Descubren dos nuevas especies de ranas en los Andes de Ecuador

Última actualización: 20 abril 2026
  • Identificadas dos nuevas ranas del género Pristimantis en los Andes del norte de Ecuador
  • Pristimantis cayapas y Pristimantis dinardoi habitan bosques de alta montaña del Chocó Andino
  • Características morfológicas únicas permiten diferenciarlas de especies cercanas
  • Hallazgo clave para la conservación de uno de los ecosistemas más biodiversos y amenazados

Ranas descubiertas en los Andes de Ecuador

Dos pequeños anfibios han pasado de ser casi invisibles en el sotobosque andino a convertirse en protagonistas de la investigación científica. Un equipo de especialistas ha descrito dos nuevas especies de ranas del género Pristimantis en los Andes del norte de Ecuador, un hallazgo que vuelve a poner el foco en la riqueza biológica de esta región montañosa de Sudamérica.

Las nuevas especies, bautizadas como Pristimantis cayapas y Pristimantis dinardoi, viven en bosques de alta montaña del llamado Chocó Andino, una zona considerada uno de los grandes puntos calientes de biodiversidad del planeta. Más allá del interés puramente científico, el descubrimiento refuerza los argumentos de quienes reclaman mayor protección para este ecosistema, algo que también sigue con atención la comunidad conservacionista en Europa.

Un hallazgo en el corazón del Chocó Andino

Según ha informado el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio) de Ecuador, las dos especies fueron localizadas durante una expedición al cantón de Cotacachi, en la provincia de Imbabura, en el norte del país. Esta zona forma parte del Chocó Andino, un mosaico de bosques muy variados que se extiende por las laderas noroccidentales de la cordillera y que se caracteriza por su enorme diversidad de flora y fauna, gran parte de ella endémica.

El área de estudio se sitúa en la vertiente occidental de los Andes, en las proximidades del volcán Pichincha. En estas laderas, los científicos exploraron bosques de montaña húmedos, con un dosel cerrado y árboles que pueden alcanzar hasta unos 15 metros de altura. Las ramas y troncos están cubiertos por epífitas, bromelias, helechos y briofitas, creando un hábitat muy complejo donde no es fácil detectar a pequeños anfibios nocturnos.

Las dos especies de Pristimantis se encontraron a altitudes comprendidas entre 3.260 y 3.444 metros sobre el nivel del mar, es decir, en plena franja de bosques de alta montaña. Son entornos fríos, húmedos y con nubosidad frecuente, condiciones en las que estos anfibios se han especializado para sobrevivir.

En este trabajo de campo participaron expertos del Inabio y de varias organizaciones locales, entre ellas la Universidad San Francisco de Quito y diversas fundaciones conservacionistas. El esfuerzo conjunto de instituciones académicas y entidades ambientales ha resultado clave para documentar la presencia de estas ranas, que hasta ahora pasaban inadvertidas.

Pristimantis cayapas: dedos en forma de espátula y color rojizo

Una de las nuevas especies, denominada Pristimantis cayapas, destaca por su reducido tamaño y por varios rasgos físicos muy específicos. Los investigadores describen unos dedos estrechos acabados en forma de espátula, un hocico corto y una llamativa coloración rojiza en la zona inguinal, que ayuda a distinguirla de otras ranas emparentadas presentes en la misma región.

Esta especie habita principalmente en el Parque Nacional Cotacachi-Cayapas, uno de los espacios protegidos más relevantes del norte de Ecuador. Dentro de este parque, los ejemplares se han observado en una franja altitudinal aproximada entre 3.290 y 3.410 metros, siempre asociada a bosques perennifolios de alta montaña con gran humedad ambiental.

Los especialistas subrayan que las características morfológicas de P. cayapas —especialmente la forma de los dedos y los rasgos del hocico— han sido determinantes para separarla taxonómicamente de otras especies del mismo género. En un grupo tan diverso como el de las ranas Pristimantis, los detalles anatómicos y la coloración juegan un papel decisivo a la hora de identificar nuevas especies.

Además de su interés científico, la presencia de esta rana en un parque nacional reconocido proporciona un argumento adicional para reforzar las medidas de conservación en la zona, dado que cada nueva especie descrita incrementa el valor ecológico atribuido al área protegida.

Pristimantis dinardoi: discos digitales anchos y talón distintivo

La segunda especie descrita, Pristimantis dinardoi, también es de tamaño pequeño, pero presenta una combinación de rasgos distinta. En este caso, uno de los elementos más llamativos son sus discos digitales más anchos que los propios dedos, una adaptación que puede resultar útil para trepar o desplazarse por la vegetación húmeda del bosque.

Otra característica descrita por el equipo de investigación es la presencia de un tímpano visible, un rasgo que no siempre se aprecia con claridad en otras especies del género. Además, el talón muestra estructuras particulares que, combinadas con los demás rasgos anatómicos, permiten diferenciar con seguridad a P. dinardoi de otras ranas similares que habitan en los Andes.

Aunque comparte hábitat general con P. cayapas, P. dinardoi ocupa también bosques de alta montaña dentro del mismo sector del Chocó Andino, en altitudes similares superiores a los 3.200 metros. La coexistencia de ambas especies en un rango altitudinal relativamente estrecho refuerza la idea de que estos bosques son auténticos refugios de diversidad para los anfibios.

Los científicos remarcan que este tipo de diferencias anatómicas, que pueden parecer sutiles a primera vista, son fundamentales para entender cómo se ha diversificado la fauna anfibia andina a lo largo del tiempo. La presencia de tantos endemismos sugiere procesos evolutivos muy intensos, vinculados a la compleja orografía de la cordillera.

Un ecosistema clave y la mirada desde Europa

El Chocó Andino está catalogado como uno de los ecosistemas más ricos y amenazados del planeta. A lo largo de una relativamente pequeña extensión conviven una docena de tipos de bosques distintos, que varían según la altitud, la humedad y la exposición. Esta diversidad de hábitats explica en parte por qué aparecen nuevas especies de anfibios, plantas o insectos prácticamente cada año.

La región, sin embargo, también se enfrenta a presiones constantes relacionadas con la deforestación, la expansión agrícola y la actividad minera. Estas amenazas preocupan no solo a las comunidades locales y a la comunidad científica latinoamericana, sino también a instituciones y organizaciones europeas que colaboran en proyectos de conservación y de investigación en América Latina.

En países de la Unión Europea, como España, se siguen con atención este tipo de estudios, ya que aportan información relevante para diseñar políticas globales de conservación. La pérdida de anfibios, un grupo especialmente sensible a los cambios ambientales, se considera un indicador temprano del deterioro de los ecosistemas, algo que repercute en la estabilidad de los servicios ambientales a escala planetaria.

Por ello, el hallazgo de Pristimantis cayapas y Pristimantis dinardoi no se interpreta únicamente como una curiosidad científica. Se ve también como una llamada de atención sobre la necesidad de fortalecer las alianzas internacionales, desde programas de investigación compartidos entre universidades europeas y latinoamericanas hasta proyectos financiados por la cooperación internacional para proteger bosques andinos.

La importancia de seguir explorando los Andes

Los investigadores implicados en el estudio, procedentes de instituciones como el Inabio, la Fundación EcoMinga, la Fundación Oscar Efrén Reyes y la Universidad San Francisco de Quito, recuerdan que los Andes siguen siendo una de las grandes fronteras de la exploración biológica. A pesar de décadas de trabajo de campo, continúan apareciendo nuevas especies de anfibios, reptiles, aves y plantas a gran altitud.

En este contexto, el grupo de ranas del género Pristimantis es especialmente prolífico. Se trata de un conjunto de especies con una altísima diversidad en la región andina, muchas de ellas restringidas a valles o cordones montañosos muy concretos. Esto implica que la alteración de un área relativamente pequeña puede poner en riesgo a especies enteras.

El descubrimiento en Cotacachi demuestra que incluso en zonas que ya cuentan con figuras de protección, como los parques nacionales, aún quedan anfibios sin describir formalmente. Documentarlos no solo enriquece el conocimiento científico, sino que ayuda a justificar la ampliación de medidas de conservación, la creación de corredores ecológicos o el refuerzo de la vigilancia frente a actividades ilegales.

Para el público europeo interesado en la naturaleza, este tipo de hallazgos subraya la necesidad de apoyar iniciativas de conservación fuera del propio continente. A través de programas de cooperación, fondos de investigación o proyectos de ONG, Europa puede contribuir a proteger ecosistemas como el Chocó Andino, que tienen un papel relevante en la regulación del clima y en la conservación de la diversidad genética mundial.

El anuncio de estas dos nuevas ranas andinas pone de relieve, en definitiva, cómo un territorio relativamente pequeño del norte de Ecuador puede albergar una riqueza biológica extraordinaria y aún poco conocida. La descripción de Pristimantis cayapas y Pristimantis dinardoi refuerza la idea de que la investigación de campo y la cooperación entre instituciones son esenciales para identificar y proteger especies que, sin ese trabajo, seguirían ocultas en los bosques de montaña.

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