- Llegan al Zoo de Córdoba desde el centro de recuperación Primadomus, tras ser rescatados en Francia en 2017 de una cría ilegal para espectáculos.
- Zazu, macho de 18 años, y Aissa, hembra de 16, se han adaptado con rapidez a su nuevo recinto y permanecerán allí de forma permanente.
- Su función no es reproductora, sino garantizarles bienestar y dignidad dentro de un centro de conservación y rescate de fauna.
- La incorporación de esta pareja se suma a otros grandes animales y refuerza el papel del Zoo de Córdoba dentro de los programas europeos de conservación.
La historia de Zazu y Aissa no comienza en la sabana africana, sino entre recintos, traslados y decisiones humanas. Estos dos leones, un macho de 18 años y una hembra de 16 años, acaban de estrenar hogar en el Centro de Conservación Zoo de Córdoba después de una vida marcada por el comercio ilegal y el mundo del espectáculo.
Ahora, su presencia en Córdoba no responde a una apuesta por la cría ni a un simple reclamo de exhibición. El objetivo principal es ofrecerles una vejez tranquila y digna, lejos de entrenamientos forzados y jaulas de paso, en un espacio que funciona como centro de recuperación, prevención y protección de fauna amenazada dentro de la red europea de zoológicos.
De la cría ilegal en Francia al rescate en Primadomus
Antes de llegar a Andalucía, el recorrido vital de Zazu y Aissa pasó por Francia. Allí fueron utilizados en un proceso de cría ilegal destinado a suministrar leones a circos y otros centros de espectáculo, donde su valor era básicamente económico. No eran vistos como embajadores de su especie, sino como piezas más de un negocio.
En 2017, las autoridades francesas y organizaciones de protección animal intervinieron el lugar en el que se encontraban. Los dos leones fueron entonces trasladados al centro de recuperación Primadomus, en la provincia de Alicante, especializado en acoger animales procedentes del tráfico ilegal o de exhibiciones en malas condiciones.
En este centro alicantino, gestionado como espacio de rescate y rehabilitación, comenzaron una nueva etapa. Allí pasaron casi una década, recuperando peso, estabilidad y rutinas adaptadas a sus necesidades como grandes felinos, siempre fuera de los circuitos del espectáculo para los que habían sido criados.
Durante todo este tiempo, Zazu y Aissa permanecieron juntos, generando un fuerte vínculo. El Centro de Conservación cordobés los describe como “mejores amigos”, habituados a compartir espacio, descanso y dinámicas de grupo, algo que ha sido clave para su rápida adaptación en la ciudad andaluza.
Llegada al Zoo de Córdoba y primeros días en su nuevo hogar
La última parada de este periplo es el Centro de Conservación Zoo de Córdoba, donde Zazu y Aissa llevan aproximadamente una semana. Su incorporación ha sido posible gracias a la pertenencia del zoo cordobés a la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA/AIZA), que coordina programas de conservación y recolocación de animales rescatados en Europa.
Según ha explicado el delegado de Sostenibilidad y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Córdoba, Daniel García-Ibarrola, el proceso de adaptación ha sido “fácil” y “rápido”. En pocos días, ambos leones han reconocido el recinto como propio, han marcado su territorio y muestran comportamientos compatibles con un estado de relativa tranquilidad, pese al cambio de entorno y clima.
El responsable municipal destaca que su llegada encaja con la función del centro cordobés como espacio de conservación y refugio, más allá del concepto tradicional de zoológico. No se trata solo de mostrar animales al público, sino de dar una salida estable a ejemplares que proceden de situaciones de maltrato, comercio ilegal o instalaciones que han quedado obsoletas.
La jaula que ahora ocupan estaba vacía desde el fallecimiento del anterior león del zoológico, ocurrido hace unos meses. Con Zazu y Aissa, ese espacio vuelve a tener vida, pero con un enfoque distinto: su estancia en Córdoba será de carácter permanente, sin previsión de ser trasladados de nuevo.
Carácter, comportamiento y adaptación al público
Los cuidadores del zoo coinciden en describir a Zazu como un león calmado. Con la edad, su ritmo es más pausado y se le ve a menudo descansando en las plataformas de madera o vigilando con cierta curiosidad a quienes se acercan a la cristalera. Las marcas que luce en el rostro recuerdan las “aventuras” y conflictos que pudo vivir en etapas anteriores.
Aissa, en cambio, se muestra más inquieta. Mantiene una actitud más alerta, se mueve con más frecuencia por el recinto y tiende a guardar algo más de distancia ante la presencia de grupos numerosos de visitantes. Tiene un ojo ligeramente más pequeño, lo que hace que mueva la cabeza con frecuencia para enfocar mejor, un rasgo físico que no le impide desenvolverse con normalidad.
En las primeras presentaciones ante los medios y el público, el comportamiento de ambos ha sido diferente pero complementario. Zazu se ha acercado sin demasiada timidez al cristal, subiendo a las plataformas para observar a los visitantes, mientras que Aissa ha preferido moverse con más cautela, aguardando a cierta distancia antes de salir a las zonas más visibles del recinto.
El personal del centro señala que esta respuesta es lógica en animales que han pasado por varios traslados y cambios de entorno. Pese a ello, tras una semana, los dos felinos ya muestran rutinas relativamente estables: zonas preferidas para descansar, momentos del día en los que se encuentran más activos y determinadas reacciones predecibles a la presencia de personas.
Aun así, quienes trabajan con ellos no ocultan que hay un componente triste en su biografía: nunca han conocido la libertad de una manada en la sabana, la caza en grupo o los desplazamientos por grandes territorios. Su vida ha transcurrido entre recintos, entrenadores y centros de recuperación, algo que condiciona para siempre su comportamiento y sus posibilidades.
Alimentación y cuidados diarios
Uno de los aspectos que el zoo controla con especial atención es la alimentación de ambos leones. Para evitar conflictos y asegurar que cada uno recibe su ración, se les da de comer por separado. No se trata solo de evitar peleas, sino de garantizar que el macho no acapare el alimento.
Zazu consume a diario en torno a 4,7 kilos de carne, fundamentalmente ternera. Los cuidadores explican que tiene un apetito considerable y tiende a intentar comer más de lo que le corresponde. Por su parte, Aissa se mantiene en unos 2,7 kilos diarios, una cantidad más ajustada a su tamaño y necesidades energéticas.
El control de la dieta es clave en animales de esta edad, ya que un exceso de peso o una alimentación inadecuada puede traducirse en problemas articulares, cardíacos o metabólicos. Por ello, la planificación de las raciones se realiza de forma individualizada y supervisada por el equipo veterinario del centro.
Además de la comida, se cuidan otros detalles del día a día: enriquecimiento ambiental para estimular su comportamiento natural, zonas elevadas para vigilar el entorno, sombra y puntos de refugio. Estos elementos buscan que, dentro de las limitaciones de un recinto, los leones puedan mostrar conductas propias de su especie y reducir el estrés.
La presencia constante de cuidadores especializados y veterinarios permite ajustar el manejo a la edad avanzada de ambos felinos. A sus 18 y 16 años, se encuentran en una etapa en la que el confort, la prevención y la supervisión sanitaria son prioritarios sobre cualquier otro objetivo.
Sin objetivo reproductor: una vida tranquila y sin crías previstas
Uno de los puntos que el Ayuntamiento de Córdoba ha querido dejar claros desde el principio es que Zazu y Aissa no llegan con fines reproductores. Su edad y su historia previa no hacen recomendable plantear un programa de cría con ellos, y el propio centro asume que su papel es el de residentes permanentes sin descendencia planificada.
El delegado de Sostenibilidad y Medio Ambiente ha subrayado que la función principal de esta acogida es sacarlos definitivamente del circuito de rescate y ofrecerles un lugar estable donde puedan pasar el resto de su vida en las mejores condiciones posibles. La prioridad, insisten, es el bienestar, no aumentar el número de ejemplares.
Aun así, en algunas declaraciones se ha reconocido que, aunque no existe un plan específico de cría, no se puede descartar por completo que, de manera natural, pudieran llegar a reproducirse. En cualquier caso, se trataría de una posibilidad lejana, más teórica que real, dada la edad y la situación particular de ambos.
Esta postura enlaza con el enfoque actual de muchos zoológicos europeos, que están evolucionando desde modelos centrados en la exhibición hacia espacios de conservación, educación y refugio, especialmente para animales que proceden del tráfico ilegal o de entornos de explotación.
En el caso concreto de Córdoba, la incorporación de esta pareja de leones se presenta abiertamente como un gesto coherente con ese rumbo: ofrecer un final de vida digno a dos animales que no pueden ser reintroducidos en la naturaleza, pero que aún tienen años por delante en los que se puede mejorar notablemente su calidad de vida.
Un recinto que se ampliará y un centro en transformación
En la actualidad, Zazu y Aissa ocupan el recinto destinado históricamente a los leones en el Zoo de Córdoba. De momento, el espacio no ha sufrido una transformación profunda para su llegada, más allá de pequeñas adaptaciones de manejo. Sin embargo, el Ayuntamiento ya ha adelantado que se prevé ampliar y mejorar este hábitat.
La idea es ir adaptando progresivamente el recinto para que cumpla estándares cada vez más exigentes en cuanto a espacio, refugios, zonas de sombra y elementos de enriquecimiento. Esta línea de actuación se está aplicando también a otros espacios del centro, donde se han ido ejecutando mejoras para adecuarlos a las necesidades de cada especie.
El delegado ha recalcado que el Centro de Conservación trabaja para que sus instalaciones reúnan las mejores condiciones posibles y se mantengan al día respecto a las recomendaciones técnicas de asociaciones como la EAZA. Esto incluye no solo ampliar superficie, sino también revisar materiales, estructuras y dinámicas de manejo.
En paralelo, el Ayuntamiento ha planteado una reorganización del entorno del zoo junto al Jardín Botánico y el Centro de Educación Ambiental, con la intención de configurar una gran manzana de ocio familiar accesible. Esta integración busca reforzar el papel del zoológico como espacio educativo y de sensibilización sobre el respeto a la naturaleza.
Dentro de ese contexto más amplio, la presencia de Zazu y Aissa ayuda a explicar de forma cercana cuestiones como el tráfico ilegal de fauna, el uso de animales en espectáculos y la importancia de contar con centros preparados para acogerlos cuando son rescatados.
Un zoo en clave de conservación: rinoceronte, tigres y leoparda
La llegada de esta pareja de leones no es un caso aislado, sino parte de una serie de incorporaciones recientes de grandes mamíferos al centro cordobés. En los últimos meses han llegado también el rinoceronte Manas, una pareja de tigres y una leoparda, esta última con vistas a integrarse en un posible programa de cría con el macho de leopardo ya existente.
El concejal García-Ibarrola ha recordado que el zoo forma parte de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios, lo que le permite acceder a más de 400 programas de protección y recuperación de especies amenazadas. La participación en estas iniciativas está condicionada a que las instalaciones reúnan los requisitos de bienestar y manejo establecidos a nivel europeo.
En este marco, el centro cordobés insiste en definirse como espacio de conservación, más que como parque de exhibición. El trabajo con especies en peligro, la acogida de ejemplares rescatados y la colaboración con entidades internacionales son los pilares de este enfoque.
La incorporación de Zazu y Aissa encaja en ese esquema, ya que se trata de animales procedentes del mercado ilegal y del mundo del espectáculo que no pueden volver a ningún entorno natural. Su presencia sirve para ilustrar, de manera tangible, las consecuencias del comercio de fauna salvaje y la importancia de contar con centros preparados para su atención a largo plazo.
Al mismo tiempo, este tipo de llegadas suelen tener un efecto visible en la respuesta del público: el Zoo de Córdoba ha registrado en los últimos años un aumento significativo de visitantes, superando las 118.000 personas en uno de sus últimos ejercicios, y se espera que la nueva pareja de leones contribuya a mantener ese interés, siempre con el foco puesto en la educación ambiental.
Al cierre de esta nueva etapa para el Zoo de Córdoba, la figura de Zazu y Aissa simboliza bien el giro que están dando muchos centros europeos: de ser simples vitrinas de animales exóticos a convertirse en refugios para fauna rescatada, espacios de conservación y lugares donde se explica, sin adornos, el impacto del tráfico ilegal y la explotación en circos y espectáculos. Su vida ya no transcurre entre entrenamientos y jaulas de paso, sino en un recinto que, con sus limitaciones, aspira a ofrecerles la tranquilidad que no tuvieron en sus primeros años.
