- El dengue sigue siendo una amenaza en América y obliga a reforzar la prevención incluso en escenarios de bajo riesgo.
- La vacuna tetravalente TAK-003 muestra buena eficacia y seguridad como herramienta complementaria al control del mosquito.
- El uso de repelentes, ropa adecuada y la eliminación de criaderos son pilares básicos para evitar contagios.
- La vigilancia epidemiológica y el diagnóstico temprano permiten contener casos importados y reducir formas graves.
El dengue se ha consolidado como una de las principales amenazas de salud pública en América Latina y otras regiones tropicales, con una expansión geográfica constante y picos de contagio cada vez más intensos. Aunque en algunos países la temporada actual se describa como de bajo riesgo, el incremento de viajes y el movimiento de personas durante fiestas y vacaciones mantiene vivo el peligro de nuevos brotes.
En este contexto, las autoridades sanitarias y las sociedades científicas coinciden en que la prevención del dengue debe apoyarse en varias capas: desde la vacunación y la vigilancia epidemiológica hasta el control del mosquito Aedes aegypti y los hábitos cotidianos en los hogares. No se trata solo de reaccionar ante los casos, sino de anticiparse, cortar el ciclo del vector y reducir al máximo las formas graves de la enfermedad.
La vacuna TAK-003 como herramienta para prevenir el dengue
En los últimos años se ha avanzado en la disponibilidad de vacunas contra el dengue, con especial atención a la vacuna tetravalente TAK-003, que ha sido objeto de una revisión exhaustiva por parte de varias sociedades científicas de infectología, vacunología y medicina del viajero de Argentina y Latinoamérica. Este trabajo conjunto repasó la experiencia internacional y la evidencia clínica acumulada en ensayos controlados y en estudios de vida real.
Según el documento intersocietario, TAK-003 logró una eficacia del 61,2% en la prevención de dengue confirmado tras 4,5 años de seguimiento y una reducción del 84,1% en las hospitalizaciones por la enfermedad en el mismo periodo. Estas cifras colocan a la vacuna como una opción relevante dentro de las estrategias para disminuir la carga del dengue, especialmente en contextos con transmisión sostenida y alta circulación viral.
Esta vacuna, desarrollada por la farmacéutica Takeda bajo el nombre comercial Qdenga, está indicada en Argentina para personas a partir de los 4 años, tanto quienes han tenido dengue previamente como quienes nunca se han infectado. El esquema se compone de dos dosis separadas por al menos tres meses, y los datos oficiales señalan que entre mediados de 2024 y mediados de 2025 se aplicaron más de 600.000 primeras dosis y unas 360.000 segundas, con cerca de la mitad de los esquemas ya completados.
Los especialistas que participaron en la revisión explican que el objetivo principal es ofrecer a los equipos de salud una guía clara y basada en evidencia para decidir a quién y cuándo recomendar la vacuna. Subrayan que, más que una solución aislada, la inmunización debe integrarse en un enfoque integral de prevención que incluya control del mosquito, educación sanitaria, vigilancia y diagnóstico temprano.
La eficacia de TAK-003 se apoya en estudios de fase III, como el ensayo TIDES realizado en Latinoamérica y Asia, además de investigaciones posteriores en condiciones de vida real. En personas seronegativas (quienes nunca tuvieron dengue), la vacuna ha mostrado una eficacia del 53,5% frente a dengue confirmado y alrededor del 79% en la prevención de hospitalizaciones, con un perfil de seguridad similar al observado en el resto de la población vacunada.
Seguridad, grupos de edad y recomendaciones de uso
El análisis conjunto de las sociedades de infectología y vacunología resalta que la vacuna TAK-003 presenta un perfil de seguridad favorable en niños, adolescentes y adultos de hasta 60 años, sin señales inesperadas en los eventos adversos notificados. Los efectos secundarios más frecuentes son de carácter leve, como dolor en el lugar de aplicación, cefalea o dolores musculares.
Aunque los ensayos pivotales no incluyeron inicialmente a mayores de 60 años, la información procedente de programas de vacunación en el mundo real permite ir ajustando las recomendaciones para este grupo. Informes del Ministerio de Salud argentino registran decenas de miles de dosis administradas en personas mayores, con un número acotado de eventos adversos notificados, una parte muy pequeña de ellos clasificados como graves y solo un caso vinculado directamente a la vacuna.
En centros privados de vacunación se han aplicado más de 150.000 dosis a algo más de 112.000 personas, incluidas casi 13.000 mayores de 60 años, con una incidencia global de eventos supuestamente atribuibles a la vacunación cercana a 1,9 por cada 1.000 dosis. Entre ellos, la tasa de anafilaxia fue extremadamente baja, por debajo de 0,01 por cada mil dosis, y sin diferencias estadísticamente significativas entre grupos de edad.
A partir de estos datos, los comités de expertos recomiendan para las personas de más de 60 años una evaluación médica individualizada, con una decisión compartida entre el profesional y el paciente, teniendo en cuenta factores como comorbilidades, nivel de exposición, antecedentes de infección y percepción de riesgo. El mensaje central es que no se han observado señales de riesgo emergentes específicas en este grupo, aunque se insiste en seguir generando evidencia.
En paralelo, se recuerdan las contraindicaciones clásicas: embarazo, lactancia, inmunosupresión grave o ciertas condiciones clínicas que puedan aumentar el riesgo de reacciones adversas. En personas con inmunocompromiso leve, los especialistas sugieren valorar caso por caso, teniendo siempre en mente que la vacuna es una herramienta complementaria y no un sustituto de las demás medidas de prevención.
Viajes, movilidad y riesgo de casos importados
Más allá de la vacunación, uno de los puntos críticos para la prevención del dengue es la movilidad de personas entre países con distinta situación epidemiológica. Ministerios de Salud de la región han alertado de que, pese a registrar temporadas de bajo riesgo y transmisión autóctona interrumpida en determinados momentos, el ingreso de casos importados puede reactivar brotes en muy poco tiempo.
En América, actualmente seis decenas de países y territorios presentan circulación de dengue, con especial peso de Brasil, que concentra de largo el mayor número de diagnósticos. Le siguen otras naciones como México, Colombia, Guatemala, Perú, Honduras, Costa Rica y Ecuador, en las que se ha documentado una circulación intensa y sostenida del virus, a menudo con la presencia simultánea de varios serotipos.
Los datos regionales muestran que en Brasil, Costa Rica, El Salvador, México, Panamá y Puerto Rico circulan de forma paralela los cuatro serotipos del dengue, un escenario que incrementa el riesgo de reinfecciones y cuadros graves. A su vez, Bolivia, Perú y Paraguay notifican múltiples serotipos con una importante presencia de DENV-3, mientras que en países del Cono Sur se han detectado siglos recientes de transmisión autóctona de DENV-1 y DENV-2, además de algunos casos importados de DENV-3.
En Argentina, por ejemplo, informes recientes señalan que la temporada 2025-2026 comenzó en un contexto de bajo riesgo, con apenas una docena de casos confirmados y la mayoría vinculados a viajes a zonas con circulación activa. La interrupción de la transmisión local, sin embargo, no implica que el problema esté resuelto, sino que depende en gran medida de mantener las medidas de control vectorial y la vigilancia epidemiológica, sobre todo en períodos de mayor movimiento turístico.
La recomendación de las autoridades es que quienes viajen a países o regiones con dengue adopten una protección estricta frente a las picaduras de mosquitos, sigan de cerca los avisos sanitarios oficiales y consulten con un profesional de la salud si se plantean recibir la vacuna, especialmente si pertenecen a grupos de riesgo o residen en zonas donde la circulación viral es recurrente.
Medidas cotidianas para evitar la picadura del mosquito
En la estrategia de prevención del dengue, la "primera línea de defensa" se centra en evitar las picaduras del mosquito Aedes aegypti, un insecto urbano, de hábitos diurnos, que se cría en recipientes con agua dentro y alrededor de las viviendas. Las recomendaciones para la población general son relativamente sencillas, pero requieren constancia a lo largo de todo el año.
Entre las medidas personales, los ministerios de Salud y organismos internacionales insisten en el uso regular de repelentes en piel expuesta, especialmente en las primeras horas de la mañana y al atardecer, cuando el mosquito tiene mayor actividad. Resulta clave seguir las indicaciones del producto, reaplicarlo con la frecuencia recomendada y prestar especial atención a niños, personas mayores y viajeros que se desplacen a zonas con circulación viral.
Otra recomendación básica es elegir ropa de colores claros que cubra brazos y piernas, ya que los tonos oscuros atraen más a los mosquitos. En espacios al aire libre, se aconseja el uso de espirales u otros dispositivos fumígenos, mientras que en interiores se recomiendan tabletas o aparatos eléctricos que ayuden a repeler o eliminar al vector. Siempre que sea posible, se deberían proteger camas, cunas y cochecitos con tul o telas mosquiteras.
Cuando se presentan síntomas compatibles con dengue —como fiebre alta, dolor detrás de los ojos, dolores musculares y articulares intensos, náuseas o erupciones cutáneas—, las autoridades recalcan la necesidad de consultar de inmediato al sistema sanitario y evitar automedicarse con fármacos que puedan empeorar el cuadro, como algunos antiinflamatorios. El diagnóstico temprano permite vigilar la evolución, prevenir complicaciones y activar la notificación epidemiológica.
En paralelo a los cuidados personales, se mantiene la recomendación de eliminar criaderos del mosquito en los hogares: vaciar, tapar o dar la vuelta a cualquier objeto que acumule agua (cubos, macetas, juguetes, bidones, neumáticos, chatarra, etc.), cambiar con frecuencia el agua de bebederos de mascotas, limpiar canaletas, desagües y rejillas, y revisar patios, terrazas y balcones después de cada lluvia.
Estas acciones deben reforzarse en periodos de viajes o ausencias prolongadas del domicilio. Antes de salir de vacaciones, se aconseja revisar y asegurar que no queden recipientes con agua estancada, para evitar que durante la ausencia se conviertan en criaderos activos de Aedes aegypti y alimenten un brote en el vecindario.
El ciclo del Aedes aegypti y la importancia del control de criaderos
Comprender cómo vive y se reproduce el mosquito Aedes aegypti ayuda a entender por qué el control de criaderos es la medida más efectiva para cortar la transmisión del dengue. Se trata de un mosquito de color oscuro con franjas blancas en patas y abdomen que convive muy cerca de las personas y aprovecha cualquier recipiente con agua limpia o ligeramente sucia para dejar sus huevos.
Todo su ciclo vital —huevo, larva, pupa y adulto— transcurre en entornos ligados a la actividad humana, tanto en el interior de las casas como en patios, jardines, terrazas y espacios públicos. Los huevos se adhieren a las paredes internas de los recipientes y tienen la capacidad de resistir la sequía y las bajas temperaturas durante más de un año. Cuando vuelven a entrar en contacto con el agua, eclosionan y dan lugar a las larvas, que se desarrollan hasta transformarse en pupas y, finalmente, en mosquitos adultos en apenas una semana.
Este comportamiento hace que objetos tan cotidianos como latas, botellas, neumáticos, macetas, cubos o restos de obra se conviertan en criaderos perfectos si acumulan agua de lluvia o de riego. Por eso, las campañas de prevención insisten una y otra vez en la necesidad de descartar todo lo que no se use y pueda almacenar agua, y en mantener el resto de recipientes bien tapados o con cambios frecuentes de líquido.
Además de dengue, Aedes aegypti puede transmitir otras arbovirosis como Zika y chikungunya, lo que refuerza la importancia de controlar la población de mosquitos durante todo el año y no solo en plena temporada de calor. Los expertos recomiendan que municipios, provincias y ciudadanía mantengan acciones continuas de limpieza y descacharrado, complementadas con tareas de fumigación focal cuando la situación epidemiológica lo justifica.
La medida más eficaz para romper el ciclo de transmisión no es la fumigación masiva aislada, sino la eliminación sistemática de los criaderos. Dado que los huevos pueden sobrevivir meses sin agua, se considera esencial sostener estas acciones también en invierno y en periodos secos, de modo que no quede un "reservorio oculto" que, al volver la lluvia y el calor, dispare una nueva generación de mosquitos adultos.
Vigilancia epidemiológica y rol de las autoridades sanitarias
La prevención del dengue no se limita al ámbito doméstico o a la consulta médica individual: requiere una vigilancia epidemiológica activa y una coordinación estrecha entre ministerios, institutos de referencia, gobiernos locales y equipos de atención primaria. El objetivo es detectar rápidamente cualquier aumento de casos, conocer qué serotipos circulan y responder con medidas ajustadas a cada territorio.
Instituciones especializadas, como los institutos nacionales de enfermedades virales, trabajan junto a los ministerios de Salud en estrategias federales de vigilancia que incluyen la provisión de insumos para diagnóstico, la capacitación de laboratorios, la serotipificación de las muestras y el acompañamiento técnico a las jurisdicciones. Esta estructura permite, por ejemplo, identificar a tiempo la llegada de serotipos menos frecuentes o asociados a brotes graves en otros países.
Los informes oficiales suelen destacar la importancia de notificar oportunamente los casos sospechosos y confirmados, tanto en el sistema público como en el privado, para contar con datos fiables y actualizados. Sobre esa base, se deciden las campañas de comunicación, las recomendaciones específicas para viajeros, el refuerzo de operativos de descacharrado o las intervenciones focalizadas de fumigación.
En paralelo, las autoridades suelen recordarle a la población que no se trata solo de "temporadas altas" de dengue. El hecho de que los huevos del mosquito puedan sobrevivir durante largos periodos en condiciones adversas obliga a mantener, durante todo el año, hábitos preventivos y tareas de limpieza. Así, cuando llega el calor, el número de mosquitos potenciales es menor y el riesgo de que un caso importado se transforme en brote se reduce de forma significativa.
En conjunto, la experiencia reciente en distintos países muestra que la combinación de vigilancia sólida, diagnóstico temprano, vacunación selectiva y control sostenido del vector puede transformar un escenario de alta circulación y colapso sanitario en uno de riesgo moderado o bajo, siempre que no se bajen los brazos y se mantenga el compromiso colectivo.
La realidad del dengue en la región deja claro que no existe una única solución milagrosa, sino un conjunto de medidas que se refuerzan mutuamente: vacunas con eficacia demostrada para ciertos grupos, control permanente del mosquito Aedes aegypti, uso cotidiano de repelentes y barreras físicas, vigilancia epidemiológica robusta y una ciudadanía informada que elimine criaderos y consulte al médico ante los primeros síntomas. Cuando estos elementos se ponen a trabajar al mismo tiempo, se reducen tanto los contagios como las formas graves, y se avanza hacia un escenario donde el dengue deja de ser una amenaza desbordante para convertirse en un riesgo controlado, siempre bajo la condición de no descuidar la prevención.