Nueva especie de pulpo chileno revoluciona el estudio del océano profundo

Última actualización: 21 febrero 2026
  • Identificada la nueva especie de pulpo de aguas profundas Graneledone sellanesi frente a las costas de Chile.
  • El hallazgo se basa en ejemplares recolectados entre 1980 y 2007 y revisados en museos de varios países.
  • La descripción combina análisis genéticos y rasgos morfológicos muy finos, como verrugas cutáneas y patrón de ventosas.
  • El descubrimiento refuerza el papel del Pacífico suroriental como foco de biodiversidad y la importancia de la colaboración internacional.

Pulpo de aguas profundas en Chile

En las profundidades del Pacífico suroriental, frente a la costa de Chile, se ha confirmado la existencia de una nueva especie de pulpo de aguas profundas que durante décadas pasó inadvertida en redes de pesca y colecciones de museos. Este hallazgo sitúa de nuevo a la región como uno de los grandes reservorios de biodiversidad marina del planeta.

La especie, bautizada como Graneledone sellanesi, pertenece a la familia Megaleledonidae y se suma al reducido grupo de pulpos descritos en zonas donde la presión es extrema, la luz desaparece y la temperatura se mantiene cerca del punto de congelación. Más allá del impacto local en Chile, el descubrimiento tiene un claro interés para la comunidad científica europea y española, que participa activamente en proyectos internacionales sobre cefalópodos y océano profundo.

Un pulpo nuevo para la ciencia en el Pacífico suroriental

El trabajo de descripción fue liderado por los investigadores de la Universidad Andrés Bello María Cecilia Pardo, del Departamento de Ecología y Biodiversidad, y Christian Ibáñez, del Instituto One Health y de la Facultad de Ciencias de la Vida. El estudio se publicó en la revista científica Journal of Marine Science and Engineering, lo que formaliza la entrada de Graneledone sellanesi en los catálogos internacionales de fauna marina.

Según explica el Dr. Ibáñez, la nueva especie se integra en el género Graneledone, que ahora suma 11 especies reconocidas a nivel global. Esto no solo actualiza la taxonomía de los pulpos de aguas frías, sino que pone el foco en el Pacífico suroriental como una zona especialmente rica en vida, pese a ser una de las áreas de océano profundo menos exploradas del mundo.

Para la Dra. Pardo, participar en esta investigación ha supuesto una mezcla de asombro ante la biodiversidad oculta, humildad frente a los enigmas del océano profundo y satisfacción por aportar datos sólidos sobre cómo está organizada la vida en el planeta. La propia científica subraya que estos avances no son solo una curiosidad académica, sino una base necesaria para diseñar políticas de conservación marina.

El descubrimiento tiene especial relevancia para Europa y España porque los cefalópodos son un recurso pesquero clave en el Atlántico nororiental y el Mediterráneo, y su estudio comparado —incluyendo especies de otras cuencas como el Pacífico sur— ayuda a entender mejor su evolución, su resiliencia frente al cambio climático y su respuesta a la presión pesquera.

Nueva especie de pulpo en Chile

De las redes de pesca a las vitrinas del museo

La historia de Graneledone sellanesi no empieza en un gran descubrimiento inmediato, sino en una sucesión de hallazgos repartidos en el tiempo. El primer registro de un ejemplar del género Graneledone en aguas chilenas se remonta al año 2000, cuando se capturó un individuo a unos 1.000 metros de profundidad frente a la localidad de Constitución.

A partir de ahí, la película se fue completando poco a poco. En 2007, durante un crucero de investigación en la región del Biobío, cerca de la Isla Mocha, el académico de la Universidad Católica del Norte Javier Sellanes López recolectó el ejemplar que más tarde se designaría como holotipo, es decir, el espécimen de referencia sobre el que se define la nueva especie.

Aquel mismo año surgieron más pistas: apareció otro ejemplar en una pesquería de bacalao de profundidad, y en el Museo Nacional de Historia Natural de Chile se identificó un espécimen que llevaba años sin clasificar correctamente. Eran piezas sueltas de un rompecabezas biológico que todavía nadie había encajado.

El verdadero giro llegó cuando, a partir de esos registros y de otros materiales históricos, Pardo e Ibáñez iniciaron un exhaustivo trabajo taxonómico y sistemático. Revisaron colecciones biológicas en museos de Chile, Alemania, Estados Unidos y Nueva Zelanda, comparando muestras obtenidas tanto en campañas científicas como en capturas comerciales de aguas profundas.

En 2024, la revisión de los fondos del Museo Nacional de Historia Natural de Chile aportó otro dato decisivo: se localizaron siete ejemplares recolectados entre 1980 y 1997 que hasta entonces no habían sido identificados como miembros del género Graneledone. Este conjunto de materiales, analizado con criterios actuales y con apoyo de técnicas moleculares, permitió confirmar que no se trataba de una simple variante local, sino de una especie distinta para la ciencia.

Un homenaje científico: el nombre sellanesi

El nuevo pulpo fue nombrado Graneledone sellanesi en reconocimiento al Dr. Javier Sellanes, académico de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad Católica del Norte e investigador del Centro ESMOI (o Instituto Milenio de Oceanografía, según las distintas reseñas). Sellanes no solo recolectó el holotipo cerca de la Isla Mocha, sino que lleva décadas dedicado al estudio de la fauna marina de profundidad.

Desde la propia UCN se subraya que este gesto supone un reconocimiento a una trayectoria científica consolidada y a la descripción de decenas de especies nuevas para la ciencia. El propio Sellanes ha explicado que en taxonomía no es habitual que una persona se autodedique una especie, por lo que recibir el nombre de un organismo por parte de colegas es un honor especialmente significativo.

Los medios chilenos han recogido detalles llamativos sobre el animal: se trata de un pulpo de tamaño mediano, con una longitud total estimada entre 52 y 81 centímetros, ojos grandes y prominentes, y tentáculos que en algunas crónicas se describen como ligeramente asimétricos. Lo que sí está claro es que presenta rasgos propios de los pulpos de gran profundidad, adaptados a un entorno oscuro, frío y sometido a una presión enorme.

Uno de los aspectos que más ha trascendido es la ausencia de saco de tinta, un rasgo frecuente en cefalópodos adaptados a zonas abisales, donde la tinta pierde utilidad como mecanismo defensivo. En su lugar, estas especies suelen apoyarse en el camuflaje y en la propia oscuridad del entorno para evitar depredadores.

Para la comunidad científica europea, acostumbrada a trabajar con especies de profundidad del Atlántico nororiental, este tipo de hallazgos en el Pacífico sur permite establecer comparaciones entre linajes separados geográficamente, pero sometidos a presiones ambientales muy similares. Este enfoque comparado es clave para reconstruir la historia evolutiva de los cefalópodos a escala global.

Cuando la diferencia está en las verrugas y las ventosas

En apariencia, muchos pulpos pueden resultar muy parecidos. Sin embargo, la clave taxonómica suele estar en detalles que pasan desapercibidos a simple vista. En el caso de Graneledone sellanesi, el equipo investigador combina dos líneas principales de evidencia: el análisis genético y el estudio minucioso de la morfología externa.

La Dra. Pardo ha explicado que la constitución genética de los ejemplares analizados ya apuntaba a una historia diferenciada respecto a otras especies del género. Pero fueron los rasgos fenotípicos —lo que se ve— los que terminaron de confirmarlo. Entre ellos destacan las verrugas que recubren la piel, cuyo número, tamaño y patrón de distribución varían entre especies.

En G. sellanesi se observó un patrón de verrugas distintivo, diferente al de otras especies conocidas dentro de Megaleledonidae. A esto se suma la disposición de las ventosas en los brazos: la nueva especie presenta una sola fila de ventosas, pero el número total, el tamaño relativo y la ordenación de estas estructuras han resultado determinantes para separar a este pulpo de sus parientes más cercanos.

Para los autores, el proceso se asemeja a reconstruir un puzzle a partir de fragmentos: cada detalle anatómico, desde la textura de la piel hasta la forma de los ojos o la configuración de los tentáculos, se contrasta con descripciones previas y con datos moleculares. Solo cuando todo encaja se puede afirmar con seguridad que se está ante una especie nueva.

Este énfasis en los pequeños matices morfológicos recuerda la importancia de disponer de colecciones bien conservadas y documentadas en museos de historia natural, tanto en América como en Europa. Muchas de las pistas sobre la diversidad de los océanos estaban almacenadas desde hace décadas en vitrinas y frascos de formol, a la espera de que nuevas técnicas y preguntas científicas permitieran interpretarlas de otra manera.

El papel de los museos y la colaboración internacional

Buena parte del valor de este hallazgo reside en que demuestra cómo la ciencia no avanza solo con nuevas expediciones, sino también revisitando materiales ya recolectados. Los investigadores de la Universidad Andrés Bello trabajaron con colecciones de museos de Chile, Alemania, Estados Unidos y Nueva Zelanda, integrando muestras de diferentes décadas y orígenes.

Este enfoque encaja con la visión de los museos de historia natural como archivos del planeta: depósitos de biodiversidad que se pueden reanalizar utilizando metodologías modernas, desde la genética hasta la morfometría avanzada. Para instituciones europeas con grandes colecciones de fauna marina, el caso de G. sellanesi refuerza la idea de que revisar fondos históricos puede seguir generando descubrimientos relevantes.

El proyecto no se limita al ámbito chileno. Actualmente, los autores colaboran con equipos de Argentina, Brasil, Japón, México, Estados Unidos, España, Portugal, Rusia, India y Nueva Zelanda para abordar de forma conjunta la diversidad y distribución de los cefalópodos a escala mundial.

Esta red internacional combina análisis morfológicos clásicos con técnicas moleculares de última generación, con el objetivo de aclarar una historia evolutiva especialmente compleja. Los pulpos y otros cefalópodos se caracterizan por una gran capacidad de adaptación, ciclos de vida cortos y cambios rápidos en sus poblaciones, lo que complica el trazado de sus linajes a lo largo del tiempo geológico.

Para Europa y España, participar en este tipo de consorcios científicos supone una oportunidad para integrar datos de diferentes océanos, comparar patrones biogeográficos y anticipar cómo pueden responder los cefalópodos al calentamiento de las aguas, la acidificación del océano o la expansión de la pesca de profundidad en distintas cuencas marinas.

Un recordatorio de cuánto desconocemos del océano profundo

El caso de Graneledone sellanesi pone sobre la mesa una paradoja bien conocida: sabemos más sobre la superficie de otros planetas, como Marte, que sobre lo que ocurre a mil metros bajo el nivel del mar en muchas zonas del globo. Que un pulpo de tamaño apreciable, capturado en campañas científicas y pesqueras desde hace décadas, haya sido descrito formalmente solo ahora ilustra hasta qué punto nuestro mapa del océano profundo sigue incompleto.

Lejos de ser un desierto biológico, el fondo del Pacífico suroriental aparece como un mosaico de ecosistemas ricos y poco explorados, donde conviven comunidades adaptadas a la oscuridad total, a bajas temperaturas y a una presión que multiplicaría varias veces la atmosférica. Cada nueva especie descrita aporta una pieza de información sobre cómo se organizan estas comunidades y qué papel desempeñan en el funcionamiento global del océano.

Desde una perspectiva europea, estos datos ayudan a poner en contexto los debates sobre la explotación del océano profundo, incluida la minería submarina y la expansión de la pesca de arrastre a mayores profundidades. Si especies relativamente grandes siguen saliendo a la luz en regiones ya muestreadas, el número de organismos desconocidos en otras áreas podría ser aún mayor.

Los autores del estudio insisten en que la descripción de una nueva especie no es un simple ejercicio de nomenclatura. Es el punto de partida para entender dónde vive, cómo se relaciona con otras especies, qué amenazas enfrenta y qué papel juega en el ecosistema. Sin ese conocimiento básico, resulta difícil evaluar el impacto real de las actividades humanas en el océano profundo.

En conjunto, la identificación de Graneledone sellanesi refuerza la idea de que todavía queda mucho por descubrir bajo las aguas del Pacífico suroriental y de otros océanos. El trabajo coordinado entre universidades, museos y equipos internacionales —en el que también toman parte investigadores de España y otros países europeos— muestra cómo la combinación de genética, taxonomía clásica y revisión de colecciones históricas sigue siendo una herramienta poderosa para sacar a la luz la biodiversidad oculta en las profundidades marinas.