La hormiga que clona machos de otra especie: Messor ibericus y la xenoparidad

Última actualización: 27 septiembre 2025
  • Messor ibericus genera machos clónicos de Messor structor sin mezclar genomas.
  • El proceso, llamado xenoparidad, ha sido descrito en la revista Nature.
  • Las reinas usan la espermateca y el ADN del esperma para crear clones con mitocondrias maternas.
  • La estrategia aporta ventajas a la colonia, pero con costes sociales y genéticos.

Hormigas y clonación entre especies

En colonias del sur de Europa, un equipo internacional ha documentado un fenómeno tan raro como sólido: una hormiga es capaz de producir machos idénticos a otra especie. El hallazgo no es un simple cruce, sino un mecanismo reproductivo distinto que replantea cómo se transmite la herencia en estos insectos sociales.

La protagonista es Messor ibericus, que llega a generar machos con el genoma nuclear de Messor structor. A este proceso se le ha denominado xenoparidad, y constituye, según los autores, el primer caso conocido en el reino animal en el que una especie crea clones masculinos de otra utilizando su esperma almacenado.

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Un hallazgo con firma y datos

Estudio científico sobre hormigas

La investigación, publicada en Nature y liderada por Jonathan Romiguier (Instituto de Ciencia Evolutiva de Montpellier), con la participación de Jacobus Boomsma (Universidad de Copenhague) y Claudie Doums (EPHE-París), describe un patrón consistente en múltiples colonias. El equipo evaluó más de medio centenar de nidos y examinó en detalle 132 machos pertenecientes a 26 colonias de M. ibericus.

Estas cifras no son anecdóticas: en localidades donde M. structor no está presente, aparecían machos cuyo ADN nuclear correspondía a esa especie. La coincidencia con la geografía conocida de ambas hormigas y la repetición del hallazgo en diferentes puntos del Mediterráneo refuerzan la robustez del resultado.

Los autores describen el fenómeno como una forma de “domesticación genética”: M. ibericus habría incorporado el uso del genoma de M. structor para producir parte de su descendencia masculina, integrando ese material ajeno en su ciclo vital sin hibridar sexualmente a la manera clásica.

Además de la publicación científica, el trabajo ha sido difundido y comentado en medios especializados. Esta visibilidad ha puesto el foco en una pregunta clave: ¿cómo puede una reina fabricar machos de otra especie dentro de su propia colonia?

Cómo funciona: espermateca, ADN y “xenoparidad”

Mecanismo reproductivo en hormigas

La clave se encuentra en la espermateca, el órgano donde la reina almacena el esperma tras el vuelo nupcial. En lugar de usarlo para fecundar huevos mezclando su propio material genético, en la xenoparidad la reina activa únicamente el ADN del esperma de M. structor, de modo que el embrión masculino hereda su genoma nuclear de esa especie.

Como el desarrollo ocurre en un huevo puesto por M. ibericus, los embriones reciben mitocondrias maternas (y, por ende, ADN mitocondrial de la reina), mientras que el contenido nuclear procede del esperma almacenado. Así se obtiene un clon masculino de M. structor que, sin embargo, se ha gestado dentro de M. ibericus.

El resultado es extraordinario desde el punto de vista genético: se produce descendencia masculina de otra especie sin recombinación con el genoma nuclear materno, un fenómeno comparable en su novedad a el primer ratón con ADN de dos machos. Esta vía reproduce machos “externos” a la colonia en términos nucleares, pero con huella citoplasmática de la madre.

Este mecanismo no implica que la reina sea fecundada de forma convencional para esos machos, sino que aprovecha el material ya almacenado y lo expresa en solitario. En palabras de los investigadores, la colonia incorpora una fuente estable de machos sin depender de la presencia local de M. structor.

Pruebas, alcance geográfico y rareza del fenómeno

Distribución de hormigas en Europa

M. ibericus se distribuye por el sur de Europa (de España a áreas del Mediterráneo oriental), mientras que M. structor se concentra sobre todo hacia el este del continente. Pese a ello, los científicos hallaron machos con genoma de M. structor en colonias situadas muy lejos de su rango habitual, incluyendo Sicilia, a más de mil kilómetros de las poblaciones conocidas de esa especie.

Esta disociación espacial apunta a que no se trata de visitas ocasionales de machos foráneos, sino de un sistema reproductivo propio de M. ibericus que opera incluso donde M. structor no coexiste. El muestreo, con 132 machos analizados de 26 colonias, permitió descartar errores de identificación y confirmó el patrón.

Los análisis genéticos mostraron la combinación ya descrita: ADN nuclear de M. structor y ADN mitocondrial de M. ibericus. Ese contraste es coherente con una clonación masculina a partir del esperma almacenado, no con una hibridación sexual clásica.

En pruebas de comportamiento, los machos generados de este modo pueden tener dificultades de aceptación social cuando se reintroducen en determinadas colonias, probablemente por diferencias en señales químicas. Este detalle subraya lo delicado que es el equilibrio entre genética y comunicación en las sociedades de hormigas.

Ventajas, límites e implicaciones evolutivas

Implicaciones evolutivas en hormigas

¿Qué gana la colonia con esta rareza? Para los autores, la xenoparidad dota a M. ibericus de una reserva fiable de machos y facilita la producción de ciertos individuos que sostienen la organización social, en particular cuando la dinámica de castas y la compatibilidad genética requieren combinaciones concretas.

El sistema, sin embargo, no es gratuito. La ausencia de recombinación en esos machos clónicos puede favorecer la acumulación de mutaciones con el tiempo. Además, las diferencias en feromonas y el origen genético mixto (nuclear vs. mitocondrial) generan fricciones sociales en determinados contextos.

Lejos de ser un capricho, esta estrategia sugiere una relación de dependencia funcional entre ambas especies: M. ibericus parece haber “domesticado” el genoma de M. structor para estabilizar su ciclo de vida, un caso extremo de coevolución que intriga a los especialistas.

Los investigadores señalan varias cuestiones abiertas que guiarán próximos trabajos:

  • ¿Existen otros insectos con xenoparidad no detectada todavía, quizá en linajes con castas estrictas?
  • ¿Qué condiciones ecológicas favorecen la persistencia del sistema frente a sus costes?
  • ¿Hasta qué punto el rechazo social por señales químicas limita la viabilidad de los machos clónicos?

Las pruebas genéticas, el muestreo amplio y el encaje ecológico dibujan un panorama sólido: Messor ibericus produce machos clónicos de Messor structor activando el ADN del esperma almacenado, un mecanismo singular que refuerza la colonia pero con límites claros marcados por la genética y la vida social de las hormigas.