Especies marinas diversas: guía completa de fauna y flora del mar

Última actualización: 6 febrero 2026
  • El medio marino alberga una gran diversidad de grupos: algas, invertebrados, peces, mamíferos, reptiles y plantas marinas.
  • Muchísimas especies cumplen funciones ecológicas clave, como filtrar el agua, producir oxígeno, formar hábitats o mantener las cadenas tróficas.
  • La identificación de los principales grupos (peces, moluscos, equinodermos, cnidarios, crustáceos, etc.) facilita entender la biodiversidad marina.
  • La presión humana (pesca, contaminación, cambio climático) amenaza a muchas especies, lo que hace esencial su conservación y seguimiento científico y ciudadano.

fauna marina diversa

El océano recubre más de dos tercios de la superficie del planeta y, aun así, seguimos conociendo solo una parte de la impresionante diversidad de especies marinas que esconde. Bajo la lámina de agua conviven desde diminutas algas microscópicas hasta gigantescas ballenas, pasando por peces de colores, esponjas, estrellas de mar, moluscos y una larga lista de criaturas sorprendentes.

Esta guía pretende servir como una visión global, pero a la vez minuciosa, de los principales grupos de organismos que viven en mares y océanos: algas, invertebrados (esponjas, cnidarios, gusanos, crustáceos, moluscos, equinodermos, briozoos), peces (por ejemplo los caballitos de mar), mamíferos marinos, tortugas y plantas marinas. Verás ejemplos concretos de nombres comunes y científicos, su papel ecológico, algunas curiosidades y también cómo se pueden identificar cuando haces esnórquel, buceas o simplemente paseas por la costa.

Biodiversidad marina y por qué es tan importante

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Los ecosistemas marinos albergan una biodiversidad esencial para la salud del planeta. Las corrientes oceánicas influyen en el clima global y, al mismo tiempo, las comunidades de organismos marinos regulan ciclos como el del carbono, el oxígeno o los nutrientes. Muchas especies de algas y plantas marinas producen una fracción muy significativa del oxígeno que respiramos y fijan enormes cantidades de CO₂.

Además de su relevancia ecológica, el mar sostiene actividades humanas clave: pesca, turismo, transporte marítimo y otros sectores económicos. Es decir, nuestra calidad de vida depende directamente de que esos ecosistemas se mantengan en buen estado de conservación, con poblaciones de peces sanas, fondos marinos equilibrados y cadenas tróficas que funcionen sin alteraciones graves.

Otra dimensión que muchas veces se pasa por alto es el conocimiento científico. Cada año se describen nuevas especies marinas gracias a la genética y la biología molecular, y otras se reclasifican. El árbol de la vida en el océano está en revisión constante, lo que demuestra lo mucho que nos queda aún por descubrir bajo la superficie y la necesidad de conocer las especies marinas en peligro.

Proyectos de ciencia ciudadana como la BioMARatón o plataformas de fotografía naturalista, en las que las personas suben sus observaciones, permiten que científicos y ciudadanía colaboren para documentar especies. Esto incluye desde animales muy llamativos, como tiburones o ballenas, hasta organismos pequeños como briozoos, nudibranquios o esponjas.

Algas y plantas marinas: la base de muchos ecosistemas

Cuando pensamos en especies marinas diversas, solemos imaginar peces o mamíferos, pero la base de buena parte de los ecosistemas son las algas y las plantas marinas (fanerógamas marinas). No todas son iguales: hay algas verdes, pardas y rojas, y además existen auténticas plantas con flores adaptadas al medio marino.

Entre las algas, destacan muchas especies que forman verdaderas «praderas» o bosques submarinos. Ejemplos de algas verdes (clorofíceas) muy conocidas son Caulerpa prolifera, Ulva intestinalis, Ulva lactuca, Ulva rigida o Valonia utricularis. Algunas se conocen popularmente como lechuga de mar por su aspecto laminar y color verde intenso.

Las algas pardas (feofíceas), como Cystoseira tamariscifolia, Dictyota dichotoma, Halopteris scoparia, Laminaria ochroleuca, Padina pavonica o Sargassum vulgare, pueden formar estructuras tridimensionales complejas que sirven de refugio a peces, invertebrados y otros organismos. Algunas especies invasoras, como Rugulopteryx okamurae, procedentes de otras regiones del mundo, están causando problemas ecológicos en ciertas zonas costeras europeas.

Las algas rojas (rodofíceas) incluyen especies como Asparagopsis armata, Gelidium spinosum, Laurencia obtusa, Nemalion helminthoides o Peyssonnelia squamaria. Muchas de ellas presentan colores intensos y formas muy diversas, y participan en la construcción de fondos rocosos o en la formación de estructuras calcáreas junto a corales y algas coralinas.

Junto a estas algas encontramos las plantas marinas propiamente dichas (fanerógamas), que sí tienen raíces, tallos y hojas, y en algunos casos flores y frutos adaptados al agua salada. Destacan las praderas de Posidonia oceanica en el Mediterráneo y los sebadales de Cymodocea nodosa o Zostera noltii. Estas praderas fijan sedimentos, reducen la erosión, sirven de vivero para numerosos peces juveniles y son auténticos sumideros de carbono.

Esponjas, ascidias y otros organismos filtradores

Las esponjas marinas y las ascidias forman parte de los grupos de animales más sencillos, pero su función ecológica es clave: son filtradores que limpian el agua al retener partículas y microorganismos. Entre las esponjas marinas encontramos especies como Verongia aerophoba (esponja amarilla), Corallistes nolitangere (esponja cerebro), Axinella damicornis y Axinella polypoides (esponjas cornudas y ramosas), Spongia officinalis (esponja de baño), Petrosia ficiformis (esponja de cuero), Suberites domuncula (esponja de ermitaño) o Caminus vulcani (esponja volcán).

Estas esponjas pueden presentar formas masivas, ramificadas o globosas, y muchas viven fijadas a rocas, cuevas y fondos duros. Sus espículas de sílice o carbonato cálcico les dan consistencia y actúan también como defensa frente a los depredadores. En algunas zonas, las esponjas han sido históricamente explotadas para su uso como esponjas de baño naturales.

Las ascidias, como Ascidia mentula o Halocynthia papillosa, también son filtradoras y se agrupan en el filo Urochordata (subfilo Tunicata). Algunas viven aisladas y otras forman colonias de colores vivos sobre rocas y estructuras artificiales. De aspecto algo austero a primera vista, estos organismos cumplen una función discreta pero vital en la depuración de las aguas costeras.

En la columna de agua oceánica también encontramos salpas, clavelinas y otros tunicados pelágicos como Salpa fusiformis, Salpa maxima o Clavelina lepadiformis, que pueden formar largas cadenas transparentes. Aunque parezcan simples «babas» flotantes, son grandes filtradores de fitoplancton y tienen ciclos de vida bastante complejos.

Cnidarios: medusas, corales, anémonas y plumas de mar

Los cnidarios incluyen algunas de las especies marinas más llamativas: medusas, corales, anémonas y gorgonias. Comparten la presencia de cnidocitos, unas células urticantes con toxinas que utilizan para capturar presas y defenderse. Muchos de ellos alternan una fase fija (pólipo) con otra libre (medusa), lo que complica su ciclo de vida.

En zonas costeras templadas podemos encontrar anémonas como Actinia equina (tomate de mar), Aiptasia mutabilis (anémona trompeta), Anemonia sulcata (chupadera o anémona de mar) y varias especies de anémonas asociadas a cangrejos ermitaños, como Calliactis parasitica. Otras especies, como Alicia mirabilis o Telmatactis elongata, viven en fondos algo más profundos y abren de noche sus tentáculos para alimentarse.

Entre las medusas destacan especies como Cotylorhiza tuberculata (agua cuajada), Pelagia noctiluca (pelagia, agua mala), Rhizostoma pulmo / Rhizostoma luteum (medusas de gran tamaño), Velella velella (vela de mar), Physalia physalis (carabela portuguesa) o Porpita porpita. Algunas tienen picaduras muy molestas, mientras que otras apenas se notan, aunque todas comparten ese aspecto gelatinoso característico.

Los corales y gorgonias añaden la dimensión tridimensional a los fondos marinos. Encontramos Astroides calycularis (coral anaranjado), Lophelia pertusa (coral blanco duro de aguas frías), Madrepora oculata, Dendrophyllia ramea (coral naranja), corales negros como Antipathes wollastoni o Leiopathes glaberrima y numerosas gorgonias (Leptogorgia viminalis, Eunicella verrucosa, Paramuricea grayi, Ellisella flagellum). Muchos de estos organismos construyen estructuras a largo plazo, auténticos jardines coralinos que sirven de refugio a multitud de especies.

No hay que olvidar otras formas peculiares, como las plumas de mar (Pennatula rubra, Pennatula aculeata, Virgularia mirabilis, Veretillum cynomorium, Pteroides spinosum), que se clavan en fondos blandos y emergen como pequeñas plumas vivas, o los «corales blandos» tipo Alcyonium glomeratum (mano de muerto). Todo este conjunto de cnidarios contribuye a la complejidad y belleza de los paisajes submarinos.

Equinodermos: erizos, estrellas y pepinos de mar

Los equinodermos son un grupo exclusivo del medio marino. Incluyen erizos de mar, estrellas de mar, ofiuras, pepinos de mar y erizos irregulares. Comparten un esqueleto interno calcáreo, simetría radial en su fase adulta y un sistema vascular acuífero que funciona como un sistema hidráulico, con pies ambulacrales que les permiten moverse, alimentarse y respirar.

Entre los erizos, muy conocidos por los bañistas, encontramos Arbacia lixula (erizo negro), Paracentrotus lividus (erizo comestible), Sphaerechinus granularis (erizo violeta), Diadema antillarum (eriza de púas muy largas) o especies de erizos irregulares como Echinocardium cordatum (potuna corazón), Brissus unicolor, Schizaster canaliferus o Spatangus purpureus. Su actividad de pastoreo sobre algas puede cambiar por completo el aspecto de un fondo rocoso.

Las estrellas de mar, por su parte, son muy variadas. Unos ejemplos son Marthasterias glacialis (estrella picuda), Echinaster sepositus (estrella espinosa roja), Hacelia attenuata (estrella naranja), Narcissia canariensis (estrella canaria), Henricia sanguinolenta (estrella de sangre) o Luidia ciliaris (estrella de siete brazos). Muchas tienen la capacidad de regenerar brazos enteros si los pierden, e incluso en algunos casos un solo brazo puede dar lugar a un nuevo individuo si conserva parte del disco central; la conservación de estrellas marinas es un área de creciente interés.

Las ofiuras y ofiuroideos, como Ophioderma longicaudum, Ophiolepis paucispina, Ophiocomina nigra, Ophiothrix fragilis o Amphipholis squamata, tienen brazos más finos y flexibles que las estrellas, y se esconden a menudo entre rocas, esponjas y corales. Muchas salen de noche a alimentarse.

Los pepinos de mar, como Holothuria sanctori, Holothuria forskali, Holothuria tubulosa, son animales alargados que se desplazan lentamente sobre fondos arenosos o rocosos, ingiriendo sedimento y materia orgánica. Se les considera grandes recicladores del fondo, ya que limpian y remueven el sustrato mientras se alimentan.

Crustáceos y afines: cangrejos, gambas, langostas y más

El grupo de los crustáceos marinos es inmenso y muy variado. Aquí entran desde pequeños copépodos planctónicos hasta grandes cangrejos o langostas, pasando por percebes, camarones y cigalas. Comparten un exoesqueleto quitinoso, mudas periódicas y apéndices articulados adaptados a funciones muy distintas (caminar, nadar, excavar, filtrar, capturar presas, etc.).

Entre los cangrejos destacan especies como Percnon gibbesi (araña de marisco), Pachygrapsus marmoratus (juyón), Grapsus grapsus adscensionis (cangrejo moro), Eriphia verrucosa (jaca o cangrejo moruno), Cancer pagurus (buey de mar), Calappa granulata (cangrejo real), Portumnus latipes (cangrejo de arena), Albunea carabus (cangrejo topo) o cangrejos ermitaños como Dardanus calidus, Dardanus arrosor, Pagurus prideaux o Calcinus tubularis, que se protegen reutilizando conchas de moluscos.

El grupo de los decápodos nadadores y caminadores incluye también langostas y cigalas muy apreciadas gastronómicamente, como Palinurus elephas (langosta), Scyllarides latus (langosta mocha), Scyllarus arctus (santiaguiño), Nephrops norvegicus (cigala), así como gambas y langostinos de profundidad, por ejemplo Aristaeopsis edwardsiana (carabinero), Aristeomorpha foliacea (langostino común), Parapenaeus longirostris (gamba pasarroja) y otras gambitas asociadas a esponjas, gorgonias o erizos (géneros Typton, Balssia, Pontonia, Hippolyte, Tuleariocaris).

Los percebes y bellotas de mar, como Pollicipes pollicipes (percebe), Balanus trigonus, Megabalanus tintinnabulum, Perforatus perforatus o Chelonibia testudinaria (claca de las tortugas), son crustáceos sésiles que viven fijados a rocas, conchas, barcos o incluso caparazones de tortugas, filtrando partículas de la columna de agua con sus cirros.

Tampoco hay que olvidar a los crustáceos de agua dulce que se consideran en muchas guías de fauna acuática, como el cangrejo de río autóctono Austropotamobius pallipes o el invasor Procambarus clarkii (cangrejo rojo americano). Aunque no son marinos, se incluyen a menudo en repertorios de fauna acuática por su importancia ecológica y por los conflictos que generan las especies invasoras.

Gusanos marinos y otros invertebrados discretos

Los gusanos marinos abarcan varios grupos zoológicos (principalmente anélidos poliquetos, pero también equinodermos gusanoides, sipuncúlidos, etc.). A ojos del buceador quizá no sean los animales más vistosos, pero desempeñan un papel crucial al remover sedimentos, airear el fondo y reciclar materia orgánica.

Entre los poliquetos tubícolas destacan los «plumeros» o espirógrafos, como Sabella spallanzanii, Sabella pavonina, Lanice conchilega, Serpula vermicularis, Protula intestinum o Lygdamis wirtzi, que construyen tubos calcáreos o de sedimento y despliegan un penacho de tentáculos para filtrar alimento. Muchas personas los confunden con plantas, pero son animales.

Otros gusanos, como Hermodice carunculata (gusano de fuego), Eurythoe complanata (gusano rayo) o Glycera gigantea, tienen cerdas urticantes o poderosas mandíbulas. También encontramos especies de nombre muy gráfico como gusano espagueti (Eupolymnia nebulosa), gusano colmillo de elefante (Ditrupa arietina) o las «miñocas» del género Perinereis, que se utilizan incluso como cebo de pesca.

Algunos grupos menos conocidos pero habituales en fondos rocosos son los briozoos, que forman colonias que recuerdan a encajes o pequeñas costras sobre rocas, algas o conchas. Ejemplos son Myriapora truncata (falso coral), Reteporella grimaldii (encaje de Neptuno) o Electra posidoniae, que tapiza hojas de fanerógamas marinas.

Moluscos: caracoles, bivalvos, pulpos, calamares y nudibranquios

El filo Mollusca es uno de los más ricos en especies marinas diversas. Incluye cefalópodos (pulpos, calamares, sepias), gasterópodos (caracoles, lapas, nudibranquios), bivalvos (almejas, mejillones, ostras, pectínidos) y otros grupos como los quitones o los escafópodos.

Entre los cefalópodos encontramos especies tan conocidas como Octopus vulgaris (pulpo común), Octopus macropus (fabiana), Sepia officinalis (choco), Sepia bertheloti (choco rojo), Loligo vulgaris y Loligo forbesi (calamares), Illex coindetii, Todarodes sagittatus, Sthenoteuthis pteropus y Ommastrephes bartramii (potas y calamares oceánicos), además de curiosidades como Argonauta argo (argonauta) o Tremoctopus violaceus (pulpo manta o pulpo vampiro).

Los gasterópodos con concha son muy variados: lapas como Patella ulyssiponensis, Patella piperata, Patella candei, Patella tenuis crenata, burgados y trompitos (Osilinus atrata, Osilinus sauciatus, Gibbula cineraria, Gibbula magus, Jujubinus striatus, Jujubinus exasperatus), grandes caracolas como Charonia tritonis, Charonia lampas, Tonna galea, Phalium granulatum, Bolinus cornutus o conos del género Conus, algunos de ellos venenosos.

También hay muchos gasterópodos sin concha visible o con concha reducida, como los nudibranquios y babosas marinas, que fascinan a fotógrafos submarinos por sus colores llamativos. Entre ellos podemos mencionar Aldisa expleta, Aldisa smaragdina, Peltodoris atromaculata (vaquita suiza), Limacia clavigera, Hypselodoris picta webbi, Plocamopherus maderae, Glaucus atlanticus y varias especies descritas en Canarias como Doto sotilloi, Taringa bacalladoi, Taringa ascitica, Trapania luquei. Muchas se alimentan de esponjas, briozoos o cnidarios y pueden reutilizar toxinas o cnidocitos de sus presas.

Los bivalvos incluyen desde grandes «conchas» hasta especies perforadoras de roca o madera. Algunos ejemplos son Arca noae (arca de Noé), Venus verrucosa (almeja verrugosa), Acanthocardia tuberculata y Acanthocardia echinata (clicos), Pinna rudis (peineta de mar), Spondylus senegalensis (ostrón), Lithophaga lithophaga (dátil de mar), Perna perna (almejillón), Mytilaster minimus o especies pelágicas como Pteria hirundo (pajarita de mar). Muchos de ellos forman bancos que sustentan pesquerías locales.

Por último, los quitones (Chiton canariensis, Acanthochitona crinita) y escafópodos como Dentalium dentalis (colmillo de mar) completan este enorme catálogo de moluscos, con adaptaciones muy diversas a la vida sobre rocas, enterrados en arena o flotando en aguas abiertas.

Peces: del litoral somero a las grandes profundidades

Los peces son, seguramente, el grupo de animales marinos que más fácilmente identificamos. Se dividen en peces óseos (Osteichthyes) y peces cartilaginosos (Chondrichthyes, donde están los tiburones, rayas y quimeras). Su diversidad en mares templados y tropicales es extraordinaria, como muestra la biodiversidad de los peces, y muchas especies resultan familiares para pescadores y aficionados al esnórquel.

En aguas costeras poco profundas, los buceadores se cruzan a menudo con especies como Diplodus sargus, Diplodus vulgaris, Diplodus cervinus (sargos), Sparisoma cretense (vieja), Xyrichtys novacula (pejepeine), Thalassoma pavo (pejeverde), Symphodus mediterraneus y otras doncellas y vaquetas, Spondyliosoma cantharus (chopa), Sarpa salpa (salema), Boops boops (boga), Oblada melanura (galana), así como con meros y abades (Epinephelus marginatus, Mycteroperca fusca) que dominan muchas zonas rocosas.

Los fondos arenosos albergan peces planos como Solea solea (lenguado), Pegusa lascaris, Bothus podas (tapaculo) y lenguados de mayor profundidad (Microchirus azevia, Microchirus ocellatus, Symphurus insularis), además de peces lagarto (Synodus saurus, Synodus synodus) y pequeñas especies de gobios y blénidos («cabozos» y «barrigudas»), por ejemplo Gobius paganellus, Vanneaugobius canariensis, Parablennius parvicornis, Lipophrys pholis.

Si miramos hacia mar abierto, aparecen especies pelágicas como Scomber colias (caballa), Trachurus picturatus y otros chicharros (Trachurus trachurus, Trachurus mediterraneus, Trachurus trecae), Decapterus punctatus, Thunnus albacares (rabil), Thunnus alalunga (barrilote), Katsuwonus pelamis (bonito), Auxis rochei (melva), Seriola dumerili (medregal), Coryphaena hippurus (dorado) y muchos otros depredadores activos que siguen bancos de pequeños peces.

Los peces cartilaginosos incluyen tiburones como Prionace glauca (quella), Isurus oxyrinchus (janequín), Carcharhinus plumbeus, Galeocerdo cuvier (tiburón tigre), Alopias vulpinus (tiburón zorro), Cetorhinus maximus (tiburón peregrino), Rhincodon typus (tiburón ballena), así como especies de profundidad del tipo Centrophorus, Etmopterus, Somniosus o Oxynotus centrina (tiburón cerdo). Muchas de estas especies se ven raramente, pero su papel en la cúspide de la cadena trófica es fundamental, y varios tiburones en peligro están amenazados.

Entre las rayas y afines encontramos Dasyatis centroura, Dasyatis pastinaca, Taeniura grabata (chuchos), Myliobatis aquila (pejerratón), Rhinobatos rhinobatos (guitarra), Raja undulata, Raja brachyura y otras rayas, además de grandes mantas y mobulas como Manta birostris, Mobula mobular, Mobula tarapacana. Muchas utilizan su aleta caudal con aguijón defensivo, mientras que otras filtran plancton en mar abierto.

Mamíferos marinos y tortugas: gigantes del océano

Aunque pasan buena parte de su vida en el mar, los mamíferos marinos son, biológicamente, mamíferos: respiran aire, tienen sangre caliente, cuidan a sus crías y, en algunos casos, conservan restos de pelo. En el océano encontramos cetáceos (ballenas y delfines), pinnípedos (focas, lobos marinos) y sirenios (como el dugongo, fuera del ámbito europeo).

En cuanto a cetáceos, la lista de especies que puede avistarse en aguas oceánicas atlánticas y mediterráneas es muy larga: rorcuales (Balaenoptera physalus, B. musculus, B. borealis, B. acutorostrata, B. edeni), yubarta (Megaptera novaeangliae), ballena franca (Eubalaena glacialis), cachalote (Physeter macrocephalus), cachalotes pigmeo y enano (Kogia breviceps, Kogia simus), calderones (Globicephala melas, Globicephala macrorhynchus), orca (Orcinus orca), falsa orca (Pseudorca crassidens) y numerosos delfines como Delphinus delphis, Tursiops truncatus, Stenella coeruleoalba, Stenella frontalis, Steno bredanensis, Lagenodelphis hosei.

Los zifios, como Ziphius cavirostris, Mesoplodon densirostris, Mesoplodon europaeus, Mesoplodon mirus, Hyperoodon ampullatus, son cetáceos de buceo profundo, muy discretos, que pueden sumergirse a grandes profundidades para cazar calamares y peces mesopelágicos. Suelen ser difíciles de observar, pero se sabe que algunas áreas insulares atlánticas son importantes para sus poblaciones.

Entre los mamíferos marinos no cetáceos del ámbito ibérico destaca la foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus), uno de los mamíferos marinos más amenazados del planeta. Históricamente se distribuía por gran parte del Mediterráneo y el Atlántico oriental, pero hoy en día solo quedan poblaciones muy reducidas.

Las tortugas marinas añaden el componente reptiliano al conjunto. En aguas atlánticas y mediterráneas podemos encontrar Caretta caretta (tortuga boba), Chelonia mydas (tortuga verde), Eretmochelys imbricata (tortuga carey) y Dermochelys coriacea (tortuga laúd). Todas ellas realizan grandes migraciones y utilizan playas concretas para anidar, lo que las hace especialmente vulnerables a la alteración costera, la contaminación lumínica y la interacción con artes de pesca.

Cómo identificar grupos de especies marinas en la costa

Cuando vas a hacer esnórquel o a bucear, puede abrumar la cantidad de organismos diferentes que ves en pocos metros cuadrados. Una forma práctica de empezar es aprender a reconocer primero los grandes grupos (algas, peces, equinodermos, cnidarios, moluscos, crustáceos, esponjas) y, poco a poco, ir afinando a nivel de familia, género o especie.

Para los peces, fijarse en la forma del cuerpo, el tipo de aletas, la boca, el patrón de coloración y el comportamiento (solitario, en cardumen, pegado al fondo, nadando en columna de agua) ayuda mucho. Distinguir entre peces óseos y cartilaginosos es relativamente sencillo: los segundos (tiburones y rayas) tienen esqueleto cartilaginoso, piel áspera y respiración a través de varias hendiduras branquiales visibles.

Los equinodermos se reconocen enseguida por su «simetría radial» y su textura calcárea. Un erizo, una estrella de mar o una ofiura son fáciles de encuadrar en este grupo. Los cnidarios se identifican por sus tentáculos y su aspecto gelatinoso o carnoso, mientras que las esponjas tienen cuerpos porosos y las ascidias suelen parecer pequeños sacos o barriles pegados a la roca.

Las algas se clasifican de forma general según su color predominante (verdes, pardas, rojas) y su forma (laminares, filamentosas, arborescentes, incrustantes). Las plantas marinas, en cambio, presentan hojas bien definidas y raíces que se hunden en el sedimento, formando praderas bastante homogéneas.

Participar en iniciativas de ciencia ciudadana, usando cámaras compactas o incluso el móvil dentro de carcasas estancas, permite subir fotografías a plataformas donde expertos ayudan a identificar las especies. Así vas aprendiendo poco a poco, y tus observaciones suman datos para proyectos de seguimiento de la biodiversidad y de detección de especies invasoras.

Todo este entramado de organismos —desde las microscópicas algas que producen oxígeno hasta los grandes cetáceos, pasando por corales, gusanos, briozoos, moluscos, crustáceos, peces y tortugas— compone un mosaico de vida del que dependemos mucho más de lo que parece. Conocer quién es quién bajo el agua, cómo se relacionan entre sí y qué amenazas afrontan es un primer paso imprescindible para poder disfrutar del mar con respeto y para tomar decisiones informadas sobre su conservación.

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