- Reinas parásitas de Lasius orientalis y Lasius umbratus provocan que las obreras eliminen a la reina legítima.
- La intrusa manipula señales químicas, probablemente ácido fórmico, alterando el olor de la reina huésped.
- Diferencias por especie: múltiples rociados y días (L. orientalis) frente a ataque inmediato (L. umbratus).
- Hallazgo con eco en Europa: el género Lasius es común en España y el continente, abriendo nuevas líneas de estudio.
En el mundo de las hormigas, donde reina el orden y la eficiencia, acaba de documentarse un caso de «regicidio» inducido que parece sacado de una novela: una reina intrusa logra que las obreras maten a su propia madre. Lejos de la violencia directa, la clave es la manipulación química de las señales con las que se reconocen entre sí.
La investigación, publicada en Current Biology por un equipo de la Universidad de Kyushu (Japón), describe cómo las especies parásitas Lasius orientalis y Lasius umbratus se infiltran en colonias emparentadas y consiguen que las obreras ataquen a la reina legítima, para después aceptar a la intrusa como nueva soberana.
Una infiltración silenciosa y letal

El proceso arranca cuando una reina parásita penetra en un nido de Lasius flavus o Lasius japonicus y se camufla químicamente para no ser detectada. Tras acercarse a la reina residente, la intrusa la rocía con un fluido abdominal que los autores señalan como probablemente ácido fórmico, si bien su composición exacta aún no ha sido confirmada.
El efecto no es instantáneo, pero sí decisivo: el rociado desfigura el olor característico de la reina huésped, su «firma» social. Sin ese perfume de identidad, las obreras dejan de reconocer a su madre y la perciben como un elemento extraño, lo que desencadena agresiones crecientes hasta su muerte.
La intrusa, consciente del riesgo, se retira tras cada ataque químico para evitar ser golpeada por el mismo olor de alarma que ha provocado. Repite la maniobra varias veces hasta que la colonia, ya confundida, culmina el matricidio.
Con la reina original fuera de juego, el nido acepta a la invasora sin mayor resistencia: las obreras la alimentan, la protegen y cuidan de su prole, de modo que la usurpación se consuma sin combate directo.
- La intrusa se camufla adquiriendo el olor del nido en el exterior.
- Localiza a la reina residente y la rocia con el fluido maloliente.
- Se retira para no ser atacada y repite la acción en varias rondas.
- Las obreras, confundidas por el olor, acaban matando a su propia reina.
- La parásita regresa, pone huevos y es aceptada como nueva soberana.
Del hallazgo casual al laboratorio
El primer aviso no llegó de un gran proyecto, sino del ojo atento de Taku Shimada, un naturalista aficionado que grabó la secuencia y la compartió. A partir de ese material, el entomólogo Keizo Takasuka y colegas diseñaron experimentos controlados para reproducir el fenómeno y documentarlo con detalle.
En laboratorio, el equipo corroboró que la clave es el fraude olfativo: alterar el olor de la reina desencadena que sus propias hijas la identifiquen como intrusa. Los ensayos se llevaron a cabo con apoyo de colaboradores locales y replicaron la dinámica observada en campo.
Química social y diferencias entre especies
Los resultados revelan patrones distintos según la especie. En Lasius orientalis, la reina invasora necesitó alrededor de 15 rociados en unas 20 horas; la agresión de las obreras escaló y la reina huésped murió aproximadamente cuatro días después.
En Lasius umbratus, bastaron dos rociados para que se produjera un ataque inmediato y letal, con episodios de desmembramiento de la reina original en poco tiempo. En ambos casos, la colonia terminó aceptando a la usurpadora.
El equipo destaca que, pese a no estar estrechamente emparentadas, ambas especies han convergido en una táctica similar de manipulación química, lo que apunta a un caso de evolución convergente dentro del género Lasius.
Por qué importa en España y Europa
El género Lasius cuenta con especies ampliamente distribuidas en Europa, incluidas Lasius umbratus y Lasius flavus, presentes también en España. Aunque el trabajo se centra en poblaciones asiáticas, el mecanismo descrito plantea preguntas sobre su posible presencia en ecosistemas europeos.
Este conocimiento podría servir para afinar protocolos de monitoreo de colonias, mejorar estrategias de manejo de plagas urbanas y rurales, y orientar estudios de comunicación química en insectos sociales del continente.
Preguntas abiertas y próximos pasos
Queda por confirmar de forma inequívoca la composición del fluido empleado por las reinas intrusas. Todo apunta al ácido fórmico, frecuente en la subfamilia Formicinae, pero los autores subrayan que la identificación química definitiva está en marcha.
Los investigadores también quieren saber si este tipo de manipulación se da en otras hormigas o incluso en avispas sociales. Más allá de la entomología, comprender cómo se altera un orden jerárquico con señales químicas puede inspirar avances en robótica colectiva, modelos de IA distribuida o biomedicina del comportamiento.
Lo observado —obreras que, engañadas por el olor, azuzan un matricidio que solo beneficia al parásito— redefine lo que creíamos posible en la convivencia de estos insectos y abre una ventana a guerras silenciosas que ocurren bajo nuestros pies.