El rinoceronte lanudo hallado en el estómago de un lobo revela las claves de su extinción

Última actualización: 19 enero 2026
  • Un fragmento de carne de rinoceronte lanudo apareció intacto en el estómago de un cachorro de lobo gris congelado en Tumat, Siberia.
  • Investigadores europeos lograron secuenciar un genoma completo y de alta calidad a partir de ese tejido de 14.400 años.
  • Los datos muestran que la especie se mantuvo genéticamente sana hasta muy poco antes de desaparecer.
  • La hipótesis principal apunta a un calentamiento climático rápido como causa de la extinción, más que a la caza humana o a la endogamia.

rinoceronte lanudo y lobo en la edad de hielo

Hace unos 14.400 años, en plena Edad de Hielo, un cachorro de lobo gris de apenas unas semanas de vida se resguardaba en una madriguera cercana a la actual aldea de Tumat, en el noreste de Siberia. Había acabado de comer un generoso trozo de carne, sin saber que aquella última comida —procedente de un rinoceronte lanudo— quedaría congelada en el tiempo bajo el permafrost y se convertiría en una de las pruebas más insólitas de la paleogenética moderna.

El derrumbe repentino de la cueva sepultó al animal y, gracias a las bajísimas temperaturas constantes del suelo helado, tanto el cuerpo del cachorro como el contenido de su estómago quedaron momificados de forma natural durante milenios. Hoy, ese azar geológico ha permitido a un equipo internacional, liderado desde el Centro de Paleogenética de Estocolmo y otras instituciones europeas, reconstruir con gran detalle el genoma de uno de los últimos rinocerontes lanudos conocidos y arrojar nueva luz sobre las causas de su desaparición.

Un hallazgo único en el interior de un lobo

hallazgo de rinoceronte lanudo en cachorro de lobo

La historia moderna de este hallazgo comenzó en 2011, cuando Sergey Fedorov y su equipo de la Universidad Federal del Noreste (Rusia) localizaron en el permafrost siberiano los restos excepcionalmente bien conservados de dos cachorras de lobo gris. Uno de esos cuerpos presentaba un estado de conservación tan notable que, años después, en 2018, los investigadores decidieron examinar con detalle su contenido estomacal.

Durante esa revisión minuciosa apareció un fragmento de tejido rectangular con piel, músculo y pelaje que, a simple vista, no parecía haber sido digerido. Por su color y textura, algunos miembros del equipo pensaron al principio que podía tratarse de un trozo de león de las cavernas, otro gran mamífero del Pleistoceno. Sin embargo, las dudas llevaron a solicitar ayuda a especialistas en ADN antiguo en Suecia y el Reino Unido.

El material se envió al Centro de Paleogenética de Estocolmo, donde trabajan investigadores de la Universidad de Estocolmo y del Museo Sueco de Historia Natural, y también a expertos de la Universidad de Cardiff. Allí, mediante análisis genéticos avanzados, se obtuvo suficiente ADN para identificar con certeza la especie. El resultado desmintió la hipótesis inicial: el tejido procedía de un rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis), uno de los grandes herbívoros de clima frío que poblaron Europa y el norte de Asia hasta el final de la última Edad de Hielo.

Los científicos subrayan que nunca antes se había secuenciado el genoma completo de un animal de la Edad de Hielo hallado en el estómago de otro. Además, la calidad de la información genética obtenida a partir de una muestra tan inusual ha sido excepcionalmente alta, algo que hasta hace pocos años habría parecido prácticamente imposible.

La datación por radiocarbono del tejido confirmó que aquella porción de carne tenía alrededor de 14.400 años, una edad muy cercana a las estimaciones del momento de desaparición del rinoceronte lanudo en el noreste de Siberia. El cachorro de lobo y su última presa, por tanto, pertenecen al mismo periodo histórico, en los compases finales de la existencia de esta especie.

Un rinoceronte enorme en el final de su historia

recreacion de rinoceronte lanudo en su habitat

El análisis genético permitió confirmar que el fragmento pertenecía a un rinoceronte lanudo de gran tamaño, una especie que podía alcanzar hasta cuatro metros de longitud, cerca de dos metros de altura y superar con facilidad las dos o tres toneladas de peso. Se trataba de un herbívoro adaptado a las estepas frías y abiertas de la estepa-tundra, con un denso pelaje protector y un cuerpo robusto preparado para soportar condiciones extremas.

Pese a que el rinoceronte lanudo era un animal muy común en Europa y el norte de Asia durante el Pleistoceno, el individuo de Tumat ocupa un lugar especial: por su datación, se considera uno de los ejemplares más recientes conocidos, muy próximo en el tiempo a la extinción de la especie. En otras palabras, este trozo de carne procede de uno de los últimos rinocerontes lanudos que pisaron las llanuras heladas del norte.

El trabajo de laboratorio no fue sencillo. Aunque el permafrost había conservado en buenas condiciones la estructura del tejido y su ADN, el problema radicaba en que el material genético del lobo y del rinoceronte aparecía mezclado dentro del estómago. Separar ambas señales para obtener un genoma limpio del herbívoro exigió aplicar técnicas moleculares muy sofisticadas, diseñadas para trabajar con ADN fuertemente degradado.

La estudiante Sólveig Guðjónsdóttir, que realizó gran parte del estudio como parte de su tesis de máster en la Universidad de Estocolmo, describe el proceso como apasionante pero extremadamente desafiante. Con la ayuda de tecnologías de secuenciación de última generación, el equipo logró reconstruir un genoma de alta cobertura, en torno a 10×, a partir de una muestra que, en principio, parecía poco prometedora.

Los expertos insisten en el papel crucial del permafrost siberiano como “congelador natural”. Las condiciones de frío estable permiten preservar restos orgánicos durante decenas o incluso cientos de miles de años. Gracias a ello, en los últimos años se han podido recuperar genomas completos de mamuts lanudos de más de un millón de años y, ahora, de este rinoceronte lanudo en una fase crítica de su historia evolutiva.

Qué revela el genoma del rinoceronte de Tumat

Una vez reconstruido el genoma del rinoceronte hallado en el estómago del lobo, el siguiente paso fue compararlo con otros dos genomas de rinoceronte lanudo procedentes también de Siberia y datados en aproximadamente 18.000 y 49.000 años. Este enfoque permitió examinar cómo habían variado, a lo largo de decenas de miles de años, la diversidad genética, los niveles de endogamia y la carga de mutaciones perjudiciales en la especie.

Los investigadores analizaron distintos indicadores, como la heterocigosidad (variedad de variantes genéticas), los segmentos de homocigosidad —regiones del genoma que delatan episodios de consanguinidad reciente— y el número de mutaciones con efecto potencialmente negativo. Todos estos parámetros se utilizaron para reconstruir la salud genética de las poblaciones de rinoceronte lanudo en distintos momentos de la última Edad de Hielo.

Los resultados fueron llamativos: no se encontraron señales claras de deterioro genético en el individuo de Tumat respecto a los otros dos, a pesar de ser mucho más reciente. Los niveles de diversidad genética se mantuvieron relativamente estables y no aparecieron indicios de un aumento acusado de la consanguinidad en los últimos milenios de la especie.

El estudio también examinó la proporción de genoma situada en regiones homocigotas largas, asociadas a cruce entre parientes cercanos. Aunque alrededor de la mitad del genoma de cada individuo se encontraba en bloques homocigotos de cierto tamaño, solo un pequeño porcentaje correspondía a segmentos muy largos, los que delatarían episodios de endogamia intensa y reciente. En conjunto, los datos apuntan a una población que, aunque sometida a cambios ambientales, no mostraba síntomas genómicos de colapso prolongado.

En términos demográficos, los modelos aplicados por el equipo sugieren una reducción gradual del tamaño poblacional durante el Pleistoceno tardío, pero sin un descenso brusco y continuado en las últimas etapas. Más bien, los rinocerontes lanudos parecen haber mantenido un tamaño efectivo de población suficiente hasta poco antes de su desaparición, lo que respalda la idea de una extinción relativamente rápida.

Extinción rápida y señal del cambio climático

La principal conclusión de los autores es que el rinoceronte lanudo se mantuvo genéticamente sano hasta el final. No se observa un aumento marcado de mutaciones deletéreas ni una caída dramática de la diversidad, algo que sí se ha detectado en otras especies que atravesaron un declive prolongado antes de extinguirse. Esto sugiere que el colapso de sus poblaciones fue más rápido de lo que se había pensado.

La hipótesis más consistente, a la vista de los datos, es que la causa principal de la extinción fue el cambio climático asociado al calentamiento postglacial. En torno a hace 14.700-12.800 años se produjo un periodo de aumento brusco de las temperaturas conocido como interestadio Bølling-Allerød, o Máximo Tardiglaciar, que transformó profundamente los ecosistemas del hemisferio norte.

El rinoceronte lanudo estaba altamente especializado en ambientes fríos de estepa-tundra, secos y abiertos. El calentamiento rápido favoreció la expansión de bosques y paisajes más húmedos, reduciendo el hábitat idóneo para estos grandes herbívoros en un intervalo de tiempo relativamente corto. En ese contexto, la especie habría perdido sus áreas de alimentación preferentes antes de poder adaptarse o desplazarse a nuevas regiones.

En paralelo, los investigadores tuvieron en cuenta el papel potencial de la presencia humana. Los datos arqueológicos indican que los humanos llevaban unos 15.000 años habitando el noreste de Siberia antes de la extinción del rinoceronte lanudo, sin que se observe un declive genético prolongado en la especie durante ese periodo. Esto refuerza la idea de que la caza, aunque pudo influir localmente o en fases finales, no sería el factor principal del colapso.

Los autores matizan que no se puede descartar una contribución humana en combinación con el clima, especialmente hacia el final, pero insisten en que la huella genética encaja mejor con un impacto climático rápido que con una presión cinegética sostenida. La estabilidad de la diversidad genómica hasta muy poco antes de la desaparición resulta difícil de conciliar con un acoso humano prolongado.

La paleogenética y las nuevas ventanas al pasado

Este trabajo ilustra el potencial de la paleogenética como herramienta para entender extinciones pasadas. Al combinar técnicas de secuenciación de ADN muy degradado con modelos estadísticos avanzados, los científicos pueden reconstruir no solo la historia evolutiva de una especie, sino también su situación demográfica en momentos clave, como los últimos siglos antes de desaparecer.

En este caso, el hallazgo pone de relieve el valor de buscar ADN antiguo en fuentes poco habituales, como el contenido estomacal de depredadores congelados. Los carnívoros pueden actuar como “coleccionistas involuntarios” de restos de otras especies, incluidas aquellas que apenas dejan fósiles en determinadas regiones o periodos.

El cachorro de lobo de Tumat se convierte así en un testigo indirecto de los últimos rinocerontes lanudos. Hay incluso detalles de la muestra que han generado debate entre los investigadores: la forma rectangular del fragmento de piel ha llevado a plantear si pudo ser cortado por humanos prehistóricos, lo que abriría la posibilidad de que el lobo carroñeara restos de una cacería humana. No obstante, este punto sigue sin resolverse y requiere más evidencias.

El estudio recuerda también que la actual crisis de biodiversidad, ligada al cambio climático de origen humano, comparte ciertas dinámicas con episodios pasados, aunque a un ritmo aún más acelerado. Comprender por qué especies como el rinoceronte lanudo desaparecieron pese a mantener una genética relativamente sólida puede ayudar a anticipar qué grupos actuales son más vulnerables a cambios ambientales bruscos.

El trozo de carne de rinoceronte lanudo hallado en el estómago de un lobo gris congelado se ha convertido en una pequeña cápsula del tiempo biológica: ha permitido recuperar un genoma completo de altísima calidad, demostrar que la especie no se encontraba en un declive genético prolongado y reforzar la tesis de que un calentamiento climático rápido, más que la caza o la endogamia, estuvo detrás de la desaparición de uno de los grandes iconos de la megafauna de la Edad de Hielo en Europa y el norte de Asia.

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