- Presencia consolidada del avispón oriental en Campo de Gibraltar, Ceuta y gran parte del litoral andaluz.
- Fuerte impacto sobre la apicultura: depredación de abejas y efectos económicos graves.
- Planes activos: eliminación de nidos, búsqueda proactiva y trampeo selectivo con mapeo y datos.
- Llamamiento a protocolos oficiales, ayudas al sector y pautas de convivencia para la ciudadanía.

El avispón oriental (Vespa orientalis) ha pasado de ser una rareza a convertirse en un protagonista indeseado del verano y el otoño en el sur peninsular. En zonas como el Campo de Gibraltar y diversas ciudades andaluzas, su presencia se percibe ya como parte del paisaje, con avistamientos en playas, jardines y entornos urbanos.
Expertos y apicultores coinciden en que la especie ha llegado para quedarse. La administración estatal la reconoce como especie exótica invasora en el BOE, pero sobre el terreno persiste la sensación de falta de protocolos claros que orienten la respuesta coordinada y alivien la presión sobre la biodiversidad y la economía local.
Dónde se ha asentado y cómo llegó
El establecimiento del avispón oriental en el sur y el este de España se vincula a la entrada por grandes puertos y el tráfico marítimo. Referencias de campo apuntan al Puerto de Algeciras como una de las puertas de acceso, sin descartar Barcelona y Valencia por su volumen de contenedores.
Su expansión tiene hitos reconocidos: avistamientos en la Comunidad Valenciana hace más de una década y la consolidación posterior en el área del Estrecho y Ceuta. En la ciudad autónoma se detectaron individuos en 2022 y, desde entonces, su presencia ha escalado con rapidez. Ceuta atribuye su llegada a un probable transporte pasivo en camiones o contenedores desde el Campo de Gibraltar.

Golpe a la apicultura y a la economía local
La especie es un depredador voraz de insectos, con las abejas melíferas entre sus presas habituales. Cuando acosa una colmena, puede desencadenar el llamado «efecto miedo»: las abejas dejan de salir, el panal se debilita y la producción se hunde.
Apicultores del Campo de Gibraltar relatan que algunos colegas evitan trasladar colmenas a la comarca por las pérdidas sufridas. Un caso citado por profesionales locales habla de cientos de colmenas perdidas en apenas un mes, una cifra que ilustra el impacto económico y el desconcierto operativo cuando no hay medidas comunes.
El problema no se limita a la miel: en situaciones de abundancia, los avispones también aprovechan restos orgánicos y pueden picotear frutas azucaradas como uvas o higos, lo que añade presión sobre cultivos y cosechas cercanas a asentamientos.
Frente a este escenario, los especialistas insisten en reforzar el apoyo público, coordinar ayudas específicas para apicultores y pautas de defensa de colmenas, además de acelerar protocolos autonómicos de actuación.
Ceuta: balance de nidos y plan operativo

Desde el inicio del verano, la ciudad autónoma ha intensificado su respuesta. Entre junio y comienzos de septiembre se neutralizaron 85 nidos, con agosto como mes de máxima actividad (51 avisperos intervenidos). Las semanas de septiembre y octubre son, por biología de la especie, el pico de casos.
Ceuta ha puesto en marcha un plan específico desde su Área de Medio Ambiente, con la ejecución a cargo de Tragsa. La estrategia combina tres frentes: eliminación de nidos cuando se detectan, búsqueda activa en campo para no depender solo de avisos ciudadanos y un programa de trampeo selectivo con unas 90 trampas para capturar obreras y, en primavera, reinas fundadoras.
Todo ello se complementa con mapeo y geolocalización de trampas y nidos, y un análisis posterior de los datos para prever patrones de distribución y ajustar las actuaciones futuras con mayor eficacia.
Biología, ciclo anual y comportamiento
El avispón oriental alcanza su máximo en verano y otoño, cuando sus colonias están más pobladas y visibles. Las reinas fecundadas pasan el invierno ocultas; al llegar la primavera, fundan nidos, crían las primeras obreras y, desde ese momento, la colonia crece con rapidez.
En el tramo final del ciclo, un nido puede reunir centenares de obreras (se han cuantificado colonias con hasta unas 450) y generar docenas de nuevas reinas para la siguiente temporada. Con el frío, la mayor parte de la colonia desaparece y sobreviven las reinas para el año siguiente.
Prefiere huecos resguardados como cavidades en el suelo, muros, persianas o roquedos, lo que dificulta su detección temprana. En agosto es habitual verla rondar playas, contenedores y puntos de agua, donde halla restos orgánicos o humedad.
Conviene distinguirla de la avispa asiática (Vespa velutina), más frecuente en el norte. Aunque ambas son impactantes para los polinizadores, difieren en su biología y en los lugares donde construyen nidos, lo que implica estrategias de control distintas.
Riesgos y recomendaciones para la ciudadanía
Los especialistas subrayan que, en términos generales, el avispón oriental no busca el enfrentamiento con las personas. Suele picar solo si percibe amenaza para el nido. Aun así, en personas alérgicas, una picadura puede ser muy peligrosa y requiere atención médica inmediata.
Se recomienda mantener la calma, evitar aspavientos y no aplastar ejemplares, ya que al morir liberan sustancias que pueden atraer a más avispones. En espacios públicos, ayuda cerrar bien residuos de carne o pescado y extremar la limpieza de restos orgánicos.
La retirada de nidos debe realizarla solo personal especializado. En viviendas y jardines, lo procedente es avisar a 112 o a los servicios municipales. Cuerpos como Bomberos pueden tener limitaciones cuando los nidos están en propiedad privada, por lo que conviene coordinarse con el ayuntamiento.
Municipios como Rota (Cádiz) han comunicado hallazgos recientes y piden no interferir con los nidos ni soltar perros en zonas ajardinadas afectadas. La colaboración vecinal, aportando ubicaciones precisas, acelera la respuesta y reduce riesgos.
Qué piden los expertos y cómo reforzar el control
Entomólogos y apicultores reclaman un protocolo autonómico claro para cada fase del ciclo, con medidas homogéneas entre municipios y apoyo técnico a las cuadrillas de intervención.
En el frente ecológico, se propone favorecer depredadores naturales (como abejero europeo, abejaruco o cernícalo) y respetar el avispón europeo (Vespa crabro), que puede competir con la especie invasora. El uso de insecticidas se plantea como último recurso y con supervisión, por su efecto colateral sobre fauna local.
El control más efectivo sigue siendo localizar y neutralizar nidos, complementado con trampeo selectivo y vigilancia en puntos críticos. El sector solicita además ayudas directas para proteger colmenas, investigar feromonas y sensores, y mejorar la búsqueda con drones.
Con la especie ya asentada en varias provincias y Ceuta, el reto pasa por coordinar esfuerzos, profesionalizar las intervenciones y sostener la monitorización estacional para reducir daños a apicultura, biodiversidad y salud pública sin generar impactos indeseados en el ecosistema.
