblaciones de pulgones y otras plagas. En muchos ecosistemas agrícolas son los responsables de evitar que las colonias de pulgones se disparen, sobre todo en primavera, cuando las condiciones climáticas favorecen la multiplicación de estas plagas.
Ciclo de vida de las mariquitas y su voracidad
Para entender por qué las mariquitas son tan eficaces como herramienta de control biológico, merece la pena repasar su ciclo de vida. Como las mariposas, realizan una metamorfosis completa, con cuatro fases bien diferenciadas: huevo, larva, pupa y adulto. Prácticamente en todas esas fases (salvo en el huevo, claro) las mariquitas depredadoras se alimentan de presas.
Las hembras adultas depositan los huevos muy cerca de las colonias de pulgones u otras plagas. De esta forma se aseguran de que, cuando nazcan las larvas, tengan comida disponible desde el primer momento. Cada larva pasa por cuatro estadios de desarrollo (instares) antes de pupar, y su apetito va aumentando con cada cambio de piel.
En el último estadio larvario, el consumo de presas se dispara: son auténticas “máquinas de comer pulgones”. Después de ese periodo, la larva se fija a una superficie y se transforma en pupa. Dentro de la pupa tiene lugar la reorganización interna que dará lugar al adulto alado, capaz ya de dispersarse volando en busca de nuevas colonias de plagas.
Un ejemplo muy estudiado es la mariquita de siete puntos (Coccinella septempunctata). Algunos trabajos de investigación han estimado que un solo individuo puede llegar a consumir desde cientos hasta varios miles de pulgones en un día, dependiendo tanto de la especie de pulgón como de la especie de mariquita y de las condiciones ambientales. Esta cifra da una idea del potencial que tienen en un cultivo con focos de plaga bien localizados.
El ciclo completo de muchas de las mariquitas depredadoras de pulgón que se usan en control biológico se desarrolla íntegramente sobre las plantas. En condiciones habituales, tarda entre 4 y 5 semanas en completarse, desde el huevo hasta el adulto. Los adultos, que son la única fase con capacidad de vuelo, suelen vivir en torno a un año, prolongando su acción depredadora a lo largo de varias estaciones si encuentran alimento y refugio suficiente.
Mecanismos de defensa y supervivencia
Las mariquitas no solo destacan por lo bien que comen pulgones; también han desarrollado estrategias muy eficaces para no terminar ellas mismas en el estómago de sus depredadores. Su coloración intensa y contrastada actúa como señal de advertencia (aposematismo) hacia aves y otros insectos. Básicamente, indica: “no soy buena comida”.
Esta señal visual está respaldada por una defensa química. En su hemolinfa (el “equivalente” a la sangre en insectos) circulan alcaloides tóxicos de sabor desagradable. Si un depredador inexperto prueba una mariquita, queda “vacunado” y es poco probable que vuelva a intentarlo. Además, cuando se asustan, muchas mariquitas pueden exudar pequeñas gotas amarillentas por las articulaciones de las patas, reforzando esa defensa.
Aparte de la química, recurren a comportamientos de escape bastante efectivos. En caso de amenaza, pueden dejarse caer al suelo fingiendo estar muertas, lo que desorienta a ciertos depredadores, o bien salir volando si la temperatura y las condiciones se lo permiten. Este conjunto de mecanismos hace que su supervivencia sea relativamente alta, algo fundamental para que puedan ejercer su función de controladoras de plagas a largo plazo.
En algunos contextos, sobre todo en espacios cerrados como insectarios o cultivos con mucha densidad de individuos y poca presa, también aparece un comportamiento menos simpático: el canibalismo entre larvas y sobre puestas de huevos. Es una estrategia de supervivencia cuando escasea el alimento, y es importante tenerla en cuenta a la hora de diseñar sistemas de cría o insectarios didácticos.
Especies de mariquitas usadas en control biológico
No todas las mariquitas tienen los mismos hábitos alimenticios. Algunas son depredadoras casi exclusivas de pulgones; otras alternan presas con polen o néctar, y también existen especies más bien micófagas (que se alimentan de hongos). En control biológico agrícola nos interesan sobre todo las especies depredadoras de pulgón y cochinilla, que son las que mejor se adaptan a los sistemas de cultivo.
Un caso histórico famoso es el de Rodolia cardinalis, una mariquita utilizada a finales del siglo XIX para combatir la cochinilla acanalada en cítricos. Fue una de las primeras experiencias exitosas de introducción de un depredador como herramienta de control biológico clásico, y marcó un antes y un después en la lucha contra plagas.
Sin embargo, no todas las introducciones han salido tan bien. La mariquita asiática Harmonia axyridis, introducida en algunos países como agente de control de pulgones, ha terminado convirtiéndose en una especie invasora. En varios lugares compite con las especies autóctonas, puede desplazar a coccinélidos nativos y provocar desequilibrios en la biodiversidad local, algo que ha generado bastante preocupación.
En España, las especies de mariquita depredadora de pulgón que se comercializan de forma habitual incluyen, entre otras, Adalia bipunctata (mariquita de dos puntos), Hippodamia variegata (mariquita de Adonis), Propylea quatuordecimpunctata (mariquita de 14 puntos) y algunas especies del género Scymnus. Todas se utilizan para reforzar la fauna auxiliar en hortícolas, ornamentales y frutales.
Cada una de estas especies tiene sus particularidades (voracidad, rango de temperaturas óptimas, tipo de cultivo donde se adapta mejor), por lo que es interesante consultar con técnicos o proveedores especializados para elegir la más adecuada en función del problema de plagas y del tipo de explotación o jardín donde se vaya a aplicar.
Uso comercial de Adalia bipunctata y dosis recomendadas
Adalia bipunctata, conocida popularmente como mariquita de dos puntos, es uno de los coccinélidos más utilizados en Europa para controlar numerosas especies de pulgones. Está ampliamente distribuida por todo el continente y se adapta muy bien tanto a cultivos hortícolas como a ornamentales y frutales, tanto en invernadero como al aire libre.
En el mercado se encuentra en distintos formatos comerciales, normalmente en forma de botes con larvas o con adultos. Es habitual encontrar presentaciones de 100 larvas, 250 larvas o 100 adultos, entre otras opciones. La elección de una u otra presentación dependerá de si se busca un efecto rápido (adultos) o un establecimiento más prolongado (larvas que completarán su desarrollo en el cultivo).
Las dosis orientativas recomendadas suelen situarse entre 10 y 20 larvas por metro cuadrado, aunque pueden variar en función del cultivo concreto, de la densidad de plantas, del nivel de plaga y de si se quiere una acción preventiva o curativa. En casos de focos muy intensos de pulgón, puede ser necesario incrementar la dosis o realizar varias sueltas escalonadas.
A la hora de aplicarlas, se aconseja soltar las larvas directamente en los focos de pulgón y en la zona que los rodea, antes de que la plaga se extienda por toda la parcela. Se pueden utilizar pequeños aplicadores o repartidores para distribuirlas homogéneamente sobre las plantas afectadas, evitando golpes bruscos o exposiciones prolongadas al sol.
Respecto a la conservación, los botes deben mantenerse en posición horizontal, a una temperatura de entre 8 y 10 ºC y sin romper la cadena de frío durante el transporte y almacenamiento. No es conveniente guardarlos más de 48 horas tras su recepción, ni exponerlos a la luz solar directa ni a residuos de pesticidas. Lo ideal es planificar la llegada del producto para liberarlo cuanto antes sobre el cultivo.
Cómo liberar mariquitas en el huerto o jardín
La liberación de mariquitas en huertos, frutales o jardines es uno de los momentos más vistosos del control biológico. Para que tenga éxito, conviene seguir algunas pautas sencillas que aumentan las probabilidades de que las mariquitas se queden en la zona y se pongan a trabajar. Una de las recomendaciones básicas es realizar la suelta al amanecer o al atardecer, cuando las temperaturas no son extremas y el sol no incide directamente.
Antes de abrir los botes, es útil humedecer ligeramente las plantas. Con ello se consigue que las mariquitas se muevan algo más despacio, que tengan acceso al agua y que les resulte más atractivo permanecer en esa vegetación. Además, la humedad reduce el estrés en el momento de la liberación y facilita que encuentren enseguida pulgones y otros insectos de los que alimentarse.
En términos de eficacia, las cifras son bastante llamativas: se estima que una sola mariquita adulta puede llegar a devorar hasta 50 pulgones al día. Si se libera un número suficiente en una zona con focos bien localizados de plaga, el impacto sobre la población de pulgones se nota en pocos días. A medio plazo, si el hábitat es favorable, pueden establecerse y seguir reproduciéndose allí.
Uno de los motivos por los que cada vez más gente opta por este tipo de control es que reduce drásticamente el uso de insecticidas de síntesis. Esto protege a los polinizadores, mejora el equilibrio ecológico del huerto o jardín y disminuye los residuos químicos en frutas, verduras y en el entorno en general. Es un enfoque alineado con la agricultura sostenible y con la jardinería respetuosa con la biodiversidad.
Para terminar de sacarles partido, es importante combinar estas sueltas con otras prácticas de manejo integrado, como favorecer la diversidad de plantas, evitar tratamientos insecticidas de amplio espectro y mantener algunas zonas de refugio donde la fauna auxiliar pueda resguardarse y reproducirse sin molestias constantes.
Cómo crear un insectario de mariquitas y su hábitat
Más allá del uso directo en cultivos, las mariquitas son un recurso didáctico fantástico. La creación de un insectario permite observar de cerca todo su ciclo biológico y su comportamiento, mostrando a niños y adultos cómo funciona el control biológico en un entorno semi-natural. El objetivo es recrear un pequeño ecosistema donde las mariquitas puedan vivir, alimentarse y reproducirse.
El primer paso es disponer de un habitáculo adecuado. Lo ideal es un terrario de cristal o, en su defecto, una jaula de madera forrada con malla mosquitera. Debe ser lo bastante grande como para incluir plantas, sustrato, elementos decorativos y zonas de refugio, y contar con ventilación y una tapa abatible que permita manipular el interior sin que los insectos escapen.
Una opción muy interesante es aprovechar un pequeño huerto urbano o jardinera grande e “invernarla” a modo de insectario. Esto permite que las plantas no estén en macetas individuales, sino plantadas directamente en un sustrato común, creando un espacio más parecido a un micro hábitat real. Conviene que esté elevado o en un estante para facilitar la observación y, muy importante, que tenga bandeja o sistema de drenaje para permitir el riego sin charcos excesivos.
En el interior distinguiremos varias partes: un sustrato de cultivo ligero y permeable (fibra de coco, turba rubia de textura gruesa u otro material orgánico enriquecido con nutrientes), un acolchado superficial (arena gruesa, gravilla de color, vermiculita o corteza de pino) que facilite ver bien a los insectos, y algunos elementos decorativos como piedras y ramas secas que aporten volumen y lugares donde las mariquitas puedan tomar el sol o desplazarse.
Durante la fase larvaria, como ya se ha comentado, las mariquitas tienen un apetito casi insaciable y pueden llegar a devorar incluso las puestas de huevos que encuentren. Para reducir este problema dentro del insectario, es recomendable diseñar superficies rugosas, con recovecos, donde las hembras puedan poner los huevos más protegidos. Hueveras de cartón, bolas de papel arrugado o pequeños refugios de madera funcionan bien. Instalar un mini “hotel de insectos” en una esquina del insectario ofrece privacidad a las hembras ovopositoras.
Sistema banker: plantas con pulgón como fuente de alimento
Un insectario de mariquitas, o un cultivo donde queremos mantener su población, necesita una fuente constante de alimento. Las mariquitas depredadoras dependen en gran medida de pulgones vivos tanto en fase larvaria como adulta. Recolectar pulgones frescos a diario de un jardín cercano es posible, pero suele ser pesado y tiene el riesgo de introducir insectos que hayan estado en contacto con fitosanitarios.
También existe la opción de ofrecerles pulgones congelados, pero no es tan natural ni tan didáctica. Por eso, una de las estrategias más prácticas y formativas es utilizar un “sistema banker”. Consiste en cultivar una planta de cereal de porte bajo (por ejemplo, avena, trigo o cebada) inoculada deliberadamente con un tipo de pulgón especializado en vivir solo en este tipo de plantas monocotiledóneas.
Estas plantas se pueden introducir en el insectario en macetas o plantarlas directamente en el sustrato del habitáculo. El sistema banker actúa como “fábrica” continua de pulgones presa para las mariquitas, sin contaminar el resto de plantas alimenticias ni ornamentales. Eso sí, requiere cierto mantenimiento para prolongar en el tiempo su eficacia.
Las plantas de cereal terminan por agostarse y morir después de varias semanas, por lo que será necesario reponerlas a mitad del ensayo o cultivo. Dado que las semillas son baratas y germinan con facilidad, es buena idea ir sembrando varias macetas por turnos de 10 a 15 días. Las nuevas plantas se infectarán rápidamente al introducirlas frescas dentro del insectario, aprovechando los pulgones ya presentes.
Para poder seguir un ciclo completo de las mariquitas en un contexto didáctico o experimental, se suele estimar que conviene hacer una o dos reposiciones de plantas banker. De este modo, no faltará alimento y se podrá observar cada fase del ciclo vital sin interrupciones bruscas por falta de presas.
Plantas insectarias: néctar, polen y soporte para mariquitas
La mayoría de los insectos depredadores, incluidas muchas mariquitas, necesitan en algún momento de su vida suplementar su dieta con recursos florales, especialmente néctar y polen. Esto es especialmente importante para las hembras adultas, que requieren un plus de energía para producir puestas abundantes y con buena viabilidad.
En un insectario, huerto o jardín, podemos cubrir estas necesidades de varias maneras. Una opción es aportar azúcares directamente, por ejemplo, colocando tapones o discos de algodón empapados en miel líquida o glucosa, que las mariquitas y otros insectos pueden lamer. Otra opción, mucho más estética y ecológica, es instalar plantas nectaríferas de porte bajo y floración abundante.
A este tipo de vegetales se les conoce como plantas insectarias, porque sirven para atraer y dar soporte a insectos beneficiosos. En cultivos invernados, una de las plantas insectarias más utilizadas para favorecer a mariquitas, sírfidos y crisopas es la Lobularia maritima, fácilmente disponible en semilla o en macetas comerciales. Sus pequeñas flores blancas o lilas producen néctar accesible y muy apreciado por la fauna auxiliar.
Además de Lobularia, existen muchas otras especies interesantes con gran poder de atracción: tagetes (claveles chinos), diente de león, caléndula, cosmos, manzanilla, cilantro y un buen número de flores de temporada. En el mercado se pueden encontrar incluso bandejas mixtas de plantas insectarias ya preparadas, con varias especies combinadas para aportar diversidad de recursos a lo largo de la temporada.
Integrar estas plantas insectarias alrededor del huerto, en los pasillos de los invernaderos o dentro del propio insectario no solo mejora la disponibilidad de alimento alternativo para las mariquitas; también incrementa la biodiversidad y la resiliencia del agroecosistema, creando un entorno más estable donde las plagas lo tienen más difícil para descontrolarse.
Elección y manejo de las mariquitas en el insectario
Una vez diseñado el habitáculo, instalado el sistema banker y colocadas algunas plantas insectarias, llega la parte más emocionante: introducir las mariquitas. Podemos recurrir a distintas fases de desarrollo: huevos, larvas o adultos. Todas son válidas, aunque cada una tiene sus particularidades en términos de observación y manejo.
Las mariquitas se pueden recolectar de nuestro propio huerto o jardín, siempre que procedan de un entorno sin tratamientos químicos intensivos. Lo que no se recomienda es capturar grandes cantidades directamente del medio natural para llevarlas al insectario, ya que esto puede afectar a las poblaciones silvestres. Una alternativa sencilla es adquirir huevos, larvas o adultos en tiendas especializadas o proveedores de fauna auxiliar.
En un contexto educativo, suele ser muy interesante introducir larvas de diferentes tamaños o una mezcla de larvas y adultos, ya que desde el primer momento se pueden observar comportamientos de caza, crecimiento y, más adelante, pupación. Si se trabaja con huevos, la experiencia es más larga pero muy completa, porque se ve literalmente todo el ciclo desde cero.
Las especies comerciales más habituales en España para este tipo de actividades coinciden con las utilizadas en agricultura: Adalia bipunctata, Hippodamia variegata, Propylea quatuordecimpunctata y varias especies de Scymnus. Todas son depredadoras de pulgón y se adaptan bien a cultivos herbáceos y ornamentales.
Al finalizar la práctica o cuando el insectario ya ha cumplido su función, una buena manera de cerrar el ciclo es liberar cuidadosamente los ejemplares al medio. Los adultos se recogen con suavidad en un bote y, una vez en el campo o jardín, al abrirlo salen volando por sí mismos. Las larvas, pupas y huevos se pueden trasladar depositándolos con cuidado sobre las hojas de plantas infestadas de pulgón o utilizando pequeñas cajitas de suelta que se cuelgan de las ramas.
Con este gesto, además de haber aprendido durante semanas sobre su biología y comportamiento, aportamos un pequeño “refuerzo” de fauna útil al entorno y contribuimos a reducir la necesidad de pesticidas en los espacios verdes cercanos, ya sean huertos domésticos, jardines escolares o parques urbanos.
Todo lo relacionado con las mariquitas muestra hasta qué punto un insecto diminuto puede marcar la diferencia en la sanidad ambiental y en la productividad de cultivos y jardines. Aprovechando su voracidad contra pulgones, su capacidad de reproducirse rápido y combinando bien suelta comercial, diseño de hábitats, plantas banker e insectarias, se puede construir un sistema de control biológico natural eficaz, económico y respetuoso con la biodiversidad, donde las mariquitas dejan de ser simples “bichitos simpáticos” para convertirse en auténticas aliadas de primer nivel.
