- Un equipo de la Universidade de Vigo ha conseguido por primera vez criopreservar con éxito larvas de la medusa Aurelia aurita.
- El protocolo permite congelar y recuperar las éfiras, que continúan su desarrollo tras la descongelación.
- El avance abre nuevas vías para la conservación del zooplancton gelatinoso y el estudio del impacto del cambio climático.
- Las posibles aplicaciones se extienden a la acuicultura y a la biomedicina, especialmente en tejidos con alto contenido en agua y colágeno.
Un grupo de investigadores de la Universidade de Vigo ha conseguido algo que hasta ahora se consideraba prácticamente imposible: desarrollar un protocolo eficaz para congelar y recuperar larvas de medusa sin que pierdan su capacidad de seguir creciendo. Se trata de un hito que coloca a este equipo gallego en el mapa internacional de la criobiología marina.
El avance, logrado en el Centro de Investigación Mariña (CIM) de la UVigo, abre nuevas opciones para conservar a largo plazo organismos marinos extremadamente frágiles y con un contenido en agua superior al 96 %, como es el caso de la medusa Aurelia aurita. Más allá de la curiosidad científica, el trabajo apunta a aplicaciones concretas en conservación de biodiversidad, acuicultura y, a medio plazo, incluso biomedicina.
Un logro pionero en criopreservación marina
El equipo del laboratorio CryoLab, del grupo EcoCost del CIM, ha desarrollado por primera vez en el mundo un protocolo de criopreservación que funciona con las éfiras, la primera fase larvaria de la medusa Aurelia aurita. Estas diminutas larvas, extremadamente delicadas, pueden ser sometidas a congelación y posterior descongelación manteniendo su viabilidad.
Hasta ahora la criopreservación se había aplicado con cierto éxito a gametos, embriones, larvas y juveniles de otros invertebrados marinos, pero las medusas permanecían como un territorio casi sin explorar. Su composición, con un porcentaje de agua superior al 96 %, las hacía especialmente sensibles a la formación de cristales de hielo, que dañan de forma irreversible las células y los tejidos.
En este contexto, el nuevo protocolo supone un cambio de paradigma en biología marina, ya que demuestra que incluso organismos tan hidratados pueden conservarse a muy baja temperatura y volver a activarse sin perder su capacidad funcional. No se trata solo de mantener células aisladas, sino organismos completos capaces de continuar su desarrollo.
El estudio ha sido publicado en la revista científica Cryobiology, una de las referencias internacionales en este campo, lo que refuerza el impacto del hallazgo y su validez dentro de la comunidad científica especializada en criobiología.
Cómo se ha conseguido congelar larvas tan frágiles
El trabajo fue realizado por el personal investigador del CryoLab del grupo EcoCost del Centro de Investigación Mariña de la UVigo, integrado por Alba Lago, Jesús Troncoso y la científica Estefanía Paredes, que lidera esta línea de investigación en criobiología marina. Su objetivo era diseñar un método que permitiese superar las limitaciones impuestas por el alto contenido en agua de las medusas.
Para ello, el equipo combinó el uso de crioprotectores específicos —sustancias que ayudan a proteger las estructuras celulares frente a la congelación— con un proceso de enfriamiento controlado y ultrarrápido. Este tipo de compuestos, aunque necesarios, pueden resultar tóxicos si no se ajustan cuidadosamente las dosis y los tiempos de exposición.
Uno de los puntos más delicados del proyecto fue optimizar la deshidratación previa y la velocidad de congelación para minimizar la formación de cristales de hielo. Un exceso de agua libre durante el proceso puede destruir las membranas celulares, mientras que una deshidratación excesiva puede comprometer la viabilidad de la larva.
Según detalla el equipo, en apenas unos meses se consiguieron resultados positivos que demostraron que las éfiras de Aurelia aurita podían sobrevivir al proceso y, una vez descongeladas, reanudar su desarrollo con normalidad. A partir de ahí, se consolidó y refinó el protocolo durante aproximadamente un año de trabajo continuado.
Con este método, las larvas no solo superan la fase de congelación y descongelación, sino que mantienen su capacidad de crecimiento, algo fundamental para considerar que la criopreservación es realmente eficaz en un organismo completo y no únicamente a nivel celular.
Aurelia aurita, un modelo clave para entender la criobiología
La especie elegida para este trabajo, la medusa Aurelia aurita, no es solo un organismo característico de muchos ecosistemas costeros, sino también un candidato ideal para convertirse en modelo de estudio en criobiología. Su elevado contenido en agua y su abundancia de colágeno la convierten en un sistema idóneo para analizar procesos de congelación en tejidos blandos.
En el artículo científico, el personal investigador propone utilizar Aurelia aurita como un nuevo modelo animal para estudiar cómo criopreservar células, tejidos y organismos con alto contenido hídrico. Comprender bien cómo se comportan estas estructuras ante la congelación puede aportar pistas para otras especies marinas de interés ecológico o económico.
El trabajo forma parte del proyecto IceMedusa, financiado por la Diputación de Pontevedra y la Universidade de Vigo, una iniciativa específicamente orientada a explorar la criopreservación de medusas y otros organismos gelatinosos. Este proyecto ha servido de plataforma para poner en marcha la línea de investigación y situar a la UVigo en un lugar destacado dentro de este ámbito.
Además, la experiencia obtenida con Aurelia aurita se está aprovechando para avanzar en la conservación de otros invertebrados marinos, como mejillones, almejas o berberechos, especies con gran relevancia en Galicia y en buena parte de Europa, tanto desde el punto de vista ecológico como económico.
Los resultados, según destaca el equipo, muestran que es posible abordar organismos complejos y poco estudiados en criobiología, ampliando el conocimiento disponible sobre cómo se comportan diferentes tipos de tejidos cuando se someten a condiciones extremas de frío.
Impacto en la conservación del zooplancton gelatinoso
Una de las principales implicaciones de este trabajo está en la conservación ex situ del zooplancton gelatinoso, un conjunto de organismos —entre ellos las medusas— que desempeña un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas marinos y en las cadenas tróficas.
La posibilidad de criopreservar larvas de medusa abre la puerta a crear bancos biológicos que permitan almacenar material vivo durante largos periodos de tiempo y afrontar episodios de medusas en auge. Estos bancos resultan especialmente útiles para investigar cómo afectan a estas especies factores como el cambio climático, la contaminación o las alteraciones en la disponibilidad de alimento.
En un contexto de pérdida acelerada de biodiversidad marina, disponer de herramientas que permitan conservar organismos sensibles fuera de su hábitat natural se considera una estrategia complementaria a la protección in situ. La criopreservación facilita además el intercambio de material entre laboratorios y centros de investigación de distintos países europeos.
La UVigo subraya que este tipo de avances pueden ayudar a entender mejor las dinámicas del zooplancton y su respuesta a las presiones ambientales, algo esencial para prever cambios en las redes alimentarias marinas y en la productividad de los océanos.
De cara al futuro, la consolidación de colecciones criopreservadas podría convertirse en una herramienta estratégica de gestión para organismos internacionales y europeos dedicados a la protección del medio marino, permitiendo preservar recursos genéticos que, de otro modo, podrían perderse.
Aplicaciones en acuicultura y potencial biomédico
Además de su valor para la conservación, este avance ofrece nuevas posibilidades para la investigación aplicada en acuicultura. La capacidad de mantener larvas y etapas tempranas de desarrollo en bancos criopreservados facilita la planificación de ensayos, la mejora genética y la evaluación de la respuesta de distintos organismos a condiciones ambientales cambiantes.
El gran contenido de agua y colágeno de Aurelia aurita convierte a esta medusa en un modelo especialmente interesante para explorar la criopreservación de tejidos musculares y otros tejidos blandos, un campo con un enorme interés en biomedicina. Técnicas similares, adaptadas a tejidos humanos o de modelos biomédicos, podrían contribuir en el futuro a mejorar la preservación de órganos y tejidos para trasplantes.
La investigadora Estefanía Paredes y su equipo ya han solicitado nuevos proyectos para seguir profundizando en estas líneas y atraer colaboraciones con grupos de otros países. La intención es perfeccionar los protocolos, ampliar el abanico de especies estudiadas y analizar con más detalle las posibles aplicaciones médicas.
La conexión entre biología marina, biotecnología y medicina es uno de los puntos fuertes de este tipo de investigaciones. Los procesos físicos y químicos que determinan la supervivencia de una larva de medusa congelada son, en esencia, los mismos que afectan a cualquier tejido biológico expuesto a temperaturas extremas, lo que convierte a estos organismos en un banco de pruebas muy valioso.
Aunque todavía queda camino por recorrer antes de que estos avances se traduzcan en aplicaciones clínicas directas, los resultados obtenidos en la UVigo refuerzan la idea de que la criopreservación de sistemas altamente hidratados es posible y puede optimizarse, algo que hace apenas unos años parecía fuera de alcance.
Este hito científico, nacido en Galicia y desarrollado en el entorno de la Universidade de Vigo, marca un antes y un después en la criobiología marina: demuestra que las larvas de medusa pueden congelarse y reactivarse conservando su funcionalidad, abre nuevas opciones para proteger la biodiversidad del zooplancton gelatinoso y sienta las bases para futuras aplicaciones en acuicultura y biomedicina, todo ello con una clara proyección internacional y un fuerte componente de colaboración europea.
